Cuanto más la líe Trump y más se alargue el conflicto con Irán, más probable será el escenario de estanflación para la economía mundial: bajo crecimiento, elevada inflación. Para España, las actualizaciones más recientes de previsiones nos sitúan, de momento, en un crecimiento máximo del 2% del PIB para este año y una subida de precios mínima, medida por el IPC, del 3%, lo que significará una nueva pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Las familias tendrán que volver a apretarse el cinturón, a pesar de las medidas compensatorias aplicadas por el Gobierno que, como ha reconocido la Airef, benefician más a las rentas altas.
Entre los obstáculos merecen destacarse dos aspectos a corregir: la excesiva burocracia y los trámites administrativos con sus dilatados plazos
Cuanto más la líe Trump y más se alargue el conflicto con Irán, más probable será el escenario de estanflación para la economía mundial: bajo crecimiento, elevada inflación. Para España, las actualizaciones más recientes de previsiones nos sitúan, de momento, en un crecimiento máximo del 2% del PIB para este año y una subida de precios mínima, medida por el IPC, del 3%, lo que significará una nueva pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Las familias tendrán que volver a apretarse el cinturón, a pesar de las medidas compensatorias aplicadas por el Gobierno que, como ha reconocido la Airef, benefician más a las rentas altas.
En medio de ese panorama, más pesimista, hemos conocido un hecho muy positivo: desde la pandemia, la productividad, tanto por hora trabajada como la total de los factores, está experimentando un repunte en España muy superior al de los países europeos. Y ello, revirtiendo lo que viene ocurriendo desde mediados de los noventa del siglo pasado y a pesar de coincidir con una intensa creación de empleo. Uno de nuestros diferenciales estructurales históricos con la UE, que arrastraba a una brecha también en renta per cápita, se ha invertido, con ciertos visos de permanencia.
Así, España no solo estaría viviendo el milagro de crecer más y crear más empleo que la media europea, por primera vez en la historia reciente, sino que, además, también les estaríamos superando en productividad, la variable clave para el crecimiento a medio plazo. Todo un hito, del que nos ha llamado la atención, en su primer informe, el Consejo de la Productividad de España, constituido en 2024 por indicación del Consejo Europeo a los países y formado aquí por nuestros mejores expertos.
¿Qué es la productividad y por qué es tan importante mejorarla? La definición de productividad es aquella medida que relaciona la cantidad de bienes y servicios obtenidos con los recursos empleados, por unidad de tiempo. Refleja la eficiencia con que se convierten en resultados los recursos empleados. Si dos trabajadores montan medio coche en un día, mejoraremos la productividad si los mismos dos pasan a montar uno, o si para montar medio es suficiente un trabajador. Y eso solo es posible si se mejora la técnica, la habilidad o los elementos (capital) puestos a disposición. La productividad tiene que ver, por tanto, con el crecimiento, con las retribuciones y con la renta per cápita de los países. Por eso medir su evolución es tan importante.
Pues bien, con altibajos, pero durante todo el tiempo que formamos parte de la Unión Europea y hasta el último dato disponible, 1996-2024, la productividad por hora trabajada ha crecido en España a una tasa anual del 0,6%, mientras que en la media de la UE-27 lo ha hecho al 1,1% anual. Solo eso ya explica que no se haya reducido la brecha de renta per cápita entre España y la media europea durante estos años. En España, además, la productividad solo crecía, en general, durante momentos de declive económico y aumento del paro. Por último, desde 1996, la productividad ha evolucionado relativamente al margen de la retribución salarial real. De hecho, según figura en el informe, hasta 2019, siempre ha crecido más la productividad que los salarios reales, lo que ha favorecido un incremento en la desigualdad primaria de rentas.
Según el informe, los tres elementos negativos durante décadas se han revertido en estos últimos años postpandemia, donde se constata:
1. La productividad de la economía española, medida por hora trabajada o por la totalidad de los factores, ha crecido más que la media europea. 2. Lo ha hecho, coincidiendo con un período de fuerte creación de empleo. 3. Desde 2018, el crecimiento acumulado de la remuneración por hora trabajada ha superado ampliamente al de la productividad por hora, aunque no ocurra lo mismo en términos reales, debido al fuerte proceso inflacionista vivido. 4. A pesar de todo ello, la renta per cápita ha disminuido ligeramente como consecuencia del fuerte aumento experimentado por la población a raíz de la integración de los nuevos inmigrantes.
¿Cómo se explica que, tras décadas con la letanía de que la productividad española crecía menos que la europea, nos despertemos con un informe serio que dice que sí, pero hasta aquí, que desde hace unos pocos años está ocurriendo lo contrario? Sobre todo, porque en dicho informe se reconoce que “el diseño, la gestión y la gobernanza de los fondos Next Generation han podido menoscabar el impulso sobre la inversión que se le anticipaba”.
Citaré tres elementos estructurales que lo explican y dos sombras que necesitamos corregir. Entre los positivos: ha crecido el tamaño medio de nuestras empresas; entre 2019 y 2025, el número de grandes empresas, con más altas productividades, ha aumentado un 24%, siendo ellas responsables del 70% del total del empleo creado. En segundo lugar, el aumento continuado en inversiones en I+D, tanto públicas como privadas y sobre todo en industria, alcanzando el 1,5% del PIB. Todavía lejos de los objetivos marcados, pero alcanzando máximos históricos, con el correspondiente incremento en patentes registradas. Por último, el salto cualitativo experimentado por los servicios no turísticos: consultoría, TICs, transporte, servicios financieros, etc., caracterizados por su digitalización y valor añadido, hasta generar más ingresos exteriores que el propio turismo.
Entre los obstáculos a un avance continuado en productividad, merecen destacarse dos aspectos a corregir: la excesiva burocracia y los trámites administrativos con su complejidad y sus dilatados plazos, y lo imperfecto del sistema de financiación de la innovación empresarial, empezando por la ausencia de contratos públicos que premien verdaderamente la innovación y no solo el bajo precio.
Si vienen tiempos macroeconómicamente duros, será un acierto que sigamos despejando el camino para continuar mejorando la productividad. Y un error, distanciarnos en ello de nuestros socios occidentales (Trump no es EE. UU.) para convertirnos en la cabeza de entrada de la dictadura china en Europa. Sería el mayor error cometido nunca por un gobierno español democrático.
Economía en EL PAÍS
