El rufianismo existe

Gabriel Rufián, portavoz en el Congreso de ERC, en Madrid el 11 de febrero de 2026.

Cómo ganar a los fachas (leer antes de votar), de Gabriel Rufián, deja en la boca un fuerte sabor electoral. No es una simple puesta en negro sobre blanco de su cruzada contra la ultraderecha. El libro del portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso rezuma programa político, tal vez proyectado para un escenario diferente al de candidato republicano el 29-N. Da la sensación de que el texto estaba siendo parido para unas elecciones generales más tardías y cuyo adelanto no ha permitido que muchas otras cosas maduraran, entre ellas el papel mismo de Rufián. Pero con todo, certifica que el rufianismo existe y aspira a algo más.

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 El candidato de ERC hace en su último libro un esbozo de programa electoral y se cobra algunas facturas pendientes  

Cómo ganar a los fachas (leer antes de votar), de Gabriel Rufián, deja en la boca un fuerte sabor electoral. No es una simple puesta en negro sobre blanco de su cruzada contra la ultraderecha. El libro del portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso rezuma programa político, tal vez proyectado para un escenario diferente al de candidato republicano el 29-N. Da la sensación de que el texto estaba siendo parido para unas elecciones generales más tardías y cuyo adelanto no ha permitido que muchas otras cosas maduraran, entre ellas el papel mismo de Rufián. Pero con todo, certifica que el rufianismo existe y aspira a algo más.

En primer lugar, el autor deja claro que su enfrentamiento contra la extrema derecha y su intento de aglutinar a la izquierda del PSOE tienen ideas detrás. Tras semanas de baile de sillones, el republicano vuelve a las propuestas y retoma el hilo inicial de la conferencia con Emilio Delgado, de Más Madrid, en febrero de este año: vivienda, seguridad, migración, impuestos, corrupción y autodeterminación.

Pero no es solo fondo. También hay forma. Rufián repasa su responsabilidad de que el (imposible) frente de izquierdas en Cataluña sea el tractor de uno estatal —el centro de la teoría de Joan Tardà— e insiste en ese “frente instrumental y de cooperación mutua” que no vio la luz. Curiosamente, encaja allí el planteamiento de que la izquierda española se retire de “las provincias en que compita absurdamente y sin posibilidades con las izquierdas soberanistas”, que es lo que acabaron haciendo Podemos y ERC.

Lo más llamativo es que el libro contradice a su propio autor. Rufián argumentó, hace una semana, que había hecho todo lo posible para la suma de las izquierdas. En el texto pone que “hay un último recurso si los partidos no se ponen de acuerdo: primarias”. Es el botón que él no se atrevió a accionar de cara a un frente amplio estatal. En este sistema, agrega, no sería para buscar una candidatura ganadora sino para ordenarlas todas dentro de una candidatura. “Es la mejor manera de abrir los partidos a la sociedad”, continúa. “Unos aparatos que, en demasiadas ocasiones, se convierten en grupos de gente reunida para hablar de las mismas cosas con las mismas personas, y todo sin intentar molestar a quien manda.”

Con todo, la parte central del libro gira en torno a desarrollar esas ideas sectoriales que en su día planteó junto a Delgado. No van más allá del enunciado —como cualquier programa electoral de los que encontraremos en los próximos días—, pero el hecho de su solo planteamiento da a entender que él tendrá ganas de explicarlas en algún momento. Las resume en esta frase: “Trabajar menos para trabajar todos. Producir lo necesario, redistribuirlo todo.” Supera así el planteamiento hecho por Sumar en su día, apostando por jornadas de seis horas diarias, cuatro días a la semana, compensada con una renta básica universal.

“La radicalidad en política se mide en cuánta realidad eres capaz de cambiar, no en cuánta razón tienes”, asegura un político que se precia de tener mucha razón a lo largo de todo el texto. Y que sigue en su pulso con la dirección de su partido, a la que deja varios recados en diferentes partes del libro. “Ya vale de que solo lleguen los que mejor se portan y no los que mejor lo hacen. Quien pone la cara debe tener medios y mando”, dice en un apartado.

El candidato de los republicanos para el 29-N tira de tipología lingüística para abordar el puntilloso tema del independentismo. Puntilloso no porque no se lo crea, sino porque, como quedó demostrado en su gira de este año, su mención suele implicar la desaparición de los aplausos en otros sitios del Estado. Rufián dice que en lugar de ser independentista lo está, es decir, lo desvincula de una esencia inmutable que reparte carnets de buenos y malos catalanes. Una crítica directa a Junts per Catalunya.

“El soberanismo catalán, vasco, gallego, valenciano y andaluz” que someta al PSOE, asegura, puede conseguir “desde celebrar un referéndum de autodeterminación —binario, con el sí que obviamente represente al independentismo y un no que represente la oferta del Estado— hasta uno sobre monarquía o república”. Rufián critica además que a día de hoy no exista la posibilidad de estudiar las lenguas cooficiales en todas las escuelas del país, como una manera de acercar y poner en valor la riqueza interna del Estado.

Rufián enarbola también el “quien la hace la paga” para despegarse de cierta izquierda a la que ve atrapada en un buenismo hacia la inmigración. Y busca marcar posición en política internacional, por ejemplo diciendo lo suyo sobre Ceuta: “Han atacado a este país y ha sido Marruecos. Hay que decirlo, no pasa nada. ¿O sí? ¿Qué va a pasar? ¿Se va a perder la final del Mundial de 2030? Ya se ha perdido. (…) Se les entregó el Sáhara y la credibilidad. Ahora se está entregando la dignidad”.

Rufián adelanta que habrá más contorsiones políticas, que normaliza y ve saludables en el desarrollo personal: “Es mejor ser útil que tener una buena hemeroteca. Yo he cambiado de parecer muchas veces en mi vida”. Explica que llegó a robar papel higiénico en su trabajo y latas en el supermercado cuando era joven para poder llegar a fin de mes. Y que, tras el optimismo que intenta transmitir, subyace un resentimiento que le enciende. “Aún me mueve mucho callar bocas. Casi lo que más. Pero hay bocas que jamás callaré, porque están en mi cabeza”. Todo un pasado y una carrera política que, como no podía ser de otra manera, le untan como el mejor posicionado para cuando le toque: “Se trata de volver a tener algo entendible que decir; un problema concreto, una posición clara y un candidato que se crea lo que dice porque ha vivido lo que dice.”

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