
La imagen es potente y directa. La esperada fecha en la que los ciudadanos dejan de trabajar para Hacienda y por fin empiezan a hacerlo para sí mismos. Esa es la premisa sobre la que se construye el denominado como día de la liberación fiscal, un indicador que cada verano vuelve al debate público para poner fecha al supuesto momento en que los contribuyentes habrían saldado su factura tributaria anual y que este año cae el 20 de agosto. Pero más allá de la metáfora, la cuestión es si esa frontera existe realmente o si simplifica al máximo la relación entre los impuestos y los servicios públicos.
Un grupo de economistas liberales difunde la fecha para reflejar cuántos días de trabajo necesita un contribuyente para cumplir con Hacienda, pero otros académicos critican que la metáfora simplifica la realidad tributaria 
La imagen es potente y directa. La esperada fecha en la que los ciudadanos dejan de trabajar para Hacienda y por fin empiezan a hacerlo para sí mismos. Esa es la premisa sobre la que se construye el denominado como día de la liberación fiscal, un indicador que cada verano vuelve al debate público para poner fecha al supuesto momento en que los contribuyentes habrían saldado su factura tributaria anual y que este año cae el 20 de agosto. Pero más allá de la metáfora, la cuestión es si esa frontera existe realmente o si simplifica al máximo la relación entre los impuestos y los servicios públicos.
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