Pocas ocurrencias económicas resultan tan seductoras a primera vista como la propuesta que Jean-Luc Mélenchon lanzó hace unos días al centro del debate político francés. En esta propuesta, el candidato a la presidencia francesa proponía que el Banco Central Europeo condonara la deuda pública francesa que aparece en el balance del Banco de Francia, unos 600.000 millones de euros. El objetivo final sería abrir margen fiscal sin necesidad de recurrir a la financiación externa. El planteamiento parece impecable sobre el papel, dado que el Estado es el propietario único del banco central, por lo que esa deuda representa dinero que se debe a sí mismo. Borrarla equivaldría a un simple apunte contable.
El único camino sostenible para reducir el endeudamiento es la competitividad, el crecimiento y la disciplina en el gasto
Pocas ocurrencias económicas resultan tan seductoras a primera vista como la propuesta que Jean-Luc Mélenchon lanzó hace unos días al centro del debate político francés. En esta propuesta, el candidato a la presidencia francesa proponía que el Banco Central Europeo condonara la deuda pública francesa que aparece en el balance del Banco de Francia, unos 600.000 millones de euros. El objetivo final sería abrir margen fiscal sin necesidad de recurrir a la financiación externa. El planteamiento parece impecable sobre el papel, dado que el Estado es el propietario único del banco central, por lo que esa deuda representa dinero que se debe a sí mismo. Borrarla equivaldría a un simple apunte contable.
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