Alguien en quien confiaba muchísimo me aseguró que el final de A dos metros bajo tierra me iba a maravillar. Desconfié porque había dejado de llevarla al día. Me molestó la errática despedida del personaje interpretado por la extraordinaria Lili Taylor, también el creciente protagonismo de la aburridísima familia Díaz. Pero, efectivamente, me maravilló. Qué irrelevantes me parecieron las tramas que me habían alejado de ella mientras Claire conducía hacia Nueva York y sonaba el Breathe de Sia. No sé si es el mejor final de la historia de la televisión, pero es el mejor que yo he visto. Lo sigo pensando cuando se cumplen 25 años de su estreno. Aquí la vimos más tarde, en La 2 y formando pack con Las chicas Gilmore. Así se estrenaban antes las joyas, de tapadillo y sin fanfarria. Cómo ha cambiado el cuento, no sé si para mejor.
La realidad, más que a Fishers and Sons, se parece a la Funeraria Torregrosa de ‘Muertos S.L.’. La muerte es un negocio, boyantísimo y carente de elegancia, y no me refiero sólo a los claveles blancos en las solapas de Nate y David
Alguien en quien confiaba muchísimo me aseguró que el final de A dos metros bajo tierra me iba a maravillar. Desconfié porque había dejado de llevarla al día. Me molestó la errática despedida del personaje interpretado por la extraordinaria Lili Taylor, también el creciente protagonismo de la aburridísima familia Díaz. Pero, efectivamente, me maravilló. Qué irrelevantes me parecieron las tramas que me habían alejado de ella mientras Claire conducía hacia Nueva York y sonaba el Breathe de Sia. No sé si es el mejor final de la historia de la televisión, pero es el mejor que yo he visto. Lo sigo pensando cuando se cumplen 25 años de su estreno. Aquí la vimos más tarde, en La 2 y formando pack con Las chicas Gilmore. Así se estrenaban antes las joyas, de tapadillo y sin fanfarria. Cómo ha cambiado el cuento, no sé si para mejor.
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