Digno en la derrota, compitiendo y sin descabalgar del partido ni en los momentos de mayor sufrimiento, el Insolac Caja 87 selló su pretemporada con un revés que no lastima la identidad que está modelando. La de un equipo intenso en defensa, aguerrido y más cómodo en la transición, que no le pierde la cara a los partidos. Su actuación en Gran Canaria, marcada por los altibajos ante el máximo favorito al ascenso a la Liga Endesa, resultó un compendio de las virtudes y los defectos que ha venido mostrando el equipo en este periodo de preparación. Hay compromiso y carácter para salir a flote cuando más fuerte golpea el rival. Y tiene puntos en las manos el Caja 87, pero casi todos concentrados en el tiro exterior. Si el triple no entra, el equipo sufre, aunque se remangue. En Gran Canaria empezó realmente mal y luego enderezó el partido. Y lo mismo le pasó tras el descanso. A otro intento de despegue insular le cortó las alas el Caja 87 desde la defensa y el trabajo hasta que Joaquín Rodríguez dinamitó el duelo en su recta final.Con un rotundo 14-2 de salida, culminado por Stumbris , arrancó el Gran Canaria, marcando territorio desde el arranque, ante un Caja 87 que tardó en asentarse. Malas decisiones en ataque, tiros erráticos y regalos en defensa sirvieron en bandeja de plata esa jugosa ventaja al equipo claretiano frente a un rival inoperante entonces, superado por el nivel físico del anfitrión. Se habían consumido apenas cinco minutos y Juani Díez paró el partido. Todas las correcciones posibles eran necesarias. Nacho Varela cortó la sequía sevillana con un triple, pero al Caja 87 le costaba mucho hallar buenas situaciones tiro para producir con regularidad. Townes devolvía el triple y la desventaja se disparaba hasta el 18-5. Webster rompía por el centro, Mendikote canjeaba en una transición y Webster, con otro triple más, restaba hasta el 18-12. Soumbey-Alley, bajo aro, ratificaba la reacción sevillana (18-14) y el partido se equilibraba a falta de minuto medio para el término del primer cuarto. Cecilia, desde la esquina, inauguraba su casillero y el Caja 87 concluía siete abajo el primer cuarto (25-18). Moody también engrasaba sus muñecas, asumía el peso del ataque, leía bien las defensas y el Caja 87 se mantenía en el retrovisor grancanario, visible (31-28). Desde el 18-5, parcial de 13-23. Bajo aro se apreciaban algunas fisuras en el armazón defensivo sevillano, aunque la calidad y capacidad física de la rotación interior del Gran Canaria es innegable. Impulsado por su defensa y desde el tiro exterior se enganchó el Caja 87. Esa vía predilecta de anotación la siguió explotando, con un inspirado Webster que incluso pudo poner a su equipo por delante. Mendikote ajustó hasta el 35-34, pero la batuta la sujetaba Webster y realmente, aunque no le daba caza a su rival en el marcador, se jugaba entonces a lo que quería el conjunto sevillano, penalizado por su desafine en el tiro libre. Del tiempo muerto encontró Dedovic un triple sobre la bocina y Pelos, más puntos cargando el rebote de ataque (41-39). Al descanso, el mérito cajista radicó en encontrar un plan de juego desde el que resultar competitivo en las dos canastas hasta equilibrar un partido que pintaba realmente feo tras los minutos de apertura. En teoría, si la anotación bajaba, mucho mejor para sus intereses. Lamentablemente, el Gran Canaria pegó un estirón de siete puntos tras la reanudación (48-39). Subió notablemente su nivel defensivo y en ataque halló vías de agua con jugadores desaparecidos en la primera mitad, caso de Joaquín Rodríguez, Cremo y Alocén. Profundidad de banquillo se llama. Nacho Varela, defendiendo una penetración a canasta del escolta uruguayo Joaquín Rodríguez GranCanariaCBOtra vez se rehace el Caja 87El 50-39 marcaba otro momento crítico que exigía la rápida intervención de Juani Díez. La situación pedía un giro de tuerca, algún as bajo la manga del técnico argentino. Cremo abría brecha (52-41) y Webster tiraba de personalidad y recursos individuales insuflando oxígeno, cual salvavidas, para evitar el naufragio. Con ocho abajo, tocaba resistir y agarrarse a la pista. Sufrir y remar, remar y sufrir. Porque los triples que hacían ¡chof! en el primer tiempo ahora los repelía el aro. Y así, el Caja 87, sin flujo anotador, encallaba y perdía filo. El aro insular se había sellado y el Gran Canaria se afanaba en castigar en la transición. Volvían los 12 de diferencia (58-46) y el Caja 87 no cambiaba de registro. Esa tozudez en el triple, que tanto le ayudó hasta el intermedio, ahora le estaba costando cara. Por dentro, como ya se presumía por confección de plantilla, faltan cosas para batallas de este tipo. Con siete puntos sumados en un cuarto no se puede sobrevivir en el Gran Canaria Arena. Imposible. Townes cerraba un tercer parcial que fue un sufrimiento y decantaba el partido: 20-7 y 61-46 en el global. Pese a la diferencia, el Caja 87 no se afligió. Hay compromiso y competitividad. Bien. Y esa doble cualidad es un tesoro. Un parcial de 0-9 (61-55) lo metía otra vez en la pomada. Tras canasta de Latorre bajo aro, 63-59 y seis minutos por delante. Entonces, el equipo patinó en dos jugadas clave: Latorre falló dos tiros libres y Soumbey-Alley concedió un tres más uno a Joaquín Rodríguez (67-59). El uruguayo lideró la escapada de los suyos exhibiendo todo su repertorio: intensidad, recuperaciones, puntos en transiciones y triples. Él solo se bastó para congelar la reacción sevillana (74-61). La ráfaga de puntos del charrúa dejó prácticamente sin tiempo de reacción al Caja 87 para una última rebelión. Menos de tres minutos restaban y al Gran Canaria, un equipo más experto, no se le iba a escapar el partido. Hasta el final lo intentaron los hispalenses, pero desprovistos de la efectividad necesaria para darle un último susto al equipo de Savignani. Digno en la derrota, compitiendo y sin descabalgar del partido ni en los momentos de mayor sufrimiento, el Insolac Caja 87 selló su pretemporada con un revés que no lastima la identidad que está modelando. La de un equipo intenso en defensa, aguerrido y más cómodo en la transición, que no le pierde la cara a los partidos. Su actuación en Gran Canaria, marcada por los altibajos ante el máximo favorito al ascenso a la Liga Endesa, resultó un compendio de las virtudes y los defectos que ha venido mostrando el equipo en este periodo de preparación. Hay compromiso y carácter para salir a flote cuando más fuerte golpea el rival. Y tiene puntos en las manos el Caja 87, pero casi todos concentrados en el tiro exterior. Si el triple no entra, el equipo sufre, aunque se remangue. En Gran Canaria empezó realmente mal y luego enderezó el partido. Y lo mismo le pasó tras el descanso. A otro intento de despegue insular le cortó las alas el Caja 87 desde la defensa y el trabajo hasta que Joaquín Rodríguez dinamitó el duelo en su recta final.Con un rotundo 14-2 de salida, culminado por Stumbris , arrancó el Gran Canaria, marcando territorio desde el arranque, ante un Caja 87 que tardó en asentarse. Malas decisiones en ataque, tiros erráticos y regalos en defensa sirvieron en bandeja de plata esa jugosa ventaja al equipo claretiano frente a un rival inoperante entonces, superado por el nivel físico del anfitrión. Se habían consumido apenas cinco minutos y Juani Díez paró el partido. Todas las correcciones posibles eran necesarias. Nacho Varela cortó la sequía sevillana con un triple, pero al Caja 87 le costaba mucho hallar buenas situaciones tiro para producir con regularidad. Townes devolvía el triple y la desventaja se disparaba hasta el 18-5. Webster rompía por el centro, Mendikote canjeaba en una transición y Webster, con otro triple más, restaba hasta el 18-12. Soumbey-Alley, bajo aro, ratificaba la reacción sevillana (18-14) y el partido se equilibraba a falta de minuto medio para el término del primer cuarto. Cecilia, desde la esquina, inauguraba su casillero y el Caja 87 concluía siete abajo el primer cuarto (25-18). Moody también engrasaba sus muñecas, asumía el peso del ataque, leía bien las defensas y el Caja 87 se mantenía en el retrovisor grancanario, visible (31-28). Desde el 18-5, parcial de 13-23. Bajo aro se apreciaban algunas fisuras en el armazón defensivo sevillano, aunque la calidad y capacidad física de la rotación interior del Gran Canaria es innegable. Impulsado por su defensa y desde el tiro exterior se enganchó el Caja 87. Esa vía predilecta de anotación la siguió explotando, con un inspirado Webster que incluso pudo poner a su equipo por delante. Mendikote ajustó hasta el 35-34, pero la batuta la sujetaba Webster y realmente, aunque no le daba caza a su rival en el marcador, se jugaba entonces a lo que quería el conjunto sevillano, penalizado por su desafine en el tiro libre. Del tiempo muerto encontró Dedovic un triple sobre la bocina y Pelos, más puntos cargando el rebote de ataque (41-39). Al descanso, el mérito cajista radicó en encontrar un plan de juego desde el que resultar competitivo en las dos canastas hasta equilibrar un partido que pintaba realmente feo tras los minutos de apertura. En teoría, si la anotación bajaba, mucho mejor para sus intereses. Lamentablemente, el Gran Canaria pegó un estirón de siete puntos tras la reanudación (48-39). Subió notablemente su nivel defensivo y en ataque halló vías de agua con jugadores desaparecidos en la primera mitad, caso de Joaquín Rodríguez, Cremo y Alocén. Profundidad de banquillo se llama. Nacho Varela, defendiendo una penetración a canasta del escolta uruguayo Joaquín Rodríguez GranCanariaCBOtra vez se rehace el Caja 87El 50-39 marcaba otro momento crítico que exigía la rápida intervención de Juani Díez. La situación pedía un giro de tuerca, algún as bajo la manga del técnico argentino. Cremo abría brecha (52-41) y Webster tiraba de personalidad y recursos individuales insuflando oxígeno, cual salvavidas, para evitar el naufragio. Con ocho abajo, tocaba resistir y agarrarse a la pista. Sufrir y remar, remar y sufrir. Porque los triples que hacían ¡chof! en el primer tiempo ahora los repelía el aro. Y así, el Caja 87, sin flujo anotador, encallaba y perdía filo. El aro insular se había sellado y el Gran Canaria se afanaba en castigar en la transición. Volvían los 12 de diferencia (58-46) y el Caja 87 no cambiaba de registro. Esa tozudez en el triple, que tanto le ayudó hasta el intermedio, ahora le estaba costando cara. Por dentro, como ya se presumía por confección de plantilla, faltan cosas para batallas de este tipo. Con siete puntos sumados en un cuarto no se puede sobrevivir en el Gran Canaria Arena. Imposible. Townes cerraba un tercer parcial que fue un sufrimiento y decantaba el partido: 20-7 y 61-46 en el global. Pese a la diferencia, el Caja 87 no se afligió. Hay compromiso y competitividad. Bien. Y esa doble cualidad es un tesoro. Un parcial de 0-9 (61-55) lo metía otra vez en la pomada. Tras canasta de Latorre bajo aro, 63-59 y seis minutos por delante. Entonces, el equipo patinó en dos jugadas clave: Latorre falló dos tiros libres y Soumbey-Alley concedió un tres más uno a Joaquín Rodríguez (67-59). El uruguayo lideró la escapada de los suyos exhibiendo todo su repertorio: intensidad, recuperaciones, puntos en transiciones y triples. Él solo se bastó para congelar la reacción sevillana (74-61). La ráfaga de puntos del charrúa dejó prácticamente sin tiempo de reacción al Caja 87 para una última rebelión. Menos de tres minutos restaban y al Gran Canaria, un equipo más experto, no se le iba a escapar el partido. Hasta el final lo intentaron los hispalenses, pero desprovistos de la efectividad necesaria para darle un último susto al equipo de Savignani.
Digno en la derrota, compitiendo y sin descabalgar del partido ni en los momentos de mayor sufrimiento, el Insolac Caja 87 selló su pretemporada con un revés que no lastima la identidad que está modelando. La de un equipo intenso en defensa, aguerrido y … más cómodo en la transición, que no le pierde la cara a los partidos. Su actuación en Gran Canaria, marcada por los altibajos ante el máximo favorito al ascenso a la Liga Endesa, resultó un compendio de las virtudes y los defectos que ha venido mostrando el equipo en este periodo de preparación.
Hay compromiso y carácter para salir a flote cuando más fuerte golpea el rival. Y tiene puntos en las manos el Caja 87, pero casi todos concentrados en el tiro exterior. Si el triple no entra, el equipo sufre, aunque se remangue. En Gran Canaria empezó realmente mal y luego enderezó el partido. Y lo mismo le pasó tras el descanso. A otro intento de despegue insular le cortó las alas el Caja 87 desde la defensa y el trabajo hasta que Joaquín Rodríguez dinamitó el duelo en su recta final.
Con un rotundo 14-2 de salida, culminado por Stumbris, arrancó el Gran Canaria, marcando territorio desde el arranque, ante un Caja 87 que tardó en asentarse. Malas decisiones en ataque, tiros erráticos y regalos en defensa sirvieron en bandeja de plata esa jugosa ventaja al equipo claretiano frente a un rival inoperante entonces, superado por el nivel físico del anfitrión. Se habían consumido apenas cinco minutos y Juani Díez paró el partido. Todas las correcciones posibles eran necesarias.
Nacho Varela cortó la sequía sevillana con un triple, pero al Caja 87 le costaba mucho hallar buenas situaciones tiro para producir con regularidad. Townes devolvía el triple y la desventaja se disparaba hasta el 18-5. Webster rompía por el centro, Mendikote canjeaba en una transición y Webster, con otro triple más, restaba hasta el 18-12. Soumbey-Alley, bajo aro, ratificaba la reacción sevillana (18-14) y el partido se equilibraba a falta de minuto medio para el término del primer cuarto.
Cecilia, desde la esquina, inauguraba su casillero y el Caja 87 concluía siete abajo el primer cuarto (25-18). Moody también engrasaba sus muñecas, asumía el peso del ataque, leía bien las defensas y el Caja 87 se mantenía en el retrovisor grancanario, visible (31-28). Desde el 18-5, parcial de 13-23. Bajo aro se apreciaban algunas fisuras en el armazón defensivo sevillano, aunque la calidad y capacidad física de la rotación interior del Gran Canaria es innegable.
Impulsado por su defensa y desde el tiro exterior se enganchó el Caja 87. Esa vía predilecta de anotación la siguió explotando, con un inspirado Webster que incluso pudo poner a su equipo por delante. Mendikote ajustó hasta el 35-34, pero la batuta la sujetaba Webster y realmente, aunque no le daba caza a su rival en el marcador, se jugaba entonces a lo que quería el conjunto sevillano, penalizado por su desafine en el tiro libre. Del tiempo muerto encontró Dedovic un triple sobre la bocina y Pelos, más puntos cargando el rebote de ataque (41-39).
Al descanso, el mérito cajista radicó en encontrar un plan de juego desde el que resultar competitivo en las dos canastas hasta equilibrar un partido que pintaba realmente feo tras los minutos de apertura. En teoría, si la anotación bajaba, mucho mejor para sus intereses. Lamentablemente, el Gran Canaria pegó un estirón de siete puntos tras la reanudación (48-39). Subió notablemente su nivel defensivo y en ataque halló vías de agua con jugadores desaparecidos en la primera mitad, caso de Joaquín Rodríguez, Cremo y Alocén. Profundidad de banquillo se llama.

(GranCanariaCB)
Otra vez se rehace el Caja 87
El 50-39 marcaba otro momento crítico que exigía la rápida intervención de Juani Díez. La situación pedía un giro de tuerca, algún as bajo la manga del técnico argentino. Cremo abría brecha (52-41) y Webster tiraba de personalidad y recursos individuales insuflando oxígeno, cual salvavidas, para evitar el naufragio. Con ocho abajo, tocaba resistir y agarrarse a la pista. Sufrir y remar, remar y sufrir. Porque los triples que hacían ¡chof! en el primer tiempo ahora los repelía el aro. Y así, el Caja 87, sin flujo anotador, encallaba y perdía filo. El aro insular se había sellado y el Gran Canaria se afanaba en castigar en la transición.
Volvían los 12 de diferencia (58-46) y el Caja 87 no cambiaba de registro. Esa tozudez en el triple, que tanto le ayudó hasta el intermedio, ahora le estaba costando cara. Por dentro, como ya se presumía por confección de plantilla, faltan cosas para batallas de este tipo. Con siete puntos sumados en un cuarto no se puede sobrevivir en el Gran Canaria Arena. Imposible. Townes cerraba un tercer parcial que fue un sufrimiento y decantaba el partido: 20-7 y 61-46 en el global.
Pese a la diferencia, el Caja 87 no se afligió. Hay compromiso y competitividad. Bien. Y esa doble cualidad es un tesoro. Un parcial de 0-9 (61-55) lo metía otra vez en la pomada. Tras canasta de Latorre bajo aro, 63-59 y seis minutos por delante. Entonces, el equipo patinó en dos jugadas clave: Latorre falló dos tiros libres y Soumbey-Alley concedió un tres más uno a Joaquín Rodríguez (67-59).
El uruguayo lideró la escapada de los suyos exhibiendo todo su repertorio: intensidad, recuperaciones, puntos en transiciones y triples. Él solo se bastó para congelar la reacción sevillana (74-61). La ráfaga de puntos del charrúa dejó prácticamente sin tiempo de reacción al Caja 87 para una última rebelión. Menos de tres minutos restaban y al Gran Canaria, un equipo más experto, no se le iba a escapar el partido. Hasta el final lo intentaron los hispalenses, pero desprovistos de la efectividad necesaria para darle un último susto al equipo de Savignani.
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