Dos cazas F-18 españoles de la OTAN derriban un dron sobre el espacio aéreo de Rumanía

El aparato había traspasado el espacio aéreo rumano cerca de la frontera con Ucrania y Moldavia Leer El aparato había traspasado el espacio aéreo rumano cerca de la frontera con Ucrania y Moldavia Leer  

Un caza F-18 español desplegado en Rumanía bajo mando de la OTAN derribó este domingo un dron que había entrado ilegalmente en el espacio aéreo del país. El aparato, probablemente ruso, fue detectado cuando cruzaba desde la vecina Moldavia, a unos 24 kilómetros al norte de Galati. El piloto obtuvo contacto por radar y recibió permiso para abrir fuego. A las 5.01 de la madrugada, los restos cayeron en una zona despoblada situada entre dos localidades.

Para interceptarlo, despegaron dos F-18M españoles del Ala 12 desde la base rumana de Mihail Koglniceanu. Ambos localizaron e identificaron visualmente el aparato durante la noche, aunque sólo uno empleó su armamento aire-aire para destruirlo. La operación formaba parte de la Policía Aérea de la OTAN, una misión permanente de tiempo de paz que mantiene cazas, pilotos y equipos de tierra en alerta las 24 horas para responder en pocos minutos a cualquier traza sospechosa. Normalmente una red de radares detecta el objetivo y el centro aliado correspondiente decide desde qué base despegan los interceptores; en el sur de Europa, incluida Rumanía, esa coordinación pasa por el centro de operaciones de Torrejón, que trabaja con los controladores nacionales.

Esta red aliada supervisa hasta 30.000 movimientos aéreos diarios y también moviliza cazas cuando un avión civil pierde la comunicación. El derribo sobre Rumanía es el primero efectuado allí por un aliado distinto de la fuerza aérea nacional y la primera amenaza aérea abatida por un caza español desde el ingreso de España en la OTAN.

El origen exacto continúa bajo investigación. El Ministerio de Defensa rumano evitó atribuirlo, aunque el coronel estadounidense Martin O’Donnell, portavoz militar de la OTAN, afirmó que «parece ser ruso». Es el cuarto dron derribado este año sobre Rumanía, un país que comparte 614 kilómetros de frontera con Ucrania y que durante la guerra ha encontrado en su territorio fragmentos de drones rusos y minas arrastradas por el mar Negro.

En julio, cazas F-16 rumanos abatieron por primera vez tres drones rusos después de decenas de incursiones. En mayo, otro aparato se estrelló contra un bloque de viviendas en Galati y dejó dos heridos. La decisión de abrir fuego refleja una política más expeditiva frente a objetos que antes eran rastreados hasta que abandonaban el espacio aéreo o caían por sí mismos.

La intervención española llega apenas dos días después de que otro caza de la OTAN derribara un dron sobre Letonia. El aparato entró durante una ofensiva ucraniana contra Ust-Luga y otros puertos rusos próximos a San Petersburgo. Dos Eurofighter italianos despegaron desde Lituania y dos F-16 turcos desde Estonia. Finalmente, uno de los aviones italianos destruyó el objetivo sobre los bosques cercanos a Rugaji, a unos 35 kilómetros de la frontera rusa.

Letonia todavía no ha confirmado la procedencia del dron, pero el contexto apunta a un aparato ucraniano desviado durante el ataque, aunque sólo el análisis de los restos podrá aclararlo. La ofensiva contra Ust-Luga forma parte de la campaña de Kiev para dañar las terminales petroleras, las refinerías y las rutas marítimas que sostienen los ingresos de guerra del Kremlin.

El alcance creciente de esas operaciones ha extendido el campo de batalla hacia el Báltico. Los drones ucranianos vuelan cientos de kilómetros sobre territorio ruso para alcanzar San Petersburgo, Ust-Luga o la refinería de Kirishi. En ese recorrido se enfrentan a una densa barrera de interferencias de los sistemas rusos, que pueden bloquear la navegación por satélite o falsear sus coordenadas mediante técnicas de spoofing. Un aparato que cree dirigirse hacia un objetivo ruso puede terminar cruzando una frontera de la OTAN. La amenaza llega además desde las dos direcciones. Sobre el Báltico aparecen drones ucranianos que se dirigen hacia Rusia o han sido desviados por sus defensas.

En Rumanía y Polonia, las incursiones suelen producirse durante los ataques rusos contra Ucrania. En septiembre de 2025, entre 19 y 23 drones rusos penetraron en Polonia y obligaron a intervenir a cazas polacos y aliados. El 30 de julio de este año, un misil de crucero ruso Kh-101 cruzó la frontera y explotó en un campo cerca de Tarnawa-Kolonia, dejando un cráter de diez metros. No parecía tener Polonia como objetivo, pero su recorrido confirmó que la frontera de la OTAN es la zona donde las trayectorias de unos y otros empiezan a confundirse.

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