Descubren otras cuatro estrellas muertas ocultas muy cerca de la Tierra

Por primera vez, un equipo conjunto de investigadores de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, y la de Colorado Boulder, en Estados Unidos, ha logrado observar de forma directa cuatro enanas blancas orbitando en sistemas estelares dobles dentro de nuestra región espacial más próxima. Estos sistemas binarios, auténticos tesoros astronómicos, se encuentran todos a menos de 65 años luz de la Tierra. Y, por si fuera poco, una de ellas acaba de coronarse oficialmente como la novena enana blanca más cercana a nosotros detectada hasta ahora.Para entender lo que es una enana blanca, basta con pensar en el destino final de nuestro Sol. Dentro de varios miles de millones de años, en efecto, cuando agote todo su combustible nuclear, nuestra estrella no estallará como supernova, ya que no tiene la masa suficiente para ello. En lugar de eso, se hinchará primero como una gigante roja (que se tragará a Mercurio, Venus y probablemente a la Tierra ), después expulsará violentamente sus capas exteriores y finalmente dejará atrás un núcleo desnudo, apagado y ultradenso, un ‘rescoldo’ estelar que, ya sin actividad nuclear, se irá apagando lentamente a lo largo de un tiempo inimaginablemente largo.Ese núcleo es lo que los astrofísicos llaman enana blanca, un auténtico ‘cadáver estelar’. Son objetos tan sumamente comprimidos que, teniendo un volumen similar al de la Tierra , concentran en su interior una masa equivalente a la de todo el Sol. Una sola cucharadita del material que forma una enana blanca pesaría en nuestro planeta tanto como un camión de gran tonelaje. Y sí, ese será exactamente el destino final de la estrella que nos alumbra dentro de unos 5.000 millones de años.Noticia relacionada general No No Así logró este planeta sobrevivir a la destrucción de su estrella José Manuel NievesEl selecto club de nuestras vecinas estelaresCuando están ‘en pareja’, encontrar a estos remanentes estelares ha sido siempre toda una hazaña. La enana blanca más cercana a nosotros, Sirio B (situada a tan solo 8,6 años luz), no fue descubierta hasta 1862, cuando el fabricante de telescopios estadounidense Alvan Graham Clark notó, mientras probaba una nueva lente, una diminuta y débil acompañante junto a la deslumbrante estrella Sirio A.A Sirio B le siguen otras vecinas ilustres en los catálogos celestes, como Procyon B, a 11,4 años luz, o la estrella de Van Maanen 2, a 14,1 años luz, identificada en 1917 por el astrónomo holandés-estadounidense Adriaan van Maanen, y que saltó a la fama por ser la primera que se encontró en solitario, vagando sin una pareja estelar.Pese a estar a apenas 25 años luz de distancia, los astrónomos han tardado 27 años en confirmar la presencia de la estrella muerta en G 203-47Y ahora, ese registro acaba de ampliarse. Las cuatro recién descubiertas estaban, literalmente, ocultas a plena vista, ahogadas por el intenso resplandor de sus compañeras, todas ellas pertenecientes al grupo de estrellas conocidas como enanas rojas.El baile invisible y la paciencia del Hubble«Las enanas blancas cercanas y aisladas suelen ser fáciles de encontrar -explica la Mairi O’Brien, investigadora de la Universidad de Warwick y autora principal del estudio recién publicado en ‘Monthly Notices of the Royal Astronomical Society’ . Pero no pudimos ver estas cuatro estrellas directamente porque sus compañeras enanas rojas ahogaban su luz. Es un recordatorio de que incluso en nuestro propio vecindario cósmico, todavía podemos encontrar sorpresas si miramos de la manera correcta».¿Y cuál fue esa ‘manera correcta’? Durante décadas, los astrónomos han estado notando un fenómeno muy peculiar en esas cuatro enanas rojas: un acusado ‘bamboleo radial’. Podemos pensar en un bailarín dando vueltas vigorosamente en la pista de baile con una pareja que es totalmente invisible; aunque no veamos a la otra persona, sabemos que está ahí porque el bailarín principal se balancea hacia adelante y hacia atrás, zarandeado por la fuerza de su acompañante.El equipo desenmascaró a las estrellas fijándose en el ‘bamboleo radial’, como un bailarín impulsado por una pareja invisibleDe modo que, para desenmascarar por fin al compañero invisible, el equipo recurrió a los datos del espectrógrafo ultravioleta del telescopio espacial Hubble. Aunque las intensas fulguraciones de las enanas rojas suelen confundir los instrumentos de medición, los científicos aplicaron técnicas de calibración personalizadas para confirmar oficialmente que, efectivamente, allí se ocultaban cuatro estrellas muertas.El gran misterio de G 203-47De todos los sistemas identificados, uno ha llamado poderosamente la atención: el catalogado como G 203-47. Y es que, a pesar de estar a apenas 25 años luz de distancia, a los astrónomos les ha llevado 27 largos años, desde que se observó su primer bamboleo radial, lograr aislar la ‘firma’ de su compañera muerta. Se trata, oficialmente, de la novena enana blanca más cercana a la Tierra.Pero G 203-47 esconde otra rareza. Su enana roja tarda más de 100 días en rotar sobre sí misma pero, increíblemente, orbita alrededor de la enana blanca cada 14,9 días. Para entender lo sumamente extraño que resulta esto, miremos a la Tierra y la Luna. Las fuerzas gravitacionales de un sistema tan cercano normalmente provocan un ‘acoplamiento de marea’, bloqueando a ambos cuerpos para que se den siempre la misma cara (el motivo por el que nunca vemos la cara oculta de la Luna). Sin embargo, la enana roja del sistema G 203-47 rota demasiado despacio para que este acoplamiento se produzca.Aún podría haber hasta 10 sistemas binarios adicionales en nuestro entorno estelar que permanecen ocultos a los telescopiosComo subraya David Wilson, de la Universidad de Colorado Boulder y coautor del trabajo: «Lo fascinante es que G 203-47 no debería rotar tan lentamente si se formó de la misma manera que otros sistemas similares. Lo cual sugiere que estas binarias han tenido historias evolutivas muy diferentes. Algunas sufrieron interacciones violentas y prolongadas en sus inicios que las bloquearon por efecto de las mareas. Otras, como G 203-47, experimentaron encuentros más suaves y breves que las dejaron en este estado inusual».Lo que queda por descubrirEl descubrimiento permitirá actualizar el censo estelar de nuestro vecindario en un radio de 20 pársecs (unos 65 años luz). Sorprendentemente, los modelos de población de estrellas ya predecían la existencia de entre 4 y 5 pares de este tipo en nuestra región. Y el equipo ha encontrado exactamente cuatro. La teoría astrofísica, una vez más, acierta. Pero la caza no ha terminado.Como concluye Pier-Emmanuel Tremblay, del Grupo de Astronomía y Astrofísica de Warwick: «Solo se ha estudiado sistemáticamente el 30 por ciento de las enanas rojas situadas a menos de 20 pársecs en busca de enanas blancas ocultas. Creemos que podría haber hasta 9 o 10 sistemas binarios adicionales en nuestro entorno estelar local que aún no hemos encontrado. Si dedicamos un esfuerzo más específico a observar las enanas rojas, quizá encontremos más sorpresas como esta».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Astrónomos españoles detectan azúcar en el espacio noticia Si EE.UU. autoriza el espejo gigante espacial para iluminar la Tierra a demanda por la nocheQueda claro que el ‘patio trasero’ de nuestro rincón en el espacio sigue guardando un sinfín de oscuros secretos, a la espera de que alguien los descubra. Por primera vez, un equipo conjunto de investigadores de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, y la de Colorado Boulder, en Estados Unidos, ha logrado observar de forma directa cuatro enanas blancas orbitando en sistemas estelares dobles dentro de nuestra región espacial más próxima. Estos sistemas binarios, auténticos tesoros astronómicos, se encuentran todos a menos de 65 años luz de la Tierra. Y, por si fuera poco, una de ellas acaba de coronarse oficialmente como la novena enana blanca más cercana a nosotros detectada hasta ahora.Para entender lo que es una enana blanca, basta con pensar en el destino final de nuestro Sol. Dentro de varios miles de millones de años, en efecto, cuando agote todo su combustible nuclear, nuestra estrella no estallará como supernova, ya que no tiene la masa suficiente para ello. En lugar de eso, se hinchará primero como una gigante roja (que se tragará a Mercurio, Venus y probablemente a la Tierra ), después expulsará violentamente sus capas exteriores y finalmente dejará atrás un núcleo desnudo, apagado y ultradenso, un ‘rescoldo’ estelar que, ya sin actividad nuclear, se irá apagando lentamente a lo largo de un tiempo inimaginablemente largo.Ese núcleo es lo que los astrofísicos llaman enana blanca, un auténtico ‘cadáver estelar’. Son objetos tan sumamente comprimidos que, teniendo un volumen similar al de la Tierra , concentran en su interior una masa equivalente a la de todo el Sol. Una sola cucharadita del material que forma una enana blanca pesaría en nuestro planeta tanto como un camión de gran tonelaje. Y sí, ese será exactamente el destino final de la estrella que nos alumbra dentro de unos 5.000 millones de años.Noticia relacionada general No No Así logró este planeta sobrevivir a la destrucción de su estrella José Manuel NievesEl selecto club de nuestras vecinas estelaresCuando están ‘en pareja’, encontrar a estos remanentes estelares ha sido siempre toda una hazaña. La enana blanca más cercana a nosotros, Sirio B (situada a tan solo 8,6 años luz), no fue descubierta hasta 1862, cuando el fabricante de telescopios estadounidense Alvan Graham Clark notó, mientras probaba una nueva lente, una diminuta y débil acompañante junto a la deslumbrante estrella Sirio A.A Sirio B le siguen otras vecinas ilustres en los catálogos celestes, como Procyon B, a 11,4 años luz, o la estrella de Van Maanen 2, a 14,1 años luz, identificada en 1917 por el astrónomo holandés-estadounidense Adriaan van Maanen, y que saltó a la fama por ser la primera que se encontró en solitario, vagando sin una pareja estelar.Pese a estar a apenas 25 años luz de distancia, los astrónomos han tardado 27 años en confirmar la presencia de la estrella muerta en G 203-47Y ahora, ese registro acaba de ampliarse. Las cuatro recién descubiertas estaban, literalmente, ocultas a plena vista, ahogadas por el intenso resplandor de sus compañeras, todas ellas pertenecientes al grupo de estrellas conocidas como enanas rojas.El baile invisible y la paciencia del Hubble«Las enanas blancas cercanas y aisladas suelen ser fáciles de encontrar -explica la Mairi O’Brien, investigadora de la Universidad de Warwick y autora principal del estudio recién publicado en ‘Monthly Notices of the Royal Astronomical Society’ . Pero no pudimos ver estas cuatro estrellas directamente porque sus compañeras enanas rojas ahogaban su luz. Es un recordatorio de que incluso en nuestro propio vecindario cósmico, todavía podemos encontrar sorpresas si miramos de la manera correcta».¿Y cuál fue esa ‘manera correcta’? Durante décadas, los astrónomos han estado notando un fenómeno muy peculiar en esas cuatro enanas rojas: un acusado ‘bamboleo radial’. Podemos pensar en un bailarín dando vueltas vigorosamente en la pista de baile con una pareja que es totalmente invisible; aunque no veamos a la otra persona, sabemos que está ahí porque el bailarín principal se balancea hacia adelante y hacia atrás, zarandeado por la fuerza de su acompañante.El equipo desenmascaró a las estrellas fijándose en el ‘bamboleo radial’, como un bailarín impulsado por una pareja invisibleDe modo que, para desenmascarar por fin al compañero invisible, el equipo recurrió a los datos del espectrógrafo ultravioleta del telescopio espacial Hubble. Aunque las intensas fulguraciones de las enanas rojas suelen confundir los instrumentos de medición, los científicos aplicaron técnicas de calibración personalizadas para confirmar oficialmente que, efectivamente, allí se ocultaban cuatro estrellas muertas.El gran misterio de G 203-47De todos los sistemas identificados, uno ha llamado poderosamente la atención: el catalogado como G 203-47. Y es que, a pesar de estar a apenas 25 años luz de distancia, a los astrónomos les ha llevado 27 largos años, desde que se observó su primer bamboleo radial, lograr aislar la ‘firma’ de su compañera muerta. Se trata, oficialmente, de la novena enana blanca más cercana a la Tierra.Pero G 203-47 esconde otra rareza. Su enana roja tarda más de 100 días en rotar sobre sí misma pero, increíblemente, orbita alrededor de la enana blanca cada 14,9 días. Para entender lo sumamente extraño que resulta esto, miremos a la Tierra y la Luna. Las fuerzas gravitacionales de un sistema tan cercano normalmente provocan un ‘acoplamiento de marea’, bloqueando a ambos cuerpos para que se den siempre la misma cara (el motivo por el que nunca vemos la cara oculta de la Luna). Sin embargo, la enana roja del sistema G 203-47 rota demasiado despacio para que este acoplamiento se produzca.Aún podría haber hasta 10 sistemas binarios adicionales en nuestro entorno estelar que permanecen ocultos a los telescopiosComo subraya David Wilson, de la Universidad de Colorado Boulder y coautor del trabajo: «Lo fascinante es que G 203-47 no debería rotar tan lentamente si se formó de la misma manera que otros sistemas similares. Lo cual sugiere que estas binarias han tenido historias evolutivas muy diferentes. Algunas sufrieron interacciones violentas y prolongadas en sus inicios que las bloquearon por efecto de las mareas. Otras, como G 203-47, experimentaron encuentros más suaves y breves que las dejaron en este estado inusual».Lo que queda por descubrirEl descubrimiento permitirá actualizar el censo estelar de nuestro vecindario en un radio de 20 pársecs (unos 65 años luz). Sorprendentemente, los modelos de población de estrellas ya predecían la existencia de entre 4 y 5 pares de este tipo en nuestra región. Y el equipo ha encontrado exactamente cuatro. La teoría astrofísica, una vez más, acierta. Pero la caza no ha terminado.Como concluye Pier-Emmanuel Tremblay, del Grupo de Astronomía y Astrofísica de Warwick: «Solo se ha estudiado sistemáticamente el 30 por ciento de las enanas rojas situadas a menos de 20 pársecs en busca de enanas blancas ocultas. Creemos que podría haber hasta 9 o 10 sistemas binarios adicionales en nuestro entorno estelar local que aún no hemos encontrado. Si dedicamos un esfuerzo más específico a observar las enanas rojas, quizá encontremos más sorpresas como esta».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Astrónomos españoles detectan azúcar en el espacio noticia Si EE.UU. autoriza el espejo gigante espacial para iluminar la Tierra a demanda por la nocheQueda claro que el ‘patio trasero’ de nuestro rincón en el espacio sigue guardando un sinfín de oscuros secretos, a la espera de que alguien los descubra.  

Por primera vez, un equipo conjunto de investigadores de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, y la de Colorado Boulder, en Estados Unidos, ha logrado observar de forma directa cuatro enanas blancas orbitando en sistemas estelares dobles dentro de nuestra región espacial más … próxima. Estos sistemas binarios, auténticos tesoros astronómicos, se encuentran todos a menos de 65 años luz de la Tierra. Y, por si fuera poco, una de ellas acaba de coronarse oficialmente como la novena enana blanca más cercana a nosotros detectada hasta ahora.

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