En plena descomposición nacional, produce ternura el afán culé por codearse futbolísticamente con el Real Madrid, tan distinto y tan distante. El Barcelona, que no se clasificó para el Mundial de clubes, representará en el Mundial de selecciones a España (sólo en la última década, el Crystal Palace posee más títulos europeos que el club catalán), cuyo Combinado Autonómico copa por birlibirloques políticos que no vienen al caso. Y no basta con que el Barcelona meta a muchos futbolistas en el saco; es preciso, además, que el Madrid no meta a ninguno. Cuando tal circunstancia se da, la prensa de provincias («yo nací en un país pequeñito», decía el Pep) lo celebra como un grandioso triunfo deportivo. Esto no es arrimar el ascua a su sardina, sino, además, y en lo posible, orinar en el ascua del vecino, o sea, el Madrid, cuyos españoles no tendrían lo que el seleccionador, un capillita de Haro, llama «gen especial», un gen de selección, tan especial como el color que Los del Río le ven a Sevilla («Sevilla tiene un color especial, / Sevilla sigue teniendo / su duende…»). Cómo será la cosa de cachonda que hasta Rufianejo, uno de los bien cebados próceres de cuyos votos depende «la gobernanza», o «garbanzá», del país ha tuiteado mofas sobre el asunto. –Tienen tal ojeriza con los castellanos, que para amedrentar a los niños les dicen sus madres que viene el castellano –anota en sus memorias el mejicano Fray Servando Teresa de Mier, que ya veía en la barretina colorada una caricatura del gorro encarnado de la «liberté» francesa. Hay dos nombres que apuntan a pecaminosidad en la selección del seleccionador, en cualquier caso gran rezador (Mateo, 23): Huijsen y Carvajal. Para el seleccionador, Huijsen, que es holandés y no va a jugar el Mundial por haber escogido España en vez de Países Bajos, fue fijo y titular cuando defendía los colores del AFC Bournemouth, condición que ha perdido al defender los colores del Real Madrid, equipo, por cierto, menos goleado del campeonato doméstico. En cuanto a Carvajal, hablamos de uno de los viejos capitanes del Combinado Autonómico, a cuyo vestuario aporta la experiencia y el prestigio de sus seis Champions, pero esta vez De la Fuente, que en su día tuvo el valor de aplaudir a Rubiales, ha preferido no correr el riesgo de aplaudir a Carvajal llevándolo al Mundial. –Ya estamos en Haro, que se ven las luces –suspiraban los catetos cuando el tren se aproximaba al pueblo de De la Fuente. Muchas luces, en fin, no ha habido en la proscripción mundialista de Huijsen y Carvajal, dando ocasión al ridículo internacional, pues los personajes más importantes del fútbol descubren así el cutrerío «político» de lo español, que asoma, como los ratones, por el agujero que más le conviene. Huijsen y Carvajal se pierden el terno de viaje de Loewe que hace de Gavi un Cary Grant. Así vestidos, están pidiendo un seleccionador como Guardiola, descubridor de la elegancia y de Isaac Cuenca. –Isaac Cuenca no gustará mucho a las chicas, pero en su sitio lo hace que te cagas. Se supone que el terno hará que resalte más el gen de selección de los mundialistas, ninguno de los cuales tendría cabida en la Italia de la generación Maldini. La simple mención de un gen de selección, como hace De la Fuente, lo lleva a uno a los tiempos de Sloterdijk. No por nada el seleccionador de Haro y el filósofo de Karlsruhe comparten gafas. Selección es exigencia hacia lo óptimo. Para Sloterdijk, el humanismo era un fracaso porque sólo producía seres anodinos, y propuso otra selección/domesticación, la «selección genética», organizándose la mundial por parte de la dictadura de la virtud de las camadas de Habermas. MÁS INFORMACIÓN noticia Opinión No Fútbol de hombres y fútbol de vacas noticia Opinión Si Entre Hansi y José noticia Opinión No Los números del número 1Nada aquí es baladí (nueve mil euros por futbolista/día): por eso el cabestro de Cantoná puede decir que en 2010 fue el Barcelona, no España, el ganador del Mundial. ¡El célebre ADN culé! El «gen» De la Fuente es la versión riojana del ADN culé. Y se lo aplica a Baena, espejo de Gavi, no a Borja Iglesias, que tiene el glamour del Dr. Orloff en ‘Gritos en la noche’ del gran Jesús Franco. En plena descomposición nacional, produce ternura el afán culé por codearse futbolísticamente con el Real Madrid, tan distinto y tan distante. El Barcelona, que no se clasificó para el Mundial de clubes, representará en el Mundial de selecciones a España (sólo en la última década, el Crystal Palace posee más títulos europeos que el club catalán), cuyo Combinado Autonómico copa por birlibirloques políticos que no vienen al caso. Y no basta con que el Barcelona meta a muchos futbolistas en el saco; es preciso, además, que el Madrid no meta a ninguno. Cuando tal circunstancia se da, la prensa de provincias («yo nací en un país pequeñito», decía el Pep) lo celebra como un grandioso triunfo deportivo. Esto no es arrimar el ascua a su sardina, sino, además, y en lo posible, orinar en el ascua del vecino, o sea, el Madrid, cuyos españoles no tendrían lo que el seleccionador, un capillita de Haro, llama «gen especial», un gen de selección, tan especial como el color que Los del Río le ven a Sevilla («Sevilla tiene un color especial, / Sevilla sigue teniendo / su duende…»). Cómo será la cosa de cachonda que hasta Rufianejo, uno de los bien cebados próceres de cuyos votos depende «la gobernanza», o «garbanzá», del país ha tuiteado mofas sobre el asunto. –Tienen tal ojeriza con los castellanos, que para amedrentar a los niños les dicen sus madres que viene el castellano –anota en sus memorias el mejicano Fray Servando Teresa de Mier, que ya veía en la barretina colorada una caricatura del gorro encarnado de la «liberté» francesa. Hay dos nombres que apuntan a pecaminosidad en la selección del seleccionador, en cualquier caso gran rezador (Mateo, 23): Huijsen y Carvajal. Para el seleccionador, Huijsen, que es holandés y no va a jugar el Mundial por haber escogido España en vez de Países Bajos, fue fijo y titular cuando defendía los colores del AFC Bournemouth, condición que ha perdido al defender los colores del Real Madrid, equipo, por cierto, menos goleado del campeonato doméstico. En cuanto a Carvajal, hablamos de uno de los viejos capitanes del Combinado Autonómico, a cuyo vestuario aporta la experiencia y el prestigio de sus seis Champions, pero esta vez De la Fuente, que en su día tuvo el valor de aplaudir a Rubiales, ha preferido no correr el riesgo de aplaudir a Carvajal llevándolo al Mundial. –Ya estamos en Haro, que se ven las luces –suspiraban los catetos cuando el tren se aproximaba al pueblo de De la Fuente. Muchas luces, en fin, no ha habido en la proscripción mundialista de Huijsen y Carvajal, dando ocasión al ridículo internacional, pues los personajes más importantes del fútbol descubren así el cutrerío «político» de lo español, que asoma, como los ratones, por el agujero que más le conviene. Huijsen y Carvajal se pierden el terno de viaje de Loewe que hace de Gavi un Cary Grant. Así vestidos, están pidiendo un seleccionador como Guardiola, descubridor de la elegancia y de Isaac Cuenca. –Isaac Cuenca no gustará mucho a las chicas, pero en su sitio lo hace que te cagas. Se supone que el terno hará que resalte más el gen de selección de los mundialistas, ninguno de los cuales tendría cabida en la Italia de la generación Maldini. La simple mención de un gen de selección, como hace De la Fuente, lo lleva a uno a los tiempos de Sloterdijk. No por nada el seleccionador de Haro y el filósofo de Karlsruhe comparten gafas. Selección es exigencia hacia lo óptimo. Para Sloterdijk, el humanismo era un fracaso porque sólo producía seres anodinos, y propuso otra selección/domesticación, la «selección genética», organizándose la mundial por parte de la dictadura de la virtud de las camadas de Habermas. MÁS INFORMACIÓN noticia Opinión No Fútbol de hombres y fútbol de vacas noticia Opinión Si Entre Hansi y José noticia Opinión No Los números del número 1Nada aquí es baladí (nueve mil euros por futbolista/día): por eso el cabestro de Cantoná puede decir que en 2010 fue el Barcelona, no España, el ganador del Mundial. ¡El célebre ADN culé! El «gen» De la Fuente es la versión riojana del ADN culé. Y se lo aplica a Baena, espejo de Gavi, no a Borja Iglesias, que tiene el glamour del Dr. Orloff en ‘Gritos en la noche’ del gran Jesús Franco.
En plena descomposición nacional, produce ternura el afán culé por codearse futbolísticamente con el Real Madrid, tan distinto y tan distante. El Barcelona, que no se clasificó para el Mundial de clubes, representará en el Mundial de selecciones a España (sólo en la última … década, el Crystal Palace posee más títulos europeos que el club catalán), cuyo Combinado Autonómico copa por birlibirloques políticos que no vienen al caso. Y no basta con que el Barcelona meta a muchos futbolistas en el saco; es preciso, además, que el Madrid no meta a ninguno. Cuando tal circunstancia se da, la prensa de provincias («yo nací en un país pequeñito», decía el Pep) lo celebra como un grandioso triunfo deportivo. Esto no es arrimar el ascua a su sardina, sino, además, y en lo posible, orinar en el ascua del vecino, o sea, el Madrid, cuyos españoles no tendrían lo que el seleccionador, un capillita de Haro, llama «gen especial», un gen de selección, tan especial como el color que Los del Río le ven a Sevilla («Sevilla tiene un color especial, / Sevilla sigue teniendo / su duende…»). Cómo será la cosa de cachonda que hasta Rufianejo, uno de los bien cebados próceres de cuyos votos depende «la gobernanza», o «garbanzá», del país ha tuiteado mofas sobre el asunto.
–Tienen tal ojeriza con los castellanos, que para amedrentar a los niños les dicen sus madres que viene el castellano –anota en sus memorias el mejicano Fray Servando Teresa de Mier, que ya veía en la barretina colorada una caricatura del gorro encarnado de la «liberté» francesa.
Hay dos nombres que apuntan a pecaminosidad en la selección del seleccionador, en cualquier caso gran rezador (Mateo, 23): Huijsen y Carvajal. Para el seleccionador, Huijsen, que es holandés y no va a jugar el Mundial por haber escogido España en vez de Países Bajos, fue fijo y titular cuando defendía los colores del AFC Bournemouth, condición que ha perdido al defender los colores del Real Madrid, equipo, por cierto, menos goleado del campeonato doméstico. En cuanto a Carvajal, hablamos de uno de los viejos capitanes del Combinado Autonómico, a cuyo vestuario aporta la experiencia y el prestigio de sus seis Champions, pero esta vez De la Fuente, que en su día tuvo el valor de aplaudir a Rubiales, ha preferido no correr el riesgo de aplaudir a Carvajal llevándolo al Mundial.
–Ya estamos en Haro, que se ven las luces –suspiraban los catetos cuando el tren se aproximaba al pueblo de De la Fuente.
Muchas luces, en fin, no ha habido en la proscripción mundialista de Huijsen y Carvajal, dando ocasión al ridículo internacional, pues los personajes más importantes del fútbol descubren así el cutrerío «político» de lo español, que asoma, como los ratones, por el agujero que más le conviene. Huijsen y Carvajal se pierden el terno de viaje de Loewe que hace de Gavi un Cary Grant. Así vestidos, están pidiendo un seleccionador como Guardiola, descubridor de la elegancia y de Isaac Cuenca.
–Isaac Cuenca no gustará mucho a las chicas, pero en su sitio lo hace que te cagas.
Se supone que el terno hará que resalte más el gen de selección de los mundialistas, ninguno de los cuales tendría cabida en la Italia de la generación Maldini. La simple mención de un gen de selección, como hace De la Fuente, lo lleva a uno a los tiempos de Sloterdijk. No por nada el seleccionador de Haro y el filósofo de Karlsruhe comparten gafas.
Selección es exigencia hacia lo óptimo. Para Sloterdijk, el humanismo era un fracaso porque sólo producía seres anodinos, y propuso otra selección/domesticación, la «selección genética», organizándose la mundial por parte de la dictadura de la virtud de las camadas de Habermas.
Nada aquí es baladí (nueve mil euros por futbolista/día): por eso el cabestro de Cantoná puede decir que en 2010 fue el Barcelona, no España, el ganador del Mundial. ¡El célebre ADN culé! El «gen» De la Fuente es la versión riojana del ADN culé. Y se lo aplica a Baena, espejo de Gavi, no a Borja Iglesias, que tiene el glamour del Dr. Orloff en ‘Gritos en la noche’ del gran Jesús Franco.
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