Los expertos auguran un enfrentamiento prolongado de baja intensidad, con treguas frágiles y cierres intermitentes del Estrecho de Ormuz Leer Los expertos auguran un enfrentamiento prolongado de baja intensidad, con treguas frágiles y cierres intermitentes del Estrecho de Ormuz Leer
Seis meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran una ofensiva militar contra Irán, el conflicto está enquistado, tras unas conversaciones fallidas que han dejado un escenario sin guerra total ni paz duradera. Washington parece haber agotado todas las tácticas de presión, desde los bombardeos selectivos contra instalaciones de misiles y drones hasta el bloqueo de las exportaciones de petróleo iraníes. Ahora ha optado por ahogar económicamente al país con la operación Paria Económico, que tiene como último objetivo, según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, «el colapso del régimen».
La Administración de Donald Trump quiere cortar el flujo financiero con una determinación sin resquicios, con el «cierre de todas las opciones financieras disponibles para el régimen», un paquete de medidas que pasa por cortar el comercio con otros países, revocar licencias para intercambios académicos y deportivos, así como la presión sobre activos digitales y oro, el único refugio de los ahorros populares ante la inflación.
En una reciente intervención, Bessent comparó la situación de las fuerzas de seguridad con la disidencia interna durante la caída del muro de Berlín y animó a los soldados iraníes a rebelarse. «A medida que sus cheques de pago se detengan o simplemente se retrasen, pregúntese a dónde están llevando sus comandantes su país, al triunfo o la ruina», señaló.
Teherán ha recibido esta última operación como un acto de guerra, y el principal asesor de seguridad nacional del país, Mohsen Rezaei, ya ha advertido que si continúa la presión económica, «no se exportará ni una gota de petróleo» desde el Golfo.
Mientras tanto, la economía iraní se desangra. El rial ha perdido la mitad de su valor desde enero, la inflación anual alcanza el 88% y el desempleo supera un porcentaje de dos dígitos. Los datos de empresas de monitoreo marítimo revelan que las exportaciones de petróleo iraní han caído en las últimas semanas. En el país, los apagones son cada vez más frecuentes y en algunas ciudades escasea la gasolina.
El Banco Central ha anunciado un paquete de medidas para paliar la tormenta financiera estadounidense, como inyectar 500 millones de dólares en el mercado, y ha asegurado a los empresarios que no habrá escasez de divisas para bienes esenciales. Rezaei, por su parte, ha instado a la juventud a «incorporarse a la economía» y empezar a producir en casa los bienes que necesitan sus familias y comunidades, en una llamada a la autosuficiencia como acto de guerra contra Washington.
«La cuestión en torno a las sanciones nunca ha sido si son efectivas, sino si son eficaces. La diferencia radica entre la capacidad de infligir daño económico, algo indiscutible, y su uso como medio para alcanzar un objetivo político específico», advierte a EL MUNDO Ali Vaez, analista sobre Irán para Crisis Group. «En cierto modo, estamos regresando al pasado: la Administración Trump volvió al poder con un renovado énfasis en la presión económica, luego recurrió a la opción militar y ahora redobla sus esfuerzos por el aislamiento financiero. La economía iraní es más débil que antes, pero Estados Unidos también se enfrenta a un Gobierno iraní menos reacio al riesgo que en el pasado«, advierte.
El régimen teme, además, que los golpes económicos se conviertan en focos de descontento social, como ocurrió el pasado mes de enero, con unas protestas antigobierno que se extendieron por todo el país.
La República Islámica ha sobrevivido a cuatro décadas de presión económica y sanciones y, según los expertos, no muestra signos de capitulación. Con sus reservas de oro actuales, puede sostener las actuales infraestructuras y bienes básicos durante tres años. Sin embargo, esta supervivencia tendrá un coste humano, con los iraníes de a pie viendo cómo sus ahorros son devorados por la inflación y sus perspectivas de futuro cada vez más limitadas.
Para Mehran Kamrava, analista sobre Irán y catedrático en la Universidad de Georgetown en Qatar, la lógica iraní ante el conflicto es tozuda: «Los líderes iraníes asumen que tienen mayor tolerancia al sufrimiento económico que los estadounidenses y que pueden resistir más que ellos. Se da por sentado que las muestras de moderación iraníes no han sido correspondidas por Estados Unidos y que este último sólo escucha discursos militares. Por lo tanto, existe una corriente de pensamiento en Irán que considera que la escalada es la mejor opción«, señala a este periódico.
Esta corriente ya se está traduciendo en peticiones de cambio de estrategia en algunos sectores del régimen. El medio Defa Press, cercano al aparato de seguridad estatal, defendió esta semana abandonar la «defensa reactiva» para pasar a una «disuasión activa e iniciativa estratégica», lo que podría implicar ataques preventivos contra los intereses estadounidenses en la región. «La Administración de Trump puede ver la presión financiera como un sustituto de la guerra, pero es probable que el liderazgo iraní la vea como dos caras de la misma moneda», advierte Vaez.
Teherán ha exigido a Washington que reviva su compromiso con el Memorando de Entendimiento para poder avanzar hacia el fin del conflicto, un acuerdo en el que Estados Unidos se comprometía a descongelar los activos iraníes, levantar el bloqueo en Ormuz y proporcionar un salvavidas financiero para Irán. Con el acuerdo en un punto muerto, Teherán ha optado por negociar con Omán una nueva realidad para el Estrecho de Ormuz, en el que ambos países regularán el tráfico marítimo, con la posibilidad de imponer tasas a los buques.
Los expertos auguran un conflicto prolongado de baja intensidad, con treguas frágiles y cierres intermitentes del Estrecho de Ormuz. La navegación libre en el Golfo parece haber pasado a la historia, mientras Oriente Próximo queda sumida en una inestabilidad crónica que afecta a las vidas cotidianas de millones de personas. Irán sigue exigiendo un retorno al memorando original y Estados Unidos, su rendición.
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