La rebelión de la señora de Cuenca 

Martin Henderson y Alexandra Breckenridge, protagonistas de la serie 'Un lugar para soñar', en una imagen de la séptima temporada.

Hay una señora en Cuenca que se ha cansado de que la tomen por tonta. En realidad, no es una señora cualquiera, es La Señora de Cuenca, y se ve que los directivos de los canales de televisión en abierto la conocen mejor que ella misma. Esta señora era famosa en los despachos (y seguramente, todavía lo es en algunos). Cuando se preparaba un programa o una serie, era fundamental que lo pudiera entender todo “la señora de Cuenca”. Representaba lo que creían que era el público medio de la televisión en España: mujer, de unos 50 o 60 años y ama de casa. ¿Y por qué de Cuenca? Nadie sabe bien. Imagino que fue una ocurrencia de un señoro en una reunión llena de ejecutivos trajeados y encorbatados y que, como todos rieron el chascarrillo, así se quedó. Había que hacer las cosas facilitas, bien masticaditas y ligeritas para que esa señora se enterara de todo. Ese concepto machista, clasista y edadista ha regido muchas tomas de decisiones en nuestra televisión. A él se agarraban (y se agarran todavía) los directivos para no correr riesgos. Y de aquellos barros, estos lodos.

Seguir leyendo

 El público mayor pasa cada vez más tiempo en las plataformas y eso debería preocupar a los directivos de la televisión en abierto  Martin Henderson y Alexandra Breckenridge, protagonistas de la serie 'Un lugar para soñar', en una imagen de la séptima temporada.

Hay una señora en Cuenca que se ha cansado de que la tomen por tonta. En realidad, no es una señora cualquiera, es La Señora de Cuenca, y se ve que los directivos de los canales de televisión en abierto la conocen mejor que ella misma. Esta señora era famosa en los despachos (y seguramente, todavía lo es en algunos). Cuando se preparaba un programa o una serie, era fundamental que lo pudiera entender todo “la señora de Cuenca”. Representaba lo que creían que era el público medio de la televisión en España: mujer, de unos 50 o 60 años y ama de casa. ¿Y por qué de Cuenca? Nadie sabe bien. Imagino que fue una ocurrencia de un señoro en una reunión llena de ejecutivos trajeados y encorbatados y que, como todos rieron el chascarrillo, así se quedó. Había que hacer las cosas facilitas, bien masticaditas y ligeritas para que esa señora se enterara de todo. Ese concepto machista, clasista y edadista ha regido muchas tomas de decisiones en nuestra televisión. A él se agarraban (y se agarran todavía) los directivos para no correr riesgos. Y de aquellos barros, estos lodos.

Seguir leyendo

 Televisión en EL PAÍS

Noticias Similares