Para atacar al entrenador del Madrid, que patinó con Carvajal, mi tocayo Castaño apeló el otro día por aquí a Del Bosque como eterna fuente de la sabiduría en lo que al tacto con los jugadores se refiere, poniendo como ejemplo de su ‘magister dixit’, y perdón por el latinajo, lo sucedido en 2013, cuando Mourinho sentó (prefiero sentó a cargó, más que nada porque nunca llegó a peligrar la vida de Iker y sólo estuvo amenazada en realidad su titularidad) en el banquillo a Casillas: «¿Debemos tratar igual al jugador de la cantera que acaba de aparecer que al que lleva 15 años en un club?», aseveró el marqués. El aparecido entonces fue Diego López.Más allá de que Arbeloa podría darnos, si él quisiera, una lección magistral acerca del elogiado trato equitativo de este ‘primus inter pares’ (perdón de nuevo) salmantino con sus internacionales, a Juanma se le olvidó mencionar el nimio detalle de que tres años después, en la Eurocopa de 2016, Del Bosque dejó también en el banquillo a Casillas para poner a De Gea, otro surgido de la nada. Aquello provocó un inesperado divorcio entre padrino y ahijado futbolísticos del mismo modo que en 2013 generó una tensión autodestructiva entre Mou e Iker. La vida.Noticia relacionada opinion No No ¿Viudas de Arbeloa? Juanma RodríguezPero para ensalzar a Carvajal, que es un indiscutido emblema del madridismo, quizás no sea necesario humillar a Arbeloa, ¿no? Dani es ‘Mister Champions’, sí, un mito, pero Álvaro no es un estibador portuario de la isla noruega de Bremangerlandet tal y como tratan ahora de hacernos ver. Arbeloa, que pudo ser más elegante con Dani, ganó un Mundial y dos Eurocopas con España y una Liga, dos Copas, dos Champions y otro Mundial con el Madrid . Es fácilmente deducible que algo debe estar pasando en esa relación, y bien que lo siento. Tan sencillo de colegir es eso como que, después de tantos años, hay quienes todavía siguen obsesionados con Florentino y aún no han hecho la digestión de Mourinho. Ya lo dijo Jack London, ese gran madridista: «Recordar incesantemente conduce a la locura». Para atacar al entrenador del Madrid, que patinó con Carvajal, mi tocayo Castaño apeló el otro día por aquí a Del Bosque como eterna fuente de la sabiduría en lo que al tacto con los jugadores se refiere, poniendo como ejemplo de su ‘magister dixit’, y perdón por el latinajo, lo sucedido en 2013, cuando Mourinho sentó (prefiero sentó a cargó, más que nada porque nunca llegó a peligrar la vida de Iker y sólo estuvo amenazada en realidad su titularidad) en el banquillo a Casillas: «¿Debemos tratar igual al jugador de la cantera que acaba de aparecer que al que lleva 15 años en un club?», aseveró el marqués. El aparecido entonces fue Diego López.Más allá de que Arbeloa podría darnos, si él quisiera, una lección magistral acerca del elogiado trato equitativo de este ‘primus inter pares’ (perdón de nuevo) salmantino con sus internacionales, a Juanma se le olvidó mencionar el nimio detalle de que tres años después, en la Eurocopa de 2016, Del Bosque dejó también en el banquillo a Casillas para poner a De Gea, otro surgido de la nada. Aquello provocó un inesperado divorcio entre padrino y ahijado futbolísticos del mismo modo que en 2013 generó una tensión autodestructiva entre Mou e Iker. La vida.Noticia relacionada opinion No No ¿Viudas de Arbeloa? Juanma RodríguezPero para ensalzar a Carvajal, que es un indiscutido emblema del madridismo, quizás no sea necesario humillar a Arbeloa, ¿no? Dani es ‘Mister Champions’, sí, un mito, pero Álvaro no es un estibador portuario de la isla noruega de Bremangerlandet tal y como tratan ahora de hacernos ver. Arbeloa, que pudo ser más elegante con Dani, ganó un Mundial y dos Eurocopas con España y una Liga, dos Copas, dos Champions y otro Mundial con el Madrid . Es fácilmente deducible que algo debe estar pasando en esa relación, y bien que lo siento. Tan sencillo de colegir es eso como que, después de tantos años, hay quienes todavía siguen obsesionados con Florentino y aún no han hecho la digestión de Mourinho. Ya lo dijo Jack London, ese gran madridista: «Recordar incesantemente conduce a la locura».
Para atacar al entrenador del Madrid, que patinó con Carvajal, mi tocayo Castaño apeló el otro día por aquí a Del Bosque como eterna fuente de la sabiduría en lo que al tacto con los jugadores se refiere, poniendo como ejemplo de su ‘magister … dixit’, y perdón por el latinajo, lo sucedido en 2013, cuando Mourinho sentó (prefiero sentó a cargó, más que nada porque nunca llegó a peligrar la vida de Iker y sólo estuvo amenazada en realidad su titularidad) en el banquillo a Casillas: «¿Debemos tratar igual al jugador de la cantera que acaba de aparecer que al que lleva 15 años en un club?», aseveró el marqués. El aparecido entonces fue Diego López.
Más allá de que Arbeloa podría darnos, si él quisiera, una lección magistral acerca del elogiado trato equitativo de este ‘primus inter pares’ (perdón de nuevo) salmantino con sus internacionales, a Juanma se le olvidó mencionar el nimio detalle de que tres años después, en la Eurocopa de 2016, Del Bosque dejó también en el banquillo a Casillas para poner a De Gea, otro surgido de la nada. Aquello provocó un inesperado divorcio entre padrino y ahijado futbolísticos del mismo modo que en 2013 generó una tensión autodestructiva entre Mou e Iker. La vida.
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Juanma Rodríguez
Pero para ensalzar a Carvajal, que es un indiscutido emblema del madridismo, quizás no sea necesario humillar a Arbeloa, ¿no? Dani es ‘Mister Champions’, sí, un mito, pero Álvaro no es un estibador portuario de la isla noruega de Bremangerlandet tal y como tratan ahora de hacernos ver. Arbeloa, que pudo ser más elegante con Dani, ganó un Mundial y dos Eurocopas con España y una Liga, dos Copas, dos Champions y otro Mundial con el Madrid. Es fácilmente deducible que algo debe estar pasando en esa relación, y bien que lo siento. Tan sencillo de colegir es eso como que, después de tantos años, hay quienes todavía siguen obsesionados con Florentino y aún no han hecho la digestión de Mourinho. Ya lo dijo Jack London, ese gran madridista: «Recordar incesantemente conduce a la locura».
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