Richard Wrangham, antropólogo: «La eliminación de los hombres más agresivos nos volvió más pacíficos»

Adolf Hitler, que ordenó la ejecución de casi ocho millones de personas, era, según su secretaria, un tipo amable y considerado. Odiaba la crueldad hacia los animales, era vegetariano y adoraba a su perra. Pol Pot, responsable de la eliminación de una cuarta parte de la población de su país, era descrito como un afable profesor de Historia. Y cuando estuvo en prisión antes de aniquilar a millones de almas, Iósif Stalin era considerado un recluso modélico, educado y caballeroso. ¿Cómo es posible? Los humanos podemos ser la especie más nociva, pero también la más bondadosa. En el libro ‘La paradoja de la bondad’ (Capitán Swing), Richard Wrangham (Reino Unido, 1948), profesor de Antropología Biológica en la Universidad de Harvard, explica los motivos de esta contradicción desde el punto de vista evolutivo. Dice que hay dos tipos de violencia. Por fortuna hemos conseguido dominar una de ellas, la más impulsiva, la que nos llevaría a estrangular al conductor que nos ha rozado el coche; pero nos hemos vuelto extraordinariamente eficaces desarrollando otra más planificada, la que hace que los misiles vuelen sobre Irán. —Espero que mis vecinos sean amables, pero cada día nos levantamos con una nueva amenaza bélica.—En comparación con la mayoría de los animales, los humanos tenemos una propensión muy baja hacia la violencia reactiva, que es irreflexiva, defensiva y no premeditada. Sin embargo, tenemos una inclinación muy alta a la agresión proactiva, deliberada, premeditada y planificada. Es la característica de la guerra y nos hace potencialmente muy crueles, dañinos y peligrosos. —¿Cómo hemos llegado a esa paradoja? —Nuestros ancestros tenían una alta propensión a los dos tipos de agresiones. Pero cuando apareció Homo sapiens , hace 300.000 años, nos autodomesticamos, lo que significa que nos volvimos mucho menos agresivos en un contexto reactivo. En relación con nuestros ancestros, somos como el perro con el lobo. Noticia relacionada general No No La ‘guerra civil’ de los chimpancés: el mayor grupo salvaje se divide en dos y se matan unos a otros Judith de Jorge—¿Esos cambios, se aprecian físicamente?—Al igual que otros animales domesticados, tenemos rostros más cortos, dientes más pequeños y un cuerpo ligeramente menos robusto que nuestros ancestros. Lo que es realmente emocionante es que los genes también reflejan esos patrones. —¿Qué nos enseñan los chimpancés y los bonobos, nuestros parientes vivos más cercanos, sobre la violencia humana? —Los bonobos evolucionaron de un ancestro que era muy parecido a un chimpancé contemporáneo, hace millones de años. Y en el transcurso de esa evolución, también se autodomesticaron, reduciendo la propensión hacia la agresión reactiva. Así que vemos que este patrón ocurre en diferentes especies. Los chimpancés y los bonobos hacen una pareja maravillosa, nuevamente, como la diferencia entre un lobo y un perro.«Hay guerras, pero la tendencia es que la violencia disminuya. En el futuro seremos una especie mucho más amable»—¿Entonces, la dicotomía clásica entre Rousseau y Hobbes no tiene ningún sentido?—Muy cierto. No somos una especie terrible ni una especie encantadora . Sabemos perfectamente que los humanos son capaces de comportarse de ambas maneras, pacíficos y agresivos. Pena capital—¿Y cómo conseguimos los humanos eliminar la agresión reactiva?—Eliminamos los genes que subyacen al comportamiento más reactivo evitando que esos individuos —en su mayoría, hombres— se reprodujeran. En el pasado, cuando nuestros ancestros cazadores-recolectores vivían en África, la única manera que tenían de evitar que un matón se reprodujera era matándolo. Así que fue una agresión proactiva en forma de ejecución deliberada lo que llevó a una reducción en la agresión reactiva. Desde los últimos 200 o 300 años, esto lo hacemos a través del encarcelamiento. Esto me indica que seguimos en una dinámica evolutiva.—¿En qué sentido?—El Homo sapiens no ha terminado de evolucionar. Seguimos eliminando los genes que subyacen a la violencia reactiva. Creo que en unos pocos cientos de miles de años, seremos una especie mucho más pacífica. Seremos mucho más amables entre nosotros dentro de los grupos, incluso si todavía tenemos la peligrosa tendencia hacia la agresión proactiva. «El hecho de vivir en casas construidas, donde nadie nos ve, puede ser un factor que contribuya a la violencia contra las mujeres»—Si la violencia reactiva disminuye, ¿cómo explicamos el gran número de mujeres víctimas de violencia doméstica o sexual?—Por el hecho de que los hombres no han avanzado tanto en el camino hacia la autodomesticación como nos gustaría. Hay propensiones biológicas bastante básicas que hacen que se sientan impulsados a la violencia hacia las mujeres: ejercer el control con funciones reproductivas en última instancia. Lo vemos en otras especies. Pero además, tampoco ayuda el hecho de que vivamos en casas construidas donde hay paredes que separan a las parejas del resto de la sociedad, de modo que este tipo de interacciones violentas no sean vistas de inmediato por los demás. Eso nos coloca en un mundo diferente al de los cazadores-recolectores donde, si un hombre era brutal con su esposa, todo el mundo lo sabía. A veces eso era permitido, porque la terrible verdad es que cierta cantidad de golpes a la esposa se justificaban. Las mujeres estaban sometidas a una cantidad considerable de violencia y castigos, que a menudo involucraban golpes y violación grupal. Pero también podía ocurrir que la familia de ella se enterase, se enfadase y decidiera atacar al esposo. —Ucrania, Gaza, Irán… ¿Está nuestra capacidad para la violencia organizada aumentando más y más? —Es fácil pensar que las cosas están empeorando. Y puede haber más violencia en el mundo ahora que hace unos cinco años. Pero he estudiado los análisis de tasas de agresión a lo largo de los últimos milenios y creo que la evidencia apunta a una disminución de la agresión y los asesinatos. Lo sorprendente es que incluso durante el siglo XX, con las dos guerras mundiales que mataron a millones de personas, la evidencia es que la tasa de asesinatos fue menor que en nuestros días de cazadores y recolectores. «Los presidentes de EE.UU. más involucrados en guerras han tenido rostros más anchos. Tenemos individuos que son más parecidos a la especie de la evolucionamos»—Pero ahora tenemos líderes mundiales que son bravucones, se jactan de la violencia y de su capacidad para hacer daño.—La especie humana es muy variable. Tenemos individuos que son más parecidos a la especie de la que evolucionamos. Aquí hay un ejemplo asombroso: durante los últimos 300.000 años, los rostros de los hombres se han reducido en su amplitud, son más estrechos. Hay docenas de estudios que dicen que los hombres con rostros anchos tienen más tendencia a la agresión reactiva. Las mujeres les tienen más miedo y son más propensos a asumir riesgos y hacer inversiones arriesgadas. Volviendo a su pregunta, le diré que los presidentes de EE.UU. más involucrados en guerras han tenido rostros más anchos. Es una muestra pequeña, así que tal vez no deberíamos tomarlo demasiado en serio, pero creo que sugiere cómo la variación dentro de la especie sigue siendo importante.—¿Cuáles han sido las sociedades más pacíficas y violentas de la historia?—Creo que las sociedades más pacíficas son las que estuvieron aisladas: los Inuit del Cobre (esquimales canadienses) o la sociedad de Tailandia central. Otras, ya más conectadas, son los Batek o Semang de Malasia, los Agta de Filipinas, o los Aka de África Central. Entre las sociedades más violentas, los Yanomami de Venezuela y Brasil, donde luchaban de manera ritual. Pero creo que debemos tener cuidado al pensar en una sociedad que es violenta o pacífica, porque las condiciones pueden cambiar. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Sarah Blaffer Hrdy, antropóloga: «Cuidar de un bebé activa algo muy profundo en el cerebro masculino» noticia Si Los neandertales ya estaban condenados antes de cruzarse con nosotros—¿Es posible tener un mundo sin conflictos? —Imagino que siempre habrá algunas personas que sientan tanto resentimiento por su estatus inferior, ya sea en un mismo país o entre países, que intentarán cambiar las cosas por la fuerza. Creo que debemos tener sistemas muy buenos para identificar esos casos y sofocarlos. Pero es difícil ser optimista hasta que tengamos a diferentes países dialogando entre sí de manera muy regular y abierta. Adolf Hitler, que ordenó la ejecución de casi ocho millones de personas, era, según su secretaria, un tipo amable y considerado. Odiaba la crueldad hacia los animales, era vegetariano y adoraba a su perra. Pol Pot, responsable de la eliminación de una cuarta parte de la población de su país, era descrito como un afable profesor de Historia. Y cuando estuvo en prisión antes de aniquilar a millones de almas, Iósif Stalin era considerado un recluso modélico, educado y caballeroso. ¿Cómo es posible? Los humanos podemos ser la especie más nociva, pero también la más bondadosa. En el libro ‘La paradoja de la bondad’ (Capitán Swing), Richard Wrangham (Reino Unido, 1948), profesor de Antropología Biológica en la Universidad de Harvard, explica los motivos de esta contradicción desde el punto de vista evolutivo. Dice que hay dos tipos de violencia. Por fortuna hemos conseguido dominar una de ellas, la más impulsiva, la que nos llevaría a estrangular al conductor que nos ha rozado el coche; pero nos hemos vuelto extraordinariamente eficaces desarrollando otra más planificada, la que hace que los misiles vuelen sobre Irán. —Espero que mis vecinos sean amables, pero cada día nos levantamos con una nueva amenaza bélica.—En comparación con la mayoría de los animales, los humanos tenemos una propensión muy baja hacia la violencia reactiva, que es irreflexiva, defensiva y no premeditada. Sin embargo, tenemos una inclinación muy alta a la agresión proactiva, deliberada, premeditada y planificada. Es la característica de la guerra y nos hace potencialmente muy crueles, dañinos y peligrosos. —¿Cómo hemos llegado a esa paradoja? —Nuestros ancestros tenían una alta propensión a los dos tipos de agresiones. Pero cuando apareció Homo sapiens , hace 300.000 años, nos autodomesticamos, lo que significa que nos volvimos mucho menos agresivos en un contexto reactivo. En relación con nuestros ancestros, somos como el perro con el lobo. Noticia relacionada general No No La ‘guerra civil’ de los chimpancés: el mayor grupo salvaje se divide en dos y se matan unos a otros Judith de Jorge—¿Esos cambios, se aprecian físicamente?—Al igual que otros animales domesticados, tenemos rostros más cortos, dientes más pequeños y un cuerpo ligeramente menos robusto que nuestros ancestros. Lo que es realmente emocionante es que los genes también reflejan esos patrones. —¿Qué nos enseñan los chimpancés y los bonobos, nuestros parientes vivos más cercanos, sobre la violencia humana? —Los bonobos evolucionaron de un ancestro que era muy parecido a un chimpancé contemporáneo, hace millones de años. Y en el transcurso de esa evolución, también se autodomesticaron, reduciendo la propensión hacia la agresión reactiva. Así que vemos que este patrón ocurre en diferentes especies. Los chimpancés y los bonobos hacen una pareja maravillosa, nuevamente, como la diferencia entre un lobo y un perro.«Hay guerras, pero la tendencia es que la violencia disminuya. En el futuro seremos una especie mucho más amable»—¿Entonces, la dicotomía clásica entre Rousseau y Hobbes no tiene ningún sentido?—Muy cierto. No somos una especie terrible ni una especie encantadora . Sabemos perfectamente que los humanos son capaces de comportarse de ambas maneras, pacíficos y agresivos. Pena capital—¿Y cómo conseguimos los humanos eliminar la agresión reactiva?—Eliminamos los genes que subyacen al comportamiento más reactivo evitando que esos individuos —en su mayoría, hombres— se reprodujeran. En el pasado, cuando nuestros ancestros cazadores-recolectores vivían en África, la única manera que tenían de evitar que un matón se reprodujera era matándolo. Así que fue una agresión proactiva en forma de ejecución deliberada lo que llevó a una reducción en la agresión reactiva. Desde los últimos 200 o 300 años, esto lo hacemos a través del encarcelamiento. Esto me indica que seguimos en una dinámica evolutiva.—¿En qué sentido?—El Homo sapiens no ha terminado de evolucionar. Seguimos eliminando los genes que subyacen a la violencia reactiva. Creo que en unos pocos cientos de miles de años, seremos una especie mucho más pacífica. Seremos mucho más amables entre nosotros dentro de los grupos, incluso si todavía tenemos la peligrosa tendencia hacia la agresión proactiva. «El hecho de vivir en casas construidas, donde nadie nos ve, puede ser un factor que contribuya a la violencia contra las mujeres»—Si la violencia reactiva disminuye, ¿cómo explicamos el gran número de mujeres víctimas de violencia doméstica o sexual?—Por el hecho de que los hombres no han avanzado tanto en el camino hacia la autodomesticación como nos gustaría. Hay propensiones biológicas bastante básicas que hacen que se sientan impulsados a la violencia hacia las mujeres: ejercer el control con funciones reproductivas en última instancia. Lo vemos en otras especies. Pero además, tampoco ayuda el hecho de que vivamos en casas construidas donde hay paredes que separan a las parejas del resto de la sociedad, de modo que este tipo de interacciones violentas no sean vistas de inmediato por los demás. Eso nos coloca en un mundo diferente al de los cazadores-recolectores donde, si un hombre era brutal con su esposa, todo el mundo lo sabía. A veces eso era permitido, porque la terrible verdad es que cierta cantidad de golpes a la esposa se justificaban. Las mujeres estaban sometidas a una cantidad considerable de violencia y castigos, que a menudo involucraban golpes y violación grupal. Pero también podía ocurrir que la familia de ella se enterase, se enfadase y decidiera atacar al esposo. —Ucrania, Gaza, Irán… ¿Está nuestra capacidad para la violencia organizada aumentando más y más? —Es fácil pensar que las cosas están empeorando. Y puede haber más violencia en el mundo ahora que hace unos cinco años. Pero he estudiado los análisis de tasas de agresión a lo largo de los últimos milenios y creo que la evidencia apunta a una disminución de la agresión y los asesinatos. Lo sorprendente es que incluso durante el siglo XX, con las dos guerras mundiales que mataron a millones de personas, la evidencia es que la tasa de asesinatos fue menor que en nuestros días de cazadores y recolectores. «Los presidentes de EE.UU. más involucrados en guerras han tenido rostros más anchos. Tenemos individuos que son más parecidos a la especie de la evolucionamos»—Pero ahora tenemos líderes mundiales que son bravucones, se jactan de la violencia y de su capacidad para hacer daño.—La especie humana es muy variable. Tenemos individuos que son más parecidos a la especie de la que evolucionamos. Aquí hay un ejemplo asombroso: durante los últimos 300.000 años, los rostros de los hombres se han reducido en su amplitud, son más estrechos. Hay docenas de estudios que dicen que los hombres con rostros anchos tienen más tendencia a la agresión reactiva. Las mujeres les tienen más miedo y son más propensos a asumir riesgos y hacer inversiones arriesgadas. Volviendo a su pregunta, le diré que los presidentes de EE.UU. más involucrados en guerras han tenido rostros más anchos. Es una muestra pequeña, así que tal vez no deberíamos tomarlo demasiado en serio, pero creo que sugiere cómo la variación dentro de la especie sigue siendo importante.—¿Cuáles han sido las sociedades más pacíficas y violentas de la historia?—Creo que las sociedades más pacíficas son las que estuvieron aisladas: los Inuit del Cobre (esquimales canadienses) o la sociedad de Tailandia central. Otras, ya más conectadas, son los Batek o Semang de Malasia, los Agta de Filipinas, o los Aka de África Central. Entre las sociedades más violentas, los Yanomami de Venezuela y Brasil, donde luchaban de manera ritual. Pero creo que debemos tener cuidado al pensar en una sociedad que es violenta o pacífica, porque las condiciones pueden cambiar. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Sarah Blaffer Hrdy, antropóloga: «Cuidar de un bebé activa algo muy profundo en el cerebro masculino» noticia Si Los neandertales ya estaban condenados antes de cruzarse con nosotros—¿Es posible tener un mundo sin conflictos? —Imagino que siempre habrá algunas personas que sientan tanto resentimiento por su estatus inferior, ya sea en un mismo país o entre países, que intentarán cambiar las cosas por la fuerza. Creo que debemos tener sistemas muy buenos para identificar esos casos y sofocarlos. Pero es difícil ser optimista hasta que tengamos a diferentes países dialogando entre sí de manera muy regular y abierta.  

Adolf Hitler, que ordenó la ejecución de casi ocho millones de personas, era, según su secretaria, un tipo amable y considerado. Odiaba la crueldad hacia los animales, era vegetariano y adoraba a su perra. Pol Pot, responsable de la eliminación de una cuarta parte de … la población de su país, era descrito como un afable profesor de Historia. Y cuando estuvo en prisión antes de aniquilar a millones de almas, Iósif Stalin era considerado un recluso modélico, educado y caballeroso. ¿Cómo es posible? Los humanos podemos ser la especie más nociva, pero también la más bondadosa. En el libro ‘La paradoja de la bondad’ (Capitán Swing), Richard Wrangham (Reino Unido, 1948), profesor de Antropología Biológica en la Universidad de Harvard, explica los motivos de esta contradicción desde el punto de vista evolutivo. Dice que hay dos tipos de violencia. Por fortuna hemos conseguido dominar una de ellas, la más impulsiva, la que nos llevaría a estrangular al conductor que nos ha rozado el coche; pero nos hemos vuelto extraordinariamente eficaces desarrollando otra más planificada, la que hace que los misiles vuelen sobre Irán.

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