El Salvador tras las pandillas: la paz vigilada de Bukele

El presidente extirpa la violencia de las maras con mano de hierro mientras suspende leyes constitucionales para seguir en el cargo Leer El presidente extirpa la violencia de las maras con mano de hierro mientras suspende leyes constitucionales para seguir en el cargo Leer  

Varias personas practican surf en la paradisíaca playa de El Tunco, mientras las terrazas frente al mar están abarrotadas de turistas tomando un cóctel y disfrutando de la puesta de sol al ritmo de música electrónica. En Concepción de Ataco, a 65 kilómetros de la capital salvadoreña, artistas urbanos pintan grandes murales en un festival itinerante que llena de color las calles del país centroamericano. Hasta hace muy poco, las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18 usaban esas mismas paredes para hacer sus pintadas y marcar sus territorios asesinando a quien osara traspasar unas fronteras invisibles entre unos barrios y otros. Los jaguares, los rostros de mujeres, las flores y las aves han sustituido las temibles cifras tatuadas en muchas paredes con el número 18 o las siglas MS-13, que hacían referencia a las dos pandillas que se disputaban a fuego el control de los barrios extorsionando a comerciantes, transportistas y pequeños negocios bajo amenaza real de muerte. «Años después, le ganamos los muros a las pandillas», le reconocía a la agencia Afp entre lágrimas de alegría el muralista Isaac Sosa, de 31 años, que considera que el arte es una «herramienta mágica» de «transformación social».

En pleno centro de San Salvador, cientos de personas pasean tranquilamente por la noche sin miedo a ser asaltadas o asesinadas o incluso acuden de madrugada a la Biblioteca Nacional. Se trata de un espléndido edificio inaugurado en 2023, con una inversión de 54 millones de dólares, donados por China. Este centro cultural, que está abierto las 24 horas del día, dispone de siete niveles que albergan más de 360.000 ejemplares de libros, además de áreas de robótica, realidad virtual y una gran sala de videojuegos.

Esto era impensable hace años en este pequeño país de Centroamérica de poco más de seis millones de habitantes en el que el miedo reinaba en la población por el férreo control que ejercían las dos principales pandillas que han sido arrinconadas gracias a la política de mano dura ejercida por el presidente, Nayib Bukele, desde que llegó al poder en 2019.

Su primera iniciativa fue poner en marcha el Plan de Control Territorial con el que militarizó las calles con operativos conjuntos con la Policía para cercar municipios enteros y «extraer» a los pandilleros. Sin embargo, esta medida no fue suficiente y las maras, lejos de rendirse, continuaron echando un pulso al Gobierno hasta que en marzo de 2022 asesinaron en un solo día a 60 personas al azar en las calles.

Estos crímenes fueron la gota que rebasó la paciencia del mandatario salvadoreño, quien llevó a la Asamblea Legislativa su iniciativa de poner en marcha un Régimen de Excepción , que desde entonces, se ha prorrogado mensualmente en 53 ocasiones gracias a la holgada mayoría con la que cuenta su partido, Nuevas Ideas. Solo tres de los 60 diputados se oponen a esta medida que pretende poner fin a los «terroristas» y que, hasta la fecha, se ha saldado con la detención de 92.000 personas, si bien el propio Gobierno ha reconocido que 8.000 fueron liberados por ser inocentes.

El Régimen de Excepción suspende garantías constitucionales, si bien ha sido muy efectiva para reducir a mínimos históricos la violencia en El Salvador. De acuerdo a la Policía Nacional Civil, durante este mes de agosto se han contabilizado 12 días sin homicidios, mientras que en 2018, un año antes de que Bukele llegara al Gobierno, había un promedio de siete homicidios diarios.

Esta reducción drástica de la violencia que, según Bukele, ha convertido El Salvador en el «país más seguro de América Latina», le aupó a un segundo mandato, a pesar de que la Constitución prohibía la reelección. Así, El Salvador registró únicamente 82 homicidios en 2025, alcanzando la tasa más baja de su historia, con 1,3 homicidios por cada 100.000 habitantes. La ofensiva de Bukele, que incluyó la construcción en 2022 del Centro de Confinamiento del Terrorismo, ha logrado marginar a ambas pandillas hasta el punto de que, en lo que va de 2026, la tasa ronda los 0,90 homicidios por cada 100.000 habitantes, con 191 días sin ningún homicidio, de acuerdo a la policía.

Una familia se fotografía frente a los murales en Concepción de Ataco.
Una familia se fotografía frente a los murales en Concepción de Ataco.MARVIN RECINOSAFP

Sin embargo, esta política represiva vulnera los derechos humanos y las libertades, según han advertido sin mucho éxito organizaciones nacionales e internacionales, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, que han presentado más de 6.000 denuncias de detenciones arbitrarias, desapariciones y muertes bajo custodia y hablan incluso que, durante el Régimen de Excepción, se han cometido crímenes de lesa humanidad. Socorro Jurídico Humanitario señala que 560 privados de libertad han fallecido desde la implementación del Régimen de excepción.

El sociólogo y autor del estudio Élites políticas y económicas en El Salvador: ¿captura de Estado?, Harald Waxenecker, asegura a este diario que no se cree el discurso de Bukele de que ha logrado ser el país más seguro de Latinoamérica, ni que ha acabado con las pandillas. Considera que «no es una solución a largo plazo encerrar a medio mundo, sino que es una política de corto plazo con mucho precio y daño colateral». Para acabar con la violencia de las maras, cree que sí se necesita la «fuerza coercitiva» del Estado «bajo control democrático», aunque indica que también se requiere de una «política social que ofrezca perspectivas a la población».

Para Waxenecker, Bukele está usando El Salvador «como su feudo» y recuerda que la prensa ha publicado varios reportajes que revelan «cómo él y los suyos se enriquecen del Estado, gozan de impunidad y acumulan poder político de manera extraordinaria». De acuerdo a su declaración patrimonial, el líder salvadoreño, que optará a un tercer mandato en las elecciones de 2027, cuenta con 4,5 millones de dólares. Todo apunta a que volverá a gobernar, gracias a que el 80% de la población aprueba su gestión después de que las calles hayan recuperado una calma hasta hora nunca vistas.

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