El eclipse, la última esperanza para salvar un convento del siglo XV expoliado en Valladolid

El monasterio de San Bernardino de Siena, en Cuenca de Campos (Valladolid, 190 habitantes), será, por un día, protagonista por algo positivo. Las noticias a su alrededor en el último siglo se han caracterizado por todo lo contrario: parte de los materiales de este templo de estilos gótico, renacentista y mudéjar fueron expoliados por el magnate mediático estadounidense William Randolph Hearst. Y el convento del siglo XV, que perteneció al primer condestable de Castilla, Pedro Fernández de Velasco, se fue derrumbando poco a poco ante la aparente apatía del arzobispado y los poderes locales.

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¿ Y tú, cómo vivirás el eclipse?

dpatop - 29 March 2025, Spain, Inca: Adrian, Maria, and Sandra observe the sun during the partial solar eclipse. The Institute of Astronomy and Space of Mallorca had previously distributed glasses and installed telescopes for observation. Photo: Clara Margais/dpa (Photo by Clara Margais/picture alliance via Getty Images)

En EL PAÍS, queremos saber cómo se preparan ustedes, nuestros lectores, para el fenómeno astronómico del 12 de agosto. Envíanos a participacion@elpais.es tu testimonio de cómo te preparas o cómo recibirá tu pueblo o ciudad el eclipse. Puedes incluir fotos si quieres. El próximo lunes, 10 de agosto, publicaremos algunas de las historias del eclipse de nuestros lectores.

 Una asociación aprovecha el evento astronómico para adecentar un viejo convento y reivindicar el patrimonio olvidado en un pueblo de 190 habitantes  

El monasterio de San Bernardino de Siena, en Cuenca de Campos (Valladolid, 190 habitantes), será, por un día, protagonista por algo positivo. Las noticias a su alrededor en el último siglo se han caracterizado por todo lo contrario: parte de los materiales de este templo de estilos gótico, renacentista y mudéjar fueron expoliados por el magnate mediático estadounidense William Randolph Hearst. Y el convento del siglo XV, que perteneció al primer condestable de Castilla, Pedro Fernández de Velasco, se fue derrumbando poco a poco ante la aparente apatía del arzobispado y los poderes locales.

Ahora, la Fundación Re-habitar, una organización que busca fomentar la arquitectura tradicional de Tierra de Campos, impulsar el desarrollo local y frenar la despoblación en esta comarca, en el epicentro de la España vaciada, ve el histórico eclipse del 12 de agosto como una gran oportunidad para reivindicar el monasterio y recaudar fondos y adeptos para su reconstrucción.

“Queremos que haya conciencia del estado del patrimonio del pueblo”, dice Marco Antonio Garcés, de 71 años. Garcés es miembro de Re-habitar, la fundación que hasta ahora ha tratado de frenar como puede el declive del convento y que tiene como objetivo fundamental que los vecinos de Cuenca de Campos se impliquen en salvar su patrimonio. Por eso es a ellos, más que a los forasteros, a los que se dirige la actividad que han planeado para el próximo miércoles para ver el eclipse.

Tan noble objetivo requiere acciones pequeñas que entre todos los integrantes de la fundación —casi todos de fuera del pequeño municipio vallisoletano— van ejecutando. El que puede hacer, hace: Garcés, que se dedica a la restauración, lleva semanas trajinando por Cuenca de Campos para adecentar el espacio donde esperan reunir a quienes quieran contribuir con la restauración en la famosa noche. El patio, habitualmente lleno de follaje, ha quedado despejado para los coches que vengan; los accesos a la bodega que hay debajo del palomar se han taponado para evitar caídas, y el único banco original que queda de la iglesia se expondrá.

Menos suerte han corrido con los carteles informativos que dejaron en el ayuntamiento, que entre una cosa y otra no se han repartido, con el alcalde muy ocupado, y sin que los vecinos se enteren bien de lo que albergará su pueblo. “A finales de marzo, tuvimos una reunión del patronato y detectamos que somos muy ajenos al pueblo. Se nos ocurrió que, en vez de esperar sus iniciativas, fuésemos nosotros quienes se las ofreciéramos para atraer a la población a conocer el convento y la iglesia, que están siempre cerradas y en mal estado”, explica Garcés. El pretexto es doble: el eclipse y las lágrimas de San Lorenzo o perseidas, otro bello fenómeno atmosférico. Y aunque es una carambola astronómica poderlo ver justo después de un eclipse, el restaurador lo expresa con acidez: “Que las lágrimas no sean solo las nuestras por ver así el convento”.

El vallisoletano muestra los espacios derruidos o agrietados del convento sin más compañía que la de cientos de palomas. Su arrullar cansino y el frufrú de su aleteo resuenan entre el eco del vacío. Antes, ha dado palmadas en el conjunto para ver si hay movimiento. Lo hay, felizmente: en caso contrario, habría que huir porque, si no hay palomas, es porque los animales han detectado que se va a desplomar a poco tardar.

Garcés se resigna y explica los planes para el eclipse: se darán las gafas de protección, se habilitará el aparcamiento y, con suerte, un vino español que ha prometido el Ayuntamiento. Y aunque no han querido establecer un pago como en otros puntos de observación donde ofrecen guías y actividades para el evento, sí que están pidiendo una aportación solidaria de los asistentes. Creen que, aunque no sea de gran cuantía ese día, la actividad puede servir para ganar adeptos para la agrupación, que subsiste con cuotas, y para la causa de mantener con vida el patrimonio de la comarca. Los espectadores, además, podrán presenciar una ponencia sobre el eclipse a cargo de Alejandro Garcés, hijo de Marco Antonio, que es ingeniero aeroespacial y antropólogo y que, aunque vive en Valencia, vendrá específicamente ese día a Cuenca de Campos para ilustrar al público sobre este fenómeno natural astronómico.

“El objetivo no es el dinero, pero si es gratuito, la gente no va o no lo considera. Es una limosna que irá a contribuir a las cositas que intentamos”, dice Marco Antonio Garcés, entre grietas, maderas caídas y unas pinturas centenarias en las que se ve el firmamento. El especialista en restauración lamenta que la Junta de Castilla y León (PP y Vox) haya desoído sus solicitudes de financiación: “Nuestra vocación es filantrópica y voluntariosa; necesitamos que con las convocatorias sobre este patrimonio venga gente a verlo”.

El campo mantiene muy ocupado a Urbano Nieto, de 66 años y también patrono de Re-habitar. Él vive en el cercano Tamariz de Campos y suya es la maquinaria que ha habilitado el patio, que antes era pasto de hierbajos. “Soy el único labrador con tractor y aperos, he ido yo y ya está. No es un mérito, hacemos lo que podemos. En ese caso tengo más medios que otros”, se quita importancia por teléfono este señor que defiende las actividades rurales, pues apoya un festival tecno en Villavendimio, un pueblo de 150 habitantes en la provincia de Zamora, y participa en talleres que promueven el uso del barro como material de construcción.

“Queremos que la gente del pueblo se implique. Nunca se logrará que sean todos, pero que se acerque gente y que los demás, aunque sea, no participen, pero no critiquen. Cada uno es libre”, observa Nieto, molesto con quienes “intentan hundirlo en vez de apoyarlo”. El terracampino esgrime que este patrimonio material, como sucede con mucho inmaterial en esta zona, exige respaldarlo e impulsarlo aunque cueste o no sea popular: “Es parte de nuestra historia”. Su amigo Marco Antonio se frustra cuando, junto al portón del monasterio, ve con frustración cómo pasan vecinos y el mismísimo alcalde y siguen adelante sin pararse en el convento.

El alcalde de Cuenca de Campos, Juanjo Bobillo (PP), socio de la fundación en favor del convento, admite la escasez de recursos municipales y las deudas que lastran las posibles inversiones en el conjunto: “Hacemos todos lo que podemos, aunque francamente es poco”. Bobillo tilda de “titánico” que un pueblo tan pequeño impulse ese patrimonio herido mediante un dinero que, dice, no alcanzan “ni de lejos”. “Hay mucha gente que pasa de ello, pero hay que seguir porque, si no, está muerto. Necesitamos consolidar lo poco que queda”.

Para los miembros de la fundación Re-habitar no queda sino apretar e insistir. Para ello, Marco Antonio Garcés acude al bar del pueblo, donde los paisanos toman unos vinos y escuchan atentamente sus comentarios bajo cuadros de galgos. El cartel del evento, negro con la silueta de un eclipse, se pega en el corcho, donde compite por la atención de los vecinos con la publicidad del taxi que mueve sobre ruedas a los ancianos por la zona y un servicio de fisioterapia que les permite moverse caminando, ojalá más a menudo al convento de San Bernardino.

En EL PAÍS, queremos saber cómo se preparan ustedes, nuestros lectores, para el fenómeno astronómico del 12 de agosto. Envíanos a participacion@elpais.es tu testimonio de cómo te preparas o cómo recibirá tu pueblo o ciudad el eclipse. Puedes incluir fotos si quieres. El próximo lunes, 10 de agosto, publicaremos algunas de las historias del eclipse de nuestros lectores.

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