Europa nos suspende en transición ecológica

Placas solares en el término municipal de Guillena (Sevilla).

Pese al discurso ecológico del Gobierno y al acto de autobombo que ha organizado en el Teatro Real de Madrid sobre la “España verde y digital”, después de ocho años de gestión, la Comisión Europea nos suspende, en su último informe país, en los aspectos vinculados a la transición ecológica de la que tanto se presume y que tantos quebraderos de cabeza ha traído a empresas con interesantes proyectos de inversión echados para atrás y tanto juego político está dando ahora a la extrema derecha con su oposición a la Agenda 2030, articulando a todos los damnificados y olvidados por el despotismo ilustrado con que se ha querido imponerla en España.

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 Una política de país sobre este tema, para ser eficaz y no propaganda, debe ser uno de los grandes pactos de Estado  

Pese al discurso ecológico del Gobierno y al acto de autobombo que ha organizado en el Teatro Real de Madrid sobre la “España verde y digital”, después de ocho años de gestión, la Comisión Europea nos suspende, en su último informe país, en los aspectos vinculados a la transición ecológica de la que tanto se presume y que tantos quebraderos de cabeza ha traído a empresas con interesantes proyectos de inversión echados para atrás y tanto juego político está dando ahora a la extrema derecha con su oposición a la Agenda 2030, articulando a todos los damnificados y olvidados por el despotismo ilustrado con que se ha querido imponerla en España.

Creé y fui el primer presidente en 2008 de la Comisión Mixta Congreso-Senado para el Cambio Climático, suscribo los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, apoyo la Agenda 2030 y he creado la comisión de sostenibilidad y el informe no financiero en todas las empresas en las que he tenido responsabilidades. Soy un convencido de la necesidad urgente de cambiar el actual modelo de crecimiento por ser destructivo para el planeta y poner en peligro, aún más que una IA descontrolada, la supervivencia de nuestra especie sobre la Tierra como consecuencia del irreversible calentamiento que se está produciendo fruto de la acción humana.

España encabeza hoy el porcentaje de fuentes renovables en la generación de electricidad. En apenas 20 años, el carbón ha pasado de encabezar el mix a desaparecer, el gas ha caído a la mitad y las renovables (sobre todo, solar y eólica) generan más del 50%, con la nuclear estable en su 20%. Un cambio radical, junto a la aparición del autoconsumo, absolutamente necesario y cuyo coste para los presupuestos públicos algún día conoceremos.

Pero es, casi, el único activo reseñable en el balance global de la transición ecológica, que naufraga en casi todos los demás aspectos. Y aun así, necesita importantes mejoras en los siguientes aspectos, según señala la Comisión: adoptar medidas que permitan “abandonar el actual uso intensivo de centrales eléctricas de gas para mantener la estabilidad de tensión”; se necesita mejorar “la capacidad de la red para absorber nuevas capacidades y más almacenamiento adicional”, actualmente muy por debajo del objetivo, así como “simplificar los permisos para el despliegue de energías renovables”. Sobre todo, en biometano, donde solo hay cinco plantas operativas frente a más de 200 proyectos rentables, parados por dificultades burocráticas, situación diferente a la del hidrógeno verde, que se enfrenta a problemas de viabilidad económica que enfrían la mayoría de los proyectos anunciados. La biomasa, por su parte, a pesar de ser una fuente renovable muy prometedora, sigue quedando relegada, injustamente, en las políticas oficiales.

Más allá del sector eléctrico, la Comisión dice que “se necesitan esfuerzos continuos para impulsar la descarbonización de la economía y apoyar la electrificación de la industria y del transporte” y señala que “la eficiencia energética sigue siendo un reto en España para los edificios públicos y viviendas privadas”. Todo ello explica por qué se siguen produciendo altas emisiones de gases de efecto invernadero, y se contempla como muy difícil alcanzar el objetivo marcado de reducción, el 32% en 2030 respecto a 1990, cuando a fecha de hoy apenas si llegamos a un 6% menos y con aumentos en 2025 respecto a 2024 por el mayor uso del gas tras el apagón.

Dependencia energética

La otra cara del incumplimiento en la reducción de emisiones es la elevada dependencia que seguimos manteniendo, como país, respecto a las importaciones de petróleo y gas, que, todavía, constituyen el 70% del consumo energético total, dados los escasos avances en la electrificación del resto de los sectores de la economía por incapacidad de las autoridades: por ejemplo, el desarrollo del coche eléctrico se ve frenado ante la escasez de cargadores, dadas las trabas burocráticas a estos.

En otro ámbito esencial para la transición ecológica, señala la Comisión con rotundidad que “se necesita un enfoque más sostenible para la gestión del agua”, ya que “el progreso de España en la mejora de la gestión y la eficiencia del agua ha sido moderado”, y añade: “España se beneficiaría de un marco de gestión del agua más sostenible, que incluya precios del agua coherentes e incentivos que fomenten adecuadamente las prácticas de ahorro del agua”. Esa mejor gobernanza incluye: una política de precios más acorde al principio del uso eficiente del agua, mayor coordinación entre administraciones para evitar la actual dispersión burocrática y de criterios, mayor incentivo a la reutilización del agua, inversión en las infraestructuras necesarias para una gestión eficiente del agua que evite inundaciones y, por último, la aplicación de la directiva sobre aguas residuales urbanas. Es decir, casi, una enmienda a la totalidad a la gestión realizada.

Por último, aunque “España está avanzando en la gestión de residuos y la economía circular (…) persisten importantes desafíos” que hacen que “indicadores claves, como el uso circular de materiales y las tasas de reciclaje”, se sitúen “por debajo de la media de la UE”, llegando a duplicarlo en, por ejemplo, nuestra dependencia de vertederos.

Dado que España es “uno de los países más vulnerables al cambio climático” y a sus pérdidas humanas, económicas y ambientales (a título comparativo, solo en junio tuvimos más muertes atribuibles a la ola de calor que en accidentes de tráfico en todo lo que llevamos de año), la Comisión hace un llamamiento a realizar mayores esfuerzos de adaptación al cambio climático, por ejemplo, medidas adicionales para proteger las infraestructuras críticas y medidas preventivas frente a inundaciones y otros daños previsibles.

Y es que tropezamos con la misma piedra: una política de país sobre la transición ecológica, para ser eficaz y no propaganda, debe ser uno de los grandes pactos de Estado del arco parlamentario, del conjunto de la sociedad y de los diferentes niveles administrativos, contemplando ayudas compensatorias y fases de transición para los perjudicados y excluyendo, solo, a los negacionistas de extrema derecha.

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