
Mis veranos en la ciudad siendo una niña nunca fueron la envidia de mis compañeros del colegio: ni aire acondicionado en casa, ni pueblo en La Mancha al que escapar los findes, ni urba con piscina para celebrar mi cumpleaños a mediados de junio. Tampoco me gustaba ir de campamentos ni tenía hermanos con los que jugar y pelearme por el trozo de chocolate más grande. Sin embargo, aunque lo haya pintado regular, disfrutaba las vacaciones como nadie. Y mucha culpa de ello la tenía la tele, y en especial la programación de Disney Channel.
No todos los veranos memorables transcurren lejos de casa. En mi caso, muchos los disfruté desde el sofá con las canciones de una película que revolucionó a toda una generación 
Mis veranos en la ciudad siendo una niña nunca fueron la envidia de mis compañeros del colegio: ni aire acondicionado en casa, ni pueblo en La Mancha al que escapar los findes, ni urba con piscina para celebrar mi cumpleaños a mediados de junio. Tampoco me gustaba ir de campamentos ni tenía hermanos con los que jugar y pelearme por el trozo de chocolate más grande. Sin embargo, aunque lo haya pintado regular, disfrutaba las vacaciones como nadie. Y mucha culpa de ello la tenía la tele, y en especial la programación de Disney Channel.
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