¿Es usted de los que sienten desazón cuando el viento comienza a soplar a finales de agosto, de los que ven las nubes en el horizonte como una negra amenaza que viene en la vida adulta, cargada de los miedos que no caben en una película de terror? Facturas médicas, una bajante atascada, y esa comida con “los del pádel”, una pandilla que no sabe de dónde ha salido pero que de algún modo le vigila y reclama. En las próximas dos semanas se estrenarán los platos fuertes de las cadenas generalistas —que Dios nos pille confesados—, siempre con la promesa de una revolución televisiva que, sintiéndolo mucho, ya no es posible. Nos quedan sorpresa, estupor, y rabia, los tres mimbres de la audiencia y la viralidad, que vienen a ser lo mismo.
Chimo Rovira mediaba como podía entre aquellas hienas a las que por otro lado he prestado más atención que a gente de mi familia
Chimo Rovira mediaba como podía entre aquellas hienas a las que por otro lado he prestado más atención que a gente de mi familia
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¿Es usted de los que sienten desazón cuando el viento comienza a soplar a finales de agosto, de los que ven las nubes en el horizonte como una negra amenaza que viene en la vida adulta, cargada de los miedos que no caben en una película de terror? Facturas médicas, una bajante atascada, y esa comida con “los del pádel”, una pandilla que no sabe de dónde ha salido pero que de algún modo le vigila y reclama. En las próximas dos semanas se estrenarán los platos fuertes de las cadenas generalistas —que Dios nos pille confesados—, siempre con la promesa de una revolución televisiva que, sintiéndolo mucho, ya no es posible. Nos quedan sorpresa, estupor, y rabia, los tres mimbres de la audiencia y la viralidad, que vienen a ser lo mismo.
Este último mes me ha dado por ver los inicios de la televisión moderna, es decir Tómbola. Revisarlo ha sido fascinante casi 30 años después. En la entrevista Carmina Ordoñez donde primero le piden que le dé dos besos a Ernesto Neyra para acto seguido acusarla de mentirosa, porque una mujer maltratada nunca besaría a su maltratador. En la entrevista a Mar Flores solo falta que le borden una letra escarlata en el vestido. A una arrabalera Rociíto le echan en cara vivir del cuento mientras que a la nietísima del general Francisco Franco le besan los pies sin rubor.
Podría sacarle aquí las vergüenzas a algunos del plató que han cambiado de chaqueta sin disculparse jamás con nadie, pero para qué. En aquel lejano circo, Lydia Lozano pateaba el diccionario con sus “dijistes” y sus laísmos, Jesús Mariñas hacía gala de su misoginia y Chimo Rovira mediaba como podía entre aquellas hienas a las que por otro lado he prestado más atención que a gente de mi familia, y desde luego mucha más que a Suetonio y Píndaro juntos.
En Tómbola, Karmele Marchante destruía su propia trayectoria mientras Ángel Antonio Herrera trataba de mantener la suya. Ellos dos sabían hacer entrevistas ( y algunos otros ocasionales, también), pero allí ya no se hacía periodismo, se hacía televisión. Les recomiendo, sin rodeos, que revisen Tómbola. Es un documento muy valioso sobre quiénes fuimos y quiénes somos. Les ayudará a no angustiarse con los nubarrones que nos vienen encima.
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