Gianni Infantino parecía incómodo este lunes en el estadio de Seattle, donde se jugaba el polémico Estados Unidos-Bélgica, en los octavos de final del Mundial. Todas las miradas estaban puestas en su palco y en el césped, donde salió a jugar Folarin Balogun con la camiseta EE.UU. Para fortuna del presidente de la FIFA, el delantero estrella de Mauricio Pochettino no fue decisivo: fue el que más lo intentó de los suyos, pero ni marcó goles ni evitó la goleada de Bélgica, un equipo en horas bajas que, con todo, fue muy superior a EE.UU.Quizá Infantino respiró hondo al final. Porque Balogun no debería haber jugado. Había recibido una tarjeta roja directa en dieciseisavos contra Bosnia-Herzegovina, debería estar en la grada un partido. Pero se produjo el gran escándalo de este Mundial, al que no le faltan las turbulencias: el mismo presidente de EE.UU., Donald Trump, llamó a Infantino. Por arte de magia y para sorpresa de todos, el Comité Disciplinario de la FIFA dejó en suspenso la sanción a Balogun.La derrota de EE.UU. evitó un problema mucho mayor para Infantino y para la FIFA. ¿Qué habría pasado si Balogun mete el gol de la victoria? Pero la debacle futbolística de EE.UU. no evita que el Mundial e Infantino queden manchados.Noticia relacionada visual No No Crónica visual La sufrida victoria ante Portugal, en datos Carlos Muñoz y Emma EsserLas presiones desde la Casa Blanca no las niega nadie. El presidente de EE.UU., al que el fútbol le importa solo como arma política, confirmó sin ambages que había llamado a Infantino para exigir que se revisara la tarjeta roja. Sus aliados republicanos dieron por hecho que el indulto fue gracias a él. «En nombre de los estadounidenses, gracias por quitar esa tarjeta roja ridícula», le dijo el senador Ted Cruz. El ‘capo’ de la FIFA solo pudo reconocer la llamada, pero dijo que para él es algo habitual hablar con jefes de Estado y que la decisión la tomó un organismo independiente.El problema para Infantino es que todo esto no ocurre en el vacío. El presidente de la FIFA ha protagonizado una campaña de adulación estomagante hacia Trump, rematada con la creación y concesión del bochornoso ‘Premio de la Paz’ de la FIFA . Ocurrió en el mismo momento en el que el presidente de EE.UU. se quejaba con amargura de no haber recibido el Nobel de la Paz. Con esos antecedentes, es normal que el mundo del fútbol dude de que la decisión de la FIFA no tuviera que ver con las presiones de Trump.Pochettino se felicitó en la previa del partido de tener a Balogun en el once. También lo hicieron las decenas de miles de hinchas estadounidenses que llenaron el estadio de Seattle y los millones más que se han arrimado al fútbol durante el Mundial y tampoco tienen una comprensión sofisticada del escándalo.Pero los futbolistas sí sabían que no es una decisión normal. Lo negaron hasta la saciedad, pero defendieron tanto antes del partido como tras la derrota que el ‘affaire’ Trump-Infantino sobre Balogun no tuvo impacto en su desempeño.La realidad es que la presión creada alrededor del partido sí pudo perjudicarles. El mundo del fútbol se lanzó contra la decisión de la FIFA, que bajo Infantino no ha escapado a las polémicas: desde las muertes en la construcción de los estadios en Qatar, a las restricciones para viajar a EE.UU. a hinchas de varias selecciones o los precios disparados del Mundial.’El fútbol une al mundo’ es la frase que más le gusta decir a Infantino. Y el escándalo que protagonizó con Trump ha unido al fútbol contra la decisión de Balogun. Han protestado la UEFA, multitud de federaciones -empezando por la belga, claro-, ligas profesionales -como las críticas de Javier Tebas – y grupos de aficionados de todo el mundo.Bajo esa sombra, el fútbol que desplegaron los estadounidenses frente a Bélgica fue desastroso. Tras un inicio de Mundial ilusionante, salieron como flanes, se enredaron en errores garrafales, regalaron goles… EE.UU. desperdició una oportunidad única para desatar la ilusión con un partido de cuartos y hacer crecer de verdad al fútbol en el país.Todo eso a Trump, al que no se le conoce gran afición al fútbol más allá de los pinitos de su hijo menor, le importa muy poco. El presidente de EE.UU. llevó al Mundial su lema de ‘America First’ (‘EE.UU. primero’). Impuso su ley, Infantino se lo concedió. El Mundial queda manchado y EE.UU., una vez más, en la calle casi a las primeras de cambio. Gianni Infantino parecía incómodo este lunes en el estadio de Seattle, donde se jugaba el polémico Estados Unidos-Bélgica, en los octavos de final del Mundial. Todas las miradas estaban puestas en su palco y en el césped, donde salió a jugar Folarin Balogun con la camiseta EE.UU. Para fortuna del presidente de la FIFA, el delantero estrella de Mauricio Pochettino no fue decisivo: fue el que más lo intentó de los suyos, pero ni marcó goles ni evitó la goleada de Bélgica, un equipo en horas bajas que, con todo, fue muy superior a EE.UU.Quizá Infantino respiró hondo al final. Porque Balogun no debería haber jugado. Había recibido una tarjeta roja directa en dieciseisavos contra Bosnia-Herzegovina, debería estar en la grada un partido. Pero se produjo el gran escándalo de este Mundial, al que no le faltan las turbulencias: el mismo presidente de EE.UU., Donald Trump, llamó a Infantino. Por arte de magia y para sorpresa de todos, el Comité Disciplinario de la FIFA dejó en suspenso la sanción a Balogun.La derrota de EE.UU. evitó un problema mucho mayor para Infantino y para la FIFA. ¿Qué habría pasado si Balogun mete el gol de la victoria? Pero la debacle futbolística de EE.UU. no evita que el Mundial e Infantino queden manchados.Noticia relacionada visual No No Crónica visual La sufrida victoria ante Portugal, en datos Carlos Muñoz y Emma EsserLas presiones desde la Casa Blanca no las niega nadie. El presidente de EE.UU., al que el fútbol le importa solo como arma política, confirmó sin ambages que había llamado a Infantino para exigir que se revisara la tarjeta roja. Sus aliados republicanos dieron por hecho que el indulto fue gracias a él. «En nombre de los estadounidenses, gracias por quitar esa tarjeta roja ridícula», le dijo el senador Ted Cruz. El ‘capo’ de la FIFA solo pudo reconocer la llamada, pero dijo que para él es algo habitual hablar con jefes de Estado y que la decisión la tomó un organismo independiente.El problema para Infantino es que todo esto no ocurre en el vacío. El presidente de la FIFA ha protagonizado una campaña de adulación estomagante hacia Trump, rematada con la creación y concesión del bochornoso ‘Premio de la Paz’ de la FIFA . Ocurrió en el mismo momento en el que el presidente de EE.UU. se quejaba con amargura de no haber recibido el Nobel de la Paz. Con esos antecedentes, es normal que el mundo del fútbol dude de que la decisión de la FIFA no tuviera que ver con las presiones de Trump.Pochettino se felicitó en la previa del partido de tener a Balogun en el once. También lo hicieron las decenas de miles de hinchas estadounidenses que llenaron el estadio de Seattle y los millones más que se han arrimado al fútbol durante el Mundial y tampoco tienen una comprensión sofisticada del escándalo.Pero los futbolistas sí sabían que no es una decisión normal. Lo negaron hasta la saciedad, pero defendieron tanto antes del partido como tras la derrota que el ‘affaire’ Trump-Infantino sobre Balogun no tuvo impacto en su desempeño.La realidad es que la presión creada alrededor del partido sí pudo perjudicarles. El mundo del fútbol se lanzó contra la decisión de la FIFA, que bajo Infantino no ha escapado a las polémicas: desde las muertes en la construcción de los estadios en Qatar, a las restricciones para viajar a EE.UU. a hinchas de varias selecciones o los precios disparados del Mundial.’El fútbol une al mundo’ es la frase que más le gusta decir a Infantino. Y el escándalo que protagonizó con Trump ha unido al fútbol contra la decisión de Balogun. Han protestado la UEFA, multitud de federaciones -empezando por la belga, claro-, ligas profesionales -como las críticas de Javier Tebas – y grupos de aficionados de todo el mundo.Bajo esa sombra, el fútbol que desplegaron los estadounidenses frente a Bélgica fue desastroso. Tras un inicio de Mundial ilusionante, salieron como flanes, se enredaron en errores garrafales, regalaron goles… EE.UU. desperdició una oportunidad única para desatar la ilusión con un partido de cuartos y hacer crecer de verdad al fútbol en el país.Todo eso a Trump, al que no se le conoce gran afición al fútbol más allá de los pinitos de su hijo menor, le importa muy poco. El presidente de EE.UU. llevó al Mundial su lema de ‘America First’ (‘EE.UU. primero’). Impuso su ley, Infantino se lo concedió. El Mundial queda manchado y EE.UU., una vez más, en la calle casi a las primeras de cambio.
Gianni Infantino parecía incómodo este lunes en el estadio de Seattle, donde se jugaba el polémico Estados Unidos-Bélgica, en los octavos de final del Mundial. Todas las miradas estaban puestas en su palco y en el césped, donde salió a jugar Folarin Balogun con … la camiseta EE.UU. Para fortuna del presidente de la FIFA, el delantero estrella de Mauricio Pochettino no fue decisivo: fue el que más lo intentó de los suyos, pero ni marcó goles ni evitó la goleada de Bélgica, un equipo en horas bajas que, con todo, fue muy superior a EE.UU.
Quizá Infantino respiró hondo al final. Porque Balogun no debería haber jugado. Había recibido una tarjeta roja directa en dieciseisavos contra Bosnia-Herzegovina, debería estar en la grada un partido. Pero se produjo el gran escándalo de este Mundial, al que no le faltan las turbulencias: el mismo presidente de EE.UU., Donald Trump, llamó a Infantino. Por arte de magia y para sorpresa de todos, el Comité Disciplinario de la FIFA dejó en suspenso la sanción a Balogun.
La derrota de EE.UU. evitó un problema mucho mayor para Infantino y para la FIFA. ¿Qué habría pasado si Balogun mete el gol de la victoria? Pero la debacle futbolística de EE.UU. no evita que el Mundial e Infantino queden manchados.
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Las presiones desde la Casa Blanca no las niega nadie. El presidente de EE.UU., al que el fútbol le importa solo como arma política, confirmó sin ambages que había llamado a Infantino para exigir que se revisara la tarjeta roja. Sus aliados republicanos dieron por hecho que el indulto fue gracias a él. «En nombre de los estadounidenses, gracias por quitar esa tarjeta roja ridícula», le dijo el senador Ted Cruz. El ‘capo’ de la FIFA solo pudo reconocer la llamada, pero dijo que para él es algo habitual hablar con jefes de Estado y que la decisión la tomó un organismo independiente.
El problema para Infantino es que todo esto no ocurre en el vacío. El presidente de la FIFA ha protagonizado una campaña de adulación estomagante hacia Trump, rematada con la creación y concesión del bochornoso ‘Premio de la Paz’ de la FIFA. Ocurrió en el mismo momento en el que el presidente de EE.UU. se quejaba con amargura de no haber recibido el Nobel de la Paz. Con esos antecedentes, es normal que el mundo del fútbol dude de que la decisión de la FIFA no tuviera que ver con las presiones de Trump.
Pochettino se felicitó en la previa del partido de tener a Balogun en el once. También lo hicieron las decenas de miles de hinchas estadounidenses que llenaron el estadio de Seattle y los millones más que se han arrimado al fútbol durante el Mundial y tampoco tienen una comprensión sofisticada del escándalo.
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Pero los futbolistas sí sabían que no es una decisión normal. Lo negaron hasta la saciedad, pero defendieron tanto antes del partido como tras la derrota que el ‘affaire’ Trump-Infantino sobre Balogun no tuvo impacto en su desempeño.
La realidad es que la presión creada alrededor del partido sí pudo perjudicarles. El mundo del fútbol se lanzó contra la decisión de la FIFA, que bajo Infantino no ha escapado a las polémicas: desde las muertes en la construcción de los estadios en Qatar, a las restricciones para viajar a EE.UU. a hinchas de varias selecciones o los precios disparados del Mundial.
‘El fútbol une al mundo’ es la frase que más le gusta decir a Infantino. Y el escándalo que protagonizó con Trump ha unido al fútbol contra la decisión de Balogun. Han protestado la UEFA, multitud de federaciones -empezando por la belga, claro-, ligas profesionales -como las críticas de Javier Tebas– y grupos de aficionados de todo el mundo.
Bajo esa sombra, el fútbol que desplegaron los estadounidenses frente a Bélgica fue desastroso. Tras un inicio de Mundial ilusionante, salieron como flanes, se enredaron en errores garrafales, regalaron goles… EE.UU. desperdició una oportunidad única para desatar la ilusión con un partido de cuartos y hacer crecer de verdad al fútbol en el país.
Todo eso a Trump, al que no se le conoce gran afición al fútbol más allá de los pinitos de su hijo menor, le importa muy poco. El presidente de EE.UU. llevó al Mundial su lema de ‘America First’ (‘EE.UU. primero’). Impuso su ley, Infantino se lo concedió. El Mundial queda manchado y EE.UU., una vez más, en la calle casi a las primeras de cambio.
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