Todo iba francamente bien. El sueño de Tom Loftis (un, aquí, impecablemente pueblerino Matthew Rhys) estaba a punto de cumplirse. Un famoso y respetado escritor de libros de viaje iba a dejarse caer por su pequeña y maldita isla, algo llamado Widow’s Bay, con el fin de dejarse enamorar, y publicar después un artículo laudatorio en The New York Times. Loftis, por cierto, es el alcalde de dicha pequeña isla, sobre la que pesan 100.000 maldiciones no visibles —o, al menos, no para todo el mundo— que jamás ha sido capaz de atraer a ni un solo turista. Bien, es complicado —hay una tormenta, se va la luz en el único bar potable del lugar, todo parece condenado al fracaso— pero al final el escritor llega, se enamora del sitio y se marcha convencido de que Widow’s Bay va a convertirse en el próximo Martha’s Vineyard, un exclusivo y pintoresco pequeño pueblo de vacaciones.
La primera serie de la guionista de ‘Parks and Recreation’ y el director de ‘Atlanta’, es un imposible y muy disfrutable cruce entre ‘Tiburón’ y el clásico del misterio sobrenatural ‘Dimensión desconocida’
Todo iba francamente bien. El sueño de Tom Loftis (un, aquí, impecablemente pueblerino Matthew Rhys) estaba a punto de cumplirse. Un famoso y respetado escritor de libros de viaje iba a dejarse caer por su pequeña y maldita isla, algo llamado Widow’s Bay, con el fin de dejarse enamorar, y publicar después un artículo laudatorio en The New York Times. Loftis, por cierto, es el alcalde de dicha pequeña isla, sobre la que pesan 100.000 maldiciones no visibles —o, al menos, no para todo el mundo— que jamás ha sido capaz de atraer a ni un solo turista. Bien, es complicado —hay una tormenta, se va la luz en el único bar potable del lugar, todo parece condenado al fracaso— pero al final el escritor llega, se enamora del sitio y se marcha convencido de que Widow’s Bay va a convertirse en el próximo Martha’s Vineyard, un exclusivo y pintoresco pequeño pueblo de vacaciones.
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