Encontrar vida en Encélado puede ser mucho más fácil de lo que se creía

La luna helada de Saturno separa y concentra por sí sola los componentes de su océano subterráneo y los lanza al espacio, donde podemos encontrarlos fácilmente. Mientras, nuevos experimentos muestran que ciertos microorganismos terrestres podrían sobrevivir en unas condiciones muy parecidas a las de sus aguasMarte, Europa, Encélado, Titán, Ganímedes, Calisto, Tritón, Plutón… Son algunos de los lugares del Sistema Solar en los que los científicos buscan, o al menos sospechan, que la vida pudo tener alguna oportunidad. Hasta ahora, sin embargo, la ‘parte del león’ de los esfuerzos científicos (y presupuestarios) se la ha llevado Marte, donde la humanidad ha enviado ya más de cincuenta misiones desde la pasada década de los sesenta. Pero hay un lugar mucho más lejano que Marte donde las posibilidades de vida, hallazgo tras hallazgo, no dejan de aumentar. Se trata de Encélado, la pequeña luna helada de Saturno, de apenas 500 kilómetros de diámetro y cubierta por una corteza de hielo. Desde que la misión Cassini empezó a estudiarla de cerca, en 2004, se ha convertido en uno de los candidatos más interesantes de todo el Sistema Solar para encontrar vida.Ahora, dos nuevos estudios liderados por investigadores de la Universidad Libre de Berlín (Freie Universität) y la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich, recién publicados en ‘ Science Advances ‘, acaban de dar un nuevo ‘empujón’ a esta pequeña luna helada. Y es que, al parecer, encontrar vida allí podría ser mucho más fácil de lo que la comunidad científica pensaba.El primero de los trabajos revela que las propias condiciones de Encélado pueden estar haciendo algo extraordinariamente útil para los futuros buscadores de vida: separar y ‘empaquetar’ los materiales procedentes de su océano. El segundo, demuestra en laboratorio que algunos microorganismos terrestres pueden crecer y producir metano bajo unas condiciones químicas muy similares a las de ese océano extraterrestre.O dicho de otro modo: Encélado no solo parece tener agua, energía y los ingredientes químicos necesarios. Puede que, además, esté guardando las posibles huellas de vida en pequeños ‘paquetes’ mucho más fáciles de detectar para nosotros.Un océano bajo el hieloEncélado parece, a primera vista, el último sitio donde se esperaría encontrar algo vivo. Su superficie está a unos 200 grados bajo cero y recibe apenas una fracción de la luz solar que llega a la Tierra. Sin embargo, bajo esa corteza congelada existe un océano global de agua salada . Una enorme masa de agua líquida que, además, está en contacto directo con un núcleo rocoso.La misión Cassini de la NASA fue la que empezó a revelar el secreto. En 2005 descubrió gigantescos chorros de vapor de agua y partículas de hielo brotando de cuatro grandes fracturas cercanas al polo sur, las famosas ‘rayas de tigre’. Por esas grietas ascienden vapor, gotas de agua y partículas de hielo a velocidades que pueden alcanzar unos 1.000 kilómetros por hora. Posteriormente, otras mediciones de la gravedad y del ligero bamboleo de la luna demostraron que el agua no forma simplemente un pequeño lago bajo el polo, sino un océano global.Bajo una gruesa corteza de hielo, Encélado esconde un profundo océano global en contacto con un núcleo rocoso, el mismo entorno dinámico donde muchos creen que surgió la vida en la TierraCassini atravesó repetidamente esos géiseres y pudo analizarlos directamente. El océano de Encélado es, de hecho, la única masa de agua extraterrestre de la que los científicos han podido analizar muestras directas. Y lo que encontraron allí fueron sales, compuestos orgánicos complejos e indicios claros de respiraderos hidrotermales en el fondo de ese mar alienígena. Exactamente el mismo entorno dinámico donde muchos creen que surgió la vida en la Tierra.Es como si alguien hubiese colocado una pajita desde un océano extraterrestre hasta el espacio y nos hubiese dejado beber de ella.Una lista cada vez más largaA partir de aquí, los descubrimientos se fueron acumulando. En 2017, por ejemplo, Cassini encontró hidrógeno molecular en las emisiones. En la Tierra, ese hidrógeno puede alimentar a microorganismos que viven alrededor de fuentes hidrotermales. También aparecieron dióxido de carbono, metano, amoníaco y otros compuestos esperanzadores.En 2018 se identificaron moléculas orgánicas complejas, algunas formadas por cientos de átomos. En 2023 se encontró una fuente de fósforo, indispensable para la vida, y en concentraciones al menos cien veces superiores a las de los océanos terrestres.Fósforo, hidrógeno, compuestos orgánicos y posibles fuentes hidrotermales han convertido a esta diminuta luna en uno de los grandes objetivos de la astrobiologíaY ya en 2025, un nuevo análisis de partículas recogidas por Cassini a solo 21 kilómetros de la superficie detectó una diversidad de compuestos orgánicos nunca observada hasta entonces en material recién expulsado desde el océano interior de la luna de Sturno.Agua líquida. Carbono. Nitrógeno. Fósforo. Compuestos orgánicos. Una fuente de energía química. Y posibles procesos hidrotermales en contacto con un fondo rocoso.No es una prueba de vida. Pero sí una colección cada vez más completa de las condiciones que, en la Tierra, permiten que la vida exista.Encélado fabrica sus propias ‘muestras’Aquí es donde entra en juego la primera de las nuevas investigaciones, dirigida por el profesor Frank Postberg, que junto a su equipo reconstruyó lo que le ocurre exactamente al agua de ese mar oculto en su violento viaje hacia el espacio.En la superficie oceánica subterránea se forman burbujas de gas que, al estallar, crean minúsculas gotas. El vapor arrastra entonces estas gotas a través de las grietas del hielo hacia el exterior. Hasta ahora, la ciencia creía que estas gotas se congelaban de forma instantánea al exponerse al vacío. Sin embargo, los nuevos hallazgos demuestran que el proceso de congelación es, en realidad, sorprendentemente lento. Y eso lo cambia todo.Al congelarse lentamente en su ascenso, las sales y las moléculas orgánicas se separan y se concentran, lo que facilita enormemente el análisis químico posterior por parte de las sondasDe hecho, a medida que una gota se va congelando, sus componentes no quedan distribuidos de un modo uniforme. Al contrario, las sales y las moléculas orgánicas se separan. El cloruro sódico, por ejemplo, puede terminar en lugares distintos que los carbonatos. Después, las gotas congeladas chocan contra las paredes de las estrechas grietas, se rompen en fragmentos microscópicos y salen despedidas al espacio.El resultado es una infinidad de minúsculos granos de hielo que contienen, de forma individual, sustancias altamente concentradas y separadas químicamente. Una especie de ‘laboratorio’ natural preparado por el propio Enceládo.«En realidad -explica Postberg- Encélado hace gran parte del trabajo por nosotros». La luna, de hecho, ‘prepara’ por sí misma las muestras para su análisis, un proceso que, en palabras del científico, «normalmente requiere mucho esfuerzo en los laboratorios químicos de la Tierra. Los constituyentes oceánicos se separan unos de otros y, simultáneamente, se concentran en partículas de hielo individuales».La firma de la vidaPara las futuras misiones espaciales, esto es una noticia extraordinaria. Si alguna de esas gotas originales contuviera microbios alienígenas, el material celular quedaría aislado del resto de los elementos. Tras el choque y la fragmentación, en efecto, el material biológico terminaría alojado en una pequeñísima fracción de los granos de hielo, pero, y esto es crucial, lo haría en concentraciones altísimas y en estado prácticamente puro.«Son grandes noticias en la búsqueda de vida», subraya Postberg. Si el instrumental de las naves que están por venir, como una futura sonda europea L4, se topa con uno de estos diminutos granos, «podrían identificar las biofirmas con relativa facilidad utilizando la tecnología que ya tenemos disponible». Un solo grano de polvo helado podría contener la prueba definitiva de que no estamos solos.Un microbio terrestre supera la pruebaEl segundo estudio añade otra pieza al rompecabezas. Esta vez, los investigadores reprodujeron en laboratorio condiciones semejantes a las del océano de Encélado: muy poco oxígeno, abundancia de carbonatos y un ambiente muy alcalino, con un pH de entre 10 y 11. Y después introdujeron Methanothermococcus okinawensis, una arquea productora de metano que en la Tierra vive en ambientes extremos próximos a fuentes hidrotermales. Para sobrevivir, su metabolismo solo requiere hidrógeno y dióxido de carbono.Para sorpresa de los investigadores, en el simulador de Encélado el organismo siguió creciendo y fabricando metano. Para lo cual utilizó el hidrógeno generado por reacciones entre el agua y las rocas, exactamente el tipo de proceso que se cree que puede estar ocurriendo en el fondo del océano de Encélado. «Esto fue realmente una sorpresa para nosotros», reconoce Nozair Khawaja. La importancia del resultado no está en que se haya encontrado un microbio extraterrestre. No se ha encontrado ninguno. Está en que un metabolismo muy antiguo y sencillo de la Tierra ha sido capaz de funcionar bajo unas condiciones que existen en otro mundo, a cientos de millones de kilómetros de aquí.Si existe vida microbiana en ese mar subterráneo, sus restos terminarían alojados en minúsculos granos de hielo en concentraciones altísimas y en estado prácticamente puroTomados en conjunto, estos dos trabajos componen un escenario esperanzador. Como concluye Postberg, «en Encélado, las condiciones geoquímicas específicas podrían permitir que funcionara uno de los sistemas metabólicos más antiguos conocidos en la Tierra». Nadie puede asegurar aún que las oscuras y gélidas aguas de esta luna alberguen seres vivos. Pero si están ahí, escondidos en la inmensidad, el propio satélite está aislando sus restos y lanzándolos al espacio para que los encontremos. La luna helada de Saturno separa y concentra por sí sola los componentes de su océano subterráneo y los lanza al espacio, donde podemos encontrarlos fácilmente. Mientras, nuevos experimentos muestran que ciertos microorganismos terrestres podrían sobrevivir en unas condiciones muy parecidas a las de sus aguasMarte, Europa, Encélado, Titán, Ganímedes, Calisto, Tritón, Plutón… Son algunos de los lugares del Sistema Solar en los que los científicos buscan, o al menos sospechan, que la vida pudo tener alguna oportunidad. Hasta ahora, sin embargo, la ‘parte del león’ de los esfuerzos científicos (y presupuestarios) se la ha llevado Marte, donde la humanidad ha enviado ya más de cincuenta misiones desde la pasada década de los sesenta. Pero hay un lugar mucho más lejano que Marte donde las posibilidades de vida, hallazgo tras hallazgo, no dejan de aumentar. Se trata de Encélado, la pequeña luna helada de Saturno, de apenas 500 kilómetros de diámetro y cubierta por una corteza de hielo. Desde que la misión Cassini empezó a estudiarla de cerca, en 2004, se ha convertido en uno de los candidatos más interesantes de todo el Sistema Solar para encontrar vida.Ahora, dos nuevos estudios liderados por investigadores de la Universidad Libre de Berlín (Freie Universität) y la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich, recién publicados en ‘ Science Advances ‘, acaban de dar un nuevo ‘empujón’ a esta pequeña luna helada. Y es que, al parecer, encontrar vida allí podría ser mucho más fácil de lo que la comunidad científica pensaba.El primero de los trabajos revela que las propias condiciones de Encélado pueden estar haciendo algo extraordinariamente útil para los futuros buscadores de vida: separar y ‘empaquetar’ los materiales procedentes de su océano. El segundo, demuestra en laboratorio que algunos microorganismos terrestres pueden crecer y producir metano bajo unas condiciones químicas muy similares a las de ese océano extraterrestre.O dicho de otro modo: Encélado no solo parece tener agua, energía y los ingredientes químicos necesarios. Puede que, además, esté guardando las posibles huellas de vida en pequeños ‘paquetes’ mucho más fáciles de detectar para nosotros.Un océano bajo el hieloEncélado parece, a primera vista, el último sitio donde se esperaría encontrar algo vivo. Su superficie está a unos 200 grados bajo cero y recibe apenas una fracción de la luz solar que llega a la Tierra. Sin embargo, bajo esa corteza congelada existe un océano global de agua salada . Una enorme masa de agua líquida que, además, está en contacto directo con un núcleo rocoso.La misión Cassini de la NASA fue la que empezó a revelar el secreto. En 2005 descubrió gigantescos chorros de vapor de agua y partículas de hielo brotando de cuatro grandes fracturas cercanas al polo sur, las famosas ‘rayas de tigre’. Por esas grietas ascienden vapor, gotas de agua y partículas de hielo a velocidades que pueden alcanzar unos 1.000 kilómetros por hora. Posteriormente, otras mediciones de la gravedad y del ligero bamboleo de la luna demostraron que el agua no forma simplemente un pequeño lago bajo el polo, sino un océano global.Bajo una gruesa corteza de hielo, Encélado esconde un profundo océano global en contacto con un núcleo rocoso, el mismo entorno dinámico donde muchos creen que surgió la vida en la TierraCassini atravesó repetidamente esos géiseres y pudo analizarlos directamente. El océano de Encélado es, de hecho, la única masa de agua extraterrestre de la que los científicos han podido analizar muestras directas. Y lo que encontraron allí fueron sales, compuestos orgánicos complejos e indicios claros de respiraderos hidrotermales en el fondo de ese mar alienígena. Exactamente el mismo entorno dinámico donde muchos creen que surgió la vida en la Tierra.Es como si alguien hubiese colocado una pajita desde un océano extraterrestre hasta el espacio y nos hubiese dejado beber de ella.Una lista cada vez más largaA partir de aquí, los descubrimientos se fueron acumulando. En 2017, por ejemplo, Cassini encontró hidrógeno molecular en las emisiones. En la Tierra, ese hidrógeno puede alimentar a microorganismos que viven alrededor de fuentes hidrotermales. También aparecieron dióxido de carbono, metano, amoníaco y otros compuestos esperanzadores.En 2018 se identificaron moléculas orgánicas complejas, algunas formadas por cientos de átomos. En 2023 se encontró una fuente de fósforo, indispensable para la vida, y en concentraciones al menos cien veces superiores a las de los océanos terrestres.Fósforo, hidrógeno, compuestos orgánicos y posibles fuentes hidrotermales han convertido a esta diminuta luna en uno de los grandes objetivos de la astrobiologíaY ya en 2025, un nuevo análisis de partículas recogidas por Cassini a solo 21 kilómetros de la superficie detectó una diversidad de compuestos orgánicos nunca observada hasta entonces en material recién expulsado desde el océano interior de la luna de Sturno.Agua líquida. Carbono. Nitrógeno. Fósforo. Compuestos orgánicos. Una fuente de energía química. Y posibles procesos hidrotermales en contacto con un fondo rocoso.No es una prueba de vida. Pero sí una colección cada vez más completa de las condiciones que, en la Tierra, permiten que la vida exista.Encélado fabrica sus propias ‘muestras’Aquí es donde entra en juego la primera de las nuevas investigaciones, dirigida por el profesor Frank Postberg, que junto a su equipo reconstruyó lo que le ocurre exactamente al agua de ese mar oculto en su violento viaje hacia el espacio.En la superficie oceánica subterránea se forman burbujas de gas que, al estallar, crean minúsculas gotas. El vapor arrastra entonces estas gotas a través de las grietas del hielo hacia el exterior. Hasta ahora, la ciencia creía que estas gotas se congelaban de forma instantánea al exponerse al vacío. Sin embargo, los nuevos hallazgos demuestran que el proceso de congelación es, en realidad, sorprendentemente lento. Y eso lo cambia todo.Al congelarse lentamente en su ascenso, las sales y las moléculas orgánicas se separan y se concentran, lo que facilita enormemente el análisis químico posterior por parte de las sondasDe hecho, a medida que una gota se va congelando, sus componentes no quedan distribuidos de un modo uniforme. Al contrario, las sales y las moléculas orgánicas se separan. El cloruro sódico, por ejemplo, puede terminar en lugares distintos que los carbonatos. Después, las gotas congeladas chocan contra las paredes de las estrechas grietas, se rompen en fragmentos microscópicos y salen despedidas al espacio.El resultado es una infinidad de minúsculos granos de hielo que contienen, de forma individual, sustancias altamente concentradas y separadas químicamente. Una especie de ‘laboratorio’ natural preparado por el propio Enceládo.«En realidad -explica Postberg- Encélado hace gran parte del trabajo por nosotros». La luna, de hecho, ‘prepara’ por sí misma las muestras para su análisis, un proceso que, en palabras del científico, «normalmente requiere mucho esfuerzo en los laboratorios químicos de la Tierra. Los constituyentes oceánicos se separan unos de otros y, simultáneamente, se concentran en partículas de hielo individuales».La firma de la vidaPara las futuras misiones espaciales, esto es una noticia extraordinaria. Si alguna de esas gotas originales contuviera microbios alienígenas, el material celular quedaría aislado del resto de los elementos. Tras el choque y la fragmentación, en efecto, el material biológico terminaría alojado en una pequeñísima fracción de los granos de hielo, pero, y esto es crucial, lo haría en concentraciones altísimas y en estado prácticamente puro.«Son grandes noticias en la búsqueda de vida», subraya Postberg. Si el instrumental de las naves que están por venir, como una futura sonda europea L4, se topa con uno de estos diminutos granos, «podrían identificar las biofirmas con relativa facilidad utilizando la tecnología que ya tenemos disponible». Un solo grano de polvo helado podría contener la prueba definitiva de que no estamos solos.Un microbio terrestre supera la pruebaEl segundo estudio añade otra pieza al rompecabezas. Esta vez, los investigadores reprodujeron en laboratorio condiciones semejantes a las del océano de Encélado: muy poco oxígeno, abundancia de carbonatos y un ambiente muy alcalino, con un pH de entre 10 y 11. Y después introdujeron Methanothermococcus okinawensis, una arquea productora de metano que en la Tierra vive en ambientes extremos próximos a fuentes hidrotermales. Para sobrevivir, su metabolismo solo requiere hidrógeno y dióxido de carbono.Para sorpresa de los investigadores, en el simulador de Encélado el organismo siguió creciendo y fabricando metano. Para lo cual utilizó el hidrógeno generado por reacciones entre el agua y las rocas, exactamente el tipo de proceso que se cree que puede estar ocurriendo en el fondo del océano de Encélado. «Esto fue realmente una sorpresa para nosotros», reconoce Nozair Khawaja. La importancia del resultado no está en que se haya encontrado un microbio extraterrestre. No se ha encontrado ninguno. Está en que un metabolismo muy antiguo y sencillo de la Tierra ha sido capaz de funcionar bajo unas condiciones que existen en otro mundo, a cientos de millones de kilómetros de aquí.Si existe vida microbiana en ese mar subterráneo, sus restos terminarían alojados en minúsculos granos de hielo en concentraciones altísimas y en estado prácticamente puroTomados en conjunto, estos dos trabajos componen un escenario esperanzador. Como concluye Postberg, «en Encélado, las condiciones geoquímicas específicas podrían permitir que funcionara uno de los sistemas metabólicos más antiguos conocidos en la Tierra». Nadie puede asegurar aún que las oscuras y gélidas aguas de esta luna alberguen seres vivos. Pero si están ahí, escondidos en la inmensidad, el propio satélite está aislando sus restos y lanzándolos al espacio para que los encontremos.  

La luna helada de Saturno separa y concentra por sí sola los componentes de su océano subterráneo y los lanza al espacio, donde podemos encontrarlos fácilmente. Mientras, nuevos experimentos muestran que ciertos microorganismos terrestres podrían sobrevivir en unas condiciones muy parecidas a las de sus … aguas

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