La Liga de los niños extraordinarios

El pasado 16 de agosto, un niño de 15 años pisaba el césped de un campo de Primera División por sexta vez en la historia del fútbol español. El estreno de Marc Santos con el Levante levantaba el telón de una nueva edición de LaLiga donde ellos, los imberbes, parecen destinados a acaparar los focos. Desde promesas precoces como Marc hasta perlas reclutadas en el extranjero o talentos de maduración tardía, este ejército de ‘niños’ sostiene hoy la columna vertebral del fútbol patrio. Una competición que, incapaz de competir a golpe de talonario contra el músculo de la Premier League, se ha visto abocada a recurrir a su receta más identitaria: los jóvenes .En un país que ha visto dar sus primeros pasos a Messi con 17 años, Odegaard con 16, a Lamine con 15 o, en la cancha de baloncesto, a Ricky Rubio con apenas 14, la pavorosa apuesta por los jóvenes nunca ha dado vértigo. La última prueba de fe tuvo lugar en el Metropolitano —plaza históricamente dura para la alternativa de las categorías inferiores—, donde saltó como titular en la primera jornada de liga Jorge Domínguez : un zaguero que ni siquiera había nacido cuando Koke, eterno capitán rojiblanco, ya vestía de corto en el primer equipo colchonero.No son casos aislados en este arranque liguero, sino la punta de un iceberg que ya asomó durante el verano. El pasado 10 de julio, en Wrexham, la selección sub-19 se coronó campeona de Europa firmando un pleno apabullante: cinco victorias en cinco partidos, diecinueve goles a favor y el cerrojo echado con cero en contra. Aquel bloque liderado por Paco Gallardo —la prodigiosa generación de 2007— ya da sus primeros pasos en la élite. Tras ser titular y asistir ante el Elche y Rayo Vallecano, Xavi Espart ya luce el dorsal 12 con el primer equipo; José Antonio Morante, bético con apellido célebre, fue encumbrado como máximo goleador del torneo; Thiago Pitarch, máximo asistente del campeonato, ya demostró ser una pieza relevante en el Real Madrid durante el segundo tramo del pasado curso; y Jorge Salinas, carrilero del Racing, ha acaparado las miradas de colchoneros y azulgranas en la recta final del mercado. Hasta Buba Sangaré, que vivió aquel torneo como revulsivo desde el banquillo, suma ya tres titularidades consecutivas con el Elche. Cinco campeones de Europa, cinco clubes distintos y una misma quinta.La segunda gran historia la escriben tres viejos conocidos que están de vuelta en la máxima categoría: Racing, Deportivo y Málaga. Cántabros y gallegos —tras una travesía por el desierto de catorce y ocho años, respectivamente— han sellado el retorno apoyándose sin complejos en la gente de la casa. En El Sardinero, junto a Salinas, ha nacido un gran delantero de la mano del recién llegado Zabiri, quien en su primera titularidad ante el Elche marcó un hat-trick en media hora para darle la primera victoria a los racinguistas. Además, Sergio Martínez , que despuntó en las primeras jornadas, seguirá el camino que en su día trazó Sergio Canales con destino a Madrid. De quien tampoco disfrutan ya en Santander es de uno de los grandes artífices del ascenso: Peio Canales puso fin a su cesión y ha vuelto a Bilbao con el objetivo de encandilar a Edin Terzic. En Riazor, al tridente estelar formado por Mella, Yeremay y Mario Soriano —ejes clave del ascenso— se suma el recién llegado Asp-Jensen, una promesa de apenas 20 años procedente del Bayern de Múnich. Mientras tanto, en La Rosaleda, la vuelta a la élite lleva la firma de Izan Merino y Chupe, atacante de 22 años que este verano acaparó portadas tras el caótico desenlace del Trofeo Costa del Sol .Si algo distingue a esta hornada es que la precocidad ya no es patrimonio exclusivo de las canteras. El fichaje más caro en la historia del Real Madrid apenas cuenta con 19 años: Yan Diomande aterrizó en Valdebebas a cambio de unos 135 millones de euros y ya ha dejado destellos de su descomunal talento. En Barcelona, la crisis en la punta de ataque ha abierto de par en par las puertas a dos jóvenes de origen extranjero proyectados inicialmente para el filial: el belga Bisiwu, que encandiló a Flick con un doblete fulgurante en dos minutos frente al Basilea, y el egipcio Hamza, máximo goleador de la pretemporada azulgrana y con un Mundial a sus espaldas. A esta nómina de perlas internacionales se suman el japonés Sato, recién desembarcado en Valencia; el cedido en el Celta Abdoulaye Faye; Ali Houary, quien ya dio muestras de su clase el curso pasado en Elche; o Yves Valou, que cambió Vila-real por Getafe este verano. El diagnóstico es claro: LaLiga se ha transformado en un gran laboratorio de talento adolescente del fútbol europeo.Por último, quedan los que no se limitan a debutar, sino que ya llevan la batuta. Javi Hernández del Espanyol ha firmado dos asistencias en el arranque liguero; Miguel Sierra provocó la expulsión de Yuri en el Sevilla-Athletic de la jornada 2 y marcó el gol local ante el Atlético de Madrid, un club donde también asoma la cabeza Nico Guillén con apenas 18 años; y Arnau Ortiz, gran revelación mediática del verano del Atlético de Madrid, se ha aseguró un dorsal de la primera plantilla —el ’16’— tras deslumbrar en pretemporada a sus 24 años y tras dar no pocos tumbos. Ese mismo dorsal también tiene nombre y apellidos en Villarreal, donde aguarda el prometedor Carlos Macia, quien a sus 17 años y con apenas un par de ratos en la élite parece destinado a adueñarse de la medular grogueta. Mientras tanto, en Vigo, Hugo Burcio y Miguel Román tratarán de hacer lo propio dentro de un proyecto que vuelve a mimar el sello de A Madroa como el de Claudio Giráldez.Conviene no perder la cabeza. El fútbol español lleva décadas produciendo jóvenes deslumbrantes: mientras algunos logran asentarse en la cúspide, otros se topan de frente con la realidad de una competición implacable. Por cada Lamine Yamal hay decenas de nombres que un día iluminaron el futuro de sus clubes y terminaron apagándose. Debutar a temprana edad no deja de ser una anécdota estadística preciosa; sostener el nivel durante más de una década es el verdadero reto. La precocidad y el talento prematuro abren la puerta de par en par, pero no por ello garantizan el éxito al otro lado.Una advertencia final por boca de un entrenador conocedor como pocos del fútbol de cantera, Pep Guardiola : «Hacer debutar a un joven es relativamente fácil; mantenerlo en un equipo que necesita ganar cada semana es mucho más difícil». El pasado 16 de agosto, un niño de 15 años pisaba el césped de un campo de Primera División por sexta vez en la historia del fútbol español. El estreno de Marc Santos con el Levante levantaba el telón de una nueva edición de LaLiga donde ellos, los imberbes, parecen destinados a acaparar los focos. Desde promesas precoces como Marc hasta perlas reclutadas en el extranjero o talentos de maduración tardía, este ejército de ‘niños’ sostiene hoy la columna vertebral del fútbol patrio. Una competición que, incapaz de competir a golpe de talonario contra el músculo de la Premier League, se ha visto abocada a recurrir a su receta más identitaria: los jóvenes .En un país que ha visto dar sus primeros pasos a Messi con 17 años, Odegaard con 16, a Lamine con 15 o, en la cancha de baloncesto, a Ricky Rubio con apenas 14, la pavorosa apuesta por los jóvenes nunca ha dado vértigo. La última prueba de fe tuvo lugar en el Metropolitano —plaza históricamente dura para la alternativa de las categorías inferiores—, donde saltó como titular en la primera jornada de liga Jorge Domínguez : un zaguero que ni siquiera había nacido cuando Koke, eterno capitán rojiblanco, ya vestía de corto en el primer equipo colchonero.No son casos aislados en este arranque liguero, sino la punta de un iceberg que ya asomó durante el verano. El pasado 10 de julio, en Wrexham, la selección sub-19 se coronó campeona de Europa firmando un pleno apabullante: cinco victorias en cinco partidos, diecinueve goles a favor y el cerrojo echado con cero en contra. Aquel bloque liderado por Paco Gallardo —la prodigiosa generación de 2007— ya da sus primeros pasos en la élite. Tras ser titular y asistir ante el Elche y Rayo Vallecano, Xavi Espart ya luce el dorsal 12 con el primer equipo; José Antonio Morante, bético con apellido célebre, fue encumbrado como máximo goleador del torneo; Thiago Pitarch, máximo asistente del campeonato, ya demostró ser una pieza relevante en el Real Madrid durante el segundo tramo del pasado curso; y Jorge Salinas, carrilero del Racing, ha acaparado las miradas de colchoneros y azulgranas en la recta final del mercado. Hasta Buba Sangaré, que vivió aquel torneo como revulsivo desde el banquillo, suma ya tres titularidades consecutivas con el Elche. Cinco campeones de Europa, cinco clubes distintos y una misma quinta.La segunda gran historia la escriben tres viejos conocidos que están de vuelta en la máxima categoría: Racing, Deportivo y Málaga. Cántabros y gallegos —tras una travesía por el desierto de catorce y ocho años, respectivamente— han sellado el retorno apoyándose sin complejos en la gente de la casa. En El Sardinero, junto a Salinas, ha nacido un gran delantero de la mano del recién llegado Zabiri, quien en su primera titularidad ante el Elche marcó un hat-trick en media hora para darle la primera victoria a los racinguistas. Además, Sergio Martínez , que despuntó en las primeras jornadas, seguirá el camino que en su día trazó Sergio Canales con destino a Madrid. De quien tampoco disfrutan ya en Santander es de uno de los grandes artífices del ascenso: Peio Canales puso fin a su cesión y ha vuelto a Bilbao con el objetivo de encandilar a Edin Terzic. En Riazor, al tridente estelar formado por Mella, Yeremay y Mario Soriano —ejes clave del ascenso— se suma el recién llegado Asp-Jensen, una promesa de apenas 20 años procedente del Bayern de Múnich. Mientras tanto, en La Rosaleda, la vuelta a la élite lleva la firma de Izan Merino y Chupe, atacante de 22 años que este verano acaparó portadas tras el caótico desenlace del Trofeo Costa del Sol .Si algo distingue a esta hornada es que la precocidad ya no es patrimonio exclusivo de las canteras. El fichaje más caro en la historia del Real Madrid apenas cuenta con 19 años: Yan Diomande aterrizó en Valdebebas a cambio de unos 135 millones de euros y ya ha dejado destellos de su descomunal talento. En Barcelona, la crisis en la punta de ataque ha abierto de par en par las puertas a dos jóvenes de origen extranjero proyectados inicialmente para el filial: el belga Bisiwu, que encandiló a Flick con un doblete fulgurante en dos minutos frente al Basilea, y el egipcio Hamza, máximo goleador de la pretemporada azulgrana y con un Mundial a sus espaldas. A esta nómina de perlas internacionales se suman el japonés Sato, recién desembarcado en Valencia; el cedido en el Celta Abdoulaye Faye; Ali Houary, quien ya dio muestras de su clase el curso pasado en Elche; o Yves Valou, que cambió Vila-real por Getafe este verano. El diagnóstico es claro: LaLiga se ha transformado en un gran laboratorio de talento adolescente del fútbol europeo.Por último, quedan los que no se limitan a debutar, sino que ya llevan la batuta. Javi Hernández del Espanyol ha firmado dos asistencias en el arranque liguero; Miguel Sierra provocó la expulsión de Yuri en el Sevilla-Athletic de la jornada 2 y marcó el gol local ante el Atlético de Madrid, un club donde también asoma la cabeza Nico Guillén con apenas 18 años; y Arnau Ortiz, gran revelación mediática del verano del Atlético de Madrid, se ha aseguró un dorsal de la primera plantilla —el ’16’— tras deslumbrar en pretemporada a sus 24 años y tras dar no pocos tumbos. Ese mismo dorsal también tiene nombre y apellidos en Villarreal, donde aguarda el prometedor Carlos Macia, quien a sus 17 años y con apenas un par de ratos en la élite parece destinado a adueñarse de la medular grogueta. Mientras tanto, en Vigo, Hugo Burcio y Miguel Román tratarán de hacer lo propio dentro de un proyecto que vuelve a mimar el sello de A Madroa como el de Claudio Giráldez.Conviene no perder la cabeza. El fútbol español lleva décadas produciendo jóvenes deslumbrantes: mientras algunos logran asentarse en la cúspide, otros se topan de frente con la realidad de una competición implacable. Por cada Lamine Yamal hay decenas de nombres que un día iluminaron el futuro de sus clubes y terminaron apagándose. Debutar a temprana edad no deja de ser una anécdota estadística preciosa; sostener el nivel durante más de una década es el verdadero reto. La precocidad y el talento prematuro abren la puerta de par en par, pero no por ello garantizan el éxito al otro lado.Una advertencia final por boca de un entrenador conocedor como pocos del fútbol de cantera, Pep Guardiola : «Hacer debutar a un joven es relativamente fácil; mantenerlo en un equipo que necesita ganar cada semana es mucho más difícil».  

El pasado 16 de agosto, un niño de 15 años pisaba el césped de un campo de Primera División por sexta vez en la historia del fútbol español. El estreno de Marc Santos con el Levante levantaba el telón de una nueva edición de … LaLiga donde ellos, los imberbes, parecen destinados a acaparar los focos. Desde promesas precoces como Marc hasta perlas reclutadas en el extranjero o talentos de maduración tardía, este ejército de ‘niños’ sostiene hoy la columna vertebral del fútbol patrio. Una competición que, incapaz de competir a golpe de talonario contra el músculo de la Premier League, se ha visto abocada a recurrir a su receta más identitaria: los jóvenes.

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