Los enigmas del abismo ártico: graban por primera vez peces que nadan hacia atrás y tormentas de ‘nieve marina’

Lo hemos dicho muchas veces. El fondo del océano es, sin lugar a dudas, la última gran frontera inexplorada de nuestro propio planeta. Por eso, cada vez que los científicos sumergen sus instrumentos en las aguas más profundas y oscuras, se topan con escenas y situaciones inesperadas. A lo largo de los años, las expediciones submarinas nos han regalado descubrimientos de criaturas que parecen sacadas de otro mundo: pulpos de cristal con órganos transparentes, medusas inmortales que revierten su ciclo vital, calamares gigantes o ecosistemas enteros prosperando alrededor de fuentes hidrotermales a temperaturas imposibles. La única regla en las profundidades es que, visualmente, no hay reglas. Y ahora, en el frío y remoto Ártico, la historia acaba de repetirse. Un nuevo estudio publicado en ‘PLOS ONE’ , en efecto, nos traslada a las gélidas aguas del fiordo glaciar de Inglefield Bredning, en el noroeste de Groenlandia. Allí, a 260 metros bajo el hielo y las olas, un equipo de investigadores decidió ‘espiar’ un ecosistema que hasta ahora había permanecido envuelto en el misterio. Y para lograrlo, idearon un sistema de anclaje extremadamente compacto equipado con hidrófonos (micrófonos submarinos) y una cámara de vídeo iluminada por luces LED rojas.En esas luces rojas radica, precisamente, uno de los grandes aciertos de esta expedición. De hecho, se eligió ese tipo de luz para evitar la ‘contaminación lumínica submarina’. Si estamos en una habitación a oscuras y, de repente, alguien nos enfoca a los ojos con un faro de alta potencia, quedamos deslumbrados y confusos. Eso es exactamente lo que sufren los animales abisales con los focos blancos tradicionales de los submarinos, que además pueden atraer a depredadores no deseados.Noticia relacionada general No No Resuelto el misterio del ‘huevo alienígena’ de Alaska José Manuel Nieves«La luz roja -escriben los investigadores en su artículo- , al tener una longitud de onda de unos 660 nanómetros, evita chocar con la absorbancia retiniana de los cetáceos». Es decir, resulta prácticamente invisible para los narvales y no ciega a las demás criaturas, permitiendo una observación puramente pasiva y natural.Fotograma a fotogramaAsí, y tras analizar 223 archivos de vídeo, un esfuerzo que requirió 74 horas de revisión visual humana fotograma a fotograma, el equipo logró identificar a 478 organismos en pleno ajetreo. Y lo que encontraron fue asombroso.Peces ‘marcha atrás’ y nieve en el fondo del marEntre crustáceos y medusas, el protagonista indiscutible de las cintas fue un pez de la familia Liparidae (conocidos comúnmente como peces babosa) que exhibió un comportamiento insólito: en las grabaciones se le ve nadando hacia atrás (ver vídeo). En lugar de propulsarse frontalmente con esfuerzo, en un momento dado el animal enrosca su cola y se deja llevar a la deriva por la corriente, marcha atrás, durante largos periodos. Según los autores del estudio, este comportamiento resulta ser una estrategia vital de ahorro de energía en un entorno donde conseguir alimento supone una odisea diaria.El uso de luz roja, invisible para los narvales y otros habitantes del abismo, ha permitido observar este gélido ecosistema de forma puramente pasiva, sin cegar ni alterar a las criaturasLas cámaras también documentaron densas tormentas de lo que la oceanografía llama ‘nieve marina’, que no es agua congelada, sino una incesante lluvia de pequeñas partículas orgánicas, restos que caen lentamente desde la superficie y que constituyen una de las principales fuentes de alimento de las criaturas abisales. Las mediciones revelaron que el flujo de esa nieve no es estático, sino que ‘baila’ al compás de las mareas; la velocidad y la cantidad de partículas pueden llegar a duplicarse en apenas unas horas impulsadas por la corriente.El ajetreado ‘hiperbentos’Toda esta actividad tiene lugar en lo que la ciencia denomina ‘hiperbentos’, que podría compararse a la transitada planta baja de un rascacielos: es la capa de agua inmediatamente pegada al lecho marino y en la que se concentra la mayor cantidad de biomasa. Allí, diminutos crustáceos como los copépodos ejecutaron ante las cámaras saltos repentinos (y a veces violentos al chocar accidentalmente con las cuerdas del equipo científico), demostrando unos reflejos de huida fulminantes activados por sus pequeñas antenas.Y aunque no posaron para la cámara, el hidrófono captó casi a diario la presencia de narvales. Sus característicos chasquidos ultrasónicos resonaban en la oscuridad a escasos metros de la lente, lo que demuestra que esta región de Groenlandia es un activo coto de caza para el ‘unicornio del mar’.Aunque no posaron para la cámara, los chasquidos ultrasónicos de los narvales resonaron a diario, confirmando que este oscuro rincón del fiordo es un activo coto de cazaEn conjunto, estos hallazgos encajan y amplían los datos de investigaciones anteriores llevadas a cabo en la región desde 2012. Trabajos previos sobre el contenido estomacal de depredadores árticos ya habían revelado que peces profundos como los babosa (cuya familia ostenta el récord de supervivencia a gran profundidad, documentados a más de 8.145 metros en la Fosa de las Marianas) son presa habitual de focas locales. Lo cual se explica porque las fortísimas corrientes de agua dulce subglaciar empujan el agua del fondo hacia la superficie, arrastrando consigo a los pequeños animales del abismo y poniéndoselos en bandeja a los depredadores de las aguas someras.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Un ‘mini Plutón’ imposible: descubren una atmósfera que un pequeño mundo no debería tener noticia Si Cómo una dieta a base de patata cambió la genética de los indígenas de Perú«En general -concluyen los investigadores- los resultados muestran que los anclajes portátiles con grabadoras de vídeo son una herramienta importante para la exploración del fondo marino ártico». Y tienen razón. Con cada nuevo dispositivo que se asoma al abismo, los científicos nos recuerdan que nuestro propio planeta guarda todavía un sin fin de rincones, extraños y totalmente inexplorados. Lo hemos dicho muchas veces. El fondo del océano es, sin lugar a dudas, la última gran frontera inexplorada de nuestro propio planeta. Por eso, cada vez que los científicos sumergen sus instrumentos en las aguas más profundas y oscuras, se topan con escenas y situaciones inesperadas. A lo largo de los años, las expediciones submarinas nos han regalado descubrimientos de criaturas que parecen sacadas de otro mundo: pulpos de cristal con órganos transparentes, medusas inmortales que revierten su ciclo vital, calamares gigantes o ecosistemas enteros prosperando alrededor de fuentes hidrotermales a temperaturas imposibles. La única regla en las profundidades es que, visualmente, no hay reglas. Y ahora, en el frío y remoto Ártico, la historia acaba de repetirse. Un nuevo estudio publicado en ‘PLOS ONE’ , en efecto, nos traslada a las gélidas aguas del fiordo glaciar de Inglefield Bredning, en el noroeste de Groenlandia. Allí, a 260 metros bajo el hielo y las olas, un equipo de investigadores decidió ‘espiar’ un ecosistema que hasta ahora había permanecido envuelto en el misterio. Y para lograrlo, idearon un sistema de anclaje extremadamente compacto equipado con hidrófonos (micrófonos submarinos) y una cámara de vídeo iluminada por luces LED rojas.En esas luces rojas radica, precisamente, uno de los grandes aciertos de esta expedición. De hecho, se eligió ese tipo de luz para evitar la ‘contaminación lumínica submarina’. Si estamos en una habitación a oscuras y, de repente, alguien nos enfoca a los ojos con un faro de alta potencia, quedamos deslumbrados y confusos. Eso es exactamente lo que sufren los animales abisales con los focos blancos tradicionales de los submarinos, que además pueden atraer a depredadores no deseados.Noticia relacionada general No No Resuelto el misterio del ‘huevo alienígena’ de Alaska José Manuel Nieves«La luz roja -escriben los investigadores en su artículo- , al tener una longitud de onda de unos 660 nanómetros, evita chocar con la absorbancia retiniana de los cetáceos». Es decir, resulta prácticamente invisible para los narvales y no ciega a las demás criaturas, permitiendo una observación puramente pasiva y natural.Fotograma a fotogramaAsí, y tras analizar 223 archivos de vídeo, un esfuerzo que requirió 74 horas de revisión visual humana fotograma a fotograma, el equipo logró identificar a 478 organismos en pleno ajetreo. Y lo que encontraron fue asombroso.Peces ‘marcha atrás’ y nieve en el fondo del marEntre crustáceos y medusas, el protagonista indiscutible de las cintas fue un pez de la familia Liparidae (conocidos comúnmente como peces babosa) que exhibió un comportamiento insólito: en las grabaciones se le ve nadando hacia atrás (ver vídeo). En lugar de propulsarse frontalmente con esfuerzo, en un momento dado el animal enrosca su cola y se deja llevar a la deriva por la corriente, marcha atrás, durante largos periodos. Según los autores del estudio, este comportamiento resulta ser una estrategia vital de ahorro de energía en un entorno donde conseguir alimento supone una odisea diaria.El uso de luz roja, invisible para los narvales y otros habitantes del abismo, ha permitido observar este gélido ecosistema de forma puramente pasiva, sin cegar ni alterar a las criaturasLas cámaras también documentaron densas tormentas de lo que la oceanografía llama ‘nieve marina’, que no es agua congelada, sino una incesante lluvia de pequeñas partículas orgánicas, restos que caen lentamente desde la superficie y que constituyen una de las principales fuentes de alimento de las criaturas abisales. Las mediciones revelaron que el flujo de esa nieve no es estático, sino que ‘baila’ al compás de las mareas; la velocidad y la cantidad de partículas pueden llegar a duplicarse en apenas unas horas impulsadas por la corriente.El ajetreado ‘hiperbentos’Toda esta actividad tiene lugar en lo que la ciencia denomina ‘hiperbentos’, que podría compararse a la transitada planta baja de un rascacielos: es la capa de agua inmediatamente pegada al lecho marino y en la que se concentra la mayor cantidad de biomasa. Allí, diminutos crustáceos como los copépodos ejecutaron ante las cámaras saltos repentinos (y a veces violentos al chocar accidentalmente con las cuerdas del equipo científico), demostrando unos reflejos de huida fulminantes activados por sus pequeñas antenas.Y aunque no posaron para la cámara, el hidrófono captó casi a diario la presencia de narvales. Sus característicos chasquidos ultrasónicos resonaban en la oscuridad a escasos metros de la lente, lo que demuestra que esta región de Groenlandia es un activo coto de caza para el ‘unicornio del mar’.Aunque no posaron para la cámara, los chasquidos ultrasónicos de los narvales resonaron a diario, confirmando que este oscuro rincón del fiordo es un activo coto de cazaEn conjunto, estos hallazgos encajan y amplían los datos de investigaciones anteriores llevadas a cabo en la región desde 2012. Trabajos previos sobre el contenido estomacal de depredadores árticos ya habían revelado que peces profundos como los babosa (cuya familia ostenta el récord de supervivencia a gran profundidad, documentados a más de 8.145 metros en la Fosa de las Marianas) son presa habitual de focas locales. Lo cual se explica porque las fortísimas corrientes de agua dulce subglaciar empujan el agua del fondo hacia la superficie, arrastrando consigo a los pequeños animales del abismo y poniéndoselos en bandeja a los depredadores de las aguas someras.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Un ‘mini Plutón’ imposible: descubren una atmósfera que un pequeño mundo no debería tener noticia Si Cómo una dieta a base de patata cambió la genética de los indígenas de Perú«En general -concluyen los investigadores- los resultados muestran que los anclajes portátiles con grabadoras de vídeo son una herramienta importante para la exploración del fondo marino ártico». Y tienen razón. Con cada nuevo dispositivo que se asoma al abismo, los científicos nos recuerdan que nuestro propio planeta guarda todavía un sin fin de rincones, extraños y totalmente inexplorados.  

Lo hemos dicho muchas veces. El fondo del océano es, sin lugar a dudas, la última gran frontera inexplorada de nuestro propio planeta. Por eso, cada vez que los científicos sumergen sus instrumentos en las aguas más profundas y oscuras, se topan con escenas y … situaciones inesperadas. A lo largo de los años, las expediciones submarinas nos han regalado descubrimientos de criaturas que parecen sacadas de otro mundo: pulpos de cristal con órganos transparentes, medusas inmortales que revierten su ciclo vital, calamares gigantes o ecosistemas enteros prosperando alrededor de fuentes hidrotermales a temperaturas imposibles. La única regla en las profundidades es que, visualmente, no hay reglas. Y ahora, en el frío y remoto Ártico, la historia acaba de repetirse.

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