‘Supervivientes All Stars’ 2026: ¡Ahora con famosos de verdad! 

Con Telecinco haciendo audiencias mínimas históricas —porque ahora todo es histórico, como incomparables son todos los marcos—, la llegada de cada nuevo Supervivientes All Stars arroja una nueva esperanza (como el capítulo IV de La guerra de las galaxias) sobre la cadena ahora para toda la familia.

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 El público, por motivos ignotos, adora el momento en el que los concursantes saltan del helicóptero. Los concursantes les dedican el salto a sus hijos, madres, parejas, y sobre todo a los de su provincia y ya de paso a toda España, porque para ellos un país entero contiene la respiración  

Con Telecinco haciendo audiencias mínimas históricas —porque ahora todo es histórico, como incomparables son todos los marcos—, la llegada de cada nuevo Supervivientes All Stars arroja una nueva esperanza (como el capítulo IV de La guerra de las galaxias) sobre la cadena ahora para toda la familia.

El público, por motivos ignotos, adora el momento en el que los concursantes saltan del helicóptero. En Mediaset lo envuelven en una epicidad tal que parece que estemos viendo El cazador (la película de Cimino, no el concurso de TVE). Los concursantes les dedican el salto a sus hijos, madres, parejas y, sobre todo, a los de su provincia y ya de paso a toda España, porque para ellos un país entero contiene la respiración al verles asomar la cabeza del helicóptero. El verdadero mérito, como en tantas ocasiones, lo tiene el tío que está grabando la performance. Cada año hay alguien que parece que no va a saltar. Esta edición ha sido Rosa Benito, aunque no ha logrado llegar a los niveles de expectación que generó Terelu. Al español le fascina ver a famosos saltar al agua, ya sea desde un helicóptero o desde un trampolín. Ojalá José María Bermúdez de Castro arroje algún día luz sobre este fenómeno antropológico.

El español medio percibe que Supervivientes se emite todos los días de su vida, como Los Simpson o el programa de Arguiñano. A veces el normal y a veces el All Stars. En ambos formatos —que son el mismo— los concursantes se supone que son famosos. Un ciudadano que hubiera permanecido ajeno a la existencia el “universo Sálvame” quizás pensaría en un reparto tal que así: Arturo Pérez-Reverte, Alejandro Amenábar, Lola Índigo, Tamara Falcó, Coral Bistuer, Mariano Barbacid, El Rubius, y un par de satélites de las Pombo para rellenar. Pero no. Lo normal es que los espectadores no tengan ni idea de quiénes son la mayoría de los personajes del programa, todos de la casa (como se rumoreaba en tiempos de la Ruta Quetzal, cuyos agraciados en teoría eran todos hijos y sobrinos de los trabajadores de Argentaria). Sin querer incidir en asuntos del pasado, la sensación general es que en las ediciones de Supervivientes hay una o dos prima donnas (la Pantoja, Terelu, Rocío Flores, Bigote Arrocet), tres cuartos de kilo de tentadores y tronistas, dos del clan Pantoja, otros dos del clan Jurado, algún deportista, italianos (¿por qué?) y miembros perdidos de la familia Bosé.

En esta edición de Supervivientes All Stars se anunciaban sorpresas en el programa, pero lo increíble ha sido ver que, en 2026, había famosos de verdad, de los del primer tramo del Deluxe. Rosa Benito, Chiqui, Marta Peñate, María Jesús Ruiz, Yola Berrocal, Yulen Pereira y Damián Quintero (estos dos últimos por méritos deportivos). Del total de concursantes hallamos seis famosos en segundo o incluso tercer grado: Asraf Beno (expareja de la hija de Isabel Pantoja), Ivana Icardi (expareja de uno de GH), Alma Bollo (hija de Raquel Bollo y Chiquetete), Omar Sánchez (ex marido de una sobrina de Isabel Pantoja), Víctor Janeiro (hermano de Jesulín), y la propia Rosa Benito, famosa por ser la cuñada de Rocío Jurado.

La asombrosa novedad de esta edición es que no hay latas con hidratos; esta vez pretenden matarlos de hambre o quizás rendir homenaje a las películas de Ruggero Deodato dejando que los concursantes se maten entre ellos con uñas y dientes. No está de más recordar que cada vez que hay un huracán les evacúan, cercenando así la única posibilidad de que el programa haga honor a su nombre. Supervivientes, en cualquiera de sus encarnaciones, no deja de ser un Grand Prix con hambre, picotazos y discusiones.

Lo más destacable de este primer programa —además del rápido ingenio de Jorge Javier— ha sido que alguien ha usado la palabra “gónadas” en lugar del más coloquial “los cojones”. Por lo demás, como cantaba Zahara, “yo no tenía ninguna duda de que Yola mola mil”. Y, en cuanto a supervivencia, habría que echarle un ojo a la situación de los garífunas de la zona de Nueva Armenia, que se enfrentan todo el año a las restricciones a las que les someten las autoridades, volcadas en este programa que no solo no reparte riqueza entre los habitantes de la zona, sino que les arrebata la posibilidad de una vida digna. Y eso no debería caer en el olvido.

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