Mientras las autoridades pertinentes y la OMS rastrean posibles nuevos casos de positivos en hantavirus procedentes del contacto con el brote surgido en el barco MV Hondius , los científicos protagonizan una carrera paralela para desentrañar su genoma, las ‘entrañas’ genéticas del virus. Poseer esta información es vital para saber no solo a qué virus se enfrentan los servicios sanitarios, sino también si ha mutado hacia una cepa distinta, cuya mortalidad esté por encima del 40% registrado anteriormente o sea más virulenta. No obstante, el primer análisis completo del ARN es esperanzador: sí, se trata del virus Andes, el único hantavirus capaz de propagarse de persona a persona; pero no se observan cambios importantes en el material genético, lo que indica que estamos ante un viejo conocido. Al menos, en su mayor parte. El primer hantavirus se aisló en los años 70; y la cepa Andes, la que afecta a la tripulación y pasajeros del crucero y la única capaz de trasmitirse de humano a humano, se detectó a mediados de los 90. Desde entonces ha habido brotes puntuales en Argentina y Chile, lugar donde está el reservorio de ratones de cola larga ( Oligoryzomys longicaudatus ) infectados con la enfermedad. Estos roedores portan el virus durante toda su vida sin mostrar síntomas; pero personas en contacto con su orina, heces o saliva son susceptibles de contagiarse y padecer una afección respiratoria grave que provoca la muerte en un 40% de los casos. Esto precisamente es lo que parece que ocurrió con la pareja neerlandesa del buque que murió en primer lugar, según apunta el examen preliminar del Centro Nacional de Referencia Suizo para Infecciones Virales Emergentes, compartido por el virólogo experto en hantavirus Gustavo Palacios a través de la página ‘ Virological ‘. «En conjunto, estos hallazgos respaldan un escenario de introducción zoonótica inicial seguida de transmisión de persona a persona durante el brote», explica el científico, refiriéndose a que los resultados apuntan, efectivamente, a que todo partió de un ratón de cola larga que derivó en un contagio limitado entre seres humanos (los pasajeros del barco, que de momento suman ocho personas). La teoría del supercontagiadorPalacios, que también ha tomado parte en la secuenciación, señala, además, que «la falta de diversidad observada en el brote es similar a la observada durante un grupo de transmisión de persona a persona en el brote de Epuyén 2018, en Argentina». Es decir, el virus que atacó al MV Hondius es muy parecido al que afectó a la Patagonia argentina entre 2018 y 2019. El caso es desgraciadamente célebre: una persona con síntomas, pero sin saber qué enfermedad le afectaba, acudió a un cumpleaños. De allí se contagiaron una treintena de invitados, de los que murieron 13, incluyendo a la cumpleañera, de 14 años. De ahí partió la hipótesis de que quizá el paciente cero era un ‘ supercontagiador ‘.Noticia relacionada general No No El cumpleaños con 11 muertos en Argentina que demostró que existen ‘supercontagiadores’ Guadalupe Piñeiro Michel«El brote puso de manifiesto que el virus Andes puede ocasionalmente propagarse entre personas en contextos de contacto estrecho y prolongado, especialmente durante la fase temprana sintomática de la enfermedad», explica a ABC Jacqueline Weyer, subdirectora interina del NICD, el laboratorio sudafricano que descubrió que en el barco circulaba un hantavirus y jefa del Centro para Enfermedades Zoonóticas y Parasitarias Emergentes. «Sin embargo, estos eventos parecen ser poco frecuentes en los brotes de hantavirus en general. La mayoría de las infecciones documentadas por hantavirus no generan cadenas extensas de transmisión», tranquiliza. De hecho, aquel brote fue controlado con relativa rapidez.El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) también ha señalado en u comunicado que «la reciente secuenciación genética del virus sugiere firmemente que las muestras de pasajeros analizadas están vinculadas a la misma fuente original de infección». «La información genómica también muestra que el virus involucrado en el brote es similar a los virus andinos que ya circulan en Sudamérica, y no se trata de una nueva variante -puntualizan, en la misma línea que Palacios-. Actualmente no hay evidencia de que esta variante se propague con mayor facilidad o cause una enfermedad más grave que otros virus andinos». Es decir, estamos, al menos de momento, ante un ‘viejo conocido’. Noticia relacionada general No No Los detectives del hantavirus en Sudáfrica que dieron la voz de alarma: «Fue como buscar una aguja en un pajar» Patricia BioscaLos científicos, no obstante, siguen trabajando para completar el genoma de este hantavirus, el primero en surgir en alta mar. «Al momento de redactar este informe, continúan los esfuerzos de secuenciación para subsanar las deficiencias y completar el análisis de estos primeros casos», advierte Palacios, quien explica que del primer muerto no se recogieron muestras y el material extraído de su esposa, fallecida unos días después, es limitado. Y remata que aún queda mucho trabajo por hacer para desentrañar el misterio del origen del brote: «Los datos genómicos no pueden excluir la posibilidad de que la exposición ambiental inicial involucrara a más de un pasajero infectado de la misma fuente -indica-. Resolver esto requerirá datos epidemiológicos adicionales, incluyendo cronogramas e historiales de contacto/exposición, junto con investigaciones ambientales como la captura y el análisis de roedores». Mientras las autoridades pertinentes y la OMS rastrean posibles nuevos casos de positivos en hantavirus procedentes del contacto con el brote surgido en el barco MV Hondius , los científicos protagonizan una carrera paralela para desentrañar su genoma, las ‘entrañas’ genéticas del virus. Poseer esta información es vital para saber no solo a qué virus se enfrentan los servicios sanitarios, sino también si ha mutado hacia una cepa distinta, cuya mortalidad esté por encima del 40% registrado anteriormente o sea más virulenta. No obstante, el primer análisis completo del ARN es esperanzador: sí, se trata del virus Andes, el único hantavirus capaz de propagarse de persona a persona; pero no se observan cambios importantes en el material genético, lo que indica que estamos ante un viejo conocido. Al menos, en su mayor parte. El primer hantavirus se aisló en los años 70; y la cepa Andes, la que afecta a la tripulación y pasajeros del crucero y la única capaz de trasmitirse de humano a humano, se detectó a mediados de los 90. Desde entonces ha habido brotes puntuales en Argentina y Chile, lugar donde está el reservorio de ratones de cola larga ( Oligoryzomys longicaudatus ) infectados con la enfermedad. Estos roedores portan el virus durante toda su vida sin mostrar síntomas; pero personas en contacto con su orina, heces o saliva son susceptibles de contagiarse y padecer una afección respiratoria grave que provoca la muerte en un 40% de los casos. Esto precisamente es lo que parece que ocurrió con la pareja neerlandesa del buque que murió en primer lugar, según apunta el examen preliminar del Centro Nacional de Referencia Suizo para Infecciones Virales Emergentes, compartido por el virólogo experto en hantavirus Gustavo Palacios a través de la página ‘ Virological ‘. «En conjunto, estos hallazgos respaldan un escenario de introducción zoonótica inicial seguida de transmisión de persona a persona durante el brote», explica el científico, refiriéndose a que los resultados apuntan, efectivamente, a que todo partió de un ratón de cola larga que derivó en un contagio limitado entre seres humanos (los pasajeros del barco, que de momento suman ocho personas). La teoría del supercontagiadorPalacios, que también ha tomado parte en la secuenciación, señala, además, que «la falta de diversidad observada en el brote es similar a la observada durante un grupo de transmisión de persona a persona en el brote de Epuyén 2018, en Argentina». Es decir, el virus que atacó al MV Hondius es muy parecido al que afectó a la Patagonia argentina entre 2018 y 2019. El caso es desgraciadamente célebre: una persona con síntomas, pero sin saber qué enfermedad le afectaba, acudió a un cumpleaños. De allí se contagiaron una treintena de invitados, de los que murieron 13, incluyendo a la cumpleañera, de 14 años. De ahí partió la hipótesis de que quizá el paciente cero era un ‘ supercontagiador ‘.Noticia relacionada general No No El cumpleaños con 11 muertos en Argentina que demostró que existen ‘supercontagiadores’ Guadalupe Piñeiro Michel«El brote puso de manifiesto que el virus Andes puede ocasionalmente propagarse entre personas en contextos de contacto estrecho y prolongado, especialmente durante la fase temprana sintomática de la enfermedad», explica a ABC Jacqueline Weyer, subdirectora interina del NICD, el laboratorio sudafricano que descubrió que en el barco circulaba un hantavirus y jefa del Centro para Enfermedades Zoonóticas y Parasitarias Emergentes. «Sin embargo, estos eventos parecen ser poco frecuentes en los brotes de hantavirus en general. La mayoría de las infecciones documentadas por hantavirus no generan cadenas extensas de transmisión», tranquiliza. De hecho, aquel brote fue controlado con relativa rapidez.El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) también ha señalado en u comunicado que «la reciente secuenciación genética del virus sugiere firmemente que las muestras de pasajeros analizadas están vinculadas a la misma fuente original de infección». «La información genómica también muestra que el virus involucrado en el brote es similar a los virus andinos que ya circulan en Sudamérica, y no se trata de una nueva variante -puntualizan, en la misma línea que Palacios-. Actualmente no hay evidencia de que esta variante se propague con mayor facilidad o cause una enfermedad más grave que otros virus andinos». Es decir, estamos, al menos de momento, ante un ‘viejo conocido’. Noticia relacionada general No No Los detectives del hantavirus en Sudáfrica que dieron la voz de alarma: «Fue como buscar una aguja en un pajar» Patricia BioscaLos científicos, no obstante, siguen trabajando para completar el genoma de este hantavirus, el primero en surgir en alta mar. «Al momento de redactar este informe, continúan los esfuerzos de secuenciación para subsanar las deficiencias y completar el análisis de estos primeros casos», advierte Palacios, quien explica que del primer muerto no se recogieron muestras y el material extraído de su esposa, fallecida unos días después, es limitado. Y remata que aún queda mucho trabajo por hacer para desentrañar el misterio del origen del brote: «Los datos genómicos no pueden excluir la posibilidad de que la exposición ambiental inicial involucrara a más de un pasajero infectado de la misma fuente -indica-. Resolver esto requerirá datos epidemiológicos adicionales, incluyendo cronogramas e historiales de contacto/exposición, junto con investigaciones ambientales como la captura y el análisis de roedores».
Mientras las autoridades pertinentes y la OMS rastrean posibles nuevos casos de positivos en hantavirus procedentes del contacto con el brote surgido en el barco MV Hondius, los científicos protagonizan una carrera paralela para desentrañar su genoma, las ‘entrañas’ genéticas del virus. Poseer … esta información es vital para saber no solo a qué virus se enfrentan los servicios sanitarios, sino también si ha mutado hacia una cepa distinta, cuya mortalidad esté por encima del 40% registrado anteriormente o sea más virulenta. No obstante, el primer análisis completo del ARN es esperanzador: sí, se trata del virus Andes, el único hantavirus capaz de propagarse de persona a persona; pero no se observan cambios importantes en el material genético, lo que indica que estamos ante un viejo conocido. Al menos, en su mayor parte.
El primer hantavirus se aisló en los años 70; y la cepa Andes, la que afecta a la tripulación y pasajeros del crucero y la única capaz de trasmitirse de humano a humano, se detectó a mediados de los 90. Desde entonces ha habido brotes puntuales en Argentina y Chile, lugar donde está el reservorio de ratones de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus) infectados con la enfermedad. Estos roedores portan el virus durante toda su vida sin mostrar síntomas; pero personas en contacto con su orina, heces o saliva son susceptibles de contagiarse y padecer una afección respiratoria grave que provoca la muerte en un 40% de los casos.
Esto precisamente es lo que parece que ocurrió con la pareja neerlandesa del buque que murió en primer lugar, según apunta el examen preliminar del Centro Nacional de Referencia Suizo para Infecciones Virales Emergentes, compartido por el virólogo experto en hantavirus Gustavo Palacios a través de la página ‘Virological‘. «En conjunto, estos hallazgos respaldan un escenario de introducción zoonótica inicial seguida de transmisión de persona a persona durante el brote», explica el científico, refiriéndose a que los resultados apuntan, efectivamente, a que todo partió de un ratón de cola larga que derivó en un contagio limitado entre seres humanos (los pasajeros del barco, que de momento suman ocho personas).
La teoría del supercontagiador
Palacios, que también ha tomado parte en la secuenciación, señala, además, que «la falta de diversidad observada en el brote es similar a la observada durante un grupo de transmisión de persona a persona en el brote de Epuyén 2018, en Argentina». Es decir, el virus que atacó al MV Hondius es muy parecido al que afectó a la Patagonia argentina entre 2018 y 2019. El caso es desgraciadamente célebre: una persona con síntomas, pero sin saber qué enfermedad le afectaba, acudió a un cumpleaños. De allí se contagiaron una treintena de invitados, de los que murieron 13, incluyendo a la cumpleañera, de 14 años. De ahí partió la hipótesis de que quizá el paciente cero era un ‘supercontagiador‘.
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Guadalupe Piñeiro Michel
«El brote puso de manifiesto que el virus Andes puede ocasionalmente propagarse entre personas en contextos de contacto estrecho y prolongado, especialmente durante la fase temprana sintomática de la enfermedad», explica a ABC Jacqueline Weyer, subdirectora interina del NICD, el laboratorio sudafricano que descubrió que en el barco circulaba un hantavirus y jefa del Centro para Enfermedades Zoonóticas y Parasitarias Emergentes. «Sin embargo, estos eventos parecen ser poco frecuentes en los brotes de hantavirus en general. La mayoría de las infecciones documentadas por hantavirus no generan cadenas extensas de transmisión», tranquiliza. De hecho, aquel brote fue controlado con relativa rapidez.
Noticia relacionada
Los científicos, no obstante, siguen trabajando para completar el genoma de este hantavirus, el primero en surgir en alta mar. «Al momento de redactar este informe, continúan los esfuerzos de secuenciación para subsanar las deficiencias y completar el análisis de estos primeros casos», advierte Palacios, quien explica que del primer muerto no se recogieron muestras y el material extraído de su esposa, fallecida unos días después, es limitado.
Y remata que aún queda mucho trabajo por hacer para desentrañar el misterio del origen del brote: «Los datos genómicos no pueden excluir la posibilidad de que la exposición ambiental inicial involucrara a más de un pasajero infectado de la misma fuente -indica-. Resolver esto requerirá datos epidemiológicos adicionales, incluyendo cronogramas e historiales de contacto/exposición, junto con investigaciones ambientales como la captura y el análisis de roedores».
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