Hallan, por fin, dónde están exactamente los ‘bordes’ de la Vía Láctea

Aunque resulte paradójico, a los astrónomos les resulta muchísimo más fácil estudiar galaxias a millones de años luz de distancia que nuestra propia Vía Láctea, el vecindario cósmico en el que vivimos. La razón es una simple cuestión de perspectiva. Es como tratar de dibujar el mapa de un bosque sin poder salir de él. Algo totalmente imposible. Del mismo modo, al estar dentro del mismísimo disco de la Vía Láctea, el denso polvo y el gas interestelar nos impiden ver su estructura global y sus verdaderos contornos. Algo que no sucede cuando apuntamos nuestros telescopios hacia otras galaxias lejanas, ya que las observamos desde ‘fuera’.A pesar de esta importante limitación, los últimos años han estado marcados por toda una serie de hitos en el conocimiento de nuestra propia ‘isla espacial’. Hemos logrado fotografiar por primera vez a Sagitario A* , el agujero negro supermasivo que reside en su centro; hemos descubierto que nuestra galaxia no es un disco perfectamente plano , sino que está doblada o ‘alabada’ en sus extremos; y, gracias a misiones sin precedentes, como la europea Gaia, hemos cartografiado la posición y movimiento de miles de millones de estrellas, haciendo los mapas en 3D más detallados hasta la fecha.Por supuesto, aún así quedan muchos enigmas por resolver, y uno de los más acuciantes era averiguar dónde ‘termina’ exactamente la Vía Láctea. Es decir, ¿dónde están sus ‘bordes’?Noticia relacionada general No No El nuevo ‘super telescopio’ de la NASA ya está listo para explorar el ‘lado oscuro’ del Universo José Manuel NievesLo acaba de descubrir un equipo internacional de investigadores. Según un nuevo estudio recién publicado en ‘ Astronomy & Astrophysics ‘, la frontera real de la galaxia, definida como el límite exterior de su región de formación estelar, se encuentra a una distancia de entre 35.000 y 40.000 años luz de su centro.Es fácil decirlo, pero llegar a estas cifras supone toda una hazaña científica. Para conseguirlo, de hecho, los investigadores tuvieron que analizar las edades de más de 100.000 estrellas gigantes. Cosa que hicieron combinando las enormes cantidades de datos de los programas de observación LAMOST y APOGEE con las mediciones ultra precisas del satélite europeo Gaia, que lleva años mapeando la posición y los movimientos de más de mil millones de estrellas. Al cruzar esta colosal montaña de información con avanzadas simulaciones de evolución galáctica, los autores del estudio encontraron un patrón revelador en la distribución de las estrellas.«La extensión del disco de formación estelar de la Vía Láctea -asegura el Dr. Karl Fiteni, autor principal del estudio e investigador en la Universidad de Insubria en Varese, Italia- ha sido durante mucho tiempo una cuestión abierta en la arqueología galáctica; al mapear cómo cambian las edades estelares a través del disco, ahora tenemos una respuesta clara y cuantitativa».De dentro a fueraLa clave del descubrimiento radica en la forma en que crecen las galaxias espirales, de dentro a fuera. Cerca del núcleo galáctico, donde abunda el gas y el polvo, la formación estelar comenzó mucho antes, por lo que las estrellas allí afincadas son más antiguas. A medida que nos alejamos del centro, el material se dispersa y las estrellas que encontramos son cada vez más jóvenes.Los detallados mapas de la misión europea Gaia revelaron que nuestra galaxia no es un disco perfectamente plano, sino que está ‘doblada’ en sus extremos. ESA/Gaia/DPAC, S. Payne-Wardenaar, E. Poggio et al (2025)Sin embargo, los investigadores observaron que, al llegar a esa lejana frontera de los 40.000 años luz desde el centro galáctico, la tendencia se invierte bruscamente. Es decir, las estrellas empiezan a ser más viejas de nuevo a medida que seguimos avanzando hacia el vacío exterior. En una gráfica que relaciona la edad y la distancia, esto dibuja una perfecta curva en forma de ‘U’.El punto de inflexión de esa curva es el límite exacto de la ‘fábrica de estrellas’ de nuestra galaxia. Pero si ahí se acaba la creación estelar, ¿por qué sigue habiendo estrellas más allá de ese borde, y por qué son más viejas?Migración radialLa respuesta tiene mucho que ver con un fenómeno llamado ‘migración radial’. Y es que las estrellas que viven en esos confines externos y oscuros no nacieron allí. Fueron expulsadas poco a poco cada vez más lejos de sus lugares de origen, en las agitadas regiones interiores. Tal y como detalla el equipo científico, estos astros interactúan gravitacionalmente con las ondas de los brazos espirales de la galaxia y ganan un impulso que las empuja hacia el exterior a lo largo de miles de millones de años, «igual que los surfistas cabalgan las olas del océano». Debido a que este viaje a la deriva es increíblemente lento, solo las estrellas más antiguas han tenido el tiempo físico suficiente para llegar tan lejos.«Otro punto clave sobre las estrellas en el disco exterior es que están en órbitas casi circulares, lo que significa que tuvieron que haberse formado en el propio disco -puntualiza Victor P. Debattista, coautor del trabajo en la Universidad de Lancashire-. No son estrellas que hayan sido esparcidas a grandes radios por el impacto de una galaxia satélite». El también coautor João A. S. Amarante, de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, subraya por su parte el inmenso valor de las simulaciones con superordenador para demostrar «cómo la migración estelar da forma al perfil de edad del disco».¿Por qué existe ese límite?Las causas del cese repentino en la formación estelar justo en ese límite exacto aún se investigan. Podría deberse a la atracción de la gran barra central de la Vía Láctea, que interrumpe el flujo de gas; a la deformación gravitatoria en los bordes del plano galáctico; o, sencillamente, a que en esa frontera el gas es ya demasiado tenue para enfriarse y colapsar para dar a luz nuevos soles.Sea como fuere, y como señala otro de los autores, Joseph Caruana, de la Universidad de Malta, el uso de datos estelares nos está abriendo la puerta a «una nueva era de descubrimientos sobre nuestra galaxia natal». Con la llegada de futuros programas astronómicos como 4MOST y WEAVE, seguiremos encendiendo, poco a poco, las luces de nuestro inmenso y misterioso vecindario cósmico. Aunque resulte paradójico, a los astrónomos les resulta muchísimo más fácil estudiar galaxias a millones de años luz de distancia que nuestra propia Vía Láctea, el vecindario cósmico en el que vivimos. La razón es una simple cuestión de perspectiva. Es como tratar de dibujar el mapa de un bosque sin poder salir de él. Algo totalmente imposible. Del mismo modo, al estar dentro del mismísimo disco de la Vía Láctea, el denso polvo y el gas interestelar nos impiden ver su estructura global y sus verdaderos contornos. Algo que no sucede cuando apuntamos nuestros telescopios hacia otras galaxias lejanas, ya que las observamos desde ‘fuera’.A pesar de esta importante limitación, los últimos años han estado marcados por toda una serie de hitos en el conocimiento de nuestra propia ‘isla espacial’. Hemos logrado fotografiar por primera vez a Sagitario A* , el agujero negro supermasivo que reside en su centro; hemos descubierto que nuestra galaxia no es un disco perfectamente plano , sino que está doblada o ‘alabada’ en sus extremos; y, gracias a misiones sin precedentes, como la europea Gaia, hemos cartografiado la posición y movimiento de miles de millones de estrellas, haciendo los mapas en 3D más detallados hasta la fecha.Por supuesto, aún así quedan muchos enigmas por resolver, y uno de los más acuciantes era averiguar dónde ‘termina’ exactamente la Vía Láctea. Es decir, ¿dónde están sus ‘bordes’?Noticia relacionada general No No El nuevo ‘super telescopio’ de la NASA ya está listo para explorar el ‘lado oscuro’ del Universo José Manuel NievesLo acaba de descubrir un equipo internacional de investigadores. Según un nuevo estudio recién publicado en ‘ Astronomy & Astrophysics ‘, la frontera real de la galaxia, definida como el límite exterior de su región de formación estelar, se encuentra a una distancia de entre 35.000 y 40.000 años luz de su centro.Es fácil decirlo, pero llegar a estas cifras supone toda una hazaña científica. Para conseguirlo, de hecho, los investigadores tuvieron que analizar las edades de más de 100.000 estrellas gigantes. Cosa que hicieron combinando las enormes cantidades de datos de los programas de observación LAMOST y APOGEE con las mediciones ultra precisas del satélite europeo Gaia, que lleva años mapeando la posición y los movimientos de más de mil millones de estrellas. Al cruzar esta colosal montaña de información con avanzadas simulaciones de evolución galáctica, los autores del estudio encontraron un patrón revelador en la distribución de las estrellas.«La extensión del disco de formación estelar de la Vía Láctea -asegura el Dr. Karl Fiteni, autor principal del estudio e investigador en la Universidad de Insubria en Varese, Italia- ha sido durante mucho tiempo una cuestión abierta en la arqueología galáctica; al mapear cómo cambian las edades estelares a través del disco, ahora tenemos una respuesta clara y cuantitativa».De dentro a fueraLa clave del descubrimiento radica en la forma en que crecen las galaxias espirales, de dentro a fuera. Cerca del núcleo galáctico, donde abunda el gas y el polvo, la formación estelar comenzó mucho antes, por lo que las estrellas allí afincadas son más antiguas. A medida que nos alejamos del centro, el material se dispersa y las estrellas que encontramos son cada vez más jóvenes.Los detallados mapas de la misión europea Gaia revelaron que nuestra galaxia no es un disco perfectamente plano, sino que está ‘doblada’ en sus extremos. ESA/Gaia/DPAC, S. Payne-Wardenaar, E. Poggio et al (2025)Sin embargo, los investigadores observaron que, al llegar a esa lejana frontera de los 40.000 años luz desde el centro galáctico, la tendencia se invierte bruscamente. Es decir, las estrellas empiezan a ser más viejas de nuevo a medida que seguimos avanzando hacia el vacío exterior. En una gráfica que relaciona la edad y la distancia, esto dibuja una perfecta curva en forma de ‘U’.El punto de inflexión de esa curva es el límite exacto de la ‘fábrica de estrellas’ de nuestra galaxia. Pero si ahí se acaba la creación estelar, ¿por qué sigue habiendo estrellas más allá de ese borde, y por qué son más viejas?Migración radialLa respuesta tiene mucho que ver con un fenómeno llamado ‘migración radial’. Y es que las estrellas que viven en esos confines externos y oscuros no nacieron allí. Fueron expulsadas poco a poco cada vez más lejos de sus lugares de origen, en las agitadas regiones interiores. Tal y como detalla el equipo científico, estos astros interactúan gravitacionalmente con las ondas de los brazos espirales de la galaxia y ganan un impulso que las empuja hacia el exterior a lo largo de miles de millones de años, «igual que los surfistas cabalgan las olas del océano». Debido a que este viaje a la deriva es increíblemente lento, solo las estrellas más antiguas han tenido el tiempo físico suficiente para llegar tan lejos.«Otro punto clave sobre las estrellas en el disco exterior es que están en órbitas casi circulares, lo que significa que tuvieron que haberse formado en el propio disco -puntualiza Victor P. Debattista, coautor del trabajo en la Universidad de Lancashire-. No son estrellas que hayan sido esparcidas a grandes radios por el impacto de una galaxia satélite». El también coautor João A. S. Amarante, de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, subraya por su parte el inmenso valor de las simulaciones con superordenador para demostrar «cómo la migración estelar da forma al perfil de edad del disco».¿Por qué existe ese límite?Las causas del cese repentino en la formación estelar justo en ese límite exacto aún se investigan. Podría deberse a la atracción de la gran barra central de la Vía Láctea, que interrumpe el flujo de gas; a la deformación gravitatoria en los bordes del plano galáctico; o, sencillamente, a que en esa frontera el gas es ya demasiado tenue para enfriarse y colapsar para dar a luz nuevos soles.Sea como fuere, y como señala otro de los autores, Joseph Caruana, de la Universidad de Malta, el uso de datos estelares nos está abriendo la puerta a «una nueva era de descubrimientos sobre nuestra galaxia natal». Con la llegada de futuros programas astronómicos como 4MOST y WEAVE, seguiremos encendiendo, poco a poco, las luces de nuestro inmenso y misterioso vecindario cósmico.  

Aunque resulte paradójico, a los astrónomos les resulta muchísimo más fácil estudiar galaxias a millones de años luz de distancia que nuestra propia Vía Láctea, el vecindario cósmico en el que vivimos. La razón es una simple cuestión de perspectiva. Es como tratar de dibujar … el mapa de un bosque sin poder salir de él. Algo totalmente imposible. Del mismo modo, al estar dentro del mismísimo disco de la Vía Láctea, el denso polvo y el gas interestelar nos impiden ver su estructura global y sus verdaderos contornos. Algo que no sucede cuando apuntamos nuestros telescopios hacia otras galaxias lejanas, ya que las observamos desde ‘fuera’.

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