Leire Díez, la ‘fontanera’ judoka y su llave fallida

La exmilitante socialista Leire Díez durante una rueda de prensa, el 4 de junio de 2025, en Madrid.

Este miércoles 27 de mayo, pasadas las ocho de la mañana, una mujer de 50 años viajaba en un tren desde Bilbao a Madrid. En su vagón había un viaje de estudios, chicos que hablaban en euskera de las experiencias que les aguardaban, y varios hombres que en algún momento, observó la mujer, despotricaban del independentismo. ¿Sería por los chicos que hablaban euskera? La mujer le dio alguna vuelta; dice que, en cualquier caso, le hizo gracia la casualidad. Un conocido suyo la llama Antoñita la Fantástica también por estas cosas, su fuerte ideologización: nunca hay tregua.

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 “Soy una bocazas. Me he llamado a mí misma bocazas un millón de veces” dice a EL PAÍS Díez, recogida en Portugalete, donde vive entre semana  

Este miércoles 27 de mayo, pasadas las ocho de la mañana, una mujer de 50 años viajaba en un tren desde Bilbao a Madrid. En su vagón había un viaje de estudios, chicos que hablaban en euskera de las experiencias que les aguardaban, y varios hombres que en algún momento, observó la mujer, despotricaban del independentismo. ¿Sería por los chicos que hablaban euskera? La mujer le dio alguna vuelta; dice que, en cualquier caso, le hizo gracia la casualidad. Un conocido suyo la llama Antoñita la Fantástica también por estas cosas, su fuerte ideologización: nunca hay tregua.

Pronto sus divagaciones fueron interrumpidas a la altura de Valladolid. Recibió varias llamadas de periodistas, demasiadas. “Siempre me entero de las cosas por ellos”. No cogió el teléfono. “No me gusta hablar en los trenes”. Pero alertada por los whatsapps entró en los periódicos y leyó que la UCO había tomado Ferraz, la sede del PSOE, su expartido (pidió la baja hace un año cuando fue imputada), en una operación dirigida por el juez Pedraz en el marco de las investigaciones sobre el caso Leire, su nombre, Leire Díez.

Pasó el resto del viaje hasta Madrid tranquila, nadie la reconoció, y al llegar a Chamartín nadie la estaba esperando. Cogió un taxi y se perdió en la ciudad. Todas las radios y televisiones hablaban de ella, todos los diarios habían actualizado entre urgentes sus portadas con su nombre en las noticias. Y el auto conocido ese día del juez Santiago Pedraz la situaba en un papel más grave que el de una intermediaria imprudente, cuyo papel podía justificar, de manera surrealista, como el de una “periodista de investigación”. Según el juez, Díez habría coordinado, por encargo de Santos Cerdán, una operación para torpedear investigaciones judiciales y policiales que afectaban al PSOE y al Gobierno. Sobornos, chantajes, pagos a sociedades. “Estoy cansada”, murmura al teléfono.

–¿Y en qué piensa cuando escucha su voz en los audios? [se presenta como alguien enviada o situada por el PSOE, sugiere que su tarea era investigar o limitar actuaciones de Policía, UCO, Fiscalía y Anticorrupción, habla de Santos Cerdán como referencia política u orgánica, vincula la operación con el entorno del presidente, aparece buscando información comprometedora sobre un jefe de la UCO]

–En que soy una bocazas. Me he llamado a mí misma bocazas un millón de veces. Sueltas esas cosas porque necesitas generar confianza en la persona que está enfrente.

Habla al teléfono desde Portugalete, la ciudad vasca en la que nació. Sus padres proceden de un entorno laboral alejado de la política profesional. Su madre fue profesora de corte y confección y después trabajó como encargada en una empresa de limpieza. Su padre fue profesor de la Escuela Superior de Marina Civil. Ambos viven todavía. La situación personal de su padre pesa especialmente en su relato: ha sufrido tres cánceres, dos en la boca y uno en el hígado. A sus íntimos, Leire lamenta que ahora, en lugar de estar preocupado por él, tenga que estarlo por su hija. Aunque su nombre se asocia con frecuencia a Cantabria, su vínculo con esa comunidad procede sobre todo de Vega de Pas, municipio en el que tiene casa desde hace unos 25 años y donde fue concejala. Su vida cotidiana se divide entre Portugalete y Vega de Pas: entre semana, más ligada a Euskadi; en los fines de semana y tiempos libres, a Cantabria.

Tiene dos hijas, de 23 y 21 años. Cuenta que siempre les dijo que un suspenso podía recuperarse, pero una mala nota de comportamiento resultaba mucho más grave, porque lo único que dependía verdaderamente de ellas era ser buenas o malas personas.

Díez estudió Ciencias Sociales en la Universidad del País Vasco. Describe su infancia en Portugalete como normal, con un colegio enfrente de casa y mucha vinculación al deporte. Su primera gran actividad fue el judo. Entró en el gimnasio con apenas tres años, en un ambiente muy próximo a su familia: su padre era cinturón negro de karate y mantenía relación con profesores de artes marciales. Ella llegó a federarse en judo con cinco años y estuvo cerca de examinarse de cinturón negro, pero tuvo que abandonar por una lesión de espalda. También hizo balonmano, aunque de forma más secundaria.

Su interés por la política nació por influencia familiar. En especial, de su abuela paterna admiradora de Felipe González. La vida da tantas vueltas que lo raro es que siga tanta gente en pie. Se afilió al PSOE, aunque siempre ha sostenido que su actividad orgánica fue escasa y que nunca se sintió cómoda en la vida interna del partido. Trabajó como gerente de Bilbocar y, después, como responsable de comunicación de Nissan Marel. Pero su entrada en la política local se produjo en tromba en Vega de Pas. Con una hija de 18 meses y otra recién nacida, un verano se quedó sin agua. Fue a protestar al alcalde: “Entiendo que esto pase en Almería, ¿pero en Cantabria?”. Cuenta que el alcalde le respondió: “Pues lleva a tus hijos a bañar al río”. Sea cierta o no la historia, los hechos documentados son que Leire Díaz entró en política, se alió con el PP y en 2008 echó de la Alcaldía al regidor del Partido Regionalista Cántabro (PRC), y le metió una querella por prevaricación y malversación que lo inhabilitó nueve años después. Al año siguiente, El Diario Montañés informó de que vecinos de un barrio de Vega de Pas denunciaron a Leire Díez por presuntas amenazas e insultos. Según ellos, la ya dirigente socialista local “se presentó en la vivienda profiriendo insultos tales como ‘puta’ e ‘hija de puta’, así como amenazas de muerte ‘a ti te tengo que matar’, mientras sacaba un machete de grandes proporciones”. La denuncia fue desestimada un año después.

En Vega de Pas tiene gallinas, cabras, ovejas y conejos, y cuida flores, plantas y huerta. Dice de sí misma que es una persona que sale poco, volcada en su granja y en una forma de vida recogida. Esa imagen de animales, campo y vida doméstica contrasta con la dimensión política, mediática y judicial que lleva consigo su nombre. Y en las decenas de reuniones en Madrid que ha documentado el juez Pedraz, sus movimientos por la capital entre empresarios, policías y dirigentes de su partido para sacar petróleo de las cloacas y confundir investigaciones contra el PSOE. “Todo esto simplemente le ha venido grande. Ha querido jugar contra poderes tremendos del Estado con sus propias armas, y no tiene ni idea. Y entre eso y su imaginación…”, dice un conocido suyo.

Desde Vega de Pas asomó la cabeza en la política nacional gracias a Rubalcaba, que se fijó en ella para ser responsable de Medio Rural de su campaña de primarias que ganó a Chacón. En las siguientes, Díez apoyó a Eduardo Madina por encima de Pedro Sánchez, al que le dirigió durísimos mensajes en redes sociales, según documentó El Diario Montañés, donde un exalto cargo dijo: “Otra cosa no tiene, pero se mueve como las lagartijas. Conoce a mucha gente y siempre ha ido por libre”. Tres años después de despotricar contra Sánchez para apoyar a Madina, en 2017 ya es la mayor sanchista. Pero este viernes decía a EL PAÍS: “Soy leal. Pero yo distingo mucho entre fidelidad perruna y lealtad. Para mí, la lealtad y la fidelidad perruna son cosas distintas. Si mañana Sánchez hace algo que no me gusta, lo voy a decir. Hay cosas de él que no me gustan un pelo”.

Tuvo un gran salto: responsable de comunicación de Enusa, y a partir de ahí, su llegada a Correos. Para entonces ya estaba, según el juez, inmiscuida en operaciones y tramas de Santos Cerdán, dirigente socialista, en connivencia con diferentes estamentos. Sobre esa relación, intenta minimizarla: dice que hasta la reunión del 24 de abril lo había tratado muy poco “orgánicamente”. A la vez, reconoce que el PSOE era su partido y que, si podía ayudar como militante, no iba “a ayudar a Vox”. Su versión es que en los audios dijo cosas imprudentes y comprometedoras, pero las presenta como bravuconada para ganarse la confianza de interlocutores; niega haber sobornado, haber publicado material contra nadie o haber actuado como parte de una trama; y enmarca todo como una investigación sobre cloacas, una cacería mediática y una batalla judicial sobre si hacía periodismo o trabajaba para intereses del PSOE.

El material incautado, las conversaciones grabadas y las reuniones documentadas dan cuenta de una versión diferente y mucho más delicada para el horizonte penal de una mujer que, enfangada en las cloacas por razones que la justicia deberá iluminar, dice ser feliz perdida entre ovejas, alejada del ruido, en su casa pasiega de Vega de Pas.

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