Parece poco menos que obligado hacer alguna referencia al Campeonato Mundial de Fútbol en una columna sobre televisión, tanto por el número de horas que las cadenas generalistas le dedican como por el indiscutible éxito de audiencia, y puesto que expertos y analistas del fútbol ejercen con profesionalidad su oficio a diario, la opción del comentarista amateur es fijarse en una parte del espectáculo: el público. En esa imagen de desolación de la aficionada argentina cuando Messi falla el penalti para poco después contemplar la disparatada alegría de cuatro hooligans tras un gol de Messi en un estadio repleto de pancartas en recuerdo de Maradona. Hemos pasado del opio del pueblo a la religión del pueblo con sus beatos y santos.
Se acepta el extremismo considerado como una de las bellas artes. De la moderada desolación ante el empate frente a Cabo Verde hemos pasado a la euforia ante Arabia Saudí y de ahí, a la final en Nueva York
Parece poco menos que obligado hacer alguna referencia al Campeonato Mundial de Fútbol en una columna sobre televisión, tanto por el número de horas que las cadenas generalistas le dedican como por el indiscutible éxito de audiencia, y puesto que expertos y analistas del fútbol ejercen con profesionalidad su oficio a diario, la opción del comentarista amateur es fijarse en una parte del espectáculo: el público. En esa imagen de desolación de la aficionada argentina cuando Messi falla el penalti para poco después contemplar la disparatada alegría de cuatro hooligans tras un gol de Messi en un estadio repleto de pancartas en recuerdo de Maradona. Hemos pasado del opio del pueblo a la religión del pueblo con sus beatos y santos.
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