Una bomba mata en Sebastopol al capitán ucraniano que entregó a Rusia el único submarino del país

Sin confirmación oficial, varios medios señalan que el asesinado es Robert Shagueyev, un capitán de navío ucraniano que desertó en 2014 Leer Sin confirmación oficial, varios medios señalan que el asesinado es Robert Shagueyev, un capitán de navío ucraniano que desertó en 2014 Leer  

Un militar ruso murió este jueves al estallar una bomba en Sebastopol, la principal base de la Flota rusa del mar Negro. Fuentes no oficiales lo identifican como Robert Shagueyev, de 49 años, el capitán de navío ucraniano que desertó durante la anexión de Crimea y entregó a Moscú el Zaporiyia, el único submarino de Ucrania. El servicio de seguridad ruso FSB ha acusado a Kiev y ha confirmado la muerte de un miembro del Ministerio de Defensa, pero no reveló su nombre. Myrotvorets, un sitio web ucraniano no oficial que proporciona una base de datos de personas descritas como criminales de guerra o traidores, corroboró que Shageyev había sido «liquidado». ´

Si se confirma la identificación, la víctima era alguien de especial significado para Kiev. Shagueyev encarnaba una de las deserciones más simbólicas de la pérdida de Crimea en 2014. Había prometido resistir «hasta el último hombre», pero nueve días después ordenó abrir las escotillas del submarino y se pasó al enemigo con parte de la tripulación. Después hizo carrera en la Armada rusa y llegó a ser subcomandante de la brigada de submarinos de Sebastopol.

El artefacto explotó por la mañana en un pequeño parque situado detrás de varios bloques de viviendas de la avenida Stoletovski. Según la primera versión difundida por canales próximos a las fuerzas de seguridad rusas, el militar bajaba unas escaleras acompañado por un amigo cuando detonó una bomba escondida en una papelera junto a un banco. El FSB asegura haber detenido a una ciudadana rusa nacida en 1994 y sostiene que actuó por encargo de los servicios secretos ucranianos. El nombre de Shagueyev como víctima fue lanzado por el canal de Telegram VChK-OGPU y del bloguero Anatoli Shari. El canal 112 sólo habla de un capitán de primer rango. Kiev no ha reivindicado el ataque.

Todo esto sucede el mismo día en el que se conoce que Ucrania ha transmitido a Rusia, a través de un tercero, una oferta para que ambas partes cesen los ataques contra objetivos civiles en el Mar Negro, según dijo a Reuters una fuente familiarizada con el asunto. Ucrania aún no ha recibido respuesta a su oferta. En las últimas semanas, ambas partes han afirmado que los ataques de la otra contra cargamentos de cereales e infraestructura en esta concurrida vía marítima podrían tener un impacto significativo en los precios mundiales de los alimentos este año.

Shagueyev era un hombre maldito en Ucrania. Nació en Crimea en 1977 y se graduó en 1999 en el Instituto Naval Najimov de Sebastopol. En agosto de 2011 asumió el mando del Zaporiyia, un submarino diésel soviético construido en 1970 y transferido a Ucrania tras el reparto de la Flota del mar Negro. El buque había pasado casi 11 años en reparación y sólo volvió a navegar en 2012. Su valor militar era limitado, pero su importancia política resultaba enorme: representaba por sí solo toda la fuerza submarina ucraniana. Shagueyev fue ascendido a capitán de primer rango en julio de 2013 y todavía ese año aparecía en actos públicos agradeciendo la reparación del barco.

Durante la ocupación rusa de Crimea, el submarino quedó bloqueado en la bahía de Streletskaya. El 12 de marzo de 2014, Shagueyev transmitió a unos empresarios que habían llevado alimentos a la tripulación que habían recibido ocho ofertas para cambiar de bando: «Nos mantendremos hasta el último hombre, pero no entregaremos Ucrania. Ucrania es una y está unida», declaró en un testimonio recogido entonces por Ukrinform. El 21 de marzo, la dotación se dividió. Una parte se encerró dentro del barco y en algún momento Shagueyev y los marineros que lo siguieron permitieron su entrega. Un remolcador ruso trasladó el submarino a la bahía Sur, donde la bandera ucraniana fue sustituida. El capitán fue enviado a San Petersburgo para reciclarse y posteriormente mandó una división de submarinos y ocupó la subcomandancia de la 4ª Brigada Independiente, equipada con sumergibles capaces de lanzar misiles Kalibr.

Medios ucranianos afirmaron que había comandado el Veliki Nóvgorod, aunque las publicaciones navales rusas no lo confirmaron. Ucrania lo declaró desertor y abrió contra él una causa por alta traición. En Kiev le atribuyen haberse encargado personalmente de lanzamientos contra territorio ucraniano.

El medio ruso Mash identifica a la detenida como Margarita Reut, una residente de Sochi de 32 años. El canal asegura que había comprado un billete para salir del país y que confesó haber recibido criptomonedas por matar al oficial. En agosto de 2025, un tribunal de Krasnodar la multó con unos 330 euros por «desacreditar» al Ejército ruso.

LOS «LIQUIDADOS» POR KIEV

La muerte de Shagueyev se sumaría, si se demuestra la intervención de Kiev, a una campaña de asesinatos selectivos desarrollada dentro de Rusia y Crimea. Fuentes ucranianas asumieron o celebraron las operaciones contra el ex diputado colaboracionista Ilia Kiva, el capitán de la Flota del mar Negro Valeri Trankovski y el general Igor Kirillov, muerto junto a su ayudante por una bomba escondida en un patinete eléctrico. En otros casos, como los de la ultranacionalista Daria Duguina y el propagandista Vladlen Tatarski, Kiev negó su participación o guardó silencio.

El último episodio —y uno de los más opacos— ocurrió el pasado primero de agosto en Moscú, en el selecto restaurante Balzi Rossi, en el rascacielos de la plaza Kudrinskaya, junto al metro de Barrikadnaya. La bomba dejó cinco muertos y 21 heridos durante lo que, según distintas investigaciones, era la celebración del 55 cumpleaños del jefe de las Fuerzas Aeroespaciales, Alexander Chayko, que salió ileso. Ucrania no ha reivindicado el atentado, pero ha masacrado a toda una familia. Entre los fallecidos figuran el general Valeri Plojotniuk y el yerno de Chayko, Daniil Peredriy, cuya muerte pudo comprobarse en registros estatales. Vyorstka sostiene, también a partir de bases oficiales, que Yulia Kirillova, esposa de un sobrino de la mujer del general, murió tres días después por las heridas. La hija de Chayko, Maria Peredriy, sufre un traumatismo craneal abierto.

En los territorios ocupados, esta guerra clandestina es todavía más sistemática. Desde 2022 han muerto en atentados el responsable colaboracionista de Jersón Dimitro Savluchenko, el antiguo jefe policial de Lugansk Mijail Filiponenko (cuya muerte sí que fue reivindicada por la inteligencia militar ucraniana) y varios funcionarios, policías y militares rusos en Melitópol, Berdiansk y Energodar. Cinco personas murieron anoche precisamente en Sebastopol durante una operación para desactivar un artefacto explosivo.

Moscú, en su papel de potencia ocupante, administra esas regiones mediante una mezcla deliberada de cuadros dirigentes: coloca a antiguos políticos ucranianos como Vladimir Saldo y Yevgueni Balitski en la fachada institucional; importa funcionarios rusos para controlar los gobiernos, los presupuestos y la seguridad; y traslada a administradores formados durante una década de ocupación en Crimea, Donetsk y Lugansk. En el primer diseño de las administraciones de Jersón y Zaporiyia, por ejemplo, los colaboracionistas locales ocupaban la presidencia mientras los rusos Serguei Yeliseyev y Antón Koltsov dirigían los respectivos gobiernos, según The Insider. Esa estructura proporciona apariencia local al poder ruso, pero también ofrece a la resistencia ucraniana un catálogo reconocible de objetivos: los llegados de Rusia, los veteranos de otras zonas ocupadas y los ucranianos que aceptaron trabajar para Moscú.

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