El acusado de matar a Esther López regresa a la casa donde se encontró un zulo oculto: “Hoy le van a hacer sufrir”

Un tropel de guardias civiles y de periodistas colapsa este jueves los accesos a la calle Uno de la urbanización El Romeral en Traspinedo (Valladolid, 1.300 habitantes), como en 2022. Han pasado más de cuatro años desde la desaparición y muerte de Esther López, vecina del municipio de 35 años, y la investigación vuelve a ponerse en marcha tras descubrirse un zulo oculto bajo una litera en la antigua casa del acusado de matar a la mujer. Óscar Sanz, de 40, jamás reveló la existencia de ese habitáculo, tampoco su familia. Este jueves ha vuelto a la vivienda tras autorizar la jueza que los agentes y el expropietario, que recientemente había vendido el chalet, accedan al mismo.

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 La familia acusa al sospechoso de obstruir la investigación, que busca probar si la víctima pudo ser escondida en el habitáculo de su antigua vivienda  

Un tropel de guardias civiles y de periodistas colapsa este jueves los accesos a la calle Uno de la urbanización El Romeral en Traspinedo (Valladolid, 1.300 habitantes), como en 2022. Han pasado más de cuatro años desde la desaparición y muerte de Esther López, vecina del municipio de 35 años, y la investigación vuelve a ponerse en marcha tras descubrirse un zulo oculto bajo una litera en la antigua casa del acusado de matar a la mujer. Óscar Sanz, de 40, jamás reveló la existencia de ese habitáculo, tampoco su familia. Este jueves ha vuelto al inmueble tras autorizar la jueza que los agentes y el expropietario, que recientemente había vendido el chalet, accedan al mismo.

El dispositivo policial ha alejado a los medios de comunicación para intentar imitar al máximo las condiciones de aquella noche, sin tantos teléfonos móviles conectados a los repetidores. Antes del registro, el cliente y su abogada “han discutido y gesticulado”. Los agentes tienen 72 horas, que pueden ampliarse, para sus labores. Fuentes cercanas al caso han asegurado que “hoy le van a hacer sufrir”.

Los inspectores tratarán de aclarar la mayor duda que albergaban tras el presunto crimen: por qué el reloj inteligente del sujeto revelaba “descensos y ascensos en una casa sin escaleras”. Mientras otros especialistas buscarán restos de sangre o ADN en el zulo y más expertos se centrarán en conocer cuándo y cómo se selló la trampilla que daba acceso al habitáculo, según han detallado fuentes policiales.

Sanz ha llegado a Traspinedo junto a su abogada minutos antes de las nueve de la mañana y ha salido de su coche a las 10.05, con pantalón gris y jersey azul, acompañado por agentes de un cuerpo de élite de la Guardia Civil, activos desde primera hora. La zona está llena de carteles con la fotografía de la fallecida y donde se lee “Justicia para Esther”. El objetivo es analizar en su presencia la estancia donde, debajo de unas baldosas ocultas bajo una litera, había una “trampilla” que conducía a ese habitáculo.

El informe de la Guardia Civil, al que ha accedido EL PAÍS, revela que el nuevo propietario que compró la vivienda a Sanz “detectó humedades en la casa, se puso a picar una baldosa en el suelo y, tras retirar la baldosa y la espuma de poliuretano, encontró una trampilla que llevaba a un sótano que no aparecía en los planos de la casa”. El comprador avisó a las autoridades y estas vieron un espacio de “unos 2,5 metros de alto y unos cuatro metros por tres de ancho y largo” y “con un nivel de agua de unos 30 centímetros junto a restos de ferralla, dos garrafas, maderas flotando y lo que parece ser una bomba de extracción de agua; el acceso al habitáculo es mediante una escalera oxidada en mal estado y sin algunos peldaños”.

El espacio encaja con las tesis de los investigadores, que siempre creyeron que López estuvo escondida en otro lugar antes de ser depositada en la cuneta donde fue hallada semanas después de la madrugada del 12 al 13 de enero en la que desapareció. El cadáver presentaba hongos incompatibles con el terreno contiguo a la carretera donde la encontraron, arenisca tampoco presente en ese punto y tenía “manos de lavandera”, esto es, arrugas relacionadas con haberse encontrado en contacto con líquidos antes de morir.

Otra de las pruebas recopiladas fue el reloj inteligente del acusado, que reveló que aquella noche efectuó “descensos y ascensos en una casa sin escaleras”. Ni él ni su familia revelaron, ni en la investigación ni a amigos antes del suceso, que allí hubiera jamás una bodega o sótano, como ahora esgrimen para defenderse. Fuentes de la Guardia Civil explican que el gran objetivo pasa por corroborar si el dispositivo tecnológico reacciona igual si bajan con Sanz al zulo y plasma los mismos datos que a las cuatro menos cuarto de aquel 13 de enero.

Además, comenzarán a aplicar tecnologías para intentar hallar restos de sangre o de ADN de la fallecida en ese espacio reducido y también buscarán averiguar “cuándo se ha sellado el habitáculo” para calcular si hay relación con los posibles hechos de 2022.

La familia de López ha reaccionado ante la nueva etapa de la investigación con un comunicado donde aceptan que la Audiencia Provincial de Valladolid haya devuelto el caso, que esperaba fecha para enjuiciar a Sanz con los hechos conocidos hasta entonces, a la fase de instrucción para incorporar los hallazgos y pesquisas vinculadas al zulo. Los parientes de la fallecida agradecen la labor policial que ha desembocado en que la Fiscalía lo acuse de asesinato y le reclame 18 años de cárcel.

El comunicado recuerda que, según los investigadores, Sanz y López discutieron y este la arrolló con su coche a 40 kilómetros por hora “con intención de matarla”. Además, matiza que el golpe no fue mortal, tal y como acreditó la autopsia, pero que el sospechoso no la socorrió “dejando que se produjera su muerte”. Es en este intervalo donde, según los inspectores, Sanz pudo dejar a la víctima moribunda en el zulo, donde fallecería antes de trasladarla a la cuneta a la noche siguiente.

La familia condena la “actitud obstruccionista, embustera y mentirosa” del que fuera amigo de Esther López, porque nunca reveló la existencia de ese espacio oculto aunque le preguntaron en diversas ocasiones si había estancias a distinto nivel en la casa. “El retraso que este nuevo hallazgo podría suponer en el juicio no hace más que incrementar un dolor que esta familia ya ha pagado con creces”, lamentan, y repiten que han pedido que el individuo ingrese en prisión provisional, lo cual las juezas del caso no han considerado este tiempo. “En libertad solo entorpece, miente y ataca una investigación excelente”, zanjan.

Los familiares y los investigadores coinciden en no comprender por qué el sospechoso decidió vender en diciembre el chalet de Traspinedo sabiendo que los agentes no habían encontrado el zulo que podría incriminar a los Sanz. Las teorías apuntan a un posible “exceso de confianza”, con el acusado creyéndose superior a los investigadores, o la errónea “estrategia” para intentar desvincularse de la casa si algún día, como ha sucedido ahora, se hallaba la trampilla con otros propietarios.

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