Winette Van der Graaf, oncóloga: “Nunca habría imaginado estar viendo pacientes con cáncer colorrectal a los 19 años”

Winette Van der Graaf,oncóloga y presidenta de la Organización Europea para la Investigación y Tratamiento del Cáncer, fotografiada en Barcelona.

Basta un vistazo al extenso currículum de Winette Van der Graaf para certificar que esta oncóloga neerlandesa ha sido testigo de excepción, cuando no parte fundamental, de la gran revolución científica que ha experimentado la investigación oncológica en las últimas décadas. Experta en sarcomas y en cáncer en adolescentes y adultos jóvenes, Van der Graaf fue una de las pioneras en prestar atención —y asistencia personalizada— a esa gente de entre 15 y 39 años que desarrolla un cáncer. A veces en tierra de nadie, a medio camino entre la oncología pediátrica y la de adultos, un tumor a estas edades pone la vida “en suspenso”, cuenta Van der Graaf.

Seguir leyendo

 La médica admite su preocupación por el auge de tumores de aparición temprana y lamenta las desigualdades entre países en el acceso a los tratamientos oncológicos  

Basta un vistazo al extenso currículum de Winette Van der Graaf para certificar que esta oncóloga neerlandesa ha sido testigo de excepción, cuando no parte fundamental, de la gran revolución científica que ha experimentado la investigación oncológica en las últimas décadas. Experta en sarcomas y en cáncer en adolescentes y adultos jóvenes, Van der Graaf fue una de las pioneras en prestar atención —y asistencia personalizada— a esa gente de entre 15 y 39 años que desarrolla un cáncer. A veces en tierra de nadie, a medio camino entre la oncología pediátrica y la de adultos, un tumor a estas edades pone la vida “en suspenso”, cuenta Van der Graaf.

La médica, que actualmente es catedrática de Oncología Médica en el Instituto Holandés del Cáncer en Ámsterdam y en el Centro Médico Erasmus de Róterdam, lleva más de tres décadas lidiando con el cáncer. Desde todos los zapatos. Como oncóloga, creó estructuras específicas para abordar la enfermedad en adolescentes y adultos jóvenes, vivió de primera mano la llegada del prometedor fármaco imatinib para los tumores del estroma gastrointestinal (GIST) y lideró otros ensayos clínicos clave, como el que avaló el pazopanib para un subgrupo de sarcomas. Pero en estos años, a Van der Graaf también le ha tocado experimentar el cáncer desde el otro lado: a principios de los 2000, tuvo que afrontar el meduloblastoma que le diagnosticaron a su hija de seis años.

El tumor cerebral de la niña tuvo “un impacto enorme”, relata. “Fue una época bastante difícil. Mi hija sobrevivió, pero he visto los efectos a corto y largo plazo del tratamiento [recibió quimioterapia, radioterapia y cirugía] y el impacto en la familia. Siempre me interesó mucho el paciente detrás de la enfermedad, pero desde esta experiencia, aún más”, admite la oncóloga, que preside también la Organización Europea para la Investigación y Tratamiento del Cáncer.

De todo se aprende. Y esas vivencias le sirvieron para analizar en detalle cómo se organizaba el circuito de la oncología pediátrica y constatar que no había atención específica para los jóvenes con cáncer. “Tan pronto cumplías los 18 años, entrabas a formar parte del gran mundo de la oncología de adultos y allí no había nada organizado”. Sus experiencias a uno y otro lado de la consulta fueron el germen para idear y desplegar una red de investigación y abordaje del cáncer en adolescentes y adultos jóvenes en Países Bajos, que ya ha implicado a hospitales de varios países europeos.

“Queda un largo camino por recorrer”, advierte Van der Graaf. La oncóloga, de paso por Barcelona para dar una conferencia en el acto del 30 aniversario del Instituto Catalán de Oncología, atiende a EL PAÍS en un hotel del centro de la ciudad horas antes de la jornada científica.

Pregunta. ¿Qué significa un diagnóstico de cáncer a edades tan tempranas?

Respuesta. Una de las cosas más importantes que suelen decir los pacientes es que su vida está en suspenso. Mientras sus compañeros viven su vida, se divierten, tienen un trabajo o estudian, ellos solo están ocupados con su enfermedad, con los efectos secundarios del tratamiento y con un diagnóstico que puede poner en peligro su vida. Eso hace que tu vida sea totalmente diferente: nunca has estado en un hospital y no sabes lo que te puede esperar; en el hospital de día, verás muchas cosas, también otra gente enferma, y eso afecta mentalmente; también puede haber una relación difícil con los padres porque tienes una edad en la que quieres ser independiente, a lo mejor estás estudiando en algún lugar o viviendo solo, y tienes que volver a casa con ellos; quieres seguir siendo joven, pero a veces estás tan cansado por la medicación… El tratamiento y el diagnóstico van mucho más allá de la enfermedad; la vida social también se ve afectada.

P. ¿Dónde está la brecha de conocimiento en el cáncer de adolescentes y adultos jóvenes?

P. El cáncer de aparición temprana está creciendo en el mundo. ¿Le preocupan estas tendencias?

R. Me preocupa mucho el cáncer de aparición temprana. Creo que si se observa la epidemiología, se ve una incidencia similar de pacientes con diagnósticos que ocurren en la edad pediátrica, pero la incidencia está aumentando en el caso de cánceres que normalmente se presentaban a los 60 años. Y eso es preocupante si no sabes exactamente por qué es así, porque es algo que debes prevenir. Nunca habría imaginado estar viendo pacientes con cáncer colorrectal a los 19 años.

Esto es muy preocupante y, a menudo, los tumores de aparición temprana tienen mal pronóstico porque se detectan tarde y, probablemente, la biología del tumor tampoco ayuda. Hay indicios de que la biología del cáncer de mama, por ejemplo, es diferente a edades tempranas: en edad avanzada suelen ser tumores hormonales positivos, mientras que a edad temprana el porcentaje de cáncer triple negativo [el subgrupo de peor pronóstico] relacionado con los genes BRCA1 y BRCA2, es relativamente alto.

P. ¿Los adultos jóvenes de hoy será la generación con más riesgo de cáncer?

R. Si resulta que la contaminación desempeña un papel y el cambio climático y los pesticidas influyen en el riesgo de cáncer, puede que sí. Pero creo que primero necesitamos entender por qué sucede esto.

P. Parece que la ciencia juega al gato y al ratón con el cáncer. Y el tumor siempre encuentra la manera de resistirse a las terapias que van saliendo.

R. Sí, por desgracia, el cáncer siempre es más inteligente que nosotros. Lo que ocurre es que el cáncer no es una enfermedad homogénea: son muchas células y mutaciones y las células no solo son realmente inteligentes para escapar a los tratamientos, sino que también pueden ser intrínsecamente muy resistentes.

P. ¿Estamos condenados a coexistir con el cáncer y aspirar quizás a convertirla en una enfermedad crónica?

R. Con algunos tipos de cáncer, como la leucemia mieloide crónica, se ha logrado vivir mucho más tiempo: la esperanza de vida de los pacientes, cuando toman el tratamiento, es tan larga como la de la población normal y eso era inimaginable hace años. Con la inmunoterapia incluso curamos a pacientes con enfermedad metastásica y creo que ahí sí que tenemos algo realmente sustancial. El único problema es que no todos los tumores son sensibles a la inmunoterapia.

Siempre he tenido un pequeño problema con el concepto de cáncer como enfermedad crónica. Porque una enfermedad crónica no es, en sí misma, una enfermedad que cause la muerte. Y el cáncer, como enfermedad crónica, generalmente termina en la muerte. Ahora tenemos el concepto de metasuperviviencia, es decir, personas con enfermedad metastásica que sobreviven, y eso es algo distinto a una enfermedad crónica. La diabetes es una enfermedad crónica y se puede morir por complicaciones, pero no necesariamente. O sea, te puedes quedar ciego, pero no significa que te mueras por ello. En cambio, del cáncer crónico, en última instancia, la gran mayoría muere.

P. ¿Cómo definiría la era actual en la lucha contra el cáncer?

R. Quizás soy un poco cínica. Creo que hay mucho bombo en torno a nuevos medicamentos, pero se presta mucha menos atención a otras partes del mundo en las que ni siquiera se puede dar la atención oncológica básica. Existe una enorme disparidad en el mundo. Y me encantaría ver eso más a menudo en las vallas publicitarias: curemos al mundo entero del cáncer y no solo a unos pocos afortunados en los países de altos ingresos.

Esa es mi gran frustración. Se habla mucho de los nuevos fármacos que solo ofrecen un beneficio de supervivencia libre de progresión [antes de que la enfermedad vuelva a progresar] de tres meses, o incluso menos, aunque estadísticamente eso sea un resultado positivo. Pero, ¿qué significa eso para los pacientes? ¿Viven más tiempo? ¿Viven mejor? ¿O solo se trata de un pequeño beneficio muy costoso para los sistemas de salud? Me gustaría que este hype [bombo]se transformara en esperanza para muchas personas que ni siquiera reciben los fármacos que figuran en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento del cáncer.

 Sociedad en EL PAÍS

Noticias Similares