La comunidad nacida en Argentina residente en España roza ya el medio millar de personas (concretamente están censados 450.883), consolidándose como uno de los colectivos migrantes con mayor crecimiento y arraigo del país. La mayoría de ellos lleva más de media vida integrados en el día a día de nuestro país, pero con la final del Mundial ha aflorado el dilema de la doble identidad de un colectivo dividido entre la gratitud hacia su tierra de acogida y la inquebrantable pasión por su país de origen.Pocos escenarios son tan emocionalmente complejos como el que vivirán miles de ciudadanos este domingo. Para la mayoría, la final de este domingo es un partido de fútbol de máxima tensión; para los cientos de miles de argentinos nacionalizados o residentes en España, es un espejo que refleja su propia identidad. La tesitura de tener que escoger entre la patria que te dio un nuevo futuro y la tierra que te vio nacer y te enseñó a respirar fútbol.Para entender la magnitud de este fenómeno social, basta con mirar las cifras oficiales del Censo Anual de Población del INE. La presencia argentina en suelo español ha experimentado una explosión sin precedentes en la última década. De los 450.883 residentes en España nacidos en Argentina solo 148.585 mantienen exclusivamente la nacionalidad de nacimiento. La gran mayoría restante cuenta con doble nacionalidad (española o comunitaria de origen italiano/gallego).El grueso de esta comunidad se concentra de forma masiva en Cataluña, la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana y Andalucía. Curioso el dato que apunta que Argentina lidera históricamente el ranking mundial de peticiones de pasaportes españoles bajo la ‘Ley de Nietos ‘ (disposición de la Ley de Memoria Democrática que permitió a los descendientes de españoles exiliados solicitar la nacionalidad de forma directa, sin necesidad de residir en España).Este flujo migratorio constante ha construido un puente invisible sobre el Atlántico. Una pasarela que este domingo se llenará de camisetas albicelestes y de ‘La Roja’ compartiendo espacios a lo lartgo y ancho del territorio nacional.El fútbol en Argentina no es un pasatiempo; es una religión, un código genético y una forma de resistencia cultural. Sin embargo, los años de residencia, los hijos nacidos en España, las hipotecas pagadas y los amigos de bar dejan una huella imborrable. Al consultar a los protagonistas de esta realidad, las posturas varían entre el sentimentalismo puro y el pragmatismo absoluto.COMUNIDAD ARGENTINA EN ESPAÑA (DATOS INE) Residentes totales nacidos en Argentina 450.883 personas Con pasaporte exlusivo argentino 148.883 personas Nacionalizados / Doble pasaporte 148.585 personas Principal región de acogida Cataluña: 108.482 personasSebastián Blasco representa el perfil de aficionado agradecido sin fisuras futbolistas. Nacido en Buenos Aires, lleva en España 20 años, prácticamente la mitad de su vida (tiene 45). Con pasaporte español desde que nació por herencia de sus abuelos, este informático afincado en Madrid asegura tener el corazón partido pero con una prefenrencia clara.«La nacionalidad española la siento como la argentina, por lo que es muy difícil. Me crié en casa de maños y catalanes. La tradición es la que manda tanto del lugar de nacimiento como de las raíces. El domingo, pase lo que pase, saldré contento por ambos pero Argentina es Argentina y Messi es Messi. Tira un poco más el lado argentino», explica. «Al fin y al cabo yo nací allí», se justifica Sebastián, al que sus amigos le llaman Sebas, y deja claro: «Yo no quería esta final porque quería festejar el éxito de España tranquilamente. Estaba casi seguro que iban a llegar a la final y lo quería festejar pero Argentina me fastidió el plan».«Argentina es Argentina y Messi es Messi, tira un poco más el lado argentino; pero yo no quería esta final, Argentina me fastidió el plan» Sebastián Blasco Argentino nacionalizado españolDavid Rossi (Rosario, Santa Fe, 48 años), con nacionalidad argentina e italiana, encarna el prototipo de auténtico corazón partido. «Llegue a españa hace 19 o 20 años. Nunca fui muy futbolero, pero sigo a las dos selecciones. En este Mundial he visto los partidos de ambas e incluso los encuentros de aquellas selecciones que iban a jugar con ambas. Solo pedía que no hubiera una final España-Argentina. Si bien con lo que pase estaré contento, voy con Argentina. Es un conflicto de lealtades hermoso y destructivo a la vez». «Amo a España. Me dio un buen trabajo, aquí he hecho toda mi vida. Pago mis impuestos y celebro los éxitos de este país. Pero el domingo me pongo la camiseta de Argentina. El fútbol es la infancia. Eso no se nacionaliza jurídicamente por más que firme un papel en el registro civil. Si gana España, me alegraré por mis amigos, pero si gana Argentina, me alegraré por mí».«Solo pedía que no hubiera una final España-Argentina; es un conflicto de lealtades hermoso y destructivo a la vez» David Rossi Argentino con 20 años en EspañaSon dos testimonios a los que se suma Mateo (22 años, nacido en Barcelona, hijo de argentinos). El representa a esa segunda generación completamente integrada en el engranaje de este país. «En casa se toma mate y se habla con acento rioplatense, pero yo me crié viendo la liga española. Mis ídolos de la infancia jugaban aquí. Yo apuesto por España. Mis padres se mueren si lo digo en voz alta, pero mi identidad futbolística es de aquí, aunque mi sangre sea argentina», defiende.Diego Larrea también tiene un nudo en el estómago. El ejecutivo lo explica en las redes sociales: «Hay finales que uno sueña toda la vida. Y hay otras que, cuando llegan, no sabe muy bien dónde poner el corazón. Nací en Argentina y llevo más de 25 años viviendo en España. Mis hijos son españoles. Soy nieto de españoles. En mi historia hay abuelos y bisabuelos que fueron y vinieron, barcos, despedidas, acentos mezclados, familias repartidas, raíces que cruzaron el océano y vidas que se reconstruyeron a ambos lados», se arranca.«Por eso, cuando alguien me pregunta a quién quiero que gane, me cuesta responder. Porque no es solo fútbol», apunta. Y añade: «Es intentar explicarle a tus hijos algo que ni tú mismo terminas de entender. Es sentir que una camiseta habla de tu infancia y la otra de tu casa. Que una te lleva al barrio, a la familia de origen, a los recuerdos de siempre; y la otra a la vida que construiste, a los hijos que nacieron aquí, a los amigos, al trabajo, al pan de cada día, al futuro».«Es una sensación rara: querer ganar sin querer que el otro pierda. Como jugar una final contra un hermano» Diego Larrea 25 años en España y familia española«Es una sensación rara: querer ganar sin querer que el otro pierda. Como jugar una final contra un hermano. Quieres abrazarlo, pero también quieres competir. Quieres que le vaya bien, pero también quieres que gane lo tuyo. Y entonces descubres que ‘lo tuyo’ ya no cabe en una sola bandera», asegura. Y apunta: «Para muchos de los que vivimos entre dos países, este partido también habla de identidad, migración, pertenencia y vínculos».«Habla de quienes se fueron. De quienes llegaron. De quienes nos abrieron puertas. De quienes dejaron algo atrás para que otros pudiéramos empezar de nuevo. De los puentes invisibles que unen más de lo que separan. Quizá por eso esta final me emociona y me incomoda a la vez. Porque gane quien gane, algo mío gana. Y algo mío también se queda mirando al otro lado», concluye.Ambiente de fiesta y respetoEl ambiente previo a la final se vive en los restaurantes y bares de la comunidad. En las clásicas parrillas ante las que se juntan un gran número de argentino-españoles y panaderías específicas donde se agota el dulce de leche. El ambiente es de fiesta absoluta, pero con un matiz de enorme respeto mutuo.La mayoría de las personas consultadas coincide en un factor clave: el alivio de saber que la copa se queda ‘en casa’, sin importar cuál de las dos orillas del Atlántico celebre el gol decisivo. España y Argentina comparten más que el idioma; comparten una forma de entender la vida, la familia y las pasiones.El próximo domingo, cuando el árbitro pite el inicio del encuentro, 450.000 personas en España sabrán que, de un modo u otro, su historia personal estará corriendo detrás de esa pelota. El pasaporte dirá una cosa, el acento otra, pero las pulsaciones del corazón dictarán la única verdad innegable de los noventa minutos más largos de sus vidas. La comunidad nacida en Argentina residente en España roza ya el medio millar de personas (concretamente están censados 450.883), consolidándose como uno de los colectivos migrantes con mayor crecimiento y arraigo del país. La mayoría de ellos lleva más de media vida integrados en el día a día de nuestro país, pero con la final del Mundial ha aflorado el dilema de la doble identidad de un colectivo dividido entre la gratitud hacia su tierra de acogida y la inquebrantable pasión por su país de origen.Pocos escenarios son tan emocionalmente complejos como el que vivirán miles de ciudadanos este domingo. Para la mayoría, la final de este domingo es un partido de fútbol de máxima tensión; para los cientos de miles de argentinos nacionalizados o residentes en España, es un espejo que refleja su propia identidad. La tesitura de tener que escoger entre la patria que te dio un nuevo futuro y la tierra que te vio nacer y te enseñó a respirar fútbol.Para entender la magnitud de este fenómeno social, basta con mirar las cifras oficiales del Censo Anual de Población del INE. La presencia argentina en suelo español ha experimentado una explosión sin precedentes en la última década. De los 450.883 residentes en España nacidos en Argentina solo 148.585 mantienen exclusivamente la nacionalidad de nacimiento. La gran mayoría restante cuenta con doble nacionalidad (española o comunitaria de origen italiano/gallego).El grueso de esta comunidad se concentra de forma masiva en Cataluña, la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana y Andalucía. Curioso el dato que apunta que Argentina lidera históricamente el ranking mundial de peticiones de pasaportes españoles bajo la ‘Ley de Nietos ‘ (disposición de la Ley de Memoria Democrática que permitió a los descendientes de españoles exiliados solicitar la nacionalidad de forma directa, sin necesidad de residir en España).Este flujo migratorio constante ha construido un puente invisible sobre el Atlántico. Una pasarela que este domingo se llenará de camisetas albicelestes y de ‘La Roja’ compartiendo espacios a lo lartgo y ancho del territorio nacional.El fútbol en Argentina no es un pasatiempo; es una religión, un código genético y una forma de resistencia cultural. Sin embargo, los años de residencia, los hijos nacidos en España, las hipotecas pagadas y los amigos de bar dejan una huella imborrable. Al consultar a los protagonistas de esta realidad, las posturas varían entre el sentimentalismo puro y el pragmatismo absoluto.COMUNIDAD ARGENTINA EN ESPAÑA (DATOS INE) Residentes totales nacidos en Argentina 450.883 personas Con pasaporte exlusivo argentino 148.883 personas Nacionalizados / Doble pasaporte 148.585 personas Principal región de acogida Cataluña: 108.482 personasSebastián Blasco representa el perfil de aficionado agradecido sin fisuras futbolistas. Nacido en Buenos Aires, lleva en España 20 años, prácticamente la mitad de su vida (tiene 45). Con pasaporte español desde que nació por herencia de sus abuelos, este informático afincado en Madrid asegura tener el corazón partido pero con una prefenrencia clara.«La nacionalidad española la siento como la argentina, por lo que es muy difícil. Me crié en casa de maños y catalanes. La tradición es la que manda tanto del lugar de nacimiento como de las raíces. El domingo, pase lo que pase, saldré contento por ambos pero Argentina es Argentina y Messi es Messi. Tira un poco más el lado argentino», explica. «Al fin y al cabo yo nací allí», se justifica Sebastián, al que sus amigos le llaman Sebas, y deja claro: «Yo no quería esta final porque quería festejar el éxito de España tranquilamente. Estaba casi seguro que iban a llegar a la final y lo quería festejar pero Argentina me fastidió el plan».«Argentina es Argentina y Messi es Messi, tira un poco más el lado argentino; pero yo no quería esta final, Argentina me fastidió el plan» Sebastián Blasco Argentino nacionalizado españolDavid Rossi (Rosario, Santa Fe, 48 años), con nacionalidad argentina e italiana, encarna el prototipo de auténtico corazón partido. «Llegue a españa hace 19 o 20 años. Nunca fui muy futbolero, pero sigo a las dos selecciones. En este Mundial he visto los partidos de ambas e incluso los encuentros de aquellas selecciones que iban a jugar con ambas. Solo pedía que no hubiera una final España-Argentina. Si bien con lo que pase estaré contento, voy con Argentina. Es un conflicto de lealtades hermoso y destructivo a la vez». «Amo a España. Me dio un buen trabajo, aquí he hecho toda mi vida. Pago mis impuestos y celebro los éxitos de este país. Pero el domingo me pongo la camiseta de Argentina. El fútbol es la infancia. Eso no se nacionaliza jurídicamente por más que firme un papel en el registro civil. Si gana España, me alegraré por mis amigos, pero si gana Argentina, me alegraré por mí».«Solo pedía que no hubiera una final España-Argentina; es un conflicto de lealtades hermoso y destructivo a la vez» David Rossi Argentino con 20 años en EspañaSon dos testimonios a los que se suma Mateo (22 años, nacido en Barcelona, hijo de argentinos). El representa a esa segunda generación completamente integrada en el engranaje de este país. «En casa se toma mate y se habla con acento rioplatense, pero yo me crié viendo la liga española. Mis ídolos de la infancia jugaban aquí. Yo apuesto por España. Mis padres se mueren si lo digo en voz alta, pero mi identidad futbolística es de aquí, aunque mi sangre sea argentina», defiende.Diego Larrea también tiene un nudo en el estómago. El ejecutivo lo explica en las redes sociales: «Hay finales que uno sueña toda la vida. Y hay otras que, cuando llegan, no sabe muy bien dónde poner el corazón. Nací en Argentina y llevo más de 25 años viviendo en España. Mis hijos son españoles. Soy nieto de españoles. En mi historia hay abuelos y bisabuelos que fueron y vinieron, barcos, despedidas, acentos mezclados, familias repartidas, raíces que cruzaron el océano y vidas que se reconstruyeron a ambos lados», se arranca.«Por eso, cuando alguien me pregunta a quién quiero que gane, me cuesta responder. Porque no es solo fútbol», apunta. Y añade: «Es intentar explicarle a tus hijos algo que ni tú mismo terminas de entender. Es sentir que una camiseta habla de tu infancia y la otra de tu casa. Que una te lleva al barrio, a la familia de origen, a los recuerdos de siempre; y la otra a la vida que construiste, a los hijos que nacieron aquí, a los amigos, al trabajo, al pan de cada día, al futuro».«Es una sensación rara: querer ganar sin querer que el otro pierda. Como jugar una final contra un hermano» Diego Larrea 25 años en España y familia española«Es una sensación rara: querer ganar sin querer que el otro pierda. Como jugar una final contra un hermano. Quieres abrazarlo, pero también quieres competir. Quieres que le vaya bien, pero también quieres que gane lo tuyo. Y entonces descubres que ‘lo tuyo’ ya no cabe en una sola bandera», asegura. Y apunta: «Para muchos de los que vivimos entre dos países, este partido también habla de identidad, migración, pertenencia y vínculos».«Habla de quienes se fueron. De quienes llegaron. De quienes nos abrieron puertas. De quienes dejaron algo atrás para que otros pudiéramos empezar de nuevo. De los puentes invisibles que unen más de lo que separan. Quizá por eso esta final me emociona y me incomoda a la vez. Porque gane quien gane, algo mío gana. Y algo mío también se queda mirando al otro lado», concluye.Ambiente de fiesta y respetoEl ambiente previo a la final se vive en los restaurantes y bares de la comunidad. En las clásicas parrillas ante las que se juntan un gran número de argentino-españoles y panaderías específicas donde se agota el dulce de leche. El ambiente es de fiesta absoluta, pero con un matiz de enorme respeto mutuo.La mayoría de las personas consultadas coincide en un factor clave: el alivio de saber que la copa se queda ‘en casa’, sin importar cuál de las dos orillas del Atlántico celebre el gol decisivo. España y Argentina comparten más que el idioma; comparten una forma de entender la vida, la familia y las pasiones.El próximo domingo, cuando el árbitro pite el inicio del encuentro, 450.000 personas en España sabrán que, de un modo u otro, su historia personal estará corriendo detrás de esa pelota. El pasaporte dirá una cosa, el acento otra, pero las pulsaciones del corazón dictarán la única verdad innegable de los noventa minutos más largos de sus vidas.
La comunidad nacida en Argentina residente en España roza ya el medio millar de personas (concretamente están censados 450.883), consolidándose como uno de los colectivos migrantes con mayor crecimiento y arraigo del país. La mayoría de ellos lleva más de media vida integrados en … el día a día de nuestro país, pero con la final del Mundial ha aflorado el dilema de la doble identidad de un colectivo dividido entre la gratitud hacia su tierra de acogida y la inquebrantable pasión por su país de origen.
Pocos escenarios son tan emocionalmente complejos como el que vivirán miles de ciudadanos este domingo. Para la mayoría, la final de este domingo es un partido de fútbol de máxima tensión; para los cientos de miles de argentinos nacionalizados o residentes en España, es un espejo que refleja su propia identidad. La tesitura de tener que escoger entre la patria que te dio un nuevo futuro y la tierra que te vio nacer y te enseñó a respirar fútbol.
Para entender la magnitud de este fenómeno social, basta con mirar las cifras oficiales del Censo Anual de Población del INE. La presencia argentina en suelo español ha experimentado una explosión sin precedentes en la última década. De los 450.883 residentes en España nacidos en Argentina solo 148.585 mantienen exclusivamente la nacionalidad de nacimiento. La gran mayoría restante cuenta con doble nacionalidad (española o comunitaria de origen italiano/gallego).
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El grueso de esta comunidad se concentra de forma masiva en Cataluña, la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana y Andalucía. Curioso el dato que apunta que Argentina lidera históricamente el ranking mundial de peticiones de pasaportes españoles bajo la ‘Ley de Nietos ‘ (disposición de la Ley de Memoria Democrática que permitió a los descendientes de españoles exiliados solicitar la nacionalidad de forma directa, sin necesidad de residir en España).
Este flujo migratorio constante ha construido un puente invisible sobre el Atlántico. Una pasarela que este domingo se llenará de camisetas albicelestes y de ‘La Roja’ compartiendo espacios a lo lartgo y ancho del territorio nacional.
El fútbol en Argentina no es un pasatiempo; es una religión, un código genético y una forma de resistencia cultural. Sin embargo, los años de residencia, los hijos nacidos en España, las hipotecas pagadas y los amigos de bar dejan una huella imborrable. Al consultar a los protagonistas de esta realidad, las posturas varían entre el sentimentalismo puro y el pragmatismo absoluto.
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COMUNIDAD ARGENTINA EN ESPAÑA (DATOS INE)
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Residentes totales nacidos en Argentina 450.883 personas
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Con pasaporte exlusivo argentino 148.883 personas
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Nacionalizados / Doble pasaporte 148.585 personas
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Principal región de acogida Cataluña: 108.482 personas
Sebastián Blasco representa el perfil de aficionado agradecido sin fisuras futbolistas. Nacido en Buenos Aires, lleva en España 20 años, prácticamente la mitad de su vida (tiene 45). Con pasaporte español desde que nació por herencia de sus abuelos, este informático afincado en Madrid asegura tener el corazón partido pero con una prefenrencia clara.
«La nacionalidad española la siento como la argentina, por lo que es muy difícil. Me crié en casa de maños y catalanes. La tradición es la que manda tanto del lugar de nacimiento como de las raíces. El domingo, pase lo que pase, saldré contento por ambos pero Argentina es Argentina y Messi es Messi. Tira un poco más el lado argentino», explica.
«Al fin y al cabo yo nací allí», se justifica Sebastián, al que sus amigos le llaman Sebas, y deja claro: «Yo no quería esta final porque quería festejar el éxito de España tranquilamente. Estaba casi seguro que iban a llegar a la final y lo quería festejar pero Argentina me fastidió el plan».
«Argentina es Argentina y Messi es Messi, tira un poco más el lado argentino; pero yo no quería esta final, Argentina me fastidió el plan»
Sebastián Blasco
Argentino nacionalizado español
David Rossi (Rosario, Santa Fe, 48 años), con nacionalidad argentina e italiana, encarna el prototipo de auténtico corazón partido. «Llegue a españa hace 19 o 20 años. Nunca fui muy futbolero, pero sigo a las dos selecciones. En este Mundial he visto los partidos de ambas e incluso los encuentros de aquellas selecciones que iban a jugar con ambas. Solo pedía que no hubiera una final España-Argentina. Si bien con lo que pase estaré contento, voy con Argentina. Es un conflicto de lealtades hermoso y destructivo a la vez».
«Amo a España. Me dio un buen trabajo, aquí he hecho toda mi vida. Pago mis impuestos y celebro los éxitos de este país. Pero el domingo me pongo la camiseta de Argentina. El fútbol es la infancia. Eso no se nacionaliza jurídicamente por más que firme un papel en el registro civil. Si gana España, me alegraré por mis amigos, pero si gana Argentina, me alegraré por mí».
«Solo pedía que no hubiera una final España-Argentina; es un conflicto de lealtades hermoso y destructivo a la vez»
David Rossi
Argentino con 20 años en España
Son dos testimonios a los que se suma Mateo (22 años, nacido en Barcelona, hijo de argentinos). El representa a esa segunda generación completamente integrada en el engranaje de este país. «En casa se toma mate y se habla con acento rioplatense, pero yo me crié viendo la liga española. Mis ídolos de la infancia jugaban aquí. Yo apuesto por España. Mis padres se mueren si lo digo en voz alta, pero mi identidad futbolística es de aquí, aunque mi sangre sea argentina», defiende.
Diego Larrea también tiene un nudo en el estómago. El ejecutivo lo explica en las redes sociales: «Hay finales que uno sueña toda la vida. Y hay otras que, cuando llegan, no sabe muy bien dónde poner el corazón. Nací en Argentina y llevo más de 25 años viviendo en España. Mis hijos son españoles. Soy nieto de españoles. En mi historia hay abuelos y bisabuelos que fueron y vinieron, barcos, despedidas, acentos mezclados, familias repartidas, raíces que cruzaron el océano y vidas que se reconstruyeron a ambos lados», se arranca.
«Por eso, cuando alguien me pregunta a quién quiero que gane, me cuesta responder. Porque no es solo fútbol», apunta. Y añade: «Es intentar explicarle a tus hijos algo que ni tú mismo terminas de entender. Es sentir que una camiseta habla de tu infancia y la otra de tu casa. Que una te lleva al barrio, a la familia de origen, a los recuerdos de siempre; y la otra a la vida que construiste, a los hijos que nacieron aquí, a los amigos, al trabajo, al pan de cada día, al futuro».

«Es una sensación rara: querer ganar sin querer que el otro pierda. Como jugar una final contra un hermano»
Diego Larrea
25 años en España y familia española
«Es una sensación rara: querer ganar sin querer que el otro pierda. Como jugar una final contra un hermano. Quieres abrazarlo, pero también quieres competir. Quieres que le vaya bien, pero también quieres que gane lo tuyo. Y entonces descubres que ‘lo tuyo’ ya no cabe en una sola bandera», asegura. Y apunta: «Para muchos de los que vivimos entre dos países, este partido también habla de identidad, migración, pertenencia y vínculos».
«Habla de quienes se fueron. De quienes llegaron. De quienes nos abrieron puertas. De quienes dejaron algo atrás para que otros pudiéramos empezar de nuevo. De los puentes invisibles que unen más de lo que separan. Quizá por eso esta final me emociona y me incomoda a la vez. Porque gane quien gane, algo mío gana. Y algo mío también se queda mirando al otro lado», concluye.
Ambiente de fiesta y respeto
El ambiente previo a la final se vive en los restaurantes y bares de la comunidad. En las clásicas parrillas ante las que se juntan un gran número de argentino-españoles y panaderías específicas donde se agota el dulce de leche. El ambiente es de fiesta absoluta, pero con un matiz de enorme respeto mutuo.
La mayoría de las personas consultadas coincide en un factor clave: el alivio de saber que la copa se queda ‘en casa’, sin importar cuál de las dos orillas del Atlántico celebre el gol decisivo. España y Argentina comparten más que el idioma; comparten una forma de entender la vida, la familia y las pasiones.
El próximo domingo, cuando el árbitro pite el inicio del encuentro, 450.000 personas en España sabrán que, de un modo u otro, su historia personal estará corriendo detrás de esa pelota. El pasaporte dirá una cosa, el acento otra, pero las pulsaciones del corazón dictarán la única verdad innegable de los noventa minutos más largos de sus vidas.
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