Hay pocos fenómenos naturales capaces de detener el ritmo de un país. Un eclipse solar es uno de ellos. Durante minutos, la luz cambia de intensidad, los animales alteran su comportamiento y miles de personas levantan simultáneamente la vista al cielo. Este miércoles lo volvemos a vivir. Parece un fenómeno casi mágico. Sin embargo, ocurre exactamente cuando las Matemáticas han previsto que va a ocurrir.Un eclipse de Sol se produce cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean sobre una franja muy limitada del planeta. Esa precisión fue durante siglos un misterio. Las antiguas civilizaciones interpretaban los eclipses como presagios o señales divinas. Hoy sabemos que son el resultado inevitable de las leyes que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes.«La Matemática es el lenguaje en el que están escritas las leyes del Universo», escribió Galileo.Hoy conocemos con enorme exactitud las órbitas de la Tierra y de la Luna. Un paso decisivo llegó cuando Newton explicó, en 1687, las leyes experimentales de Kepler. Podemos calcular no solo el día de un eclipse, sino el minuto exacto en que comenzará, el recorrido de su sombra y cuánto durará.Es sorprendente que el Sol tenga un diámetro unas cuatrocientas veces mayor que el de la Luna y se encuentre aproximadamente cuatrocientas veces más lejos. Esa coincidencia hace que parezcan casi del mismo tamaño en el cielo y permite que la Luna cubra el disco solar. Si esas proporciones fueran distintas, los eclipses totales no existirían.La historia de la ciencia está llena de momentos en los que un eclipse ha cambiado nuestra forma de entender el Universo. En 1919, durante un eclipse total, se comprobó que la luz de ciertas estrellas se curvaba al pasar cerca del Sol, como había predicho Albert Einstein en 1915. Aquella observación convirtió una elegante teoría matemática en realidad física y abrió una nueva etapa en la comprensión de la gravedad.Hoy seguimos utilizando los eclipses para investigar el Sol y mejorar nuestros modelos del Universo. La ESA participa con misiones que han llegado a producir «eclipses artificiales» observables en el espacio (misión PROBA-3/ESA, marzo 2025): es la Teoría de Control.España ocupó un lugar destacado en ese empeño durante el eclipse del 18 de julio de 1860. Se obtuvieron desde nuestro país fotografías decisivas para estudiar las protuberancias y corona solares. La organización de las observaciones contó con la participación activa de nuestra Real Academia de Ciencias y movilizó a numerosos científicos europeos.El Universo posee un orden que podemos descubrir sin restarle belleza. Las ecuaciones no sustituyen al asombro; lo hacen más profundo. Saber que un eclipse puede predecirse con siglos de antelación no disminuye la emoción de contemplarlo. Al contrario: nos hace conscientes de que vivimos en un cosmos donde belleza y rigor caminan de la mano.La Matemática es el arte de encontrar el orden oculto detrás de aquello que, a primera vista, parece una imprevisible casualidad milagrosa, como podemos comprobar este miércoles.Jesús Ildefonso Díaz Díaz Miembro de la Real Academia de Ciencias de España y profesor emérito de matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid Hay pocos fenómenos naturales capaces de detener el ritmo de un país. Un eclipse solar es uno de ellos. Durante minutos, la luz cambia de intensidad, los animales alteran su comportamiento y miles de personas levantan simultáneamente la vista al cielo. Este miércoles lo volvemos a vivir. Parece un fenómeno casi mágico. Sin embargo, ocurre exactamente cuando las Matemáticas han previsto que va a ocurrir.Un eclipse de Sol se produce cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean sobre una franja muy limitada del planeta. Esa precisión fue durante siglos un misterio. Las antiguas civilizaciones interpretaban los eclipses como presagios o señales divinas. Hoy sabemos que son el resultado inevitable de las leyes que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes.«La Matemática es el lenguaje en el que están escritas las leyes del Universo», escribió Galileo.Hoy conocemos con enorme exactitud las órbitas de la Tierra y de la Luna. Un paso decisivo llegó cuando Newton explicó, en 1687, las leyes experimentales de Kepler. Podemos calcular no solo el día de un eclipse, sino el minuto exacto en que comenzará, el recorrido de su sombra y cuánto durará.Es sorprendente que el Sol tenga un diámetro unas cuatrocientas veces mayor que el de la Luna y se encuentre aproximadamente cuatrocientas veces más lejos. Esa coincidencia hace que parezcan casi del mismo tamaño en el cielo y permite que la Luna cubra el disco solar. Si esas proporciones fueran distintas, los eclipses totales no existirían.La historia de la ciencia está llena de momentos en los que un eclipse ha cambiado nuestra forma de entender el Universo. En 1919, durante un eclipse total, se comprobó que la luz de ciertas estrellas se curvaba al pasar cerca del Sol, como había predicho Albert Einstein en 1915. Aquella observación convirtió una elegante teoría matemática en realidad física y abrió una nueva etapa en la comprensión de la gravedad.Hoy seguimos utilizando los eclipses para investigar el Sol y mejorar nuestros modelos del Universo. La ESA participa con misiones que han llegado a producir «eclipses artificiales» observables en el espacio (misión PROBA-3/ESA, marzo 2025): es la Teoría de Control.España ocupó un lugar destacado en ese empeño durante el eclipse del 18 de julio de 1860. Se obtuvieron desde nuestro país fotografías decisivas para estudiar las protuberancias y corona solares. La organización de las observaciones contó con la participación activa de nuestra Real Academia de Ciencias y movilizó a numerosos científicos europeos.El Universo posee un orden que podemos descubrir sin restarle belleza. Las ecuaciones no sustituyen al asombro; lo hacen más profundo. Saber que un eclipse puede predecirse con siglos de antelación no disminuye la emoción de contemplarlo. Al contrario: nos hace conscientes de que vivimos en un cosmos donde belleza y rigor caminan de la mano.La Matemática es el arte de encontrar el orden oculto detrás de aquello que, a primera vista, parece una imprevisible casualidad milagrosa, como podemos comprobar este miércoles.Jesús Ildefonso Díaz Díaz Miembro de la Real Academia de Ciencias de España y profesor emérito de matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid
Hay pocos fenómenos naturales capaces de detener el ritmo de un país. Un eclipse solar es uno de ellos. Durante minutos, la luz cambia de intensidad, los animales alteran su comportamiento y miles de personas levantan simultáneamente la vista al cielo. Este miércoles lo … volvemos a vivir. Parece un fenómeno casi mágico. Sin embargo, ocurre exactamente cuando las Matemáticas han previsto que va a ocurrir.
Un eclipse de Sol se produce cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean sobre una franja muy limitada del planeta. Esa precisión fue durante siglos un misterio. Las antiguas civilizaciones interpretaban los eclipses como presagios o señales divinas. Hoy sabemos que son el resultado inevitable de las leyes que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes.
«La Matemática es el lenguaje en el que están escritas las leyes del Universo», escribió Galileo.
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Hoy conocemos con enorme exactitud las órbitas de la Tierra y de la Luna. Un paso decisivo llegó cuando Newton explicó, en 1687, las leyes experimentales de Kepler. Podemos calcular no solo el día de un eclipse, sino el minuto exacto en que comenzará, el recorrido de su sombra y cuánto durará.
Es sorprendente que el Sol tenga un diámetro unas cuatrocientas veces mayor que el de la Luna y se encuentre aproximadamente cuatrocientas veces más lejos. Esa coincidencia hace que parezcan casi del mismo tamaño en el cielo y permite que la Luna cubra el disco solar. Si esas proporciones fueran distintas, los eclipses totales no existirían.
La historia de la ciencia está llena de momentos en los que un eclipse ha cambiado nuestra forma de entender el Universo. En 1919, durante un eclipse total, se comprobó que la luz de ciertas estrellas se curvaba al pasar cerca del Sol, como había predicho Albert Einstein en 1915. Aquella observación convirtió una elegante teoría matemática en realidad física y abrió una nueva etapa en la comprensión de la gravedad.
Hoy seguimos utilizando los eclipses para investigar el Sol y mejorar nuestros modelos del Universo. La ESA participa con misiones que han llegado a producir «eclipses artificiales» observables en el espacio (misión PROBA-3/ESA, marzo 2025): es la Teoría de Control.
España ocupó un lugar destacado en ese empeño durante el eclipse del 18 de julio de 1860. Se obtuvieron desde nuestro país fotografías decisivas para estudiar las protuberancias y corona solares. La organización de las observaciones contó con la participación activa de nuestra Real Academia de Ciencias y movilizó a numerosos científicos europeos.
El Universo posee un orden que podemos descubrir sin restarle belleza. Las ecuaciones no sustituyen al asombro; lo hacen más profundo. Saber que un eclipse puede predecirse con siglos de antelación no disminuye la emoción de contemplarlo. Al contrario: nos hace conscientes de que vivimos en un cosmos donde belleza y rigor caminan de la mano.
La Matemática es el arte de encontrar el orden oculto detrás de aquello que, a primera vista, parece una imprevisible casualidad milagrosa, como podemos comprobar este miércoles.
Jesús Ildefonso Díaz Díaz
Miembro de la Real Academia de Ciencias de España y profesor emérito de matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid
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