Los giros del destino en las personas son realmente imprevisibles. Mejor no decir aquello de este agua no beberé porque nunca sabes cuando puede atacar esa sed insaciable de los días que hoy estamos viviendo por Sevilla. Ese momento en el que una decisión propia o ajena cambia el presente y condiciona el futuro. Sucede mucho en fútbol, donde los futbolistas, demasiadas veces tratados como simples mercancías o valores mobiliarios, suponen una fuente de ingresos para el club que los pone en el mercado o un pozo sin fondo con los que no puede sacar y se quedan cómodamente en un segundo plano. Cobrando y sin jugar. Aquí daría para escribir un libro en el Sevilla. Y es precisamente en Nervión donde se ha vivido una de esas historias de fútbol que merecen la pena. La de un tipo que aterriza sin conocer la ciudad, el clima o el idioma y se enamora tan perdidamente de todo lo que le rodea que es capaz de tensar al máximo la cuerda para regresar donde piensa siente que ha sido feliz. Se trata de Odysseas Vlachodimos . Recibió en Sevilla más goles que en toda su carrera en una sola temporada. Perdió más de la mitad de los partidos que disputó. Sintió que traicionaba junto a sus compañeros el sentimiento de una hinchada que lloraba amargamente por un inevitable descenso. Hasta que el Dios del fútbol puso más sentimiento que cordura y le echó una nueva tabla de salvamento a ese Sevilla que se ha aficionado a sufrir sin descanso.Pese a todo ello, Vlachodimos sintió que h abía encontrado su lugar en el mundo . Que pese a los goles y las derrotas, nunca había sido tan buen portero como dentro de los muros del Sánchez-Pizjuán. Que no sólo era el reconocimiento, sino también que el equipo le necesitaba. Que en el actual panorama económico y deportivo, sin su pericia bajo los palos, pensar en la permanencia se hace prácticamente imposible. Hace unos días salió el calendario y se adivinan pocos lugares o partidos donde los de Nervión tengan claro que podrán sumar. Será otro año de sufrir y rezar todo lo que se sepa para que el Sevilla no dé con sus huesos en Segunda . Con la complicación añadida de un club silbando hacia otra esquina mientras se dedica a contar billetes de las ofertas que llegan por las acciones. Otra vez le han dejado el juguetito a quien no las atesora y mantiene en segunda línea a el resto de la banda, incluso a los que ya no se sientan en las butacas de mando pero reparten abrazos entre sus enemigos acérrimos.Y esto del caprichoso destino también es aplicable a José Ignacio Navarro . Quien le iba a decir que podía sentarse en la temporada 26-27 como máximo responsable del organigrama deportivo del Sevilla. Mano derecha de Antonio Cordón, al que se le repartió estopa por doquier por su planificación, la del pasado verano, justo la que ha terminado firmando la permanencia y la que, igualmente, dio la alternativa a Vlachodimos para colocarse el escudo del Sevilla en el pecho. Demasiadas críticas airadas en las derrotas cuando los máximos responsables de firmar sin dinero ni límite tienen nombres y apellidos. Disparar a todo lo que se mueve con tal de que el olor a pólvora contamine mentes y opiniones . Lo único cierto es que el consejo ha decidido que el futuro del Sevilla sea sucio, negro y maloliente, mientras quedan pequeños héroes sin capa, entre ellos miembros de la plantilla, como algunos canteranos y el propio Vlachodimos, que pelearán sin descanso contra esa fuerza del destino que les ha permitido vivir en la obligación y el deseo de defender al propio Sevilla. Una paradoja vital, como lo es todo en Sevilla. Te exijo cuando ganas y te abrazo cuando te derrumbas. Puro destino. Puro Sevilla. Los giros del destino en las personas son realmente imprevisibles. Mejor no decir aquello de este agua no beberé porque nunca sabes cuando puede atacar esa sed insaciable de los días que hoy estamos viviendo por Sevilla. Ese momento en el que una decisión propia o ajena cambia el presente y condiciona el futuro. Sucede mucho en fútbol, donde los futbolistas, demasiadas veces tratados como simples mercancías o valores mobiliarios, suponen una fuente de ingresos para el club que los pone en el mercado o un pozo sin fondo con los que no puede sacar y se quedan cómodamente en un segundo plano. Cobrando y sin jugar. Aquí daría para escribir un libro en el Sevilla. Y es precisamente en Nervión donde se ha vivido una de esas historias de fútbol que merecen la pena. La de un tipo que aterriza sin conocer la ciudad, el clima o el idioma y se enamora tan perdidamente de todo lo que le rodea que es capaz de tensar al máximo la cuerda para regresar donde piensa siente que ha sido feliz. Se trata de Odysseas Vlachodimos . Recibió en Sevilla más goles que en toda su carrera en una sola temporada. Perdió más de la mitad de los partidos que disputó. Sintió que traicionaba junto a sus compañeros el sentimiento de una hinchada que lloraba amargamente por un inevitable descenso. Hasta que el Dios del fútbol puso más sentimiento que cordura y le echó una nueva tabla de salvamento a ese Sevilla que se ha aficionado a sufrir sin descanso.Pese a todo ello, Vlachodimos sintió que h abía encontrado su lugar en el mundo . Que pese a los goles y las derrotas, nunca había sido tan buen portero como dentro de los muros del Sánchez-Pizjuán. Que no sólo era el reconocimiento, sino también que el equipo le necesitaba. Que en el actual panorama económico y deportivo, sin su pericia bajo los palos, pensar en la permanencia se hace prácticamente imposible. Hace unos días salió el calendario y se adivinan pocos lugares o partidos donde los de Nervión tengan claro que podrán sumar. Será otro año de sufrir y rezar todo lo que se sepa para que el Sevilla no dé con sus huesos en Segunda . Con la complicación añadida de un club silbando hacia otra esquina mientras se dedica a contar billetes de las ofertas que llegan por las acciones. Otra vez le han dejado el juguetito a quien no las atesora y mantiene en segunda línea a el resto de la banda, incluso a los que ya no se sientan en las butacas de mando pero reparten abrazos entre sus enemigos acérrimos.Y esto del caprichoso destino también es aplicable a José Ignacio Navarro . Quien le iba a decir que podía sentarse en la temporada 26-27 como máximo responsable del organigrama deportivo del Sevilla. Mano derecha de Antonio Cordón, al que se le repartió estopa por doquier por su planificación, la del pasado verano, justo la que ha terminado firmando la permanencia y la que, igualmente, dio la alternativa a Vlachodimos para colocarse el escudo del Sevilla en el pecho. Demasiadas críticas airadas en las derrotas cuando los máximos responsables de firmar sin dinero ni límite tienen nombres y apellidos. Disparar a todo lo que se mueve con tal de que el olor a pólvora contamine mentes y opiniones . Lo único cierto es que el consejo ha decidido que el futuro del Sevilla sea sucio, negro y maloliente, mientras quedan pequeños héroes sin capa, entre ellos miembros de la plantilla, como algunos canteranos y el propio Vlachodimos, que pelearán sin descanso contra esa fuerza del destino que les ha permitido vivir en la obligación y el deseo de defender al propio Sevilla. Una paradoja vital, como lo es todo en Sevilla. Te exijo cuando ganas y te abrazo cuando te derrumbas. Puro destino. Puro Sevilla.
Los giros del destino en las personas son realmente imprevisibles. Mejor no decir aquello de este agua no beberé porque nunca sabes cuando puede atacar esa sed insaciable de los días que hoy estamos viviendo por Sevilla. Ese momento en el que una decisión propia … o ajena cambia el presente y condiciona el futuro. Sucede mucho en fútbol, donde los futbolistas, demasiadas veces tratados como simples mercancías o valores mobiliarios, suponen una fuente de ingresos para el club que los pone en el mercado o un pozo sin fondo con los que no puede sacar y se quedan cómodamente en un segundo plano. Cobrando y sin jugar. Aquí daría para escribir un libro en el Sevilla. Y es precisamente en Nervión donde se ha vivido una de esas historias de fútbol que merecen la pena. La de un tipo que aterriza sin conocer la ciudad, el clima o el idioma y se enamora tan perdidamente de todo lo que le rodea que es capaz de tensar al máximo la cuerda para regresar donde piensa siente que ha sido feliz. Se trata de Odysseas Vlachodimos. Recibió en Sevilla más goles que en toda su carrera en una sola temporada. Perdió más de la mitad de los partidos que disputó. Sintió que traicionaba junto a sus compañeros el sentimiento de una hinchada que lloraba amargamente por un inevitable descenso. Hasta que el Dios del fútbol puso más sentimiento que cordura y le echó una nueva tabla de salvamento a ese Sevilla que se ha aficionado a sufrir sin descanso.
Pese a todo ello, Vlachodimos sintió que había encontrado su lugar en el mundo. Que pese a los goles y las derrotas, nunca había sido tan buen portero como dentro de los muros del Sánchez-Pizjuán. Que no sólo era el reconocimiento, sino también que el equipo le necesitaba. Que en el actual panorama económico y deportivo, sin su pericia bajo los palos, pensar en la permanencia se hace prácticamente imposible. Hace unos días salió el calendario y se adivinan pocos lugares o partidos donde los de Nervión tengan claro que podrán sumar. Será otro año de sufrir y rezar todo lo que se sepa para que el Sevilla no dé con sus huesos en Segunda. Con la complicación añadida de un club silbando hacia otra esquina mientras se dedica a contar billetes de las ofertas que llegan por las acciones. Otra vez le han dejado el juguetito a quien no las atesora y mantiene en segunda línea a el resto de la banda, incluso a los que ya no se sientan en las butacas de mando pero reparten abrazos entre sus enemigos acérrimos.
Y esto del caprichoso destino también es aplicable a José Ignacio Navarro. Quien le iba a decir que podía sentarse en la temporada 26-27 como máximo responsable del organigrama deportivo del Sevilla. Mano derecha de Antonio Cordón, al que se le repartió estopa por doquier por su planificación, la del pasado verano, justo la que ha terminado firmando la permanencia y la que, igualmente, dio la alternativa a Vlachodimos para colocarse el escudo del Sevilla en el pecho. Demasiadas críticas airadas en las derrotas cuando los máximos responsables de firmar sin dinero ni límite tienen nombres y apellidos. Disparar a todo lo que se mueve con tal de que el olor a pólvora contamine mentes y opiniones. Lo único cierto es que el consejo ha decidido que el futuro del Sevilla sea sucio, negro y maloliente, mientras quedan pequeños héroes sin capa, entre ellos miembros de la plantilla, como algunos canteranos y el propio Vlachodimos, que pelearán sin descanso contra esa fuerza del destino que les ha permitido vivir en la obligación y el deseo de defender al propio Sevilla. Una paradoja vital, como lo es todo en Sevilla. Te exijo cuando ganas y te abrazo cuando te derrumbas. Puro destino. Puro Sevilla.
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