El asombroso ‘superpoder’ geométrico que compartimos con los monos

Somos aún más parecidos de lo que creíamos. Ya sabíamos que chimpancés, gorilas y orangutanes se parecen extraordinariamente a nosotros, un eco de nuestro propio linaje evolutivo que la paleontología lleva décadas desentrañando. Pero el nuevo estudio recién aparecido en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ ha sido toda una sorpresa. Nadie, de hecho, esperaba que este puente cognitivo se extendiera, también, a otros primates no humanos, como los babuinos y los macacos. Sabíamos que son criaturas excepcionalmente inteligentes: utilizan herramientas, recuerdan rostros e incluso aprenden a comunicarse con lenguaje de signos. Pero creíamos que conceptos puros como la geometría o las matemáticas quedaban fuera de su alcance.Una vez más, nos equivocábamos. Porque investigadores de la Universidad Carnegie Mellon han aportado la primera evidencia empírica de que babuinos y macacos comprenden la geometría con la misma destreza intuitiva que los niños humanos.«Lo que nos sorprendió no fue solo que los monos pudieran realizar la tarea -confiesa Jessica Cantlon, neurocientífica cognitiva de la CMU y autora principal de la investigación-. Fue que los monos, los niños y los adultos parecían pensar en las relaciones geométricas fundamentalmente de la misma manera. Y eso sugiere que estas intuiciones forman parte de la arquitectura básica de la mente de todos los primates».Para ‘asomarse’ a la mente de estos animales, el equipo de Cantlon y del también investigador Jialin Li recurrió al ‘Primate Portal’, un pionero recinto interactivo enclavado en el zoo Seneca Park de Nueva York. Allí, frente a pantallas táctiles de alta resistencia integradas en su entorno natural, macacos Rhesus y babuinos oliva participan de manera voluntaria en curiosos videojuegos a cambio de pequeños premios de fruta. El desafío consistía en un juego de emparejamiento bidimensional, pero llevado al extremo de la abstracción pura.Investigadoras observan cómo una babuina oliva llamada Olivella interactúa con el Portal de Primates. Otra babuina que participa con frecuencia, llamada Kalamata, permanece cerca. Instituto Tecnológico de RochesterEl experimento obliga a repensar nuestra manera de enseñar ciencias puras: la educación debería construirse sobre estas antiquísimas intuiciones espaciales evolutivas y no partir desde cero«Puede parecer fácil -explica la doctora Cantlon-, pero en realidad es bastante difícil, porque no hay rasgos distintivos entre los objetos, no hay grandes diferencias de color, tamaño o forma».Imaginemos que a cualquiera de nosotros nos muestran en una pantalla decenas de polígonos irregulares. Pero no podemos agruparlos fijándonos en si son rojos o azules, o si unos son más grandes que otros. Solo podemos usar nuestra ‘visión’ espacial para ver qué líneas mantienen la misma proporción, como si tratáramos de emparejar las siluetas de dos sombras proyectadas desde distintos ángulos. Una proeza matemática instintiva. «Cualquiera también tropezaría», añade divertida la investigadora ante la dificultad de la prueba.Un mismo ‘software’ para distintas especiesPara dotar al estudio de un marco de comparación lo suficientemente amplio, los científicos no evaluaron sólo a los primates, sino que decidieron someter exactamente al mismo test geométrico a preescolares (de 3 a 6 años) de la Escuela Infantil de la Universidad Carnegie Mellon, además de a 21 adultos estadounidenses y a otros 79 adultos del pueblo indígena Tsimané, en Bolivia. Esta última es una sociedad de agricultores y recolectores que no recibe el tipo de educación escolar formal que impera en Occidente.«Eso nos permitió separar la edad y la experiencia cultural -añade Cantlon- Porque a veces, cuando intentas estudiar algo en los niños, puede ser difícil desentrañar si su habilidad es de desarrollo o algo aprendido de la educación o la experiencia».Un babuino oliva del zoológico de Seneca Park. Instituto Tecnológico de RochesterLos resultados no dejaron lugar a dudas: la geometría es universal en todos los primates. En todos los grupos evaluados (especies distintas, edades diversas y culturas radicalmente opuestas) la forma de resolver los puzles fue prácticamente idéntica. Existe, por tanto, una profunda y fascinante continuidad evolutiva en la forma en que los cerebros humanos y simios procesan la información geométrica básica.«La intuición geométrica -señala la investigadora- es algo que los humanos finalmente convertimos en matemáticas y ciencia. Así que si queremos entender cómo los niños aprenden geometría, necesitamos comprender qué traen a la mesa antes de que comience la instrucción formal. Este estudio sugiere que los niños comienzan con intuiciones profundas, evolutivamente antiguas, sobre la forma y el espacio. La educación puede construirse sobre esas intuiciones en lugar de tratar la geometría como algo que tiene que enseñarse desde cero».Kalamata, el babuino imparableEl alcance de este descubrimiento confirma el éxito del Primate Portal, un proyecto que ha traspasado las barreras del laboratorio. De hecho, y en colaboración con expertas como Caroline DeLong, del Instituto de Tecnología de Rochester (RIT), la iniciativa está sirviendo para que alumnos de primaria aprendan a programar con código pequeños videojuegos que luego prueban con los monos del zoo. La experiencia ha disparado un interés sin precedentes en las carreras científicas y de ingeniería (STEM) entre los estudiantes.Uno de los babuinos del estudio esperaba diariamente a que encendieran la pantalla táctil para pasarse hasta tres horas inmerso en la resolución de tareas geométricasY entre los exigentes usuarios de estas pantallas, algunos individuos animales brillan con luz propia. «Uno de los babuinos, llamado Kalamata, fue el mono más trabajador que he visto nunca -relata asombrado Jialin Li-. Se acercaba a la pantalla y esperaba a que yo encendiera el ordenador, y luego se quedaba allí sentado entre dos y tres horas haciendo sin más todo tipo de tareas matemáticas».«¿Cómo llegamos a pensar de la manera en que pensamos?» se pregunta Cantlon. Si retrocedemos en el tiempo, los registros arqueológicos nos devuelven el eco de piedras grabadas con líneas paralelas hace 70.000 años y colmillos de mamut repletos de precisas muescas geométricas. «Es una de las primeras cosas que los humanos quisieron dejar por escrito. Y ese tipo de intuiciones nos resultan automáticas, porque las hemos codificado muy profundamente- prosigue la investigadora-. Pero incluso pensar en una forma bidimensional y ser capaz de comprender las propiedades que comparte con otro objeto es un tipo de cognición realmente abstracta».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Resuelto el misterio del ‘monstruo galáctico’ que engañó a la ciencia durante 40 años noticia Si El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfilerGracias al nuevo estudio, hoy sabemos que esa ‘chispa’ genial de abstracción no nació con el primer ser humano . Llevaba latente en el intrincado cerebro de los primates millones de años, brillando en silencio, mucho antes de que aprendiéramos siquiera a trazar figuras geométricas en la arena. Somos aún más parecidos de lo que creíamos. Ya sabíamos que chimpancés, gorilas y orangutanes se parecen extraordinariamente a nosotros, un eco de nuestro propio linaje evolutivo que la paleontología lleva décadas desentrañando. Pero el nuevo estudio recién aparecido en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ ha sido toda una sorpresa. Nadie, de hecho, esperaba que este puente cognitivo se extendiera, también, a otros primates no humanos, como los babuinos y los macacos. Sabíamos que son criaturas excepcionalmente inteligentes: utilizan herramientas, recuerdan rostros e incluso aprenden a comunicarse con lenguaje de signos. Pero creíamos que conceptos puros como la geometría o las matemáticas quedaban fuera de su alcance.Una vez más, nos equivocábamos. Porque investigadores de la Universidad Carnegie Mellon han aportado la primera evidencia empírica de que babuinos y macacos comprenden la geometría con la misma destreza intuitiva que los niños humanos.«Lo que nos sorprendió no fue solo que los monos pudieran realizar la tarea -confiesa Jessica Cantlon, neurocientífica cognitiva de la CMU y autora principal de la investigación-. Fue que los monos, los niños y los adultos parecían pensar en las relaciones geométricas fundamentalmente de la misma manera. Y eso sugiere que estas intuiciones forman parte de la arquitectura básica de la mente de todos los primates».Para ‘asomarse’ a la mente de estos animales, el equipo de Cantlon y del también investigador Jialin Li recurrió al ‘Primate Portal’, un pionero recinto interactivo enclavado en el zoo Seneca Park de Nueva York. Allí, frente a pantallas táctiles de alta resistencia integradas en su entorno natural, macacos Rhesus y babuinos oliva participan de manera voluntaria en curiosos videojuegos a cambio de pequeños premios de fruta. El desafío consistía en un juego de emparejamiento bidimensional, pero llevado al extremo de la abstracción pura.Investigadoras observan cómo una babuina oliva llamada Olivella interactúa con el Portal de Primates. Otra babuina que participa con frecuencia, llamada Kalamata, permanece cerca. Instituto Tecnológico de RochesterEl experimento obliga a repensar nuestra manera de enseñar ciencias puras: la educación debería construirse sobre estas antiquísimas intuiciones espaciales evolutivas y no partir desde cero«Puede parecer fácil -explica la doctora Cantlon-, pero en realidad es bastante difícil, porque no hay rasgos distintivos entre los objetos, no hay grandes diferencias de color, tamaño o forma».Imaginemos que a cualquiera de nosotros nos muestran en una pantalla decenas de polígonos irregulares. Pero no podemos agruparlos fijándonos en si son rojos o azules, o si unos son más grandes que otros. Solo podemos usar nuestra ‘visión’ espacial para ver qué líneas mantienen la misma proporción, como si tratáramos de emparejar las siluetas de dos sombras proyectadas desde distintos ángulos. Una proeza matemática instintiva. «Cualquiera también tropezaría», añade divertida la investigadora ante la dificultad de la prueba.Un mismo ‘software’ para distintas especiesPara dotar al estudio de un marco de comparación lo suficientemente amplio, los científicos no evaluaron sólo a los primates, sino que decidieron someter exactamente al mismo test geométrico a preescolares (de 3 a 6 años) de la Escuela Infantil de la Universidad Carnegie Mellon, además de a 21 adultos estadounidenses y a otros 79 adultos del pueblo indígena Tsimané, en Bolivia. Esta última es una sociedad de agricultores y recolectores que no recibe el tipo de educación escolar formal que impera en Occidente.«Eso nos permitió separar la edad y la experiencia cultural -añade Cantlon- Porque a veces, cuando intentas estudiar algo en los niños, puede ser difícil desentrañar si su habilidad es de desarrollo o algo aprendido de la educación o la experiencia».Un babuino oliva del zoológico de Seneca Park. Instituto Tecnológico de RochesterLos resultados no dejaron lugar a dudas: la geometría es universal en todos los primates. En todos los grupos evaluados (especies distintas, edades diversas y culturas radicalmente opuestas) la forma de resolver los puzles fue prácticamente idéntica. Existe, por tanto, una profunda y fascinante continuidad evolutiva en la forma en que los cerebros humanos y simios procesan la información geométrica básica.«La intuición geométrica -señala la investigadora- es algo que los humanos finalmente convertimos en matemáticas y ciencia. Así que si queremos entender cómo los niños aprenden geometría, necesitamos comprender qué traen a la mesa antes de que comience la instrucción formal. Este estudio sugiere que los niños comienzan con intuiciones profundas, evolutivamente antiguas, sobre la forma y el espacio. La educación puede construirse sobre esas intuiciones en lugar de tratar la geometría como algo que tiene que enseñarse desde cero».Kalamata, el babuino imparableEl alcance de este descubrimiento confirma el éxito del Primate Portal, un proyecto que ha traspasado las barreras del laboratorio. De hecho, y en colaboración con expertas como Caroline DeLong, del Instituto de Tecnología de Rochester (RIT), la iniciativa está sirviendo para que alumnos de primaria aprendan a programar con código pequeños videojuegos que luego prueban con los monos del zoo. La experiencia ha disparado un interés sin precedentes en las carreras científicas y de ingeniería (STEM) entre los estudiantes.Uno de los babuinos del estudio esperaba diariamente a que encendieran la pantalla táctil para pasarse hasta tres horas inmerso en la resolución de tareas geométricasY entre los exigentes usuarios de estas pantallas, algunos individuos animales brillan con luz propia. «Uno de los babuinos, llamado Kalamata, fue el mono más trabajador que he visto nunca -relata asombrado Jialin Li-. Se acercaba a la pantalla y esperaba a que yo encendiera el ordenador, y luego se quedaba allí sentado entre dos y tres horas haciendo sin más todo tipo de tareas matemáticas».«¿Cómo llegamos a pensar de la manera en que pensamos?» se pregunta Cantlon. Si retrocedemos en el tiempo, los registros arqueológicos nos devuelven el eco de piedras grabadas con líneas paralelas hace 70.000 años y colmillos de mamut repletos de precisas muescas geométricas. «Es una de las primeras cosas que los humanos quisieron dejar por escrito. Y ese tipo de intuiciones nos resultan automáticas, porque las hemos codificado muy profundamente- prosigue la investigadora-. Pero incluso pensar en una forma bidimensional y ser capaz de comprender las propiedades que comparte con otro objeto es un tipo de cognición realmente abstracta».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Resuelto el misterio del ‘monstruo galáctico’ que engañó a la ciencia durante 40 años noticia Si El pinchazo que sostuvo a la civilización: la historia accidental del alfilerGracias al nuevo estudio, hoy sabemos que esa ‘chispa’ genial de abstracción no nació con el primer ser humano . Llevaba latente en el intrincado cerebro de los primates millones de años, brillando en silencio, mucho antes de que aprendiéramos siquiera a trazar figuras geométricas en la arena.  

Somos aún más parecidos de lo que creíamos. Ya sabíamos que chimpancés, gorilas y orangutanes se parecen extraordinariamente a nosotros, un eco de nuestro propio linaje evolutivo que la paleontología lleva décadas desentrañando. Pero el nuevo estudio recién aparecido en ‘Proceedings of the National Academy … of Sciences’ ha sido toda una sorpresa. Nadie, de hecho, esperaba que este puente cognitivo se extendiera, también, a otros primates no humanos, como los babuinos y los macacos. Sabíamos que son criaturas excepcionalmente inteligentes: utilizan herramientas, recuerdan rostros e incluso aprenden a comunicarse con lenguaje de signos. Pero creíamos que conceptos puros como la geometría o las matemáticas quedaban fuera de su alcance.

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