
La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero revolucionó este martes la red social X, que se llenó enseguida de mensajes de defensa férrea o condena furibunda del expresidente, y no solo desde las cuentas oficiales de partidos y dirigentes políticos, sino también de ciudadanos y medios de comunicación que se enfundan la camiseta roja o la azul y besan el escudo de la rosa o la gaviota según crean que juegan en casa o fuera. La jornada brindó un ejemplo en riguroso directo de cómo funciona la llamada polarización afectiva, esto es, el odio al que piensa diferente: cientos de tuits para celebrar la imputación de un expresidente como si el investigado fuera el chico que les robó la novia en el instituto y otros tantos para defenderlo como si se tratase de un miembro más de la familia.
En X hubo quien celebró la imputación del expresidente como el ansiado scalextric junto a los zapatos un 6 de enero
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En X hubo quien celebró la imputación del expresidente como el ansiado scalextric junto a los zapatos un 6 de enero


La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero revolucionó este martes la red social X, que se llenó enseguida de mensajes de defensa férrea o condena furibunda del expresidente, y no solo desde las cuentas oficiales de partidos y dirigentes políticos, sino también de ciudadanos y medios de comunicación que se enfundan la camiseta roja o la azul y besan el escudo de la rosa o la gaviota según crean que juegan en casa o fuera. La jornada brindó un ejemplo en riguroso directo de cómo funciona la llamada polarización afectiva, esto es, el odio al que piensa diferente: cientos de tuits para celebrar la imputación de un expresidente como si el investigado fuera el chico que les robó la novia en el instituto y otros tantos para defenderlo como si se tratase de un miembro más de la familia.
“La imputación de Zapatero es como despertarse una mañana de Reyes cuando tenías cinco años”, tuiteó @pabampa. “17 de mayo: el PP arrasa en Andalucía. 19 de mayo: imputan a Zapatero. 24 de mayo: si el Dépor asciende en Valladolid igual estamos ante la mejor semana de los últimos años”, comentó, por su parte, Adrián Prado, del PP. “Lawfare de libro”; “guerra sucia”…, se repetía en otras muchas cuentas.
El PP se apresuró a interpretar en X la imputación como una condena firme y a extender los presuntos delitos por los que la justicia investiga a Zapatero a todo el “sanchismo” o directamente a “la mafia” del Gobierno. Mientras, dirigentes socialistas sugirieron que todo obedece a una conspiración de la derecha cuyo pistoletazo de salida habría sido un ruego de José María Aznar en un acto público —“el que pueda hacer, que haga”— y un ministro, Óscar Puente, llamó “imbécil” a Alberto Núñez Feijóo por anunciar en un mitin “novedades en materia de corrupción” cuando la causa estaba secreta. Si el líder del PP estaba expresando un deseo o transmitiendo información anticipada por una fuente judicial no lo sabemos, como tampoco sabían con detalle los socialistas que invocaron inmediatamente el lawfare qué es lo que había llevado al juez Calama a imputar a un expresidente del Gobierno.
Debajo de cada uno de esos tuits de cargos del PP y del PSOE cuelgan decenas de respuestas sumándose u oponiéndose a las respectivas tesis con el nivel de entusiasmo del niño que encuentra el ansiado scalextric junto a los zapatos un 6 de enero. A estas alturas, en el piso número 20, que son los años que acaba de cumplir X (antes Twitter), sabemos que la red social no es amiga ni del rigor, ni de la pausa ni de la serenidad, sino la mejor aliada de la manipulación, la prisa y los extremos. Los contenidos que generan más comentarios en X, es decir, más bronca, reciben premio: se llama “curación algorítmica” y es el método por el que redes, plataformas y motores de búsqueda ofrecen contenidos filtrados para obtener más atención. Y los psicólogos han puesto ya nombre a una ensalada de fenómenos que condicionan la conversación: el “sesgo cognitivo” en general es la predisposición a creer determinadas cosas y no otras; el de confirmación, el que acepta únicamente los elementos que apoyan nuestras ideas y desprecia los que sustentan las ajenas; la “jajaganda” es el intento de camuflar la desinformación a través del humor para ridiculizar a instituciones y políticos…
Todo se aliña con polarización afectiva, que ha crecido en los últimos años, y esa herramienta que acaba de cumplir 20 años ha contribuido a aumentarla, pero el fenómeno se ha vuelto tan común que ya no es tan sencillo explicar si lo provocó la oferta o la demanda; si fue primero el huevo —una clase política dispuesta a exacerbar las emociones como agente movilizador— o la gallina —las ganas de tener la razón, de leer, ver y oír lo que queremos leer, ver y oír y nada más que eso—. Para que el experimento fuera completo habría que analizar, además, la desconfianza ciudadana en la justicia, que también ha ido en aumento. Fuera del enjambre tuitero crece esa sensación tan peligrosa: la del todos son iguales.
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