El eco de la aceleración: nadie espera un tsunami en la montaña

Nadie espera un tsunami en la montaña. Tampoco lo esperaban las miles de personas que se encontraban en las riberas de los ríos Lhende, Bhote Koshi y Trishuli en la frontera entre Nepal y China, el 26 de agosto de este año, cuando una ola de barro, piedras, hielo y agua descendió por los valles llevándose todo a su paso. Las imágenes han recorrido el mundo y, junto a ellas, el desconocido concepto de los fenómenos GLOF (Glacial Lake Outburst Flood), que es el nombre científico para el colapso de los lagos glaciares, un riesgo que ha existido desde siempre, pero que se ha acrecentado por la crisis climática y ecológica.

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 Nepal, Suiza y Perú han sufrido en los últimos años el poder destructivo de los GLOF, fenómenos naturales cuyo riesgo crece a medida que el calentamiento global transforma las montañas  

Nadie espera un tsunami en la montaña. Tampoco lo esperaban las miles de personas que se encontraban en las riberas de los ríos Lhende, Bhote Koshi y Trishuli en la frontera entre Nepal y China, el 26 de agosto de este año, cuando una ola de barro, piedras, hielo y agua descendió por los valles llevándose todo a su paso. Las imágenes han recorrido el mundo y, junto a ellas, el desconocido concepto de los fenómenos GLOF (Glacial Lake Outburst Flood), que es el nombre científico para el colapso de los lagos glaciares, un riesgo que ha existido desde siempre, pero que se ha acrecentado por la crisis climática y ecológica.

Es que cuando nos referimos a un lago glaciar, estamos hablando de una masa de agua que está alojada en una especie de embalse de hielo o bajo una gran masa de hielo, con las debilidades que se pueden suponer de dichas estructuras, especialmente en un mundo que se calienta más y más. Si por efecto de la presión del agua, el aumento de la temperatura o cualquier otra causa, llega a romperse la resistencia del hielo en dichos lagos o cae un gran bloque de hielo de golpe, el agua almacenada en ese embalse natural baja rauda por los valles, como sucedió en Nepal, pero antes también, en 2025, en Perú y Suiza, donde el colapso del glaciar Birch produjo un desborde del lago que destruyó el 90% del pueblo alpino de Blatten.

En el caso peruano, el GLOF de 2025 fue en la provincia de Huaraz, que ha sido especialmente asolada por estos fenómenos en la historia y que es protagonista del único caso judicial que se ha llevado de manera transnacional en contra de una empresa de combustibles fósiles en Alemania, acusándola de aumentar el riesgo de la ocurrencia de estos desastres y buscando que pagara parte de las medidas de resguardo para la población. Aunque el caso impulsado por el campesino y guía de montaña Saúl Luciano Lliuya no fue exitoso, dejó una importante jurisprudencia referida a la responsabilidad de estas compañías en el aumento de riesgos producto del derretimiento de glaciares.

Este tipo de eventos es de los más catastróficos para los ecosistemas de montaña y particularmente para un glaciar, no sólo por la destrucción que supone el fenómeno mismo, sino también porque generalmente dan cuenta de la pérdida de calidad previa del ecosistema glaciar mismo, que culmina con el desborde de dichos lagos. Son glaciares que mueren de golpe, en un planeta que amenaza su supervivencia en general.

Pero no es lo mismo la pérdida de un glaciar que con el tiempo va dejando de escurrir por un valle en forma de río, que la generación de un fenómeno GLOF. En ambos casos perderemos ríos, valles habitables, biodiversidad, culturas, bienes materiales y vidas humanas, pero el riesgo que supone un GLOF para la población es mucho más difícil de mitigar y controlar, generando una mayor devastación. Y si bien hay medidas que pueden ponerse en práctica en lugares con este riesgo, de todas formas su existencia es un recordatorio de nuestra impotencia frente a una serie de fenómenos socioambientales extremos y, por lo tanto, la importancia de prevenirlos, no generando condiciones que los hagan más posibles y recurrentes.

Lamentablemente, estamos lejos de esa prevención. La crisis climática mantiene su escalada al ritmo que le imponen los tiempos. Un ritmo acelerado en una lógica principalmente pensada para beneficiar el desarrollo de tecnologías de información y el retorno del capital para los inversionistas, y que, como una riada, se lleva por delante el bienestar social, los derechos de las personas y la protección del entorno. En ese escenario, es probable que sigamos viendo escenas terroríficas como las de Nepal.

Después de todo, el estruendo del tsunami avanzando por los valles y la vista de la gente que corre por sus vidas se asemeja mucho más a nuestro imaginario hollywoodense de las catástrofes del fin del mundo. Quizás en eso radica la horrible atracción que sentimos por ver esos videos y quizás con ello se genere la necesaria alarma pública que las danas, inundaciones, olas de calor y tormentas, con sus miles de muertos, no han logrado generar.

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