Ahora que la guerra accionarial está aplacada y el equipo salvado, el bochorno proviene de un dudoso proceso de venta, que vuelve a servir de sorna a nivel nacional. Nadie quiere al Sevilla. Nadie. La burla de Sergio Ramos solo es equiparable a las exigencias infladas de sus máximos accionistas. Curiosamente, hay un movimiento que defiende al camero, porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Pero la realidad es que el Sevilla FC está siendo objeto de un maltrato sistemático. Nadie se toma en serio la gravedad de su situación y parece que la carroña está forzando su muerte para poder gozar de su carne. Si Ramos está convencido de su plan salvador, lo normal hubiera sido plantear de inicio esta propuesta tan ingeniosa de hacerse con el control del club pagando la mitad de lo previsto. Con buenos argumentos y tiempo para negociar, quizá la historia hubiera sido de otra forma. Pero cambiar los términos del trato a cuatro días del final de la LOI, forzando el trato y manipulando a la opinión pública es, cuando menos, rastrero. Decir esto abiertamente es exponerse al escarnio público, pero nada tiene que ver el reprender el mal comportamiento de uno con apoyar a los otros. El Sevilla necesita un cambio. Los actuales gestores han demostrado no estar a la altura del club, pero las malas artimañas del opositor al cargo tampoco auguran mejores prácticas. El sevillismo está harto y estaba esperanzado de disfrutar de aire fresco, de nuevos inicios, de ilusionarse… Sin embargo, se han encontrado con un negocio truncado y la amenaza de vivir una temporada más como ésta anterior. Terrorífico. No obstante, tirarse en brazos de cualquiera nunca sale bien. Si Ramos y Five Eleven Capital hubieran sido más honestos y los accionistas menos ambiciosos, un término medio se podría haber negociado hace semanas. Los tiempos los han gestionado ellos y no había necesidad de esperar algas ya ahora, cuando ya se va tarde para incidir en la próxima campaña. La realidad es que a nadie de ellos le importa el Sevilla de verdad, solo lo que el Sevilla puede hacer por ellos. Ahora que la guerra accionarial está aplacada y el equipo salvado, el bochorno proviene de un dudoso proceso de venta, que vuelve a servir de sorna a nivel nacional. Nadie quiere al Sevilla. Nadie. La burla de Sergio Ramos solo es equiparable a las exigencias infladas de sus máximos accionistas. Curiosamente, hay un movimiento que defiende al camero, porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Pero la realidad es que el Sevilla FC está siendo objeto de un maltrato sistemático. Nadie se toma en serio la gravedad de su situación y parece que la carroña está forzando su muerte para poder gozar de su carne. Si Ramos está convencido de su plan salvador, lo normal hubiera sido plantear de inicio esta propuesta tan ingeniosa de hacerse con el control del club pagando la mitad de lo previsto. Con buenos argumentos y tiempo para negociar, quizá la historia hubiera sido de otra forma. Pero cambiar los términos del trato a cuatro días del final de la LOI, forzando el trato y manipulando a la opinión pública es, cuando menos, rastrero. Decir esto abiertamente es exponerse al escarnio público, pero nada tiene que ver el reprender el mal comportamiento de uno con apoyar a los otros. El Sevilla necesita un cambio. Los actuales gestores han demostrado no estar a la altura del club, pero las malas artimañas del opositor al cargo tampoco auguran mejores prácticas. El sevillismo está harto y estaba esperanzado de disfrutar de aire fresco, de nuevos inicios, de ilusionarse… Sin embargo, se han encontrado con un negocio truncado y la amenaza de vivir una temporada más como ésta anterior. Terrorífico. No obstante, tirarse en brazos de cualquiera nunca sale bien. Si Ramos y Five Eleven Capital hubieran sido más honestos y los accionistas menos ambiciosos, un término medio se podría haber negociado hace semanas. Los tiempos los han gestionado ellos y no había necesidad de esperar algas ya ahora, cuando ya se va tarde para incidir en la próxima campaña. La realidad es que a nadie de ellos le importa el Sevilla de verdad, solo lo que el Sevilla puede hacer por ellos.
Ahora que la guerra accionarial está aplacada y el equipo salvado, el bochorno proviene de un dudoso proceso de venta, que vuelve a servir de sorna a nivel nacional. Nadie quiere al Sevilla. Nadie. La burla de Sergio Ramos solo es equiparable a las exigencias … infladas de sus máximos accionistas. Curiosamente, hay un movimiento que defiende al camero, porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Pero la realidad es que el Sevilla FC está siendo objeto de un maltrato sistemático. Nadie se toma en serio la gravedad de su situación y parece que la carroña está forzando su muerte para poder gozar de su carne.
Si Ramos está convencido de su plan salvador, lo normal hubiera sido plantear de inicio esta propuesta tan ingeniosa de hacerse con el control del club pagando la mitad de lo previsto. Con buenos argumentos y tiempo para negociar, quizá la historia hubiera sido de otra forma. Pero cambiar los términos del trato a cuatro días del final de la LOI, forzando el trato y manipulando a la opinión pública es, cuando menos, rastrero. Decir esto abiertamente es exponerse al escarnio público, pero nada tiene que ver el reprender el mal comportamiento de uno con apoyar a los otros. El Sevilla necesita un cambio. Los actuales gestores han demostrado no estar a la altura del club, pero las malas artimañas del opositor al cargo tampoco auguran mejores prácticas.
El sevillismo está harto y estaba esperanzado de disfrutar de aire fresco, de nuevos inicios, de ilusionarse… Sin embargo, se han encontrado con un negocio truncado y la amenaza de vivir una temporada más como ésta anterior. Terrorífico. No obstante, tirarse en brazos de cualquiera nunca sale bien. Si Ramos y Five Eleven Capital hubieran sido más honestos y los accionistas menos ambiciosos, un término medio se podría haber negociado hace semanas. Los tiempos los han gestionado ellos y no había necesidad de esperar algas ya ahora, cuando ya se va tarde para incidir en la próxima campaña. La realidad es que a nadie de ellos le importa el Sevilla de verdad, solo lo que el Sevilla puede hacer por ellos.
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