Si hubo un tiempo, al menos en España, que fue del silencio —Luis Martín Santos dixit— ahora parece ser que este tiempo es el de las altas tecnologías. Al menos en las series de ficción y en todos los medios de información con esa particular insistencia en divulgar lo complejo y difícilmente comprensible, la IA.
La serie británica nos sitúa en las vísperas de las elecciones generales británicas de 2024
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La serie británica nos sitúa en las vísperas de las elecciones generales británicas de 2024


Si hubo un tiempo, al menos en España, que fue del silencio —Luis Martín Santos dixit— ahora parece ser que este tiempo es el de las altas tecnologías. Al menos en las series de ficción y en todos los medios de información con esa particular insistencia en divulgar lo complejo y difícilmente comprensible, la IA.
Ciñéndonos a las series en las que la tecnología es la coprotagonista, The Undeclared War es ejemplar en esa modalidad y, al mismo tiempo, permite comprobar que hasta los más sofisticados sistemas informáticos son compatibles con las chapuzas.
La serie británica, cuyas dos primeras temporadas se pueden ver en SkyShowtime, nos sitúa en las vísperas de las elecciones generales británicas de 2024. Aunque la trama se centra, básicamente, en el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno del Reino Unido (GCHQ, en sus siglas en inglés), uno de los servicios de inteligencia nacionales especializado en la protección de los sistemas de comunicaciones informáticas del Gobierno, que están sufriendo un ciberataque masivo por parte, al menos inicialmente, de Rusia. Es algo perfectamente verosímil, pues solo basta recordar la declaración del Consejo de Europa en la que reconocía que la Federación Rusa intervino de manera encubierta en el proceso secesionista catalán de 2017. En marzo de 2018, EL PAÍS publicaba que “RT y Sputnik, dos medios de comunicación rusos dependientes del Kremlin, multiplicaron la difusión de los contenidos relacionados con el movimiento independentista catalán durante los días previos y posteriores al referendo ilegal”. Dicho de otra manera: los discípulos del antiguo agente del KGB Vladimir Putin aventajan al maestro.
Claro que una serie que aspira al éxito de audiencia no puede centrarse exclusivamente en ciberataques y códigos informáticos; necesita algo más: por ejemplo, algún romance por pequeño que sea, un cierto racismo moderado al ser la joven protagonista de origen musulmán, detalles de envidias profesionales ante el éxito de compañeros y, por supuesto, la intervención, afortunada o desastrosa, de los políticos de turno. La vida misma.
Y si en lo tecnológico estamos sobradamente cubiertos, tampoco estamos mal en las chapuzas. Cuando la trama ocurre en Moscú, lo que es frecuente, quienes intervienen hablan ruso, como es normal. Surgen entonces los anhelados subtítulos dada nuestra incapacidad para los idiomas. El problema es que los subtítulos lo son en inglés y en castellano superpuestos, es decir, que no se entiende ni el ruso, ni el inglés ni el castellano.
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