Salvar al soldado Julián Álvarez: «Dejarle en paz»

Noche de miércoles, Copa de Europa en Anfield. Julián Álvarez completó 90 minutos por primera vez desde el estallido del culebrón que ha marcado el verano. Asistió magistralmente a Llorente para que este marcara el único gol del Atlético, corrió, presionó y pareció volver a disfrutar jugando pese a no estar, ni de lejos, en su mejor momento físico ni mental. El equipo acabó perdiendo en la jornada inaugural ante el Liverpool (2-1), pero por primera vez en meses afloró algo distinto en el ambiente. Al menos sobre el césped y con sus compañeros.Tras el pitido final en Anfield, el respaldo del vestuario fue unánime. El más contundente fue Koke , harto de las preguntas sobre su compañero: «Estamos muy cansados y sobre todo él. Al chico hay que dejarle, que juegue, disfrute, haga su trabajo, que es jugador de fútbol, que es lo que tiene que hacer y entre todos tenéis que dejarle un poquito en paz. Lleváis un verano muy cansino. Ojalá que le dejéis un poco en paz y haga su trabajo, que es jugador de fútbol, y dé lo mejor que tiene». Llorente , autor del gol servido por el propio Julián, abundó en la misma idea: «Julián es un jugador importante para nosotros, es el que marca la diferencia. Ojalá pueda seguir con el ritmo de hoy, que seguro que nos va a ayudar mucho». Giuliano , compañero en el club y en la selección, se sumó al respaldo colectivo: «Lo tienen que dejar tranquilo, está con nosotros. Es un grandísimo jugador, de los mejores del mundo, y estamos contentos de que esté con nosotros».La sentencia definitiva, por la forma de expresarla y por el predicamento absoluto del que lo hizo, llegó poco después en la sala de prensa. Le preguntaron a Simeone por el partido de su futbolista y el entrenador, alzando ostensiblemente la voz fue contundente: «El partido de Julián fue muy bueno. Se hizo cargo de la pelota todo el tiempo, desde el minuto 1 al minuto 90. Y eso la verdad que me pone contento».El técnico fue un poco más allá. En la víspera había asegurado que Julián no sería titular ante el Liverpool. Finalmente formó parte de la alineación inicial y ni siquiera fue sustituido. ¿Qué hizo cambiar de idea a Simeone?: «Levantarme a la mañana, hablar con él un rato, verlo muy bien y, por suerte, elegir que juegue, porque hizo un partido como el que esperaba que hiciera»Tan solo 17 días antes, el panorama era radicalmente distinto. Segunda jornada de Liga, regreso del argentino al Metropolitano ante el Villarreal . La megafonía anunció brevemente su nombre entre los suplentes y el estadio irrumpió con una pitada ensordecedora. A ella le sucedieron otras tantas cada vez que el delantero aparecía en el foco. Acabó el partido —empate a dos tras 25 discretos minutos de juego— y mientras sus compañeros se dirigían a la grada de animación, Julián tomó el camino hacia los vestuarios. Cabizbajo, con la mirada perdida y acompañado únicamente por un empleado del Atlético, una botella de agua y una sucesión de insultos y silbidos hacia su persona. Fue, según develó Simeone, una decisión del club.Entre esas dos imágenes —el Julián señalado en el Metropolitano y el Julián arropado por sus compañeros que vuelve a sentirse futbolista en la Champions— hay un verano entero de viacrucis particular que conviene reconstruir para comprender por qué el Atlético se aferra con uñas y dientes al que hace poco era el gran ídolo de su afición.El 11 de marzo, meses antes del Mundial , Julián respondió al ser preguntado sobre su continuidad con una ambigüedad deliberada: «Puede que sí, puede que no». A finales de mayo, con el Barcelona postulándose como candidato principal al fichaje del delantero, rojiblancos y azulgranas se enzarzaron —con los equipos de comunicación de por medio— al entender en el Metropolitano que el club catalán estaba enredando con su jugador sin presentar una oferta verdaderamente convincente. Días después, en plena campaña electoral, Florentino Pérez echó más leña al fuego al prometer a los suyos una oferta multimillonaria por «un jugador de talla mundial», que poco después resultó ser Julián, aunque el asunto se desactivó de inmediato mediante un comunicado oficial.La explosión llegó en pleno Mundial. El 22 de junio, tras el Argentina-Austria , un Julián visiblemente incómodo en la zona mixta dejó la frase del verano : «Lo mejor es un traspaso. Quiero cumplir mi sueño». Argentina terminaría subcampeona con un desempeño de Julián que fue, cuanto menos, discreto. Regresó a Madrid no solo con la frustración de la final perdida, sino con una guerra abierta entre Barcelona y Atlético. Un día después de las polémicas declaraciones del ariete, Gil Marín anunció acciones legales contra la entidad azulgrana; días más tarde, el Atlético denunció formalmente al club catalán ante la FIFA; y a inicios de julio, la RFEF abrió expediente al Barcelona por el denominado ‘Caso Julián’.El desenlace, ya en agosto, fue tan tenso como previsible. En el debut liguero ante el Málaga , el día 19, Julián fue el único desconvocado —«llevaba pocos días entrenando con el equipo tras el Mundial», se explicó entonces—. Días después, su agente, Fernando Hidalgo, acusó públicamente de mentir a Gil Marín. El 23 se vivió la oscura tarde ante el Villarreal, y tras ella Julián dejó de acudir a los entrenamientos —el club justificó la ausencia por «una indisposición» tras «una mala noche»— justo hasta el cierre del mercado de fichajes.Fue en ese tramo final, con la salida prácticamente descartada, cuando el discurso del club comenzó a articularse en torno a una protección explícita hacia su futbolista.El 27 de agosto, durante el sorteo de la fase de liga de la Champions League, Miguel Ángel Gil Marín declaró ante los medios y, más allá de criticar severamente la actitud del Barcelona, ofreció la imagen más cruda del culebrón : «Julián está realmente mal, ha habido personas que se han encargado de engañarle y confundirle, y lo lamento muchísimo. Le conozco, llevamos tiempo trabajando con él, es un gran profesional y futbolista, y está pasando por una situación muy difícil a nivel personal y profesional».«Vamos a cuidarlo» Diego Pablo Simeone Entrenador del Atlético de MadridDías antes, en la previa del encuentro ante el Villarreal, el propio Simeone había fijado la hoja de ruta con el futbolista haciendo hincapié, como posteriormente harían directivos y capitanes, en el concepto de «unidad»: «Vamos a estar con él, vamos a cuidarlo. ¿Por qué? Porque es un jugador nuestro, y mientras esté en el Atlético, yo lo voy a cuidar». Esa cautela se tradujo, ya en la previa de Anfield, en una gestión de manual: el técnico deslizó apenas veinticuatro horas antes del partido que Julián no sería titular —«está en fase de crecimiento, no lo veo para empezar»—, para terminar dándole los noventa minutos completos.El respaldo institucional no es gratuito. Julián atesora un brillante palmarés a sus 26 años: dos Premier League, una Champions League, un Mundial, dos Copas América y una Finalísima. Además, con el Atlético acumula diecisiete goles en la Champions League, una competición en la que nunca ha encadenado más de dos encuentros sin ver puerta. Y pese a las sombras de la pasada temporada en Europa y en la Copa del Rey, así como el célebre ‘doble toque’ ante el Real Madrid, Julián mantiene el estatus de estrella mundial.El reto actual es tanto futbolístico como mental: recuperar su mejor versión en un Atlético que acumula dos derrotas consecutivas y hacer las paces consigo mismo en el verde para reconquistar el afecto de una afición que ha pasado, en un solo verano, de defenderlo a capa y espada a darle la espalda en su propio feudo. El domingo, en la visita a la Real Sociedad , llegará una nueva oportunidad para comprobar si el blindaje del club y sus compañeros da sus frutos en forma de resultados, y no solo ante los micrófonos. Noche de miércoles, Copa de Europa en Anfield. Julián Álvarez completó 90 minutos por primera vez desde el estallido del culebrón que ha marcado el verano. Asistió magistralmente a Llorente para que este marcara el único gol del Atlético, corrió, presionó y pareció volver a disfrutar jugando pese a no estar, ni de lejos, en su mejor momento físico ni mental. El equipo acabó perdiendo en la jornada inaugural ante el Liverpool (2-1), pero por primera vez en meses afloró algo distinto en el ambiente. Al menos sobre el césped y con sus compañeros.Tras el pitido final en Anfield, el respaldo del vestuario fue unánime. El más contundente fue Koke , harto de las preguntas sobre su compañero: «Estamos muy cansados y sobre todo él. Al chico hay que dejarle, que juegue, disfrute, haga su trabajo, que es jugador de fútbol, que es lo que tiene que hacer y entre todos tenéis que dejarle un poquito en paz. Lleváis un verano muy cansino. Ojalá que le dejéis un poco en paz y haga su trabajo, que es jugador de fútbol, y dé lo mejor que tiene». Llorente , autor del gol servido por el propio Julián, abundó en la misma idea: «Julián es un jugador importante para nosotros, es el que marca la diferencia. Ojalá pueda seguir con el ritmo de hoy, que seguro que nos va a ayudar mucho». Giuliano , compañero en el club y en la selección, se sumó al respaldo colectivo: «Lo tienen que dejar tranquilo, está con nosotros. Es un grandísimo jugador, de los mejores del mundo, y estamos contentos de que esté con nosotros».La sentencia definitiva, por la forma de expresarla y por el predicamento absoluto del que lo hizo, llegó poco después en la sala de prensa. Le preguntaron a Simeone por el partido de su futbolista y el entrenador, alzando ostensiblemente la voz fue contundente: «El partido de Julián fue muy bueno. Se hizo cargo de la pelota todo el tiempo, desde el minuto 1 al minuto 90. Y eso la verdad que me pone contento».El técnico fue un poco más allá. En la víspera había asegurado que Julián no sería titular ante el Liverpool. Finalmente formó parte de la alineación inicial y ni siquiera fue sustituido. ¿Qué hizo cambiar de idea a Simeone?: «Levantarme a la mañana, hablar con él un rato, verlo muy bien y, por suerte, elegir que juegue, porque hizo un partido como el que esperaba que hiciera»Tan solo 17 días antes, el panorama era radicalmente distinto. Segunda jornada de Liga, regreso del argentino al Metropolitano ante el Villarreal . La megafonía anunció brevemente su nombre entre los suplentes y el estadio irrumpió con una pitada ensordecedora. A ella le sucedieron otras tantas cada vez que el delantero aparecía en el foco. Acabó el partido —empate a dos tras 25 discretos minutos de juego— y mientras sus compañeros se dirigían a la grada de animación, Julián tomó el camino hacia los vestuarios. Cabizbajo, con la mirada perdida y acompañado únicamente por un empleado del Atlético, una botella de agua y una sucesión de insultos y silbidos hacia su persona. Fue, según develó Simeone, una decisión del club.Entre esas dos imágenes —el Julián señalado en el Metropolitano y el Julián arropado por sus compañeros que vuelve a sentirse futbolista en la Champions— hay un verano entero de viacrucis particular que conviene reconstruir para comprender por qué el Atlético se aferra con uñas y dientes al que hace poco era el gran ídolo de su afición.El 11 de marzo, meses antes del Mundial , Julián respondió al ser preguntado sobre su continuidad con una ambigüedad deliberada: «Puede que sí, puede que no». A finales de mayo, con el Barcelona postulándose como candidato principal al fichaje del delantero, rojiblancos y azulgranas se enzarzaron —con los equipos de comunicación de por medio— al entender en el Metropolitano que el club catalán estaba enredando con su jugador sin presentar una oferta verdaderamente convincente. Días después, en plena campaña electoral, Florentino Pérez echó más leña al fuego al prometer a los suyos una oferta multimillonaria por «un jugador de talla mundial», que poco después resultó ser Julián, aunque el asunto se desactivó de inmediato mediante un comunicado oficial.La explosión llegó en pleno Mundial. El 22 de junio, tras el Argentina-Austria , un Julián visiblemente incómodo en la zona mixta dejó la frase del verano : «Lo mejor es un traspaso. Quiero cumplir mi sueño». Argentina terminaría subcampeona con un desempeño de Julián que fue, cuanto menos, discreto. Regresó a Madrid no solo con la frustración de la final perdida, sino con una guerra abierta entre Barcelona y Atlético. Un día después de las polémicas declaraciones del ariete, Gil Marín anunció acciones legales contra la entidad azulgrana; días más tarde, el Atlético denunció formalmente al club catalán ante la FIFA; y a inicios de julio, la RFEF abrió expediente al Barcelona por el denominado ‘Caso Julián’.El desenlace, ya en agosto, fue tan tenso como previsible. En el debut liguero ante el Málaga , el día 19, Julián fue el único desconvocado —«llevaba pocos días entrenando con el equipo tras el Mundial», se explicó entonces—. Días después, su agente, Fernando Hidalgo, acusó públicamente de mentir a Gil Marín. El 23 se vivió la oscura tarde ante el Villarreal, y tras ella Julián dejó de acudir a los entrenamientos —el club justificó la ausencia por «una indisposición» tras «una mala noche»— justo hasta el cierre del mercado de fichajes.Fue en ese tramo final, con la salida prácticamente descartada, cuando el discurso del club comenzó a articularse en torno a una protección explícita hacia su futbolista.El 27 de agosto, durante el sorteo de la fase de liga de la Champions League, Miguel Ángel Gil Marín declaró ante los medios y, más allá de criticar severamente la actitud del Barcelona, ofreció la imagen más cruda del culebrón : «Julián está realmente mal, ha habido personas que se han encargado de engañarle y confundirle, y lo lamento muchísimo. Le conozco, llevamos tiempo trabajando con él, es un gran profesional y futbolista, y está pasando por una situación muy difícil a nivel personal y profesional».«Vamos a cuidarlo» Diego Pablo Simeone Entrenador del Atlético de MadridDías antes, en la previa del encuentro ante el Villarreal, el propio Simeone había fijado la hoja de ruta con el futbolista haciendo hincapié, como posteriormente harían directivos y capitanes, en el concepto de «unidad»: «Vamos a estar con él, vamos a cuidarlo. ¿Por qué? Porque es un jugador nuestro, y mientras esté en el Atlético, yo lo voy a cuidar». Esa cautela se tradujo, ya en la previa de Anfield, en una gestión de manual: el técnico deslizó apenas veinticuatro horas antes del partido que Julián no sería titular —«está en fase de crecimiento, no lo veo para empezar»—, para terminar dándole los noventa minutos completos.El respaldo institucional no es gratuito. Julián atesora un brillante palmarés a sus 26 años: dos Premier League, una Champions League, un Mundial, dos Copas América y una Finalísima. Además, con el Atlético acumula diecisiete goles en la Champions League, una competición en la que nunca ha encadenado más de dos encuentros sin ver puerta. Y pese a las sombras de la pasada temporada en Europa y en la Copa del Rey, así como el célebre ‘doble toque’ ante el Real Madrid, Julián mantiene el estatus de estrella mundial.El reto actual es tanto futbolístico como mental: recuperar su mejor versión en un Atlético que acumula dos derrotas consecutivas y hacer las paces consigo mismo en el verde para reconquistar el afecto de una afición que ha pasado, en un solo verano, de defenderlo a capa y espada a darle la espalda en su propio feudo. El domingo, en la visita a la Real Sociedad , llegará una nueva oportunidad para comprobar si el blindaje del club y sus compañeros da sus frutos en forma de resultados, y no solo ante los micrófonos.  

Noche de miércoles, Copa de Europa en Anfield. Julián Álvarez completó 90 minutos por primera vez desde el estallido del culebrón que ha marcado el verano. Asistió magistralmente a Llorente para que este marcara el único gol del Atlético, corrió, presionó y pareció volver … a disfrutar jugando pese a no estar, ni de lejos, en su mejor momento físico ni mental. El equipo acabó perdiendo en la jornada inaugural ante el Liverpool (2-1), pero por primera vez en meses afloró algo distinto en el ambiente. Al menos sobre el césped y con sus compañeros.

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