El Gobierno acelera los trámites para sacar en dos semanas a todos los inmigrantes de la calle y poder devolver a la mayoría

La crisis de Ceuta toma un nuevo rumbo, y el Gobierno pone aún más medios técnicos y más decisión política para intentar recuperar el control después de una noche, la del jueves, en la que todo parecía irse de mano con momentos de violencia entre algunos ceutíes y un grupo de inmigrantes. El Ejecutivo ya tiene una lista definitiva de espacios para albergar a los inmigrantes, y acelera las obras para lograr que en un máximo de dos semanas, con suerte un poco antes, no haya ningún irregular durmiendo en las calles o en las playas, algo que, según un análisis muy extendido en el Gobierno, es lo que está generando más tensión en la ciudad. Además, se acelerarán los procesos para las devoluciones, sobre todo de los adultos marroquíes, que no tienen prácticamente ninguna posibilidad de recibir el asilo que muchos de ellos solicitan. Se han enviado más policías especializados para agilizar ese trámite; y se permitirá que las entrevistas que son preceptivas por el protocolo legal se hagan también online, con agentes y traductores fuera de Ceuta, para salvar la gran dificultad de enviar a más personas a un lugar pequeño y ya lleno de militares, policías y profesionales de la asistencia humanitaria. Y, además, 10 días después de recibir la oferta europea, el Gobierno ha dado un nuevo giro al pedir formalmente la ayuda de la Unión Europea, a través de Frontex, para ese trabajo de “triaje”, esto es, agilizar los trámites de clasificación de migrantes de cara a su expulsión, con policías e intérpretes de otros países que puedan actuar online para avanzar en las devoluciones.

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 Los policías trabajarán también ‘online’ desde fuera de Ceuta para agilizar los trámites de rechazo de asilo y devolución  

La crisis de Ceuta toma un nuevo rumbo, y el Gobierno pone aún más medios técnicos y más decisión política para intentar recuperar el control después de una noche, la del jueves, en la que todo parecía irse de mano con momentos de violencia entre algunos ceutíes y un grupo de inmigrantes. El Ejecutivo ya tiene una lista definitiva de espacios para albergar a los inmigrantes, y acelera las obras para lograr que en un máximo de dos semanas, con suerte un poco antes, no haya ningún irregular durmiendo en las calles o en las playas, algo que, según un análisis muy extendido en el Gobierno, es lo que está generando más tensión en la ciudad. Además, se acelerarán los procesos para las devoluciones, sobre todo de los adultos marroquíes, que no tienen prácticamente ninguna posibilidad de recibir el asilo que muchos de ellos solicitan. Se han enviado más policías especializados para agilizar ese trámite; y se permitirá que las entrevistas que son preceptivas por el protocolo legal se hagan también online, con agentes y traductores fuera de Ceuta, para salvar la gran dificultad de enviar a más personas a un lugar pequeño y ya lleno de militares, policías y profesionales de la asistencia humanitaria. Y, además, 10 días después de recibir la oferta europea, el Gobierno ha dado un nuevo giro al pedir formalmente la ayuda de la Unión Europea, a través de Frontex, para ese trabajo de “triaje”, esto es, agilizar los trámites de clasificación de migrantes de cara a su expulsión, con policías e intérpretes de otros países que puedan actuar online para avanzar en las devoluciones.

Todo ayudará a acelerar la solución, pero lo más importante, según distintos responsables consultados, sigue siendo tener lugares para albergar y alimentar a los inmigrantes. Según explican en La Moncloa, “no se puede hacer un proceso de expulsión o denegación de asilo en una mesa en una playa, porque requiere un complejo sistema informático cerrado con protección de datos”, como sucede en una comisaría. Para controlar e impulsar todo este proceso, la secretaria de Estado de Interior, Aina Calvo, se ha trasladado a Ceuta para dirigir el operativo. Además, el Ministerio espera tener terminado en unos días un centro especial en Ceuta para tramitar todas estas peticiones de asilo y procesos de devolución, con algunas camas para que algunos de ellos puedan pasar hasta 72 horas cuando lo necesiten para culminar los trámites.

La primera reunión del mando único de la crisis de Ceuta presidida por Pedro Sánchez ―que se celebró este viernes con el presidente en La Moncloa y el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, en el terreno― dejó claro, según varios de los presentes, que ya no hay más tiempo para discutir los emplazamientos de los centros temporales para acoger a los migrantes. El Gobierno y la ciudad llevan semanas jugando al gato y el ratón, porque la presión de los vecinos ha ido haciendo que decayeran todas las opciones que se manejaban. Pero ya no habrá más debate: los nuevos emplazamientos se cerraron el jueves con Vivas, después de descartar los que había propuesto él y su equipo porque implicaban obras de meses, dado que no tenían ningún sistema de higiene ni electricidad.

Según el ministro de Política Territorial y responsable del mando único, Ángel Víctor Torres, se acordaron otros espacios, que supondrán algo de trabajos para acondicionarlos, pero mucho menos. El Ejecutivo y la ciudad han buscado lugares lo más alejados posibles de los vecinos, para evitar más tensiones, aunque eso complica la gestión. Decenas de técnicos y trabajadores de Tragsa aceleran los trabajos para tener listos de forma acelerada camas, techos, baños, duchas y comedores. El Gobierno confía en que, una vez que estén allí, la tensión social baje mucho.

Aunque los migrantes no pueden ser encerrados y tienen derecho a salir de los recintos, el hecho de que reciban allí todas las comidas y pasen las noches en ese lugar facilita la tarea de todos, también la de los policías que deben tramitar sus devoluciones. Además, evita imágenes durísimas como las de estos días con ciudadanos de Ceuta bloqueando el paso de camiones de la Cruz Roja que llevaban alimentos para los que duermen en la playa, o agrediendo e insultando a los voluntarios que están allí para alimentar a personas hambrientas, no solo por una cuestión humanitaria, sino también para evitar tensiones mayores si ellos tuvieran que buscar comida de manera desesperada.

En la reunión del mando único, según estas fuentes, se habló expresamente de esta violencia para condenarla. El presidente Pedro Sánchez reclamó expresamente que todo el mundo la condene y que se haga un esfuerzo para contenerla. Vivas también habló en el mismo sentido, y después de trasladar la gran preocupación por la situación “insostenible” de su ciudad, aseguró que va a trabajar para que se pare la violencia. Luego hubo un comunicado conjunto de todos los partidos en Ceuta rechazando esa violencia. “Los violentos no nos representan, nadie debe tomarse la justicia por su mano”, leyó el presidente de la ciudad.

El Gobierno confía en que Vivas use la fuerza de su liderazgo para impedir que la gente se ponga delante de los camiones de la Cruz Roja ―aunque sea de forma pacífica― con la intención de evitar que llegue el alimento a personas hambrientas. En cualquier caso, para evitarlo, la policía y el ejército han multiplicado su presencia en la zona, y se ha enviado a más antidisturbios a Ceuta. Desde el Ejecutivo confían en que esas imágenes durísimas no se vuelvan a repetir.

Las comparecencias del día ―José Manuel Albares, de Exteriores; Fernando Grande-Marlaska, de Interior; y Elma Saiz, de Inclusión― dejaron claro, con matices, que el Gobierno mantiene que Marruecos no está detrás de este gran salto de 72.000 personas, al menos no como gran impulsor, tal como explicó Albares. El titular de Exteriores aportó detalles de sus contactos con su homólogo, Naser Burita, así como de la colaboración de este país para resolver el problema y que en las primeras horas de la entrada masiva volvieran al reino alauí más del 90% de los migrantes que entraron en Ceuta.

Marlaska y Saiz, por su parte, dieron cuenta de su gestión y evitaron la autocrítica al considerar que se ha hecho todo lo que se podía hacer, aunque el propio movimiento del Gobierno en los últimos días ―con el aumento de medios y algunos gestos políticos como aprobar el mando único― demuestra que el Ejecutivo, como admite en privado, es consciente de que la gestión ha sido muy mejorable y ahora está intentando poner todo para reconducir una crisis que está desgastando mucho a La Moncloa en un momento clave, cuando arranca el curso político que decidirá el resultado de las elecciones de 2027.

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