Víctimas, cómplices, abogados, financieros y políticos componen el rompecabezas de una red de abuso sexual que aún se sigue cobrando víctimas. Son las piezas de un escándalo que Washington no consigue cerrar Leer Víctimas, cómplices, abogados, financieros y políticos componen el rompecabezas de una red de abuso sexual que aún se sigue cobrando víctimas. Son las piezas de un escándalo que Washington no consigue cerrar Leer
Donald Trump ha tratado de enterrar el caso Epstein en los últimos meses, pero en Washington sigue siendo un tema candente. Recientemente, el organismo de control interno del Departamento de Justicia inició una revisión sobre la gestión y entrega de archivos y documentos relacionados con el pederasta, en medio de la controversia persistente sobre el manejo del caso del delincuente sexual fallecido en agosto de 2019.
Es una vuelta más de tuerca en torno a un entramado tan alambicado que las autoridades federales elaboraron un diagrama de estilo policial para entender cómo operaba su esquema de explotación sexual de menores. En el documento, contenido entre los millones de papeles publicados por el Departamento de Justicia sobre el caso, aparece su colaboradora más cercana y ex pareja, Ghislaine Maxwell, además de su abogado y albacea, Darren Indyke, su contable, Richard Kahn, y su asistente durante años, Lesley Groff.
También figura gente como Harry Beller, su consejero financiero, y Jean-Luc Brunel, el agente de modelos francés acusado de proveer y abusar de menores en la órbita de Epstein, el mismo que se suicidó en prisión antes de ser juzgado.
Son un nutrido puñado de nombres que representan, apenas, la punta del iceberg de una trama con más aristas que un cuadro de Juan Gris. Epstein, el financiero que explotó sexualmente a menores durante años, dejó tras de sí un lastre que va mucho más allá de sus conocidas amistades poderosas —los Donald Trump, Woody Allen, Bill Gates, Bill Clinton y compañía—, personajes claves para entender al pedófilo más famoso de todos los tiempos.
Su voz fue decisiva para que el caso dejara de ser percibido como un escándalo aislado y pasara a entenderse como una trama transnacional, con ramificaciones en Estados Unidos, Europa y el Caribe. En mayo de 2009, Giuffre, nacida en Sacramento, California, en 1983, presentó una demanda civil contra Epstein y Maxwell, acusándolos de haberla inducido a una vida de trata sexual siendo menor de edad. La demanda se resolvió con un acuerdo extrajudicial que incluyó un pago y otros términos que no se conocen de forma pública.
Tras el arresto de Epstein en julio de 2019, Giuffre fue una de las 16 víctimas que hablaron públicamente en una audiencia federal en Nueva York el 27 de agosto de 2019, instando a que «la rendición de cuentas no termine» y subrayando que el millonario neoyorquino no actuó solo.
Su nombre sigue más presente que nunca pese a haberse quitado la vida en abril de 2025, poco antes de que se publicaran sus memorias, Nobody’s Girl. La detención de Andrew Mountbatten-Windsor ha ayudado a desempolvar la declaración de Giuffre en 2011, cuando describió su primer encuentro con el miembro de la familia real británica. Asegura que fue entregada por Epstein al entonces príncipe Andrés y que éste la violó en tres ocasiones.
Tras años de abusos y múltiples relaciones, Epstein tuvo una última ilusión romántica: casarse y dejarle toda su fortuna a su novia, una dentista bielorrusa a la que ayudó a pagar los estudios y que se convirtió en una figura clave en sus últimos años. Dos días antes de quitarse la vida en una prisión federal de Manhattan, el pedófilo dejó firmado un testamento de 32 páginas en donde le dejaba un total de 100 millones de dólares a Shuliak, a la que pudo haber conocido poco después de llegar a Estados Unidos en 2009, cuando tenía 20 años.
En el fideicomiso «1953 Trust» figura el anillo de diamantes de casi 33 quilates que Epstein describió como dado «en contemplación de matrimonio», lo que sugiere que planeaba casarse con ella antes de los problemas legales finales que enfrentó. El problema es que esos 100 millones que debían ir a parar a Shuliak se fueron diluyendo con los fondos destinados a indemnizar a las víctimas.
Entre 2012 y 2017, Black, cofundador de una de las mayores firmas de inversión alternativa a nivel mundial, Apollo Global Management, pagó aproximadamente 158 millones de dólares a Epstein por servicios que, según él y un informe independiente, estaban relacionados con planificación fiscal, patrimonial, de confianza y asuntos de su oficina familiar, a pesar de que Epstein no era un profesional acreditado en esas áreas y ya había sido condenado por abusos sexuales en 2008.
Black aseguró públicamente que estos pagos fueron por «consejos legítimos en confianza y planificación fiscal» y que su equipo y asesores externos habían visto y validado el trabajo de Epstein, negando que hubiese conductas ilegales de su parte o de su empresa. Nunca fue inculpado por su vínculo con el pederasta, pero en 2021 Black anunció que dejaba su cargo como CEO.
En febrero, Apollo envió una carta a sus clientes en la que asegura que tras la salida de Black no hubo interacción alguna de sus altos ejecutivos con Epstein. El problema es que su actual CEO, Marc Rowan, aparece mencionado en los papeles del caso liberados por el Departamento de Justicia. Sacudirse a Epstein de encima no es tarea sencilla.
Formó una dupla indisoluble con su ex novio. Hija del magnate de medios Robert Maxwell, la madame del entramado organizó, coordinó y supervisó los abusos sexuales a niñas y adolescentes, asegurándose de que los abusos pudieran repetirse sin ser detectados durante años.
En diciembre de 2021, un jurado federal de Nueva York la declaró culpable de cinco cargos, incluyendo tráfico sexual de menores y conspiración para cometer abuso sexual. En junio de 2022 fue sentenciada a 20 años de prisión, la máxima pena por los delitos por los que fue condenada, reflejando la gravedad de su papel en la red de Epstein.
El pasado 10 de febrero se negó a declarar ante un comité de congresistas en Washington, acogiéndose a la Quinta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Sin embargo, ha indicado que si Trump le perdona el resto de la condena, estaría dispuesta a declarar que ni el republicano ni el ex presidente Bill Clinton cometieron delito alguno en su interacción con el pederasta. Trump se lo está pensando.
El agente de modelos francés, acusado de proveer y abusar de menores en la órbita de Epstein, estuvo a punto de traicionar al que durante años fue su socio. De acuerdo al diario The Wall Street Journal, Brunel había estado negociando en secreto con abogados de las víctimas de Epstein para declarar en contra del pederasta a cambio de inmunidad.
Entre los papeles desclasificados por el Departamento de Justicia había una nota escrita a mano por un fiscal en Nueva York dando cuenta de la estrategia del francés. «Uno de los mejores amigos de Epstein, Jean Luc Brunel, le ha ayudado a conseguir chicas. Quiere cooperar. Brunel tiene miedo de ser juzgado».
Poco después, Brunel dio marcha atrás. Epstein averiguó lo que estaba pasando y logró que el francés no cooperara con la oficina fiscal, lo que facilitó que Epstein siguiera en libertad durante tres años más antes de su arresto en 2019. De acuerdo a las demandas, Brunel facilitó hasta 50 chicas al financiero.
Tras años de investigaciones en Francia y Estados Unidos, Brunel fue detenido en París en diciembre de 2020 y puesto en prisión preventiva por cargos que incluían violación de menores y trata de personas. El 19 de febrero de 2022, Brunel fue hallado muerto en su celda de la prisión de La Santé, en París, en un final calcado al de Epstein.
Eran los hombres de confianza de Epstein. Se encargaron durante años de sus asuntos legales, de su contabilidad y de una montaña de chanchullos, incluyendo el arreglo de matrimonios fraudulentos para mantener en Estados Unidos a alguna de sus víctimas, o la alteración de los libros de contabilidad para camuflar pagos a las mujeres con las que se acostaba.
Ambos alegan no saber nada de esos manejos turbios de su cliente ni de los abusos que cometió durante años. Sin embargo, Epstein los designó como albaceas de su patrimonio, otorgándoles control absoluto de sus bienes. Kahn, el contable personal del financiero neoyorquino durante décadas, se encargó de que su oficina gestionara pagos a algunas de las mujeres que después denunciaron a Epstein, asuntos como lencería de Victoria’s Secret o cuentas en salones de belleza de alto copete.
Ex secretario de Trabajo bajo la primera administración de Donald Trump, pasará a la historia por ser el fiscal federal que en 2008 otorgó a Epstein un acuerdo de culpabilidad extraordinariamente favorable en Florida. Acosta negoció un non-prosecution agreement (acuerdo de no enjuiciamiento) que permitió a Epstein evitar cargos federales mucho más graves a cambio de declararse culpable de delitos estatales menores.
La pena resultante fue de 18 meses de cárcel, de los que el condenado cumplió solo 13, con un régimen excepcional que le permitía salir de prisión seis días a la semana para trabajar desde su oficina. El acuerdo, además, blindó a posibles cómplices y se firmó sin informar a las víctimas, en contra de la Ley de Derechos de las Víctimas de Delitos.
La presión política y mediática acabó con su dimisión en julio de 2019, pocos días después del arresto del pedófilo en Nueva York.
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