“El ébola se extiende a una velocidad más rápida que nuestra capacidad para contenerlo”: el brote está fuera de control en Congo, según la OMS

Hubert Nendakala ya no habla del ébola como una amenaza lejana. En tres semanas, este arquitecto de 40 años ha perdido a una prima y a su marido, ambos agentes de la policía de fronteras de República Democrática del Congo, cuyas provincias del este sufren un brote de esta enfermedad que ya ha causado más de 5.100 contagios y 2.420 muertos desde que comenzó a circular a principios de año. “Tomárselo a la ligera puede diezmarnos”, advierte Nendakala a EL PAÍS.

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 Más de 5.000 personas han contraído la enfermedad y 2.378 han muerto en una epidemia que ya es la más mortífera de su historia y golpea a comunidades desplazadas por la guerra  

Hubert Nendakala ya no habla del ébola como una amenaza lejana. En tres semanas, este arquitecto de 40 años ha perdido a una prima y a su marido, ambos agentes de la policía de fronteras de República Democrática del Congo, cuyas provincias del este sufren un brote de esta enfermedad que ya ha causado más de 5.100 contagios y 2.420 muertos desde que comenzó a circular a principios de año. “Tomárselo a la ligera puede diezmarnos”, advierte Nendakala a EL PAÍS.

En las calles de Bunia, la capital de la provincia de Ituri y uno de los epicentros del brote, el miedo se ha apoderado de los residentes locales, como Nendakala. “Tengo mucho miedo y pido a mis conciudadanos que se protejan”, declara desde esta localidad.

El brote, causado por la variante Bundibugyo, es el decimoséptimo que se registra en este país africano, y acaba de convertirse en el más mortífero de su historia tras haber superado al de 2018, que causó 2.300 muertos en 30 meses. La Organización Mundial de la Salud lo vigila con temor, pues su virulencia también lo ha colocado como el de más rápido crecimiento hasta la fecha y como el segundo más mortífero después de la epidemia que asoló entre 2014 y 2016 Liberia, Sierra Leona y Guinea, donde se cobró más de 11.300 vidas.

El jefe de asuntos humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, alertó la semana pasada de que una persona está muriendo cada 30 minutos en la RDC como consecuencia de esta variante del ébola, para la que todavía no existe ninguna vacuna aprobada ni tratamiento autorizado. Las que existen no sirven, pues fueron diseñadas para combatir la cepa Zaire, responsable de la crisis de hace una década en África occidental.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), reveló este martes desde Ginebra que la situación sigue siendo de riesgo “muy alto” para la RDC, de riesgo “alto” para Uganda y los países que rodean a la RDC, y “bajo” para el resto de África. “Tenemos que ser francos: el brote está lejos de estar bajo control. Se nos ha adelantado claramente y nosotros seguimos intentando alcanzarlo. Lo que más me preocupa es dónde está muriendo la gente: en sus casas, dentro de sus comunidades, fuera de los centros sanitarios y fuera de las listas de contactos identificados”, reconoció.

Tenemos que ser francos: el brote está lejos de estar bajo control

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS

El actual brote ya ha afectado a seis de las 26 provincias de la RDC en el este y noreste: Haut-Uélé, Tshopo y Bas-Uélé, Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur. Más de 55 zonas sanitarias están afectadas por la enfermedad y más de 1.000 personas se han recuperado tras recibir tratamiento sintomático.

Uno de los desafíos de este brote es controlar la cadena de transmisión. Según el doctor Jean Kaseya, director de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC), entre el 60% y el 70% de las muertes relacionadas con esta fiebre hemorrágica se han producido dentro de las comunidades y no en los hospitales o centros de tratamiento.

No es imposible contenerlo: Uganda logró extinguir en julio su brote de Bundibugyo tras registrar apenas una veintena de casos, gracias al diagnóstico precoz y al rastreo intensivo de contactos, un contraste que los epidemiólogos utilizan para explicar el fracaso inicial de la respuesta en la RDC.

Hervé Amani, activista por la buena gobernanza y los derechos humanos en la RDC, señala que la respuesta al ébola en el país se caracteriza por una “letargia” sin precedentes y pide más seriedad por parte de las autoridades. “En lugar de decirnos que tenemos experiencia en responder a brotes de ébola, la cuestión fundamental es saber qué está haciendo el Estado para anticiparse a los desafíos que plantea este brote y adaptar la respuesta. Con el ébola, cada hora cuenta. Conocemos las consecuencias de una detección tardía y, desgraciadamente, estamos en una situación en la que el ébola se propaga más rápido que nuestra capacidad de contenerlo”, explica a este periódico.

Esa detección tardía se debe a que, aunque se sospecha que el brote comenzó a circular en enero o febrero de 2026, no fue declarado hasta mayo por los errores de diagnóstico de los médicos, que atribuyeron los síntomas que presentaban los pacientes a otras enfermedades como malaria, tifus o gripes estacionales, de sintomatología similar en las primeras fases, porque las pruebas de diagnóstico utilizadas inicialmente estaban diseñadas para detectar el virus Zaire y no identificaban el Bundibugyo.

Esther Makalili, residente en la localidad de Rwampara, en Ituri, también ha sentido el zarpazo del ébola muy cerca. Perdió a su tío a principios de agosto y ahora siente que nunca podrá acostumbrarse a ver su asiento vacío en casa. “La muerte de nuestros seres queridos deja vacíos en nuestras vidas que nunca podrán llenarse. Necesitamos que el Estado ponga en marcha las medidas necesarias para contener esta enfermedad”, ruega.

El ébola está teniendo además un enorme impacto económico en la población de la provincia de Ituri. Muchos padres dicen que las restricciones impuestas por las autoridades congoleñas los están poniendo en una situación difícil.

Es el caso de Upoki Uruturu, de 55 años y padre de 12 hijos. Se gana la vida pescando en el lago Alberto, en la localidad de Kasenyi, en la frontera entre la RDC y Uganda, y cuenta que cada vez le resulta más difícil afrontar el coste de la vida. Tiene dificultades para prepararse para la vuelta al colegio de sus hijos, que tendrá lugar dentro de 10 días. “Falta poco para que empiece el nuevo curso escolar y todavía no he comprado cuadernos ni otro material escolar para mis hijos“, lamenta.

Uruturu añade que las medidas de distanciamiento social recomendadas por las autoridades sanitarias congoleñas han provocado una reducción del número de pescadores en el lago Alberto, lo que está teniendo un impacto negativo en la cantidad de pescado capturado.

El profesor Pierre Akilimali, uno de los responsables de respuesta al ébola en la RDC, enumera otros factores además de la detección tardía que están contribuyendo a la propagación de la cepa Bundibugyo, como el hacinamiento provocado por la minería, la inseguridad por el conflicto armado y la resistencia comunitaria. El este de RDC lleva casi tres décadas inmerso en una violencia protagonizada por más de un centenar de grupos armados que ha provocado el desplazamiento forzoso de al menos 6,9 millones de personas, según el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (Acnur). Esa constante movilidad dificulta el rastreo de contactos, la vigilancia epidemiológica y el aislamiento temprano de los casos.

En un intento por controlar la enfermedad, la OMS ha anunciado un refuerzo de la vigilancia comunitaria, un aumento de la capacidad de tratamiento, más trabajo con las comunidades para generar confianza e implicarlas en la respuesta sanitaria, así como avances en los ensayos clínicos de tratamientos y de las dos vacunas experimentales que ya se encuentran en la fase de prueba en humanos. También ha puesto su atención en garantizar entierros seguros y dignos para evitar los contagios que pueden producirse durante la manipulación, lavado y otros rituales tradicionales de los cadáveres, que en estas comunidades siempre hacen los seres queridos del fallecido.

Thierno Baldé, responsable de la OMS para la enfermedad por el virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo, con base en Bunia, asegura que las labores se están enfocando en descentralizar la respuesta y acercarla a las comunidades. “La OMS y sus socios esperan ver los efectos de esta respuesta reforzada en los próximos meses, pero no pueden establecer un calendario preciso sobre cuándo el brote estará bajo control”, declaró durante una videollamada con la prensa celebrada este martes desde Ginebra.

Baldé aseguró que el brote podría revertirse en tres meses de contar con los recursos necesarios. Sin embargo, la OMS ha advertido de que solo ha recibido el 60% de los 115 millones de dólares necesarios para contener la epidemia. Este déficit se enmarca en un momento en que la ayuda internacional ha sufrido recortes draconianos tras el drástico tijeretazo de la financiación de EE UU, tradicionalmente uno de los mayores donantes del mundo, que ha reducido alrededor del 70% de los fondos destinados al sector sanitario en RDC, según la propia OMS.

No obstante, Baldé asegura que los esfuerzos por acabar con este virulento brote no van a cesar. “Tenemos previsto aumentar nuestra capacidad hasta 3.000 camas en los próximos meses, garantizando al mismo tiempo que los tres profesionales sanitarios y de enfermería necesarios para atender a cada paciente reciban la formación adecuada”, asevera.

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