‘Resurrection’, el desaforado espectáculo mayestático del cine de autor

No hay película actual como Resurrection. No hay un cineasta contemporáneo como el chino Bi Gan (Kaili Cuty, provincia de Guizhou, 36 años), que se sacó de la manga, en su segunda película, Largo viaje hacia la noche (2018), un remate descomunal: un plano secuencia de 58 minutos en 3D. Así que Resurrection, su vuelta al cine, sonaba a gran acontecimiento del pasado festival de Cannes. Lo fue, y se llevó el Premio Especial. Porque va más allá de ser película de ciencia ficción, de cine que habla de cine (con, incluso, películas dentro de la película) y recorre su historia y sus formatos a través de sus cinco capítulos y 100 años. Es un sueño en un mundo donde ya nadie sueña. Una alucinación hecha con efectos tangibles en mitad del imperio digital. Un desmesurado filme que rinde tributo a la vez que añora antiguas maneras de narrar. Un meticuloso artefacto cromático inspirado, cuenta Bi Gan, por un descubrimiento que le hizo un ayudante: “Las pinturas de Mark Rothko”.

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 El chino Bi Gan mezcla sueños, poesía, monstruos, alucinaciones e historia del séptimo arte en su tercera película. “Vivimos en un mundo de tecnología muy avanzada. Por eso tenemos que recordar que lo que necesitamos es nuestro cuerpo”, apunta  

No hay película actual como Resurrection. No hay un cineasta contemporáneo como el chino Bi Gan (Kaili Cuty, provincia de Guizhou, 36 años), que se sacó de la manga, en su segunda película, Largo viaje hacia la noche (2018), un remate descomunal: un plano secuencia de 58 minutos en 3D. Así que Resurrection, su vuelta al cine, sonaba a gran acontecimiento del pasado festival de Cannes. Lo fue, y se llevó el Premio Especial. Porque va más allá de ser película de ciencia ficción, de cine que habla de cine (con, incluso, películas dentro de la película) y recorre su historia y sus formatos a través de sus cinco capítulos y 100 años. Es un sueño en un mundo donde ya nadie sueña. Una alucinación hecha con efectos tangibles en mitad del imperio digital. Un desmesurado filme que rinde tributo a la vez que añora antiguas maneras de narrar. Un meticuloso artefacto cromático inspirado, cuenta Bi Gan, por un descubrimiento que le hizo un ayudante: “Las pinturas de Mark Rothko”.

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