Gerrymandering y la batalla por los mapas electorales de EEUU: cuando los políticos son los que eligen a sus votantes

Antes de 2025, sólo dos estados habían rediseñado sus distritos voluntariamente para obtener ventaja partidista. Desde entonces, 10 más lo han hecho, reduciendo al mínimo la competencia Leer Antes de 2025, sólo dos estados habían rediseñado sus distritos voluntariamente para obtener ventaja partidista. Desde entonces, 10 más lo han hecho, reduciendo al mínimo la competencia Leer  

Entender cómo funciona el sistema electoral de Estados Unidos, a grandes rasgos, es bastante sencillo. Pero comprender de verdad todo el proceso, con todas las reglas, los procedimientos para registrarse y votar (de otro planeta para un europeo), las restricciones históricas, las jugarretas políticas, las maniobras para privar de voto a comunidades enteras y el alcance de algunas estadísticas es tarea casi imposible.

Primero, lo fácil. Estados Unidos es una república federal en la que los estados organizan las elecciones, pero con reglas internas que varían de uno a otro. El Congreso tiene dos cámaras: la Cámara de Representantes, con 435 escaños que se renuevan totalmente cada dos años; y el Senado, con dos senadores por estado y mandatos de seis años, de los que se renueva aproximadamente un tercio en cada ciclo bianual. Los representantes se eligen en distritos de un solo escaño, donde gana quien obtiene más votos, aunque no sea mayoría absoluta. Y eso es lo que ocurrirá precisamente el próximo 3 de noviembre en las llamadas midterms o elecciones de mitad de mandato.

Aunque esto parece intuitivo, todo lo que lo rodea no lo es tanto. Y uno de los elementos más llamativos, y que tiene un peso especialmente importante en 2026, tiene que ver con la composición, las fronteras geográficas y la población de cada uno de esos 435 distritos en los que se divide el país. Para establecer cuántos distritos y, por tanto, escaños tiene cada estado, la Constitución dice que es necesario un censo oficial cada 10 años. El último fue en 2020 y el próximo será en 2030. En la mayoría de los estados, el rediseño lo hacen las legislaturas estatales, si bien algunos delegan la labor en comisiones independientes. Y aquí es donde llega la trampa: si quien dibuja el mapa concentra a los votantes rivales en pocos distritos (packing) o los reparte entre muchos para que nunca ganen (cracking), es posible cambiar completamente el resultado de una elección. Eso se conoce como gerrymandering.

Históricamente, ambos partidos han aprovechado el nuevo censo para hacer todo tipo de maniobras de ingeniería demoscópica con el objetivo de ganar fuerza. Mandando calles o barrios enteros de una zona a otra, ya que se cuenta con la información lo suficientemente precisa para saber qué se vota casi casa a casa, sobre todo si son áreas muy marcadas racialmente o económicamente. La novedad en los últimos años es que los partidos ya no disimulan y van con todo en abierto para manipular el sistema y obtener ganancias decisivas, sin censos ni muchas excusas.

«De los 40 rediseños de distritos electorales del Congreso que el Centro de Investigación Pew contabilizó entre 1970 y agosto de 2025, 36 fueron ordenados o impuestos por los tribunales. Antes de 2025, sólo dos estados habían rediseñado sus distritos voluntariamente para obtener ventaja partidista. Desde el verano de 2025, 10 estados han adoptado nuevos mapas de distritos electorales fuera del ciclo habitual», explican en PolicyMap, con datos actualizados de la Facultad de Derecho de Loyola. Ocho de ellos han salido adelante (Misuri y Alabama no, por diferentes razones) y se usarán el 3 de noviembre.

Todo empezó en el verano de 2025, cuando Trump pidió a los republicanos de Texas que redibujaran el mapa para blindar su estrecha mayoría en la Cámara. Los demócratas incluso salieron físicamente del estado para intentar impedir el quórum y retrasar la votación, pero tras muchas broncas, el nuevo mapa, con cinco distritos claramente más favorables a los conservadores, se aprobó en una segunda sesión extraordinaria y fue firmado por el gobernador. Un tribunal federal lo bloqueó en noviembre por discriminación racial, pero el Supremo lo desbloqueó.

Siguieron Misuri (que someterá el mapa a referéndum el mes que viene), Carolina del Norte, Tennessee o Florida y Ohio. Por el otro lado, Virginia (bloqueado por la Justicia ahora) y California contestaron. Este último estado, el más grande del país, con la Proposición 50, aprobada en referendo en noviembre, con un nuevo mapa que en la práctica compensa el tablero al anular cinco distritos republicanos. El Supremo rechazó el 4 de febrero el recurso republicano contra ese mapa. Utah fue un caso aparte: un tribunal impuso un mapa que crea un distrito demócrata seguro en Salt Lake County, y el intento republicano de derogar la ley en la que se apoyaba no llegó a la papeleta.

En Carolina del Norte, en octubre de 2025, la legislatura republicana aprobó un nuevo mapa. No redibujó todo el estado, sino que simplemente modificó los distritos 1 y 3, en el este. Los otros doce permanecieron iguales. El distrito 1, representado por el demócrata Don Davis y con un electorado históricamente importante para la representación afroamericana, pasó de ser prácticamente equilibrado a tener una ventaja republicana estimada de ocho puntos. Bastó con mover seis condados costeros, mayoritariamente republicanos, del distrito 3 al distrito 1. A cambio, cuatro condados interiores más competitivos pasaron del distrito 1 al 3.

En Indiana, a pesar de la presión salvaje de la Casa Blanca, incluyendo la visita del vicepresidente Vance, el Senado estatal, de mayoría republicana, se resistió a rediseñar el mapa a pesar de que el presidente garantizó que habría represalias. Y las hubo seis de los siete republicanos que votaron en contra del gerrymandering perdieron la nominación en 2026 en primarias contra candidatos aupados por Washington. En Carolina del Sur pasó algo parecido, cuando 12 republicanos se unieron a los demócratas para frenar el proceso.

Y ahí entró el Tribunal Supremo. En Louisiana v. Callais, una decisión crítica, la alta corte endureció las condiciones para impugnar mapas electorales por diluir el voto de las minorías al amparo de la sección 2 de la Ley de Derecho al Voto de 1965. Varios estados del sur, gobernados por republicanos, reaccionaron rápidamente desmantelando distritos electorales con una importante población de minorías raciales.

El caso más importante tuvo lugar en Alabama. El estado tiene siete distritos para elegir representantes federales y alrededor del 27 % de su población es afroamericana. El mapa republicano que estaba en vigor hasta 2023 sólo generaba un distrito con mayoría afroamericana, pese a que los tribunales estatales habían determinado que debía cambiarse para darles una oportunidad real de elegir representantes en un segundo distrito. Y eso es exactamente lo que es lo que ocurrió en noviembre de 2024. Sin embargo, el Supremo intervino y determinó que era necesario reinterpretar la protección del voto de las minorías, recogida en esa ley de 1965 en medio de la lucha por los derechos civiles, a la luz de la Constitución, que limita el uso de la raza como criterio para distribuir a los ciudadanos en distritos electorales.

En concreto, quienes denuncien discriminación porque un mapa diluye el voto de una minoría no pueden limitarse a demostrar que un mapa alternativo permitiría a los votantes negros por ejemplo elegir a un representante de su preferencia. Deben demostrar también que ese mapa funciona igual de bien según los criterios tradicionales de redistribución electoral, como la continuidad geográfica, la compacidad y el respeto a las comunidades de interés.

El plan no es infalible, desde luego. La impopularidad de Trump, en niveles mínimos, ha complicado la vida a su partido, que tiene dificultades para defender incluso los distritos que diseñaron para ser sólidamente conservadores. «En junio, los republicanos habían aumentado su ventaja en 16 distritos rediseñados. Hoy, se prevé que nueve de esos distritos de tendencia republicana pasen a manos de los demócratas o que el resultado sea demasiado ajustado para predecir el ganador», según un análisis de Reuters basado en los promedios de los principales analistas electorales. Mónica de la Cruz, una republicana latina de un distrito que votó por Trump con 18 puntos de ventaja en 2024, está sufriendo. «Debido a la dinámica de cómo se rediseñó el distrito, me siento como la menos favorita», le dijo el viernes a Politico. Su rival, la estrella del Latin Grammy Bobby Pulido, es un ferviente defensor del derecho a llevar armas, nada blando en materia migratoria y tiene un apellido legendario en la zona. Él es quien parece el veterano que busca la reelección, mientras que ella parece una recién llegada que busca repetir mandato en los nuevos condados incorporados de golpe a su distrito.

Dicho eso, en general el gerrymandering y el rediseño de los distritos en tiempo y forma han tenido un efecto gigantesco en la política estadounidense, más allá de maniobras específicas. Los distritos están tan definidos en todo el país que prácticamente no hay sorpresas. Organizaciones de análisis electoral como Cook Political Report definen los escaños competitivos como aquellos distritos que cualquiera de los dos partidos ganó en los dos últimos ciclos electorales presidenciales por cinco puntos o menos.

La menor cantidad de escaños competitivos implica que la inmensa mayoría, en torno al 90%, de las elecciones al Congreso se decidirán prácticamente en las primarias, en las que participa mucha menos gente que en las elecciones generales. David Wasserman, analista electoral de Cook Political Report, es una de las voces más autorizadas sobre la cuestión. Según sus estimaciones, en primavera sólo había «18 de 435 contiendas como muy reñidas, lo que significa que menos del 5% de los estadounidenses decidirá quién controla la Cámara de Representantes». Wasserman sostiene que ahora hay 46 escaños competitivos, contando los clasificados como Lean (inclinados hacia un lado) o Toss Up. De ellos, 21 están considerados verdaderos cara o cruz, completamente abiertos (Toss Up). Eso es poco más del 10% de la Cámara. «En comparación, en este punto del primer mandato de Trump, teníamos 48 contiendas reñidas entre los dos partidos», le explicó a la radio pública la semana pasada.

No es cuestión siquiera del día de la votación, sino del proceso de primarias. Según un estudio del Unite America Institute sobre el anterior ciclo, en 2024, «el 87% de las contiendas para la Cámara de Representantes de EEUU ya se habían decidido antes de la jornada electoral, con la participación de tan solo el 7% de los votantes elegibles. Esto significa que 380 escaños en la Cámara ya habían sido elegidos por 18,1 millones de estadounidenses. En muchas contiendas, la falta de competencia es aún más evidente: 169 miembros se presentaron sin oposición en las primarias para un escaño seguro en las elecciones generales, lo que significa que fueron elegidos sin necesidad de ganar un solo voto. Esto dejó a 101 millones de votantes -casi el 40% del electorado- sin voz ni voto en la elección de su próximo congresista», explican.

Documentación de los gráficos: Sophia Spinelli.

Fuente de los gráficos: Thearp.org (The American Redistricting Project), Ballotpedia, Elect It (Universidad de Harvard) y elaboración propia.

 Internacional // elmundo

Noticias Similares