Alejandro G. Iñárritu: “A Tom Cruise le encantó esta película porque lo liberó de ese hombre guapo y fuerte que es él”

Digger es como un mango. Es una película ácida, pero a la vez dulzona, por fuera parece una cosa pero por dentro sorprende, necesita su tiempo de maduración. Como un mango, su sabor no se puede explicar. De hecho, es mejor no hacerlo, concuerda su director, Alejandro González Iñárritu: “La única forma de saber cómo sabe un mango es ponértelo en la boca. Y esta película hay que ponérsela en los ojos para poder entender, porque si te la explico, no la vas a entender”.

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 El director mexicano estrena ‘Digger’, una tragicomedia que ha tardado una década en sacar adelante, con el actor en la cumbre de su carrera: “Hizo un gran trabajo, muy difícil pero también muy gozoso”  

Digger es como un mango. Es una película ácida, pero a la vez dulzona, por fuera parece una cosa pero por dentro sorprende, necesita su tiempo de maduración. Como un mango, su sabor no se puede explicar. De hecho, es mejor no hacerlo, concuerda su director, Alejandro González Iñárritu: “La única forma de saber cómo sabe un mango es ponértelo en la boca. Y esta película hay que ponérsela en los ojos para poder entender, porque si te la explico, no la vas a entender”.

La película, protagonizada por Tom Cruise, se estrena este viernes en los cines tras una década en el paladar y la cabeza de Iñárritu (Ciudad de México, 63 años). La noche antes de esta conversación, el cineasta vio por fin terminada su obra, por primera vez con público, en Londres, con la presencia de los príncipes de Gales, Kate y Guillermo, con quienes el cineasta mantuvo un encuentro. “Creo que estaban digiriendo la experiencia”, cuenta por videollamada con EL PAÍS desde un hotel de la capital británica.

Antes de llegar a las salas, los pases para prensa han sido limitados, sin invitados y con peticiones específicas de contar lo menos posible. Igual que los príncipes de Gales, los espectadores que ya la han visto también tardan en reaccionar. Se necesita un tiempo para digerir la película, cargada como una matrioska. Pero hay un hilo conductor presente: el capitalismo. En grandes líneas, Digger es la historia de Digger Rockwell, un magnate del petróleo interpretado por Cruise, con una enorme cantidad de dinero y poder que demuestra ante otros hombres blancos, poderosos, entrados en años y bastante ineptos cuando sus decisiones empiezan a poner en peligro a la humanidad.

Sin embargo, él afirma que esa crítica voraz al mundo de hoy no tiene una “posición necesariamente ideológica”: “Para mí es una exploración, una observación con sentido del humor, sobre la naturaleza humana, el poder y la insaciable ambición que hace que el beneficio de una sola persona sea el problema de millones”. Para él, ese poder debería traer consigo “una responsabilidad, y muchas veces es irresponsabilidad”, alejada de la realidad.

Un reflejo de la realidad de hoy

Muchos verán en los protagnistas de la película reflejos de personas reales de hoy, pese a haber sido planeada hace años. “Esa pelea con la realidad es la que todos tenemos ahorita”, reconoce Iñárritu. “Y el arma para transformar o para cambiar la percepción de esa realidad es el lenguaje, la palabra, la narrativa”.

Según el cineasta, más que de la historia que cuenta, la película trata de cómo se cuenta la realidad: “Es acerca del storytelling, de las historias que nos contamos para justificar nuestras acciones. De cómo vamos a contarnos nuestra historia cuando pasen años”, opina. Y recurre a una cita para expresarlo: “Como decía Marx, la historia se cuenta dos veces: la primera como tragedia y luego como comedia”.

El autor de Amores perros, Babel y la oscarizada Birdman es experto en hilar historias metiendo unas dentro de otras. En Digger, hace malabares con eso: confrontar, jugar “con qué hay de cómico y qué hay de trágico en lo que está pasando en el mundo”. En el mundo de Digger y el real. “Estamos en un momento donde la ficción está tomando la realidad, porque se está escribiendo una parte que es más ficción que realidad, o sea, se está ignorando la realidad y se está manipulando. Y con la tecnología que existe ahora, esa realidad se puede esculpir muy rápidamente”, relata el director, que recuerda cómo “los grandes gobiernos, digamos, fascistas”, siempre tratan de controlar primero el lenguaje, la narrativa, la historia, “y con eso se controla a las masas”.

Por eso para él no se trata solo de una historia sobre si el capitalismo es malo o bueno. “La realidad es muy compleja, contradictoria, ambigua. Nadie la quisiera así. Cuando llega un populista la simplifica y dice: ‘La solución es esto’, y a la gente le encanta esa idea, porque sería muy bonito que la realidad fuera blanco y negro, pero no lo es”, afirma. “Hay cosas buenas y malas, pero tenemos que tomar decisiones y por eso la película nos involucra a todos de alguna manera. No hay buenos y malos, esa es la realidad”.

Suena intenso. Pero, al final, Digger es una comedia. A él le gustan las comedias, “pero con corazón”. No quiso hacer solo una sesuda reflexión “o una burla”, apostilla, sino también “una observación de la naturaleza humana con cierto candor y compasión, y al mismo tiempo algo que finalmente nos haga sentir”. Es también sobre el papel del arte y cómo contar historias “del punto de vista de los artistas, de cómo van a ellos a documentar la historia, que normalmente la cuentan los poderosos”.

Reconoce también que no le costó mantener un papel omnisciente, “sin tomar una posición fácil de bueno o malo”. “Creo que la pregunta es otra, y en la literatura existe mucho. Con Don Quijote de La Mancha, Cervantes prácticamente inventó la autoconsciencia de la autoría. Y la idea de preguntarse, dentro de la misma ficción, qué es la realidad”.

Cruise, entusiasmado

Aunque acompañado por Sandra Huller, Jesse Plemons y un deliciosamente histriónico John Goodman, el peso de la película recae sobre Tom Cruise. Es un personaje que provoca asco, risa, pena y odio al mismo tiempo. “Todo es mérito de Tom, una persona a la que no le puedes quitar los ojos de encima”, reconoce el director. La primera vez que se reunieron para el proyecto fue en 2019, cuando Iñárritu ya llevaba dos años escribiendo la historia junto a Sabina Berman. “Nos juntamos y le enseñé mi oficina, tenía 300 o 400 imágenes de storyboards del mundo de Digger. Le gustó mucho, y luego la película no se pudo hacer por muchas razones, de presupuesto, de agenda. Después la rescaté y la reescribí por completo”, recuerda.

Fue tras esa reescritura cuando volvió a Cruise, todavía interesado en ese proyecto que le había volado la cabeza tres años antes. Eso sí, el actor le hizo una curiosa petición: que le leyera en voz alta el guion. “Fue una cosa extraña, pero me gustó porque oí por primera vez en voz alta las palabras que solo existían en mi mente. Me ayudó a mí y a él, estaba [Cruise] como un niño escuchando un cuento”. Reconoce que desde ahí sus visiones creativas se unieron y nunca discutieron: “Fue mutua confianza desde el principio, siempre un terreno para explorar y crear juntos”.

El actor, de 64 años, tuvo que meterse en la piel de un anciano. Cuando el autor le explicó las largas sesiones de maquillaje que debía enfrentar, de hasta seis horas diarias, Cruise aceptó. “Se me quedó mirando a los ojos como diciendo: ¿estás bromeando? Pero la verdad es que le encantó, se rió”, relata, explicando que es un hombre sin miedos como intérprete, lo mismo para tirarse de un avión que para envejecerse. “Le encantó porque lo liberó de ese hombre guapo y fuerte que es él”.

El director que logró que DiCaprio consiguiera su ansiado Oscar gracias a El renacido hace una década sabe que esta es la gran oportunidad de Cruise. Pero ese no es su terreno, sino el del actor, en estos largos meses que quedan hasta la temporada de premios (los Globos de Oro son el 10 de enero; los Oscar, el 15 de marzo). Lo único que dice es que su protagonista está feliz. “Él declara que es el personaje que le costó 46 años”, los que lleva en la industria del cine, “que es el mejor papel que ha hecho en su vida. Está muy orgulloso de la película, muy contento, y me alegra, porque hizo un gran trabajo, muy difícil, muy retador, pero también muy gozoso”. Contar con él y con ese elenco también fue placentero para el director, que los compara con “los mejores músicos de jazz para una pieza a gran nivel”.

Con ellos ensayó largo y rendido para dar con el tono de la película. “Fue lo más difícil”, reconoce, dar con esa complejidad entre la comedia y la tragedia, “el espacio donde se encuentra la contradicción”. Pero llegando a él, afirma, cree que el público va a entrar en su narrativa, que “se va a divertir mucho y se va a conmover”.

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