No es Wimbledon, ni Roland Garros, ni el Mundial. Un partido de un deporte muy distinto se juega ante nuestros ojos y nos vuelve locos. Y aquí no están Federer o Djokovic sudando la camiseta frente a Nadal o Alcaraz, como en los mejores tiempos, seguidos hasta el último aliento por los españoles deseosos de llevarse una alegría, sino algo muy diferente. A un lado: las causas contra el PSOE, que el contrario aplaude y comenta a rabiar. Y al otro: las causas contra el PP, que no tienen tanta celebración porque ya están amortizadas. El PP ya cayó del podio.
Los líderes siguen contemplando el partido judicial sin actuar en el tablero político, pero lo que está en juego es la confianza de los ciudadanos
No es Wimbledon, ni Roland Garros, ni el Mundial. Un partido de un deporte muy distinto se juega ante nuestros ojos y nos vuelve locos. Y aquí no están Federer o Djokovic sudando la camiseta frente a Nadal o Alcaraz, como en los mejores tiempos, seguidos hasta el último aliento por los españoles deseosos de llevarse una alegría, sino algo muy diferente. A un lado: las causas contra el PSOE, que el contrario aplaude y comenta a rabiar. Y al otro: las causas contra el PP, que no tienen tanta celebración porque ya están amortizadas. El PP ya cayó del podio.
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