Las tres son mujeres conocidas, reconocidas, brillantes en sus campos. Las tres fueron madres hace pocos días, casi a la vez. Las tres tuvieron a sus hijos sin parirlos: una adoptó, dos usaron un vientre de alquiler. Y las tres, pese a sus distintas prácticas y formas de contar sus historias, recibieron las mismas cálidas felicitaciones. Pero, ¿son los tres casos lo mismo? En Estados Unidos, para una gran mayoría, sí. En gran parte de Europa, no. Para unas personas, es un derecho. Para otras, una forma de explotación de la mujer.
Las maternidades de las celebridades apenas provocan un debate social sobre una práctica prohibida en buena parte de Europa por considerarse explotación de la mujer
Las tres son mujeres conocidas, reconocidas, brillantes en sus campos. Las tres fueron madres hace pocos días, casi a la vez. Las tres tuvieron a sus hijos sin parirlos: una adoptó, dos usaron un vientre de alquiler. Y las tres, pese a sus distintas prácticas y formas de contar sus historias, recibieron las mismas cálidas felicitaciones. Pero, ¿son los tres casos lo mismo? En Estados Unidos, para una gran mayoría, sí. En gran parte de Europa, no. Para unas personas, es un derecho. Para otras, una forma de explotación de la mujer.
El 12 de septiembre se hacía público, gracias a unas fotos de paparazzi, que la cantante Lady Gaga había sido madre de su primer hijo; días después, se supo que a través de un vientre de alquiler. Después fue el turno de Lena Dunham. La actriz y escritora contó en un artículo en Vogue, el día 16, que había tenido a su primera hija por la también llamada gestación subrogada, una práctica que implica que una mujer se embarace para terceras personas. Y al día siguiente, Millie Bobby Brown anunció que era madre de su segundo hijo por adopción, igual que con la primera.
Que Brown adopte un hijo y Gaga y Dunham utilicen un vientre de alquiler no genera apenas debate en Estados Unidos, ni conversación sobre sus diferencias. Esta práctica es legal en ese país y está enormemente extendida. En España, es una práctica ilegal y se considera violencia contra la mujer desde 2022. En Europa, los vientres de alquiler comerciales no son tampoco legales; la llamada gestación subrogada altruista, que supone que las mujeres que se embarazan para terceros solo reciben a cambio el reembolso de los gastos que han tenido, se permite solo en algunos países como Grecia, Chipre o Portugal.
El debate en Estados Unidos está lejos de la firmeza de Europa. ¿Por qué son tan distintas las visiones de Estados Unidos y el resto del mundo? “Los estadounidenses estamos más cómodos con el mercado y el capitalismo puro y duro”, observa en una videollamada con EL PAÍS el profesor Arthur Caplan, especialista en salud pública y bioética,profesor emérito de la Universidad de Nueva York.
Por ejemplo, Lady Gaga lleva años expresando sus deseos de ser madre y ahora, en una forma inusualmente discreta para el personaje que suele mostrar ante el público, ha cumplido su deseo. Ha dado pocas explicaciones; tampoco nadie las ha pedido. El de Dunham es un caso más complejo. Declarada feminista y con problemas de salud reproductiva, ha sido una de las voces de su generación, ferviente seguidora de la recientemente fallecida Gloria Steinem, periodista y escritora feminista, un icono del último siglo.
Steinem se oponía a los vientres de alquiler. Cuando Nueva York se planteó legalizarlo, en 2019, ella escribió una larga carta muy crítica: “Las mujeres con necesidades económicas se convertirían en vasijas comercializadas en alquiler, y sus fetos en propiedad de otras. El peligro aquí no es usar la subrogación altruista para crear una familia, ya legal en Nueva York, sino que el Estado legalice una industria reproductiva de la subrogación comercial y guiada por el beneficio”.
Esas pocas palabras, que parecen guiar tanto las leyes como buena parte de la crítica en Europa, no han calado en Estados Unidos. Unos pocos medios han puesto en duda los métodos usados por Dunham y Gaga, entre otras.

Para Caplan, esta brecha ética y conceptual entre ambas orillas del Atlántico tiene además otra explicación. El pueblo estadounidense, surgido de la inmigración y la mezcla de pueblos, tiene un gusto por la genética, “por saber quiénes son”, más pronunciado que el europeo, con una raíz más clara.
“Está muy marcada la idea de que tu propiedad, tus habilidades, vienen de tus genes. Y de la madre de alquiler no viene mucho, excepto ser una especie de horno, pero los ingredientes son el esperma y el óvulo, el embrión. Esa no es la visión europea, que da más peso a la contribución de la madre por subrogación, al vínculo durante el embarazo, a lo químico que llega al bebé… Y creo que hay verdad ahí. Los americanos van demasiado lejos con el determinismo genético”, opina Caplan, quien sigue teniendo dudas y exigiendo no la prohibición de los vientres de alquiler, pero sí una mejor regulación de la misma, que ha visto crecer exponencialmente en estas décadas.
Quien ha sido responsable de Medicina Ética en la escuela Grossman de Medicina de la universidad neoyorquina durante años afirma que el porcentaje de nacidos en Estados Unidos por gestación subrogada es cada vez mayor, sobre todo por parte de gente con recursos económicos. El proceso es caro, con costes que superan fácilmente los 100.000 dólares, y las mujeres que gestan reciben una remuneración. En un país sin sanidad pública, en el que pasar por un hospital tiene costes prohibitivos, muchas familias saldan deudas gracias a esta práctica.

Esto encaja con el crecimiento vertiginoso de esta industria. Según un estudio de la revista Fortune, basándose en datos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, entre 2010 y 2019 las transferencias de embriones para vientres de alquiler se han triplicado. La industria crece un 6% al año, moviendo casi 176 millones de dólares en 2022 y con estimaciones de superar los 303 millones en 2031. Solo uno de los 50 estados, Luisiana, la prohíbe por completo. Arizona, Indiana y Nebraska no permiten contratos de subrogación, pero se siguen haciendo. En los otros 46 es legal, según el mapa creado por la asociación Creative Family Connections, que ayuda a personas que acuden a esta práctica.
Autor de una treintena de libros y de casi 900 papers científicos, el profesor Caplan, que defiende la subrogación en casos altruistas y se considera “bastante europeo” en su aproximación, cree que será difícil llegar a un estatus regulado. “La mayor parte del mundo lo prohibirá por los abusos, pero no ocurrirá en Estados Unidos”, aventura. Como mucho, podría —y lo ve necesario— legislarse sobre las agencias o los requisitos que han de cumplir todas las partes, como estar limpios de antecedentes penales. “No estoy seguro de que el modelo estadounidense sea el correcto, pero lo que sí que necesita es cierta regulación. Se parece demasiado a un mercado libre. Parece compra de ganado”.
Una larga lista de famosos
A Dunham y Lady Gaga se suman multitud de figuras públicas que han usado este método: Kim y Khloé Kardashian, Ricky Martin, Elton John, Robert De Niro y Sarah Jessica Parker han tenido hijos por vientre de alquiler. Nadie lo cuestiona. Ni siquiera las celebridades más públicamente feministas y progresistas parecen interesadas en entrar en el debate. Es el caso de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, autora del celebérrimo Todos deberíamos ser feministas (2014). Con una hija de nueve años, en febrero de 2025 hizo público que había tenido gemelos el año anterior. En un pódcast, #WithChude, contó que eran por vientre de alquiler.

Ngozi, nigeriana que vive a caballo entre su país de origen y Estados Unidos, defendió entonces que la subrogación podía ser responsable. “[Los críticos] dicen que no puedes alquilar el cuerpo de una mujer, argumentan que es deshumanizante, pero creo que importa cómo se haga. Puede ser ética”, aseguraba, asegurando que no sentía ningún arrepentimiento.
Otro famoso caso es el de Ms. Rachel, una de las youtubers más importantes de Estados Unidos, que tiene un canal con 21 millones de seguidores, una serie en Netflix, libros y una línea comercial. La maestra, de nombre Rachel Accurso, es de las pocas celebridades también conocida por su activismo. Ha apoyado a figuras progresistas como el alcalde Zohran Mamdani y fue parte de su comité inicial al tomar posesión. Ha alzado la voz a favor de los derechos LGTBIQ+, en contra de la guerra en Gaza y contra las detenciones masivas del ICE, sobre todo contra niños, algo poco común en Estados Unidos. Con 43 años y un hijo de ocho, en 2025 recurrió a esta práctica, argumentando que tenía problemas médicos que le impedían llevar a cabo el embarazo. No levantó ninguna crítica.
Cuna del capitalismo
En la cuna del capitalismo, las diferencias de clases que muestra el dinero resultan a veces escandalosas. Muchos recordarán la imagen de Khloé Kardashian, una de las hermanas del televisivo klan, tumbada en la cama donde otra mujer había dado a luz horas antes a su hijo, con el pequeño en brazos, que desató una polémica y fue de los pocos momentos en que sí surgió el debate.

Para el doctor en marketing especialista enética, subrogación y comercio internacional Somjit Barat, de la Universidad del Estado de Pensilvania, esos anuncios por parte de celebridades “ofrecen oportunidades para sensibilizar a la sociedad”.
“Que eso ocurra depende en parte de cómo los periodistas, los comentaristas y el público enmarquen el debate. En lugar de cuestionar las decisiones reproductivas de cada celebridad, creo que el debate más productivo es el que se centra en los sistemas en los que se desarrolla la gestación subrogada”, asegura, hablar de si “se tienen en cuenta los intereses y los derechos de todos los implicados”.
Para Barat hay, además, otra cuestión más en la comparativa entre Europa y Estados Unidos: “Cómo el feminismo, el parto, la gestación subrogada y otras cuestiones centradas en la mujer suscitan fuertes emociones y un intenso debate público en diferentes culturas”.
En ese sentido, el profesor enfatiza el rol de los medios en la creación de legitimidad: “Cuando una celebridad anuncia la llegada de un hijo mediante gestación subrogada, la cobertura mediática suele hacer hincapié en los aspectos emocionales de la paternidad, la realización personal y la celebración de una nueva familia”, reflexiona Barat, lo que termina por “eclipsar cuestiones relacionadas con los derechos de las madres subrogadas, las desigualdades económicas, los intermediarios comerciales y la supervisión normativa”.
Sociedad en EL PAÍS
