Kiev destruye refinerías y almacenes con enjambres de drones baratos mientras Moscú dispara sus misiles balísticos contra ciudades ucranianas: dos estrategias asimétricas para ganar la batalla del desgaste Leer Kiev destruye refinerías y almacenes con enjambres de drones baratos mientras Moscú dispara sus misiles balísticos contra ciudades ucranianas: dos estrategias asimétricas para ganar la batalla del desgaste Leer
En el quinto año de guerra, con el frente de batalla atascado por el cansancio y los letales enjambres de drones que dominan toda la línea de contacto, tanto Ucrania como Rusia han emprendido una carrera para ver quién tumba la economía del rival a larga distancia, que es lo que realmente provoca que un país pierda un conflicto. En esta guerra de desgaste, donde ambas naciones notan el agotamiento de militares y civiles, los bombardeos de fábricas, centrales energéticas o empresas de logística se han convertido en el principal objetivo bélico actual.
En esta guerra de dos capitales, Kiev y Moscú, ambos han buscado seguir imponiendo altas dosis de destrucción esta pasada noche. El ejército de la Z ha lanzado misiles balísticos contra la capital y el sur de Ucrania (Kremenchuk y Krivi Rig, ciudad natal del presidente Zelenski). Entre ellos están los Iskander rusos y también los KN23, misiles enviados por Corea del Norte, de gran poder destructor pero menor precisión. Durante los últimos años, los Iskander y los KN23 han sido los mayores responsables de las matanzas de civiles al disparar sobre zonas urbanas por toda Ucrania.
La noticia de este año es que, en esta estrategia de espejo, Ucrania puede golpear tan severamente como lo hace Rusia, aunque con una estrategia totalmente diferente. Mientras que el Kremlin usa masivamente misiles balísticos porque sabe que Ucrania tiene muchas dificultades para derribarlos (por la ausencia de antiaéreos Patriot en el mercado), Kiev utiliza enjambres de drones baratos Lyuti (parecidos a los rusos Shahed) para destruir refinerías y centros de distribución. Anoche alcanzó tres grandes espacios logísticos de la empresa Wildberries, una suerte de Amazon ruso responsable del 45% de todo el comercio online de la Federación Rusa: Kolédino, Podólsk y el norte de Domodédovo, que proyectó su columna de humo sobre todo Moscú.
Este efecto, deseado por Ucrania, pretende no sólo tumbar al gigante logístico ruso (y a los bancos que financian a las pequeñas empresas que dependen de él), sino que busca que la población rusa sienta la guerra ya en sus propios barrios, tras años de sufrimiento donde el pueblo ucraniano ha cargado con las consecuencias de la agresión del Kremlin sin que buena parte de la población rusa se diera por enterada. Las estadísticas de ataques a Wildberries muestran 21 sitios logísticos afectados por ataques, incendios o evacuaciones del 18 de julio al 16 de agosto incluidos los más grandes. Estos Los ataques podrían haber causado daños por unos 10.000 millones de dólares y más de 400.000 vendedores rusos enfrentan pérdidas en algunos casos catastróficas. Rusia llevaba años destruyendo centrales logísticas ucranianas de empresas como Nova Posta y ahora sufre la misma estrategia.
Otra consecuencia indeseable para el pueblo ruso es el problema de abastecimiento de gasolina. El bombardeo de refinerías en marcha por todo el país, incluso a veces a 2.500 kilómetros de distancia del frente, ha dejado fuera de juego cerca del 40% de la capacidad de refinamiento, lo que provoca colas kilométricas por todo el país, pero también en Moscú y San Petersburgo. Cada semana, los drones de Ucrania destruyen alguna nueva refinería o visitan alguna que ya ha sido reparada de anteriores bombardeos para volver a ponerla fuera de juego.
Ucrania fabrica cada vez más drones (lanza ya cerca de 300 o 400 cada noche) y pone en dificultad a las defensas antiaéreas rusas. Aunque el Kremlin ha intentado blindar Moscú, cada vez son más las ocasiones en las que los drones ucranianos consiguen violar la fortaleza rusa. Además, el concentrar casi toda la defensa en la capital deja enormes zonas de territorio (Rusia es el país más grande del mundo) sin protección, lo que Kiev aprovecha para lanzar su guerra económica.
Una andanada de drones golpeó tres localidades en la región suroccidental rusa de Rostov, donde murieron cinco personas, señaló el gobernador local, Yury Slyusar. El ataque, con más de 150 drones, dañó varias viviendas y una estación de tren y provocó un incendio forestal. Otro ciudadano ruso murió en la región de Moscú por la caída de los restos de un dron a su casa.
Boris Aronstein, analista independiente de petróleo y gas, cree que «Los ataques con drones ucranianos han causado la crisis más grave de los últimos años, porque el tamaño, la coordinación y las oleadas repetidas de drones impiden a Rusia reparar las refinerías antes de que se produzca el siguiente ataque».
Sobre los ataques a Wildberries, el think tank Chatham House asegura que «independientemente de su significado militar, estos ataques están acercando la guerra a la población rusa. Las opciones para mitigar estos costes parecen limitadas. Una desgravación fiscal para una empresa tan grande como Wildberries supondría una presión adicional no deseada sobre el presupuesto federal. Trasladar los centros logísticos a zonas ostensiblemente más seguras en los Urales o Siberia sería muy costoso. La carga de proteger la infraestructura comercial de los ataques ucranianos recae cada vez más en las propias empresas».
Sobre la economía rusa y el daño de estos ataques, Elina Ribakova, del Peterson Institute for International Economics, cree que «la economía rusa se ha estancado. Tendrá un crecimiento del cero por ciento este año; en el mejor de los casos, hemos visto una contracción de la economía en el primer trimestre y también una contracción de la producción industrial. La contracción de la producción industrial significa que también el sector de defensa se ha desacelerado de forma significativa.
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