Por qué podríamos tener la vida extraterrestre delante y no haberla visto

¿Y si fuera culpa nuestra? ¿Y si siempre han estado ahí, pero no hemos sabido verlos? El Universo es tan increíblemente grande y antiguo que cuesta trabajo pensar que en él no haya un enorme número de planetas habitados. Sin embargo, y a pesar de nuestros continuos esfuerzos y del avance de la tecnología, a fecha de hoy nadie ha encontrado aún absolutamente nada que revele la existencia de vida fuera de la Tierra.¿Dónde se ha metido todo el mundo? Esta desconcertante pregunta constituye el núcleo de la conocida paradoja de Fermi, formulada en 1950 por el físico italiano que le dio nombre. Durante décadas, los científicos han esgrimido multitud de razones para explicar por qué no hemos encontrado a nadie a lo largo de estos más de 70 años de búsqueda incansable. Entre ellas, que los supuestos alienígenas podrían estar hibernando, que alguna misteriosa fuerza está impidiendo que las civilizaciones prosperen el tiempo suficiente, o que las distancias cósmicas son, sencillamente, demasiado vastas para cruzar nuestros caminos. Incluso hay quienes sugieren que están ahí, pero no quieren saber nada de nosotros y se ocultan deliberadamente a nuestra vista.Pero ahora, un equipo internacional de astrobiólogos acaba de poner sobre la mesa una hipótesis mucho más ‘terrenal’: es muy probable que nuestro propio instrumental, y nuestros prejuicios mentales, nos estén impidiendo ver las firmas biológicas que ya hemos recogido.Noticia relacionada general No No Astrónoma y química «Puede haber vida inteligente ahí fuera. Por qué no, si pasó en la Tierra» Judith de JorgeEn un revelador estudio recién publicado en ‘ Nature Astronomy ‘ los investigadores sostienen que estamos pasando por alto signos evidentes de vida. Pero estos indicios ignorados, conocidos en la jerga como ‘falsos negativos’, obligarán sin duda a cambiar drásticamente la forma en que se diseñen las futuras misiones espaciales.El miedo a un falso positivoEn pura lógica, si hay alguien «ahí fuera», debe de estar dejando algún rastro. ¿Pero entonces por qué no lo vemos? Según el nuevo estudio, durante décadas la astrobiología ha vivido bajo el miedo de los llamados ‘falsos positivos’, es decir, casos en los que la mera química inorgánica se ‘disfraza’ y parece imitar a la biología. El mundo científico aún recuerda el sonado anuncio de 1996, cuando investigadores de la NASA afirmaron a bombo y platillo que el meteorito marciano ALH84001, hallado en la Antártida, contenía lo que parecían ser microbios fosilizados. Aquel revuelo desató años de intensos debates, solo para que más tarde la comunidad científica concluyera que aquellas formas podían haberse originado por reacciones geológicas normales, sin vida de por medio.Durante décadas, la astrobiología ha vivido aterrada por los falsos positivos, casos en los que la simple química inorgánica se ‘disfraza’ de vida y parece imitar a la biologíaPara evitar repetir un patinazo semejante, la ciencia se ha vuelto ultra conservadora. Pero en su artículo de Nature Astronomy los investigadores advierten que el problema opuesto puede ser igual de grave: que la vida esté realmente ahí y permanezca invisible simplemente porque estamos buscando las señales equivocadas.«Deberíamos ser conscientes de estos resultados falsos negativos -advierte Inge Loes Ten Kate, de las universidades de Utrecht y Ámsterdam y autora principal del estudio -. Significa que existen deficiencias a la hora de reconocer la existencia de vida. Y esas deficiencias aún no ocupan un lugar destacado en la agenda de investigación».Buscando lo que ya conocemosLas razones detrás de estos falsos negativos son variadas. A veces se debe a la mala conservación de los rastros biológicos con el paso de los milenios, o a que la química atmosférica de un exoplaneta destruye u oculta los gases vitales antes de que podamos verlos con nuestros telescopios. Pero el mayor obstáculo de todos lo llevamos puesto: tendemos, de forma natural, a buscar únicamente la vida que ya conocemos.Es como en el popular chiste de un hombre con señales evidentes de haber bebido más de la cuenta, en plena noche y dando vueltas y vueltas alrededor de una farola. Cuando se le acerca un policía y le pregunta, el hombre afirma estar buscando sus llaves, que ha perdido. «¿Y se le han perdido justo debajo de esta farola?», le dice el Policía. «No -responde el hombre-, pero este es el único sitio donde hay luz». Lo mismo podría estar pasándonos a nosotros con la búsqueda de vida extraterrestre.«Si hay vida debajo de una roca y tú solo miras esa roca desde arriba, esa vida pasará desapercibida», advierten los investigadores«Por lo tanto -explica Ten Kate-, necesitamos comprender con mucha claridad qué tipo de vida es posible en un lugar determinado, cuáles son las condiciones para esa vida y cómo podemos reconocer sus rastros. E incluso entonces, podríamos pasar cosas por alto. Si hay vida debajo de una roca y tú solo miras esa roca desde arriba, esa vida pasará inadvertida».Un ejemplo inquietante de todo esto acaba de ocurrir en Marte. El año pasado, los rovers marcianos encontraron una serie de minerales ricos en hierro que muestran patrones de oxidación muy extraños , completamente distintos a los de otras rocas de su entorno. En la Tierra, ese tipo exacto de oxidación es el resultado inconfundible de la acción de seres vivientes. ¿Pero lo es también en Marte? No lo sabemos, porque la química inorgánica marciana podría engañarnos. «Estos minerales -subraya la investigadora- no significan que estemos ante resultados falsos negativos en este caso. Simplemente, todavía no entendemos qué está sucediendo aquí».El peligro de destruir lo que ignoramosFallar a la hora de detectar vida alienígena ya existente tendría, además, consecuencias desastrosas. Por un lado, las agencias podrían perder el interés o eliminar presupuestos de misiones destinadas a explorar entornos que, en realidad, rebosan potencial biológico. «Las misiones espaciales y los instrumentos -advierte Ten Kate- están diseñados para detectar posibles signos de vida, pero no se tiene en cuenta el riesgo de pasar algo por alto. La búsqueda de signos de vida debe ir de la mano de preguntas mejor definidas y de hipótesis comprobables».La inminente fiebre por la minería espacial podría desencadenar la destrucción industrial y silenciosa de microorganismos extraterrestres antes siquiera de que tengamos la oportunidad de descubrirlosCiertamente descorazonador, pero resulta que hay un peligro aún mayor. Si la vida microbiana en la Luna, o en asteroides, resulta invisible con nuestros anticuados métodos de criba, gobiernos y corporaciones privadas podrían lanzarse demasiado rápido a la minería espacial. Y el resultado sería la destrucción, a una escala industrial, de microorganismos alienígenas antes, siquiera, de haber tenido la oportunidad de descubrirlos.Los autores del estudio, por tanto, apuntan a que el remedio a nuestra más que probable ‘ceguera’ podría estar en la Inteligencia Artificial. Los sofisticados algoritmos de reconocimiento de patrones, de hecho, son capaces de procesar millones de variables y alertar de anomalías biológicas que cualquier humano pasaría por alto. Por eso, dicen los autores, antes de delegar en las máquinas, debemos ampliar nuestra mente. Si no nos preocupamos por estudiar meticulosamente los terrenos extraterrestres con un enfoque mucho más abierto, puede que nos quedemos, para siempre, completamente solos. O al menos, creyendo que lo estamos. ¿Y si fuera culpa nuestra? ¿Y si siempre han estado ahí, pero no hemos sabido verlos? El Universo es tan increíblemente grande y antiguo que cuesta trabajo pensar que en él no haya un enorme número de planetas habitados. Sin embargo, y a pesar de nuestros continuos esfuerzos y del avance de la tecnología, a fecha de hoy nadie ha encontrado aún absolutamente nada que revele la existencia de vida fuera de la Tierra.¿Dónde se ha metido todo el mundo? Esta desconcertante pregunta constituye el núcleo de la conocida paradoja de Fermi, formulada en 1950 por el físico italiano que le dio nombre. Durante décadas, los científicos han esgrimido multitud de razones para explicar por qué no hemos encontrado a nadie a lo largo de estos más de 70 años de búsqueda incansable. Entre ellas, que los supuestos alienígenas podrían estar hibernando, que alguna misteriosa fuerza está impidiendo que las civilizaciones prosperen el tiempo suficiente, o que las distancias cósmicas son, sencillamente, demasiado vastas para cruzar nuestros caminos. Incluso hay quienes sugieren que están ahí, pero no quieren saber nada de nosotros y se ocultan deliberadamente a nuestra vista.Pero ahora, un equipo internacional de astrobiólogos acaba de poner sobre la mesa una hipótesis mucho más ‘terrenal’: es muy probable que nuestro propio instrumental, y nuestros prejuicios mentales, nos estén impidiendo ver las firmas biológicas que ya hemos recogido.Noticia relacionada general No No Astrónoma y química «Puede haber vida inteligente ahí fuera. Por qué no, si pasó en la Tierra» Judith de JorgeEn un revelador estudio recién publicado en ‘ Nature Astronomy ‘ los investigadores sostienen que estamos pasando por alto signos evidentes de vida. Pero estos indicios ignorados, conocidos en la jerga como ‘falsos negativos’, obligarán sin duda a cambiar drásticamente la forma en que se diseñen las futuras misiones espaciales.El miedo a un falso positivoEn pura lógica, si hay alguien «ahí fuera», debe de estar dejando algún rastro. ¿Pero entonces por qué no lo vemos? Según el nuevo estudio, durante décadas la astrobiología ha vivido bajo el miedo de los llamados ‘falsos positivos’, es decir, casos en los que la mera química inorgánica se ‘disfraza’ y parece imitar a la biología. El mundo científico aún recuerda el sonado anuncio de 1996, cuando investigadores de la NASA afirmaron a bombo y platillo que el meteorito marciano ALH84001, hallado en la Antártida, contenía lo que parecían ser microbios fosilizados. Aquel revuelo desató años de intensos debates, solo para que más tarde la comunidad científica concluyera que aquellas formas podían haberse originado por reacciones geológicas normales, sin vida de por medio.Durante décadas, la astrobiología ha vivido aterrada por los falsos positivos, casos en los que la simple química inorgánica se ‘disfraza’ de vida y parece imitar a la biologíaPara evitar repetir un patinazo semejante, la ciencia se ha vuelto ultra conservadora. Pero en su artículo de Nature Astronomy los investigadores advierten que el problema opuesto puede ser igual de grave: que la vida esté realmente ahí y permanezca invisible simplemente porque estamos buscando las señales equivocadas.«Deberíamos ser conscientes de estos resultados falsos negativos -advierte Inge Loes Ten Kate, de las universidades de Utrecht y Ámsterdam y autora principal del estudio -. Significa que existen deficiencias a la hora de reconocer la existencia de vida. Y esas deficiencias aún no ocupan un lugar destacado en la agenda de investigación».Buscando lo que ya conocemosLas razones detrás de estos falsos negativos son variadas. A veces se debe a la mala conservación de los rastros biológicos con el paso de los milenios, o a que la química atmosférica de un exoplaneta destruye u oculta los gases vitales antes de que podamos verlos con nuestros telescopios. Pero el mayor obstáculo de todos lo llevamos puesto: tendemos, de forma natural, a buscar únicamente la vida que ya conocemos.Es como en el popular chiste de un hombre con señales evidentes de haber bebido más de la cuenta, en plena noche y dando vueltas y vueltas alrededor de una farola. Cuando se le acerca un policía y le pregunta, el hombre afirma estar buscando sus llaves, que ha perdido. «¿Y se le han perdido justo debajo de esta farola?», le dice el Policía. «No -responde el hombre-, pero este es el único sitio donde hay luz». Lo mismo podría estar pasándonos a nosotros con la búsqueda de vida extraterrestre.«Si hay vida debajo de una roca y tú solo miras esa roca desde arriba, esa vida pasará desapercibida», advierten los investigadores«Por lo tanto -explica Ten Kate-, necesitamos comprender con mucha claridad qué tipo de vida es posible en un lugar determinado, cuáles son las condiciones para esa vida y cómo podemos reconocer sus rastros. E incluso entonces, podríamos pasar cosas por alto. Si hay vida debajo de una roca y tú solo miras esa roca desde arriba, esa vida pasará inadvertida».Un ejemplo inquietante de todo esto acaba de ocurrir en Marte. El año pasado, los rovers marcianos encontraron una serie de minerales ricos en hierro que muestran patrones de oxidación muy extraños , completamente distintos a los de otras rocas de su entorno. En la Tierra, ese tipo exacto de oxidación es el resultado inconfundible de la acción de seres vivientes. ¿Pero lo es también en Marte? No lo sabemos, porque la química inorgánica marciana podría engañarnos. «Estos minerales -subraya la investigadora- no significan que estemos ante resultados falsos negativos en este caso. Simplemente, todavía no entendemos qué está sucediendo aquí».El peligro de destruir lo que ignoramosFallar a la hora de detectar vida alienígena ya existente tendría, además, consecuencias desastrosas. Por un lado, las agencias podrían perder el interés o eliminar presupuestos de misiones destinadas a explorar entornos que, en realidad, rebosan potencial biológico. «Las misiones espaciales y los instrumentos -advierte Ten Kate- están diseñados para detectar posibles signos de vida, pero no se tiene en cuenta el riesgo de pasar algo por alto. La búsqueda de signos de vida debe ir de la mano de preguntas mejor definidas y de hipótesis comprobables».La inminente fiebre por la minería espacial podría desencadenar la destrucción industrial y silenciosa de microorganismos extraterrestres antes siquiera de que tengamos la oportunidad de descubrirlosCiertamente descorazonador, pero resulta que hay un peligro aún mayor. Si la vida microbiana en la Luna, o en asteroides, resulta invisible con nuestros anticuados métodos de criba, gobiernos y corporaciones privadas podrían lanzarse demasiado rápido a la minería espacial. Y el resultado sería la destrucción, a una escala industrial, de microorganismos alienígenas antes, siquiera, de haber tenido la oportunidad de descubrirlos.Los autores del estudio, por tanto, apuntan a que el remedio a nuestra más que probable ‘ceguera’ podría estar en la Inteligencia Artificial. Los sofisticados algoritmos de reconocimiento de patrones, de hecho, son capaces de procesar millones de variables y alertar de anomalías biológicas que cualquier humano pasaría por alto. Por eso, dicen los autores, antes de delegar en las máquinas, debemos ampliar nuestra mente. Si no nos preocupamos por estudiar meticulosamente los terrenos extraterrestres con un enfoque mucho más abierto, puede que nos quedemos, para siempre, completamente solos. O al menos, creyendo que lo estamos.  

¿Y si fuera culpa nuestra? ¿Y si siempre han estado ahí, pero no hemos sabido verlos? El Universo es tan increíblemente grande y antiguo que cuesta trabajo pensar que en él no haya un enorme número de planetas habitados. Sin embargo, y a pesar … de nuestros continuos esfuerzos y del avance de la tecnología, a fecha de hoy nadie ha encontrado aún absolutamente nada que revele la existencia de vida fuera de la Tierra.

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